Opinión
Querido Ali
Querido hermano Ali:
As salamu’alaykum. No sé si algún día podrás leer esta carta, pero quiero que sepas que la he escrito, de todo corazón, pensando en ti. Discúlpame, porque sé que, en estos momentos, tienes cosas más importantes que hacer que leerme. Sin embargo, esta noche me costó dormir después de saber lo que te hicieron. Después de ver tu imagen en televisión, agarrado a la mano de tu madre, sentí la necesidad de enviarte un abrazo lleno de fuerza que, por el momento, no puedo darte en persona. Querido Ali, nadie, y mucho menos un niño de 8 años, debería aprender lo que es un disparo, ni saber lo que se siente al encontrarse tumbado en un hospital preguntándose qué ha pasado. Y, sin embargo, ahí estás tú, en Ceuta, con una herida en la cabeza.
Lo que te hicieron no fue un accidente del destino ni una desgracia sin explicación. Alguien decidió hacerlo. Y aunque todavía no sepamos quiénes fueron, sí sabemos algo: en este mundo existen personas valientes, como tú, tu hermano y tus padres, y personas cobardes, como los encapuchados que amenazaron a tu familia y te dispararon. Por favor, no lo olvides.
Sé que, desgraciadamente, no eres el primero en sufrir un ataque. Detrás de ti hay cientos de niños y niñas, de hombres y mujeres que cruzaron la misma frontera que cruzaste tú, y que llevan meses resistiendo a la violencia entre plásticos y cartones en el Tarajal o en El Príncipe. A muchos de ellos también les han amenazado, golpeado, insultado. Quiero decir que, como sabes, lo tuyo no es un caso aislado: es la cúspide más visible de una violencia que, con capucha o sin ella, lleva años instalada en esta frontera.
Sé que tu vida, incluso antes de esa noche, no ha sido fácil. Que cruzaste la frontera de la mano de tus padres y de tu hermano pequeño, dejando atrás tu tierra para empezar otra en condiciones muy duras y que eso ya es, de por sí, una historia de valentía que muchos adultos nunca tendrán que demostrar. Aun así, la vida ha vuelto a ponerte a prueba.
Cuando se permite que la violencia racista se dirija contra quienes vienen de otras tierras, contra quienes tienen otro color de piel o rezan de otra manera, algo se rompe en todos nosotros, no solo en quien la sufre
Ali, quiero que sepas que hay muchas personas que, aunque no te conocen personalmente, se han indignado al saber lo que te pasó. Personas que han llorado y gritado de rabia, y que han querido correr a defenderte. Yo soy una de ellas. Soy uno de los que no están dispuestos a aceptar que lo que te hicieron es normal, que hay que olvidar y seguir adelante como si nada. Cuando se permite que la violencia racista se dirija contra quienes vienen de otras tierras, contra quienes tienen otro color de piel o rezan de otra manera, algo se rompe en todos nosotros, no solo en quien la sufre. Y cuando esa violencia se repite, año tras año, frontera tras frontera, deja de ser algo individual para convertirse en una política: la de un continente que se mira a sí mismo como un jardín que hay que proteger de quienes, como tú, vienen de lo que algunos llaman, con desprecio, la jungla. Pero no es cierto.
No puedo prometerte que el mundo que te rodea va a cambiar de la noche a la mañana. Sería mentirte, y tú ya has tenido suficiente. Pero sí puedo prometerte que tu historia no va a quedar en silencio, que no eres un dato más ni una anécdota que se olvida con la siguiente noticia, y que no dejaremos que tu nombre sirva para cerrar lo ocurrido sin seguir haciendo la pregunta necesaria: quién decide, cada día, que las fronteras de Europa, y quienes ponen su racismo al servicios de ellas, puedan seguir hiriendo a personas como tú sin que nadie tenga que rendir cuentas.
Mereces que tu nombre no quede asociado solo al dolor, sino también a la exigencia de que esto no le vuelva a pasar a ninguna otra persona, aquí o en cualquier otro lugar. Por eso, para mí, no eres una víctima, sino un guerrero. Un pequeño gran guerrero al que admiro y respeto por seguir en pie después de todo. Quizás por eso te llamas Ali, como el primo del Profeta.
Espero que te dé esperanza saber que estás rodeado de gente que intentará lo imposible por construir un mundo en el que lo que te ocurrió no vuelva a suceder, porque tu vida y tu dignidad son sagradas
Ojalá, querido Ali, que cuando crezcas puedas mirar atrás y ver aquella noche no como el centro de tu historia, sino como un duro momento que quedó atrás. Un momento que te hizo más fuerte de lo que ya eres. Más valiente de lo que ya eres. Más grande de lo que ya eres. Hermano Ali, espero que te dé esperanza saber que estás rodeado de gente que intentará lo imposible por construir un mundo en el que lo que te ocurrió no vuelva a suceder, porque tu vida y tu dignidad son sagradas. Yo soy uno de ellos. Lo haremos por ti, por todos los que cruzaron la frontera junto a ti y por los hijos de tus hijos. Eso sí te lo puedo prometer. Si algún día decides sumarte, estaré deseando ponerme a tus órdenes, pequeño maestro. Mientras tanto, te pido, por favor, que no dejes de jugar.
Con todo el amor, el respeto y la indignación que mereces,
Tu hermano Ilyas.
Frontera sur
Ceuta: pequeños infiernos dentro del purgatorio
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