Mujeres con cáncer de mama, sin intimidad en consulta: “Atendían mi pecho amputado sin un biombo”

Carlota Aragón perdió un pecho durante una mastectomía. Explica que, tras la operación, era atendida semidesnuda a la vista de otros profesionales médicos e incluso de otros pacientes. Expertas piden protocolos unificados para el derecho a la intimidad de estas mujeres.

“Cuando te diagnostican un cáncer percibes claramente la gravedad del proceso en el que estás. Quizás por eso, y porque todo el mundo entiende que la prioridad es salvarte la vida, muchos profesionales abordan la cuestión posterior, la reconstrucción de tu pecho, con una cierta banalidad, como si superado el problema principal lo demás fuese pan comido”. Carlota Aragón Lozano fue diagnosticada de cáncer de mama en febrero de 2024. Tenía 25 años. Meses después se sometió a una intervención en la que se extrajo su seno derecho, lo que se conoce como mastectomía. Según expresa en la reclamación presentada ante el Hospital Ramón y Cajal (Madrid) sus problemas no acabaron con el arrancamiento del tumor. Denuncia “violencia médica” en un proceso en el que “no se respetó mi intimidad” en el servicio de Cirugía Plástica.

Aragón relata que, para la reconstrucción mamaria, en una primera consulta previa a la operación una cirujana le explicó que, como tenía las mamas pequeñas, no había prótesis de ese tamaño así que tendría que aumentar de pecho poniendo prótesis en ambas mamas. En la primera operación se realizaría la mastectomía de su pecho y se introduciría un expansor en la mama amputada como transición a la prótesis. Tal y como se explica desde la web especializada Breastcancer, un expansor es un dispositivo médico temporal, similar a un implante vacío, que se coloca bajo el músculo pectoral tras una mastectomía. En el consultorio médico, se rellena gradualmente con suero salino durante varias semanas para estirar la piel y crear el espacio necesario para el implante definitivo.

Cuando la intervención finalizó y Carlota abrió los ojos sus padres le transmitieron que le había intervenido otra cirujana. “Creo que ahí comenzaron parte de los problemas. Sinceramente, pienso que cuando generas unos vínculos con una persona, aunque solo sea de haberla visto una vez, y te ha transmitido una confianza, cualquier cambio debería comunicarse con mayor y mejor antelación”, expresa en su reclamación. En la primera cita de curas, la doctora que la había operado explica a Carlota lo que se hará después es solamente rellenar el implante vacío. “Me hablaron de aumentar pecho para simetrizar mis mamas, pero luego me lo negaron. Yo no quería aumentar mi pecho pero ellos en un principio me dijeron que había que hacerlo para que se quedaran iguales y luego cambiaron de versión. No entendía nada”, se queja.

Finalmente, y ante las objeciones de la paciente, la doctora le sugiere que cambie de profesional. “Se ha deteriorado la relación y la confianza entre médico y paciente”, se lee en el parte médico. Carlota reconoce que “alcé algo la voz, me puse nerviosa, mostré mi enfado, mi rabia, (seguramente también con la vida) y de un plumazo me quedé sin cirujano”. Una semana después, comenzó a ser atendida por otro profesional diferente.

Sin intimidad en consulta

Posteriormente comenzaron las sesiones para expandir su prótesis. “Cada día en la consulta vivía horas previas de enorme ansiedad. He perdido un pecho y para mí lo más doloroso del proceso del cáncer no solo es haberlo perdido físicamente, sino que nunca podré dar de mamar y nunca tendré sensibilidad, desde los 26 años”, asegura. A Carlota no le gustaba que cuando estaba en la maniobra de rellenar el expansor, que se realizaba mientras ella estaba en una cama semidesnuda, no pudiera tener intimidad. 

“La maniobra de rellenar el expansor la hace la enfermera, por lo tanto no se necesita a nadie más allí, pero siempre están la auxiliar, otros cirujanos... y se ponen a hablar entre ellos. Pido que me gustaría que esto pudiese hacerse con mayor intimidad. Ni mis seres más allegados han visto mi nuevo pecho”, expresa Carlota

“A veces, por las puertas interiores que comunican varias consultas, podía ver a otras u otros pacientes por lo que imagino que ellos también podían verme a mí. La maniobra de rellenar el expansor la hace la enfermera, por lo tanto no se necesita a nadie más allí, pero siempre estaban la auxiliar, otros cirujanos y otras enfermeras que en ese momento no tienen pacientes y se ponen a hablar entre ellos mientras se realiza la expansión. Pedí que me gustaría que esto pudiese hacerse con mayor intimidad. Ni mis seres más allegados han visto mi pecho, mi nuevo pecho”, expresa. “Lo único que pedí fue un biombo”, relata. 

En el parte médico de una de las sesiones, que tuvo lugar el 18 de febrero de 2025, se puede leer: “La paciente mantiene una actitud de insatisfacción con el trato dado en nuestra consulta. Considera que no debe entrar la auxiliar de clínica y que no sabemos mantener la “intimidad” necesaria para los pacientes. Es una opinión que mantiene continuadamente en la asistencia que se le viene prestando. Propongo que venga a consulta el martes por la tarde, en que hay muchos menos pacientes”.  “Me sorprendió que no se me diera esa opción antes porque pienso que podría haber sido una solución”, valora la paciente.

Consultados por El Salto, desde el gabinete de comunicación del Hospital Ramón y Cajal explican que, al tratarse de un caso clínico concreto, el hospital “no puede realizar valoraciones individualizadas por respeto a la confidencialidad de la paciente y a la normativa de protección de datos”.

No obstante, añaden que “el Servicio de Cirugía Plástica dispone de las medidas necesarias para garantizar la intimidad de los pacientes durante las consultas, exploraciones y curas. Tanto la consulta como la sala de curas cuentan con sistemas de privacidad destinados a preservar la confidencialidad durante la atención asistencial. Asimismo, el acceso desde el exterior permanece cerrado durante la asistencia y la comunicación entre ambas dependencias se realiza exclusivamente mediante puertas de uso interno para los profesionales sanitarios implicados”, por tanto “no consta que la práctica habitual se corresponda con las situaciones descritas.”

Sin protocolos

Victoria Rodrigo forma parte de la Asociación Española de Cáncer de Mama Metastásico. Explica a El Salto que, de fondo, está la ausencia de protocolos unificados para el derecho a la intimidad de las pacientes. “Cada hospital tiene unos protocolos diferentes, reivindicamos equidad. De un hospital a otro cambia mucho el trato. En el Hospital Doce de Octubre no hay biombo y en el Clínico sí”, ejemplifica.

“La reconstrucción no es solo física, es emocional. No puedes llegar a una consulta en la que la gente entra y sale y estén hablando entre ellos de sus vacaciones. Y esto nos suele pasar habitualmente”, expresa Victoria Rodrigo

Rodrigo hace énfasis en la importancia de lo que viene después de la operación. “La reconstrucción no es solo física, es emocional. No puedes llegar a un sitio en el que la gente entre y salga y están hablando entre ellos de sus vacaciones. Llegas nerviosa, no se te ocurre decir nada al médico, cada vez te vas haciendo más pequeña, pierdes hasta el derecho a decirle a alguien que lo estás pasando mal. Y esto nos suele pasar habitualmente”, insiste.

Rodrigo recuerda además que la paciente está en una situación muy vulnerable. “Dejas una parte de ti muy importante en las manos de otra persona. Pero no se dan cuenta”. Y añade algo que, para ella, está en el fondo del asunto: el cáncer de mama afecta principalmente a las mujeres. “No creo que a un hombre le atendieran con sus genitales al aire a la vista de todo el mundo”.

El distrés psicológico

Enfermas consultadas para este reportaje coinciden en que en el tratamiento contra el cáncer de mama se antepone la salud física a la salud emocional. Pero todo va unido. Desde la Fundación de ayuda a la depresión Anaed explican que el distrés psicológico, que se produce cuando una persona se siente desbordada, es uno de los efectos más comunes entre las pacientes con cáncer de mama. Para la Sociedad Española de Senología y Patología Mamaria (SESPM), este estado de malestar emocional puede interferir significativamente en la calidad de vida de las pacientes, dificultando su capacidad para manejar el tratamiento y las responsabilidades cotidianas.

Además, un estudio publicado en PubMed demuestra que el distrés no solo afecta a las pacientes durante el tratamiento, sino también puede extenderse a la etapa de supervivencia. “Este periodo, que muchas veces se percibe como el “retorno a la normalidad”, puede estar marcado por el miedo a la recurrencia del cáncer y la adaptación a los cambios corporales y emocionales”, afirman desde Anaed.

“Venimos de un sistema en el que las pacientes acatamos todo lo que nos dicen los médicos aún si pasan por encima de nuestros derechos, pero no quería que fuera mi caso. Me gustaría que esto se revisara, que se tuviera en cuenta, que las pacientes tenemos el mismo derecho a la intimidad que a darnos la quimio, la intimidad tiene que venir dada, no nos la deberíamos ganar, no deberíamos pedirla”, concluye Carlota Aragón en su reclamación.

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