Aragón
Aragón decide en las urnas entre su gobierno más derechizado o una izquierda en mil pedazos
Un total de 1.036.325 aragoneses y aragonesas está llamadas a votar este domingo la composición de su parlamento. Apenas hay suspense en el resultado ni siquiera entre las plumas más optimistas de los medios menos coartados. No hay encuesta alguna en la que el Partido Popular no revalide la victoria y, a falta de que concluya la jornada electoral de este 8 de febrero, hay más incertidumbre en saber cuál será el peso final que recaiga en la extrema derecha de Vox —cuyo candidato apenas entusiasma a los suyos—, que estará anclada, sí o sí, al futuro del actual presidente del PP, Jorge Azcón, si es que los resultados confirman a la demoscopia.
Es cierto que ha habido escándalos en el seno del Partido Popular madrileño que esas mismas encuestas no han podido reflejar. Especialmente, en el que está envuelto el actual alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, que ha sido denunciado por presunto acoso sexual y laboral por una exconcejala de su propio partido. A ello se ha sumado, en el cierre de campaña de Azcón, un acercamiento simbólico a los jóvenes afanados por la extrema derecha, invitando para clausurar el acto al agitador Vito Quiles y a la banda Los Meconios, que se hicieron famosos en las redes hace unos meses por cantar “Vamos a volver al 36” y otras soflamas fascistas frente a miles de personas.
Bajo esa aparente estabilidad en lo que a previsiones se refiere, puede estar moviéndose un escenario político algo más complejo: una derecha que se desplaza hacia posiciones cada vez más duras sin pagar costes electorales, una izquierda incapaz de recomponerse tras años de divisiones y unos regionalismos que pierden centralidad en un contexto de fragmentación en dos bloques a nivel estatal.
Un presidente sin épica, pero sin rival
Jorge Azcón llega a estas elecciones con una ventaja clave: no necesita ganar el debate político, le basta con no perderlo. Su perfil, lejos del histrionismo de otros barones del PP, ha funcionado como un activo. No entusiasma, pero tranquiliza. No polariza, pero suma. Su presidencia ha transcurrido sin grandes conflictos visibles en los grandes medios de comunicación y con una estrategia clara: esquivar las guerras más abrasivas y presentarse como un gestor presuntamente eficaz en un contexto económico favorable.
Ese contexto importa. Aragón crece ligeramente por encima de la media estatal, ha reducido la sangría migratoria juvenil y se beneficia de su posición logística entre Madrid y Barcelona. A ello se suma un modelo de desarrollo basado en grandes infraestructuras energéticas e industriales que, con gobiernos de distinto color, ha contado con una notable continuidad política. Azcón lo presenta como éxito propio, pero también como garantía de futuro.
En campaña, el PP ha reforzado esa idea con un mensaje optimista y poco ideológico. No es casual: el presidente aragonés ha logrado expandir su base electoral más allá de la derecha clásica. Capta antiguos votantes del PAR, de Teruel Existe e incluso del PSOE, consolidándose como una figura presidenciable para amplios sectores del electorado: al 27,1% de los votantes de Vox les entusiasma, según el CIS.
Vox pesca en el conflicto territorial
La extrema derecha no amenaza la hegemonía del PP, pero sí se convierte en su socio inevitable. Su crecimiento responde menos al liderazgo autonómico que a la fortaleza de la marca y a su capacidad para canalizar malestares muy diversos. Vox pesca en el mundo rural y en los barrios urbanos, entre votantes conservadores y antiguos socialistas, entre quienes se sienten abandonados por el sistema y quienes desconfían de la política institucional.
En Aragón, ese discurso conecta especialmente con el conflicto territorial. La despoblación, la instalación de grandes infraestructuras y la sensación histórica de agravio forman un caldo de cultivo que la ultraderecha ha sabido explotar con habilidad. Mientras otros actores dudan o matizan, Vox ofrece imposturas plagadas de certezas simples y enemigos claros. Si la extrema derecha consigue capitalizar buena parte del descontento territorial supondrá la constatación de un problema democrático de fondo y una derrota simbólica para el aragonesismo político tradicional.
El PSOE, atrapado en el ciclo estatal
En el centro-izquierda, el PSOE resiste, pero retrocede. La exministra de Educación, Pilar Alegría, no parte de una mala posición personal: es conocida, tiene una valoración aceptable y no genera un rechazo intenso fuera de su electorado. Incluso disputa parcialmente el consenso en torno a Azcón. El problema es estructural y va más allá de la candidata.
Por un lado, pesa la herencia de los gobiernos de Javier Lambán, percibidos por una parte del electorado progresista como excesivamente continuistas con las políticas del PP, tanto en lo económico como en lo cultural. Por otro, el desgaste del PSOE a nivel estatal impacta de lleno en una campaña que se ha estatalizado por completo. Para muchos votantes, estas elecciones no se leen en clave aragonesa, sino como un plebiscito indirecto sobre el Gobierno español.
El resultado será, previsiblemente, uno de los peores del socialismo aragonés en décadas, lo que abre interrogantes sobre su liderazgo y su estrategia a medio plazo.
La izquierda alternativa y el coste de la división
A la izquierda del PSOE, el panorama es aún más complicado. IU/Sumar, Podemos y Chunta Aragonesista concurren por separado a pesar de compartir buena parte del electorado potencial. El resultado será sin duda un espacio fragmentado, penalizado por el sistema electoral y sin capacidad real de influir en la gobernabilidad.
IU/Sumar parece asegurar su entrada en las Cortes; Podemos se mueve en el filo del 3% necesario para obtener representación; y la Chunta emerge como la fuerza mejor posicionada del bloque, con un relevo generacional que le permite conectar con un electorado progresista cansado de las luchas internas de la izquierda estatal. Sin saber si se intentó lo suficiente, lo que está claro es que la confluencia no llegó.
El 8F funcionará así como una suerte de primarias encubiertas para este espacio, cuyos resultados marcarán las futuras negociaciones de cara a otros ciclos electorales.
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