Brasil
Bolsonaro y el guiñol identitario

Leo que el auge global de los fascismos se lo debemos a las políticas de identidad, que distraen a la internacional socialista de su plan maestro justo cuando está a punto de ser ejecutado.

Marielle Franco
Marielle Franco. Foto: PSOL

publicado
2018-11-05 11:00

A Jair Bolsonaro una se lo imagina perfectamente compartiendo mesa en el asador junto a Carlos Herrera, Salvador Sostres, Albert Rivera o Pablo Casado. Colorado, encocado, con la camisa manchada de grasa y alzando la voz progresivamente según avanza el menú y se acumulan las botellas de vino vacías. Es la definición de hipérbole machista infusionada en caldo mesiánico. Una caricatura grasienta y vocinglera del fascista de toda la vida, ese que sabe cómo llevar el shock a los bares hablando con la procacidad justa para parecer el vecino de arriba.

Pero no lo es. No es el vecino, ni se aprovecha de vacío ideológico alguno en la izquierda, ni es un tipo especialmente carismático más allá de hacer el gesto de la pistolita con los dedos a modo de matón de cuartel decidido a dar su merecido al primero que se menee.

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El asombro es como la candidiasis, siempre vuelve. Estos días se me presenta en una forma ya familiar, leo —con asombro pero no con sorpresa— que la victoria de este depredador disfrazado de predicador sureño y, de paso, el auge global de los fascismos se la debemos a las políticas de identidad, que distraen a la internacional socialista de su plan maestro justo cuando está a punto de ser ejecutado. Ahí nos encontramos mujeres, maricones y defensoras del lenguaje inclusivo haciendo de escudos humanos a la misma derecha cuyo primer, segundo y tercer punto es exterminarnos.

Me miro las manos, como mujer, trans y bisexual, intentando descubrir una vibración de poder que me haya pasado desapercibida
Me miro las manos, como mujer, trans y bisexual, intentando descubrir una vibración de poder que me haya pasado desapercibida, extiendo una de ellas con gesto intrépido intentando convocar un rayo, una telaraña o una mísera lucecita intimidante. Nada, ahí permanezco palmoteando el aire como una gilipollas sin que fuerza superior alguna me asista.

Entiendo que alguna magia debe impulsarnos para ser capaces de alzarnos sobre lo humano cuando nuestra agenda nos coloca por delante en capacidad de influencia del Fondo Monetario Internacional, del ejército, de la prensa y de la manipulación de los medios de comunicación masivos. Las fuerzas vivas del capitalismo salvaje funcionando a toda máquina son las responsables del auge de sus hijos predilectos, ni más ni menos. El guiñol de la diversidad como elemento divisor de clase y facilitador de diablos nazis es una conjetura apoyada en absolutamente ningún hecho decisivo más allá de cuatro frases borrachas de Margaret Thatcher o de algún exceso teórico sin relevancia en la vida fuera de la academia.

Conjeturar sirve para empezar a hollar el camino de las ideas, no tiene nada de malo, pero si las conjeturas no se demuestran, estamos ante humo panfletario, manipulación o mala intención. Cuando esto viene de tus compañeros de clase, aunque ya te hayas acostumbrado, duele, hiere y pone de especial mala leche.

Del mismo modo que la derecha retuerce las medias verdades, las amplifica y las viraliza, creando así armas de desprestigio contra sus rivales políticos; así ha sucedido desde una izquierda con la que iré a votar y saldré a la calle —mi padre me enseñó que por encima de todo jamás se atraviesa un piquete— pero a la que me va a costar volver a tenderle la mano fuera de eventos que exigen apretar las filas.

Las políticas de identidad no las hemos inventado quienes supuestamente formamos parte de ellas. Ni siquiera existen. Son una caricatura creada desde la hegemonía y el estatus que ningunea a compañeros y compañeras de clase que —y esto es una verdad material irrefutable— ocupamos una posición de inferioridad aún dentro del proletariado. Feministas, activistas LGTB y activistas racializadas nos hemos limitado a señalar dichas desigualdades y a reclamar un espacio de equidad, justicia y restitución que no existía. Interpretar un acto de vindicación de las desposeídas como una traición de clase o como colaboracionismo es un acto de mezquindad impropio de alguien que se tenga por revolucionario, socialista, marxista o decente a secas.

La media de vida de las mujeres trans brasileñas es de 35 años. Gran parte de la violencia proviene del entorno cercano

Según un detallado informe de la ANTRA, en Brasil, durante 2017 una mujer trans fue asesinada cada 48 horas. El 80% racializadas y el 70% trabajadoras sexuales. La mayoría de estos asesinatos incluyeron una sesión de tortura previa y muchos más de la mitad quedaron impunes. La media de vida de las mujeres trans brasileñas es de 35 años, 15 menos que en España. El mismo informe detalla condiciones brutales de rechazo familiar y especifica que gran parte de la violencia proviene del entorno cercano, incluyendo el asesinato. El mismo informe cuenta que los crímenes de odio contra el colectivo LGTB aumentaron un 30% en 2017 alcanzando una cifra total de 446 muertes violentas. Más de una diaria.

La fundación Open Knowledge de Brasil afirma que en los diez días previos a las elecciones se contabilizaron 70 ataques contra personas LGTB en todo el país, la noche en que se ratificó la victoria de Bolsonaro, la policía informó de que una mujer trans fue acuchillada hasta la muerte en pleno centro de Sao Paulo por cuatro individuos mientras gritaban soflamas a favor del presidente ya electo.

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La disonancia cognitiva que se produce entre hechos comprobados y la necesidad de mantener el estatus aún entre los perdedores, aunque la entiendo como mecanismo de afirmación, nunca dejará de sorprenderme. Considerar, por ejemplo, a Marielle Franco —activista LGTB, bisexual y negra cuyo asesinato sigue sobrevolando la figura de Bolsonaro— una frívola sin noción de clase constituye un insulto intelectual y un acto de miseria humana incalificable.

Las políticas de identidad no son otra cosa que proyectos de acción proletaria articulados por quienes más tenemos que perder y son, siempre y por definición, antisistema, anticapitalistas y solidarios. Utilizar el lenguaje e inventar fantasías de la posmodernidad a nuestro alrededor sí que debilita la lucha de clases. Nos concede el papel de la otredad y nos presupone faltas de conciencia o esquirolaje, cuando somos, probablemente, con quienes la lucha de clases se despacha con mayor violencia; los datos están ahí y gritan muy alto.

Podemos hacer mofa del lenguaje inclusivo o de la necesidad de representación todo lo que queramos. Al final sabemos quién visitará el paredón antes llegado el momento y quién sufre las primeras consecuencias del fascismo antes de que llegue.

Conceder un poder indemostrable a las habitantes de las cloacas del proletariado y restar importancia a la máquina capitalista generando violencia, mentira y manipulación para prevalecer no va a ayudar a nadie. Ya no se trata de teorizar, están llamando a la puerta, van a echarla abajo el día menos pensado y los falsos debates no van a servir para contenerles.

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8 Comentarios
Wladimir 22:48 5/11/2018

No se quién está diciendo que los culpables son las identidades, pero igual estár luchando para ver quién es el más oprimido o la más oprimida en vez de luchar conjuntamente contra quien, o qué, es lo que más oprime, pueda tener algo que ver. A lo mejor los excesos de retórica que no aguanta la mayoría social e incluso cierto fanatismo en determindos colectivos puede que no ayuden.

Claro que para la izquierda posmoderna la culpa es de la lucha obrera. O igual es que la izquierda posmoderna no da respuestas, sólo se dedica a reñir y a intentar ser pura hasta lograr la perfección en el discurso, el comportamiento, en el lenguaje y en culpabilizar al hombre blanco heterosexual para así atraerlo a la izquierda renunciando a sus privilegios.

Porque cuando le dices a un trabajador hombre blanco heterosexual que lleva 10 años en el paro viviendo de la caridad que es un privilegiado, porque el colectivo "seaelquesea" está discriminado, estás consiguiendo un aliado.

Si no, a mi explicadme por que avanza la extrema derecha y a Bolsonaro lo votan hasta los negros pobres, a esos que el propio bolsonaro desprecia.

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#25567 12:51 6/11/2018

Tú mismo te respondes cuando afirmas que el parado 10 años se siente privilegiado...
En este mundo neoliberal gaseoso de burbujas mentirosas, fake news masivas financiadas por plutócratas y aulladores en el poder, se ha extendido la falacia de que la mayoría somos "clase media" cuando, en realidad, somos lumpen solipsistas atados a nuestro móvil. Dependemos de un trabajo asalariado, más o menos precario, cada vez más precario y uberizado que puede esfumarse en un momento.

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#25538 20:49 5/11/2018

Es un absurdo y abusivo opinar en casa ajena sin mirar los infantes de tu pais si futuro. Drogas e una chiquita a sus 10 12 años teniendo sexo y otros temas más. Andate España cuidar de tu pais perdido en sus cables suelto, patanes. Si ni tu casa logra a poner ordenes. 😡

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#25546 21:25 5/11/2018

Para los amigos brasileños abducidos por la promesa fascista de Bolsonaro:
Si ese capitán que quiere hacer de general lleva a cabo su promesa y explota hasta sus últimas consecuencias la Amazonia, el resto del mundo sufrirá las consecuencias con un agravamiento feroz del cambio climático (inundaciones, sequía y hambre).
Por lo que, el resto del mundo no brasileño, tenemos la obligación de que no se cargue el pulmón de la Tierra.

Brasil nos incumbe porque nuestra supervivencia como especie está en juego, y porque no podemos dejar solos a nuestros amigos brasileños con un proyecto totalitario, misógino, homofobo, aparofobo, racista y plutócrata.

P.d.: una recomendación para el lobby probolsonaro que pulula por aquí: aprendan a escribir correctamente en español porque no se les entiende. Gracias.

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#25639 12:58 7/11/2018

Os bolsonarios-em-Rede ponham-se nas portas, façam favor. Pero a ti, casteyano, me gustaría verte escribir en portugués para ver qué tal se te daba. Ni un día sin el casteyanismo canibalizando "la españolía"; dejadlo ya, es vuestra, toda para vosotros, monolingües orgullosos.

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#25518 12:37 5/11/2018

En el proceso de descomposoción humana que trae consigo esta Reacción Fascista Internacional y la codicia neoliberal, con el ecocidio con el que amenaza Bolsonaro a la Amazonía para alargar y agravar la agonía fósil de este planeta sobrecalentado; el genocidio selectivo con el que el fascista brasileño busca amedrentar a los trabajadores que quieren conservar los privilegios de su atribuida etiqueta de "clase media" con la que les engañan siendo en realidad lumpen que depende de un trabajo precario: La extrema derecha de aulladores representa esa mano dura (ese ejercito dispuesto a matar por las esencias nacionales y los últimos recursos naturales) y esa piqueta sin ojos que promete el crecimiento sin límite que garantizaría los privilegios en riesgo de quienes no quieren repartir las migajas que dejan las corporaciones transnacionales y quienes son consciente de que la especie humana está teniendo demasiado éxito reproductivo: 7500 millones que quieren vivir el sueño americano...El egoismo estulte de quien cree que votando al tipo duro, este le devolverá el favor porque si no, el mismo que le aupó, le echará del poder. Lastima que el verdadero objetivo de Bolsonaro sea instaurar una dictadura militar-evangélica que suspenda la democracia, entonces será demasiado tarde: para reconstruir un planeta habitable, para iniciar una revolución de la hermandad humana.
¿O no?

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#25543 20:51 5/11/2018

Quien acabo con Amazonia fue PT. Bolsonaro fue elegio para para de homicidas sin impunidad y corrupción. Antes de hablar de Brasil mire los problemas de tu patria.

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#25542 20:51 5/11/2018

Quien acabo con Amazonia fue PT. Bolsonaro fue elegio para para de homicidas sin impunidad y corrupción. Antes de hablar de Brasil mire los problemas de tu patria.

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