El mundo, expectante ante los resultados de las elecciones brasileñas

A pocas horas de que se abran las urnas de la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, todos los ojos están puestos en la posible victoria del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, nostálgico de la dictadura militar, que promete “borrar a los rojos”, que jalona la violencia contra afrodescendientes, homosexuales y pobres, a los que culpa de la desastrosa situación política y económica.

Bolsonaro corazón
Jair Bolsonaro ha desarrollado su campaña electoral en las redes sociales, utilizando como Donald Trump las fake News como arietes.

publicado
2018-10-28 07:17:00

Es el séptimo país más rico del mundo y el primero de América Latina, a una gigantesca distancia del segundo, México. Tiene 208 millones de habitantes y la superficie equivalente a 16,8 españas. El quinto país más grande del mundo y motor indiscutible de la economía sudamericana, entra este domingo 28 de octubre en un momento clave para la historia del país y de todo el continente.

A pesar de que el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, recortaba distancias en las últimas horas, el militar en la reserva Jair Bolsonaro sigue siendo favorito, con el 56% de la intención de voto según las últimas encuestas. 

Al igual que ocurrió con Donald Trump en la campaña para la presidencia de Estados Unidos, el aumento de la popularidad de este candidato ultraderechista en el mes anterior a las elecciones ha estado directamente vinculado a una campaña en redes sociales nutrida de fake news, especialmente a través de WhatsApp, con trolas ya legendarias como la legalización de la pedofilia o el famoso kit gay en las escuelas. ¿Más coincidencias? Bolsonaro, al igual de Trump, no moderó sus mensajes a medida que se acercaban los comicios, sino que los radicalizó. 

El 21 de octubre, en su São Paulo, el candidato del Partido Social Liberal advertía sobre qué podría pasar si gana las elecciones: “Estos rojos marginales serán borrados de nuestra patria. Esta patria es nuestra y no de esa banda, que tiene una bandera roja y el cerebro lavado”. Bolsonaro ha explotado en campaña el hartazgo ante la situación política de amplias capas de las capas medias de Brasil. En su contra, la campaña #EleNão (él no) ha conseguido trascender la movilización de las “élites de izquierda”y transversalizarse a la suma de minorías que constituye la parte del país que lucha contra la desigualdad y la marginación política. 

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Bolsonaro amenaza con “hacer una limpieza a fondo” y borrar a los “marginales rojos”

A pocos días de la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, donde el ultraderechista Jair Bolsonaro parte como favorito, el candidato del PSL ahonda en su deriva fascista. Bolsonaro propone tipificar como terrorismo las actividades del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST).

La larga campaña ha estado jalonada por ataques violentos de carácter político. De las 70 agresiones de este tipo registradas el último mes, unas 50 han sido atribuidas a seguidores de Bolsonaro. Personas negras, homosexuales, transexuales, travestis o mujeres feministas, figuran entre las principales víctimas. Pero la más mediática ha sido, cómo no, Bolsonaro. El 6 de septiembre, el candidato sufría un ataque en Juiz de Fora, en el departamento de Minas Gerais.

Desde aquel suceso, el candidato realizó su campaña a contracorriente, se ausentó del debate televisivo entre candidatos y aseguró su paso a la siguiente ronda. La sombra de las fake news rodeó el ataque de Minas Gerais y, sin embargo, todos sus rivales condenaron el atentado.

Solo Dilma Roussef, expresidenta depuesta en una maniobra parlamentaria sospechosa, advirtió que el ataque de un "lobo solitario" contra Bolsonaro se encuadra en la misma lógica que defiende el candidato reaccionario y sus partidarios. Entre estos se encuentra Rodrigo Amorín, diputado electo por el Estado de Río de Janeiro, que subió a sus redes el momento en el que rompía una placa de homenaje a Marielle Franco, activista por los derechos de los habitantes de las favelas de Río y de los derechos LGTBI asesinada el pasado mes de marzo.

La crisis del PT

El entramado de corrupción que afectó a casi todos los partidos políticos brasileños, en particular al PT y la inhabilitación y encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva cuando lideraba todas las encuestas, han dado alas a la ultraderecha neoliberal, militarista y admiradora de Donald Trump. 

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En las últimas tres semanas se han registrado más de 70 agresiones por motivos políticos, de las cuales unas 50 han sido atribuidas a seguidores de Bolsonaro.

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La ultraderecha militarista, favorita para las presidenciales en Brasil

El encarcelamiento de Lula deja como favorito para las presidenciales a un exmilitar misógino y homófobo, el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, admirador de Trump.

Se trata del segundo golpe de timón judicial después del impeachment a Dilma Roussef iniciado en diciembre de 2015, considerado por toda la izquierda continental como un “golpe de Estado” de nuevo cuño, sin tanques en la calle ni disparos en el Parlamento.

En agosto de 2016, asumía la dirección del país el vicepresidente Michel Temer, del conservador partido PMDB, que detenta buena parte de las bases territoriales del poder en el país. La implicación de todo el Gobierno Temer en los principales casos de corrupción, la militarización del país y un recorte sin precedente de los derechos sociales y laborales dejó a este político paulista con un 5% de aprobación al final de su mandato. 

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En medio de retrocesos radicales en los derechos de los trabajadores impulsados por el Gobierno de Michel Temer, una grabación pone en jaque al presidente.

Tras el encarcelamiento de Lula —que lideraba las encuestas con un 39%, frente al 19% de Bolsonaro— fue designado como candidato Fernando Haddad. “Lula es una idea, y ahora un programa de gobierno”, proclamaba Haddad, a la vez que lanzaba guiños a los mercados y al centro con el fichaje de economistas liberales y figuras que habían apoyado el impeachment de Rousseff.

El 8 de julio, el juez Rogério Favreto del Tribunal Regional de la 4ª Región (TRF-4) ordenaba la puesta el libertad de Luiz Inácio 'Lula' da Silva. Durante unas horas, la base del Partido de los Trabajadores tomó las calles para conseguir que la Superintendência de la Policía Federal en Curitiba liberase al candidato eterno del PT a los comicios. Tras unas cuantas horas en las que el país estuvo en vilo, la reacción de los poderes del Estado suprimió cualquier posibilidad de que Lula saliera de la cárcel. El 1 de septiembre, el Tribunal Supremo Electoral rechazaba la candidatura del presidente de Brasil entre 2003 y 2010 y líder del PT desde el 10 de febrero de 1980.

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El PT llega a las elecciones presidenciales brasileñas con las encuestas en contra pese a los guiños moderados lanzados por su candidato Fernando Haddad.

Populismo Privatizador

La primera vuelta de las elecciones, el 8 de octubre de 2018, dieron al militar Bolsonaro el 46% de los votos. Bolsonaro fraguó sus resultados —muy altos en un país en el que el voto es casi obligatorio— en las ciudades ricas y blancas de Brasil y en los caladeros de voto de las comunidades evangelistas. Nostálgico de la dictadura militar de 1964, Bolsonaro, que considera legítima la tortura, homófobo, machista, racista y clasista, ha conectado con las clases medias y altas desafectas al PT y escépticas ante el futuro.

Bruno Cava Rodriguez, de la de la Universidade Nômade de Brasil, criticaba las visiones simplistas tras la victoria en la primera vuelta de las elecciones en una entrevista publicada en Uninomade: “Se habla del riesgo del fascismo como si el fascismo no fuese la realidad de Brasil. Una cosa es hablar de fascismo en Europa o en los Estados Unidos, donde la población vive una democracia social. Otra cosa es hablar en un país donde la mayoría nunca ha experimentado una democracia social y tiene que soportar arbitrariedades, amenazas, chantajes y discriminaciones en el día a día, en la normalidad”.

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Bolsonaro arrasa en la primera vuelta y el frente antiautoritario busca unirse para reducir distancias

Nada menos que 17 puntos separan al principal candidato a la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro, del candidato del PT, Fernando Haddad, la gran esperanza del frente democrático.

Las semanas previas a la segunda vuelta solo sirvieron para aumentar la ventaja de Bolsonaro sobre Haddad. Una brecha de 20 puntos que se ha ido moderando a medida que se acercaba la fecha clave. El 26 de octubre, los sondeos daban al candidato ultra el 56% de los votos.

Para el periodista y analista uruguayo Raúl Zibechi, es necesario repasar los últimos 200 años de historia del país para comprender cómo Brasil ha llegado a esta situación. Desde una herencia nunca superada del esclavismo, pasando por una herencia todavía presente del coronelismo, donde “el poder de las élites locales sigue intacto y se sigue renovando en cada consulta electoral”, y una historia no cerrada desde la última dictadura militar. “Hay quienes sostienen, como el filósofo Vladimir Safatle, que la dictadura se acomodó a la democracia formal pero permaneció de modo subterráneo, ya que no hubo ruptura”, explica Zibechi.

“Cuando se habla de que Bolsonaro es la vuelta de la dictadura muchos se encogen de hombros, no porque desprecien la democracia, sino porque las prácticas de la dictadura nunca dejaron de ser parte integrante del statu quo”, explicaba Bruno Cava Rodriguez en la citada entrevista.

Cabalgando la ola global del nuevo autoritarismo, Jair Bolsonaro se ha apoyado en el más que gris Paulo Guedes, economista de la Universidad —y la escuela— de Chicago, un fervoroso creyente de la jibarización de la planificación económica de Estado. “De verdad, no entiendo de economía”, es otra de las frases repetidas por Bolsonaro, que se apoya en Guedes para avanzar su programa: apertura de mercados para los fondos de pensiones, privatización —suena Petrobras, la empresa más importante en Brasil— y reducción de impuestos. 

La Amazonía se presenta como el otro gran campo de extracción de beneficios sobre el que se basará el hipotético gobierno Bolsonaro. El candidato ha anunciado el cierre del Ministerio de Medio Ambiente y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales y apuesta para la cartera de Agricultura y Medioambiente por el terrateniente Luiz Antônio Nabhan Garcia, relativista del cambio climático y partidario de extender la ganadería —principal responsable de la deforestación actual— y los cultivos sojeros a la selva amazónica.

En un artículo de The Economist citado por el medio uruguayo La Diaria, se plantea que la investidura de Bolsonaro supondrá el incumplimiento automático por parte de Brasil del acuerdo de París sobre cambio climático: “La elección presidencial del Brasil no sólo conformará el destino del mayor país de América Latina. También es un referéndum sobre el destino del mayor bosque tropical del mundo, también conocido como ‘el pulmón de la tierra’”.

Hoy, 28 de octubre, Brasil toma una decisión crucial para Latinoamérica y para todo el planeta. A la derecha, Bolsonaro. Una versión siglo XXI del autoritarismo del siglo XX, combinado con las lógicas de extractivismo y explotación de la escuela de Chicago. A la izquierda Haddad, un candidato circunstancial después del encarcelamiento de Lula y del golpe y defenestración de Roussef, sin carisma ni otra oportunidad en su horizonte que la que le puede dar el rechazo de una sociedad entera a la llegada del fascismo. 

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Las tres herencias que explican el fenómeno Bolsonaro
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¿Cómo llegó la mayoría de los votantes a tener la percepción de que los negros, los pobres y los que practican sexualidades diferentes son los verdaderos culpables del desastre brasileño?

2 Comentarios
Hodei 22:18 28/10/2018

Terrible lo que le viene a la mayoría social, los trabajadores brasileños, como este auténtico energúmeno, dictador y capitalista venza en la elecciones generales de hoy.
Se viene una nueva dicyadura militar, en las que los mercados y la tesis neoliberales dominen todo el sistema a su gusto, y el pueblo sufra la perdida de salarios, derechos sociales, empresas públicas, protección social, tolerancia hacia todos los colectivos y libertades individuales.
Es cierto que el PT, con su derechización y corrupción, tiene parte de la culpa de todo esto. Pero sin duda, los grandes medios de comunicación y la iglesia católica, tienen la mayor parte de la responsabilidad dentro del cuento que han liado paso a paso: Desde el golpe de estado parlamentario, a la encarcelación de Lula y al apoyo absoluto a Bolsonaro

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#25196 17:37 28/10/2018

Viva Bolsonaro!

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