La fiebre de la IA y los centros de datos abre un nuevo frente por el agua en Chile

La creciente demanda de infraestructura para la inteligencia artificial impulsa una ola de inversiones de Google y Microsoft en Chile. El avance de estos proyectos coincide con una prolongada crisis hídrica y ha encendido las alarmas entre organizaciones vecinales y ecologistas.
Santiago de Chile
12 jul 2026 08:06

El sol del atardecer ilumina las colinas amarillentas de la cordillera de los Andes desde el patio de una vivienda en el barrio residencial de Cerillos, en la periferia de Santiago de Chile. “Aquí no queremos máquinas que se coman nuestra agua”, afirma Jorge López Vega, abogado y miembro de Movimiento Socioambiental Comunitario por el Agua y el Territorio (Mosacat), una organización formada por vecinos de Cerillos. 

En 2019, Google anunció sus planes para construir en la comuna uno de sus mayores centros de datos en América Latina. Esta industria, que requiere grandes cantidades de agua y energía para operar, sigue expandiéndose en la región, impulsada en gran medida por el auge de la inteligencia artificial (IA). 

Chile arrastra más de 15 años de megasequía. Al mismo tiempo, el país se ha convertido en uno de los principales polos regionales para la instalación de centros de datos

“Empezamos a revisar el proyecto y descubrimos que Google había adquirido derechos para extraer aguas subterráneas de Cerillos: hasta 228 litros por segundo, el equivalente al consumo de unos 40.000 hogares”, explica Tania Rodríguez, una de las fundadoras de Mosacat. “Eso nos puso en alerta, porque iban a llevarse nuestra agua”, añade Rodríguez.

Hoy, el proyecto de Google permanece paralizado tras una denuncia presentada por Mosacat. En 2024, el Tribunal Ambiental ordenó a la compañía incorporar en su evaluación el impacto sobre los recursos hídricos de la zona.

Chile arrastra más de 15 años de megasequía. Al mismo tiempo, el país se ha convertido en uno de los principales polos regionales para la instalación de centros de datos. En los últimos años se han inaugurado 33 nuevas instalaciones y otras 34 se encuentran en construcción, la cifra más alta de América Latina después de Brasil y México.

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Vista aérea del centro de datos de Google en el barrio de Quilicura, en las afueras de Santiago. Luis Bustamante

La expansión de centros de datos en Chile ha sido impulsada por el Plan Nacional de Data Centers, lanzado el año pasado bajo el Gobierno del entonces presidente socialdemócrata Gabriel Boric. El plan presenta al sector como un motor de crecimiento económico y de creación de empleo local.

Según López Vega, el principal problema es que la regulación de esta industria sigue siendo difusa. Una situación, que, a su juicio, podría agravarse con la llegada al poder del presidente ultraderechista Antonio Kast, elegido en marzo de este año.

Durante la campaña electoral, Kast prometió atraer inversiones mediante una reducción de las exigencias medioambientales. En su primer día de Gobierno, derogó 43 decretos ambientales. “Es un retroceso enorme, que nos tiene muy preocupados”, valora López Vega. 

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La superficie inundada del humedal de Quilicura ha disminuido de forma sostenida durante las últimas décadas. Luis Bustamante

El humedal sin agua

La preocupación de Mosacat sobre la explotación de los recursos hídricos por parte de la industria tecnológica tiene antecedentes en Chile.  

Hace unos cinco años, Rodrigo Vallejos, activista ambiental y estudiante de Derecho, empezó a notar que el humedal de Quilicura –la comuna donde vive, en la periferia de Santiago– se secaba ante sus ojos. Se trata de uno de los humedales más grandes del país, con 468 hectáreas protegidas

“Empecé a investigar y me di cuenta de que en Quilicura existía la mayor concentración de centros de datos de toda América Latina”, cuenta Vallejos.

“Empecé a investigar y me di cuenta de que en Quilicura existía la mayor concentración de centros de datos de toda América Latina”, cuenta Vallejos

En 2015, Google inauguró en Quilicura su primer y mayor centro de datos de la región. Desde entonces, otras empresas han ampliado su presencia en la zona con nuevas instalaciones, entre ellas la brasileña Ascenty, la chilena Sonda y las estadounidenses Cirion y Microsoft.

Solo el centro de datos de Google cuenta con derechos de aprovechamiento para extraer 50 litros de agua por segundo, una cifra equivalente aproximadamente al consumo anual de 8.500 hogares y superior al consumo residencial de la propia comuna de Quilicura. “Hoy lo que vemos aquí es un humedal sin agua”, resume Vallejos.

La investigación académica respalda esta observación: los estudios muestran que la superficie inundada del humedal de Quilicura ha disminuido de forma sostenida durante las últimas décadas, en paralelo al aumento de la actividad industrial en la zona. 

Actualmente, Vallejos forma parte del Movimiento Socioambiental de Quilicura, que exige una regulación más estricta del uso del agua por parte de la industria tecnológica.

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Los vecinos de Cerillos están protestando contra la construcción del nuevo centro de datos de Google en su comuna. Luis Bustamante

La IA amenaza con agravar los impactos de la crisis climática

La rápida expansión del sector se produce en un contexto marcado por la megasequía que afecta a Chile desde hace más de una década. “La megasequía es un fenómeno de gran alcance territorial y temporal. Es algo que estamos observando en buena parte del país”, explica Pablo Sarricolea, climatólogo y profesor asociado del Departamento de Geografía de la Universidad de Chile. Los impactos han sido especialmente severos en la zona central, en torno a Santiago, donde se concentra la mayoría de los centros de datos ya operativos y de los proyectos previstos.

Sarricolea, que ha investigado extensamente los patrones de sequía en Chile, apunta a las proyecciones climáticas para Quilicura, que anticipan una fuerte reducción en la disponibilidad de agua. “Para 2070 se espera una disminución significativa de las precipitaciones anuales, mientras que la temperatura media podría pasar de 15,6°C a 17,4°C. Esto provocará una mayor evaporación y una menor disponibilidad hídrica”, señala. “En Santiago, los centros de datos probablemente ejercerán aún más presión sobre el acceso al agua y agravarán los efectos del cambio climático”, explica.

Algunos estudios estiman que una interacción mediana con la versión GPT-3 de ChatGPT puede consumir una cantidad de agua equivalente a una botella de medio litro

Los centros de datos requieren grandes volúmenes de agua para refrigerar las extensas redes de servidores que generan enormes cantidades de calor. En Chile, el sistema más habitual sigue siendo la refrigeración por agua, ya que alternativas como el enfriamiento por aire implican costes más elevados.

Algunos estudios estiman que una interacción mediana con la versión GPT-3 de ChatGPT puede consumir una cantidad de agua equivalente a una botella de medio litro.

Google guarda silencio sobre su consumo de agua

El Salto contactó con las cinco empresas que operan centros de datos en Quilicura para preguntar de qué manera sus operaciones tienen en cuenta la elevada vulnerabilidad climática de la zona.

Un portavoz de Microsoft señaló que los centros de datos de la compañía en Chile utilizan sistemas de refrigeración por aire que solo requieren pequeñas cantidades de agua para procesos de humidificación.

“Microsoft también está impulsando proyectos de restauración, acceso y reposición hídrica en la cuenca del Maipo, incluidas zonas de la Región Metropolitana”, indicó.

La agencia de comunicación que respondió en representación de la brasileña Ascenty aseguró igualmente que los centros de datos de la empresa en Quilicura emplean sistemas de refrigeración por aire y que su consumo anual de agua equivale aproximadamente al de 16 hogares.

Según el último informe ambiental de Google, en 2024, su centro de datos de Quilicura utilizó aproximadamente 461 millones de litros de agua

“Las operaciones de Ascenty en Quilicura no generan impactos asociados a la degradación del suelo ni representan riesgos para el humedal cercano, debido a las características técnicas de sus sistemas de agua y refrigeración”, respondió la representante de la agencia. Cirion, Google y Sonda no respondieron a la solicitud de comentarios.

Según el último informe ambiental de Google, en 2024, su centro de datos de Quilicura utilizó aproximadamente 461 millones de litros de agua, una cifra que la compañía compara con un consumo inferior al anual de un campo de golf.

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El parque urbano impulsado por Google se encuentra en las afueras de Quilicura, en una zona donde el acceso al agua ya está restringido. Luis Bustamante

Como medida para compensar parte de su impacto ambiental, Google inauguró en 2019 un parque urbano en las afueras de Quilicura con el compromiso de plantar 1.500 árboles nativos. “El proyecto ha sido un fracaso. La vegetación se secó, los senderos no tienen mantenimiento y no existe un sistema de riego”, afirma Alexandra Arancibia, concejala de Quilicura y también integrante del Movimiento Socioambiental de Quilicura.

Arancibia asegura que no se opone a la instalación de centros de datos, pero cuestiona la falta de rendición de cuentas de la industria tecnológica con las comunidades del territorio.

“Cuando conocimos la magnitud de su consumo de agua invitamos a representantes de las empresas a reuniones del consejo comunitario y les preguntamos cómo pensaban abordar estos impactos. No tenían respuestas claras”, concluye.

La presión energética del crecimiento digital

Más allá del consumo de agua, los centros de datos también generan preocupación por su elevada demanda energética. Diversos estudios estiman que, para 2032, el consumo eléctrico en Chile de estas instalaciones podría multiplicarse por más de cuatro, pasando de 325 MW a alrededor de 1.207 MW.

En territorios con una alta concentración de estas infraestructuras, como Quilicura, este crecimiento podría aumentar la presión sobre el suministro energético local. Actualmente, los centros de datos consumen el 62% de la energía total utilizada en la comuna y para el 2030 se proyecta un aumento hasta 102%

Cerca del 80% de la matriz energética chilena procede de fuentes renovables. Sin embargo, muchos centros de datos siguen dependiendo de generadores de respaldo alimentados por combustibles fósiles,lo que ha abierto interrogantes sobre su contribución real a las emisiones de carbono.

Tanto Ascenty como Microsoft aseguraron que la energía utilizada en sus operaciones procede de fuentes renovables como parte de sus estrategias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Lo que estamos viendo con el nuevo Gobierno es un retroceso completo de las pocas protecciones ambientales que el país había logrado”, afirma Pamela Poo, experta en políticas públicas de la ONG Ecosur Fundación

Sin embargo, en Chile la electricidad generada por distintas fuentes se incorpora a una red eléctrica común, por lo que no es posible determinar de forma directa el origen exacto de la energía consumida en cada instalación.

Además, el aumento de la demanda energética corre el riesgo de intensificar la competencia por el uso del suelo, explica Soledad Vogliano, investigadora del grupo ETC, una organización que promueve el desarrollo de tecnologías social y ecológicamente responsables.

“Un gran centro de datos consume lo mismo que una ciudad de 50.000 habitantes. Por lo tanto, es previsible que empiecen a surgir nuevos proyectos de generación energética, que a su vez implican otros impactos ambientales y nuevos conflictos”, señala.

Vogliano, que ha investigado ampliamente esta cuestión, sostiene que existen alternativas más sostenibles para el desarrollo de infraestructura tecnológica. “Tenemos que evaluar qué recursos están disponibles y para qué sirve esta tecnología. Hoy predominan modelos generales a los que se les puede preguntar cualquier cosa”, afirma.

“Es posible hacerlo de una forma más soberana. Se pueden desarrollar modelos más pequeños, realmente orientados a resolver problemas relevantes para la humanidad y considerando el coste planetario que implican”, contrapone.

El nuevo Gobierno se opone a endurecer la regulación ambiental

El nuevo Gobierno de derechas se opone a endurecer las normas ambientales para los centros de datos. “La flexibilización de los estándares de evaluación ambiental ya había comenzado con el Gobierno anterior, pero Kast ha ido más allá, dejándonos sin ningún piso regulatorio”, dice Pamela Poo, experta en políticas públicas de la ONG Ecosur Fundación.

Poo sostienen que estos cambios han dejado vacíos en la fiscalización, especialmente en el caso de los centros de datos, que carecen de estándares específicos de evaluación ambiental. “Lo que estamos viendo con el nuevo Gobierno es un retroceso completo de las pocas protecciones ambientales que el país había logrado”, afirma Poo.

En Cerrillos, los últimos rayos de sol de la tarde atraviesan el salón donde los activistas de Mosacat se reúnen en torno a una mesa servida de uvas y frutos de la zona para planificar sus próximas acciones. Todavía no saben qué ocurrirá con el centro de datos proyectado por Google. “Nuestra posición sigue siendo clara: no necesitamos más centros de datos aquí para que personas en el norte global puedan dibujar imágenes divertidas con la IA”, afirma Rodríguez.

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