Ceuta
La intensificación de redadas y expulsiones en Ceuta extiende el miedo entre las personas migrantes
En la mañana del lunes 26 de octubre decenas de policías entraban en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta generando el caos entre quienes estaba allí esperando que avanzara su proceso de asilo o se abriese una grieta que les permitiera salir del limbo donde llevan casi tres meses atrapados.
Los hechos fueron enmarcados en la prensa local como una operación para “proceder a la interceptación de aquellos inmigrantes que, estando en las instalaciones de este recurso de acogida en Ceuta, son susceptibles de devolución al haber sido denegadas sus peticiones de protección”, reproduciendo lo afirmado por el Ministerio. Desde el pasado viernes, numerosas personas procedentes de países al sur del Sahara, países asiáticos y también marroquíes han sido expulsados al país vecino, generando miedo e inseguridad entre las personas migrantes y despertando la alerta de las organizaciones.
Procedente de África Occidental, Selif (no es su nombre real) relataba a El Salto durante la mañana del lunes, cómo el paso de la policía estaba dejando un clima de gran confusión. Durante la redada, el joven temía que le fuera confiscado su teléfono, una práctica que, junto al robo de pertenencias, ha sido denunciado en numerosas ocasiones, por personas migrantes, entidades y medios de comunicación. Mientras se ejecutaba la operación, Selif expresaba a este medio su miedo a que en cualquier momento lo llevaran a Marruecos.
El miedo en el CETI está fundamentado: el viernes 16 personas que se encontraban en tal y tal, fueron trasladadas a la frontera. El sábado, la Federación Sur Acoge, en conversación con El Salto, señalaba una situación que era aún confusa, desconociéndose el destino final de estas personas, que según organizaciones como Elín, se encontrarían del lado marroquí, bajo custodia de este país. Durante la jornada del lunes, Selif a través de algunas de estas personas expulsadas el viernes, que quienes habían sido trasladados como resultado de la redada, se encontraban ya también del lado marroquí de la frontera.
“Nuestro único objetivo es encontrar protección, vivir en seguridad, y reencontrar nuestra dignidad humana”
“La inquietud es total”, narra Selif a El Salto, a la incertidumbre que sufren se le añade que cada vez les resulta más difícil contactar con los abogados, explica. Nadie quiere ser enviado a Marruecos, recuerda, no es un lugar seguro, quienes han llegado a Ceuta comparten la experiencia de haber vivido múltiples violencias en el país vecino. Su objetivo, recuerda, era llegar a España para pedir protección, una perspectiva que se aleja según pasan las semanas y las fuerzas de seguridad intensifican su campaña para devolver a Marruecos a miles de personas que permanecen en la Ciudad Autónoma.
“Hacemos un llamamiento a las autoridades españoles, a los abogados, a las organizaciones humanitarias, a todas las personas de buena voluntad para que nos ayuden y no nos dejen solos frente a esta situación tan difícil”, reivindicaba el sábado Salif, en un texto compartido con la Federación Sur Acoge, en el que recordaba: “Nuestro único objetivo es encontrar protección, vivir en seguridad, y reencontrar nuestra dignidad humana”. Dos días después, el lunes, tras la redada, el joven se encontraba atrincherado en el CETI “en cualquier momento, la policía puede venir y llevarme. No puedo permanecer fuera ni huir”, explicaba a esta periodista.
El CETI no es un lugar seguro
A Ibrahim (no es su nombre real) la redada le ha encontrado fuera del CETI, haciendo algunas compras en el centro de la ciudad. Su teléfono empezó a sonar y compañeros le relataban lo que estaba viendo: caos y personas que se llevaba la policía: senegaleses, yemeníes, marroquíes… Ibrahim lleva en el CETI desde el principio de la crisis humanitaria y afirma haber visto todo tipo de vulneraciones de derechos contra quienes allí se encuentran: ya en las primeras semanas de estancia en el centro los conflictos con guardias que no trataban bien a quienes pasaban los días esperando una cita de asilo alteraron su día a día.
Ibrahim ha llegado a presentar su solicitud y hace más de un mes que hizo su segunda entrevista, pero asiste a cómo el sistema de protección de personas solicitantes de asilo se va desmoronando sobre la vida de las personas. Relata que en la tarde del lunes, un hombre marroquí habría intentado colgarse de un árbol frente al CETI, aunque otras personas cercanas se lo habrían impedido. “Cuando ha sucedido yo estaba dentro del centro y no he podido verlo”, explica a El Salto, “me han dicho que habían denegado su solicitud”, aventura.
“Antes de convertirme en una persona migrante, tenía una vida, sueños, recuerdos y planes para el futuro. Ahora estoy extremadamente enfadado”
El solicitante de asilo quiere poner el foco en cómo las personas migrantes están viviendo estos momentos: “Esta situación es especialmente difícil e insoportable, me está volviendo loco”, apunta, agotado también ante lo que considera un gran marco de impunidad. “Antes de convertirme en una persona migrante, tenía una vida, sueños, recuerdos y planes para el futuro. Ahora estoy extremadamente enfadado con esta situación y todo este racismo y violaciones de derechos humanos contra quienes migramos”, reflexiona este joven, que ha tenido que huir de su país de la guerra, y que recuerda su paso por Marruecos como una etapa llena de violencias.
La asociación Elin, que está haciendo un seguimiento de las vulneraciones de derechos que se están dando en la ciudad autónoma, denunciaba la tarde del lunes la ejecución de la redada policial, condenando el uso de material antidisturbios, y señalando que estas actuaciones derivan en devoluciones en frontera que no respetan las debidas garantías. Está organización de la sociedad civil, que lleva más de 25 años en terreno, recuerda que el CETI es “un centro de acogida”, en el que no cabrían este tipo de acciones.
Como vienen denunciando diversas organizaciones, quienes están siendo devueltos a Marruecos, pertenecen en muchos casos a colectivos en situación de vulnerabilidad, como personas LGTBIQ+, o ciudadanos de países como Senegal, Bangladesh o Yemen “que se ven abocados a la violencia y el maltrato en Marruecos”, en palabras de Elín. La asociación señalaba que algunas de estas personas “han presentado recursos contra la resolución desfavorable de su solicitud de asilo”, y recuerda su derecho a permanecer en España mientras los recursos se resuelven. “Según la Ley de Asilo y el Pacto Europeo de Migraciones y Asilo), estas devoluciones son manifiestamente ilegales”, apuntaban.
En su comunicado, Elín denuncia la situación de las 16 personas expulsadas durante el fin de semana por “el paso fronterizo no oficial”, por el que numerosas organizaciones han denunciado que se realizan los polémicos “retornos voluntarios”. En la tarde del 26, la organización señalaba que estas personas se encontraban aún “atrapadas entre dos fronteras: no pueden entrar en Marruecos, ni volver a España”.
Por último Elín exigía el fin de las redadas en el CETI, y el cese de toda devolución de personas que aún tengan recursos pendientes o que tenga necesidades de protección, haciendo especial incidenc ia en los riesgos que corren las personas del colectivo LGTBIQ+ y quienes proceden de terceros países, como Selif e Ibrahim.
Organizaciones como Elín están recibiendo decenas de mensajes de personas atrapadas por el miedo o que han visto cómo eran devueltas. Es el caso del testimonio de una de las personas expulsadas el pasado viernes, y que recoge las Brigadas de Apoyo Mutuo, colectivo que en los últimos días está siendo objeto de persecución judicial, sufriendo en los últimos días la detención, durante horas, de dos de sus miembros.
En el mensaje hecho público por las Brigadas, una mujer afirma que se hallaba en el CETI cuando llegó la policía nacional “no nos explicaron nada. Nos quitaron nuestras cosas, nos empujaron y nos pegaron”, denuncia, asegurando que después fueron obligados a cruzar la frontera a Marruecos, llevándoles a una ciudad distinta a la suya, mientras sus pertenencias y dinero habían quedado en Ceuta. “Lo más injusto es que yo tenía mi cita de asilo y aún no la he podido hacer. No entiendo por qué me han hecho esto, y por qué me pegó la policía en España”, concluye el testimonio compartido.
“Reivindicamos que se cumplan todas las garantías de protección que merecen estas personas, respetando sus derechos en cada paso del proceso”
Por su parte, como recogía el Faro de Ceuta, Interior negaba el lunes que se estén dando irregularidades en la devolución de personas migrantes, como denuncian han denunciado no solo Elín, sino también, Caminando Fronteras, y las propias personas afectadas, a lo largo del fin de semana. Fuentes del Ministerio dirigido por Fernando Grande-Marlaska, afirmaban que las personas habían sido devueltas tras serles denegadas sus peticiones de asilo, y sin haber presentado recurso.
“Reivindicamos que se cumplan todas las garantías de protección que merecen estas personas, respetando sus derechos en cada paso del proceso y nos preocupa en este sentido que la aplicación del pacto europeo en España sea más restrictivo y no más garantista como debería”, explican por su parte desde la Federación Sur Acoge, en conversación con El Salto.
Ya el sábado, en contacto con personas como Selif, la entidad trasladaba su preocupación a este medio por la situación de las 16 personas expulsadas cuyo paradero no estaba claro: “insistimos en que ninguna persona debe quedar abandonada en una frontera como consecuencia de una actuación de las autoridades españolas, independientemente de las políticas migratorias que la amparen”, denunciaban el lunes.
Especial preocupación por el colectivo LGTBIQ+
“¡Las personas LGBTI+ están siendo abandonadas en Ceuta!, con estas palabras la activista trans Tima Agueddour llamaba el pasado 20 de octubre a una concentración ante el CETI, para exigir que personas del colectivo sean trasladadas a centros, obtengan protección oficial y sean trasladadas finalmente a la península. De origen marroquí y afincada en España, Tima lleva recibiendo numerosas denuncias por parte de personas del colectivo desde el primer momento, según explicaba a El Salto hace algunas semanas, dada su notoriedad entre el colectivo trans árabe.
La activista viene denunciando desde el principio de la crisis humanitaria la exclusión del colectivo en el CETI, poniendo como ejemplos, en conversación con El Salto, el caso de una mujer trans que señaló que no había sido aceptada tras comunicársele que en el Centro no había un espacio para el colectivo, o el de un chico trans que fue obligado a estar en el espacio de mujeres y vestir ropa femenina, negando su identidad de género, razón por la que dejó el centro tras pocos días.
Tima explicaba a El Salto que si bien el CETI nunca fue un espacio acogedor frente al colectivo, al menos estas prácticas no se se habían dado anteriormente, y alertaba de que el hecho de encontrarse en las calles, aboca a las personas LGTBIQ+ a exponerse a numerosas violencias por parte de la policía y de otras personas migrantes, o a ser devueltas a Marruecos. Ante esta situación, lamenta, han contado con escasa ayuda, entre esta la de la delegación en Ceuta de la Federación Sur Acoge, que facilitó que una decena de personas del colectivo accedieron a un centro y pudieran iniciar su proceso de asilo.
Ceuta
Ningún lugar es un lugar seguro: cuatro historias de desamparo en Ceuta
Ceuta
Ceuta: persecución de la solidaridad y abandono de las personas migrantes a tres meses del inicio de la crisis
Ceuta
Border Resistance señala la especial vulnerabilidad de las personas migradas LGTBIQA+ en Ceuta
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!