Cañaveral en la AIT extremeña. Tras las huellas de la Internacional en Extremadura (III)

El 26 de febrero de 1870 se daba noticia de la primera sección de la AIT en Extremadura de que se tenga constancia. Relato de quienes lo hicieron posible.
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La Flaca 1869 BNE
26 feb 2026 07:00

España comenzó 1869 con un gran desencanto. Quienes habían visto en la revolución un rayo de esperanza para mejorar sus condiciones de vida, eran acallados a palos en revueltas anónimas. Poco había cambiado para quienes necesitaban realmente un cambio. Los 21 cañonazos que anunciaban antes en Madrid la proclamación de un nuevo rey, saludaban ahora la apertura de las Cortes constituyentes, el 11 de febrero, con una minoría republicana.

Con la excusa de los gritos independentistas que venían de Las Antillas, Juan Prim propuso el reclutamiento de 25.000 soldados, que finalmente servirían para aplastar levantamientos populares como los de Paterna o de Jerez de la Frontera[1]. Los federales le recordaron que él mismo había prometido disolver el ejército, para ser sustituido por la Milicia Nacional. Prim -donde dije digo, digo diego- argumentó la necesidad de crear un ejército fuerte. Las quintas seguían sangrando a las familias de los parias de la tierra, con las levas de jóvenes varones que no tenían dinero para librarse del secuestro militar, reclutados a partir de los 20. El servicio a la patria de los espadones duraba entonces 7 años.

La puntilla a este desencanto la dio la proclamación de la nueva Constitución en junio de 1869. A pesar de ser la más liberal de la Europa del momento, en su artículo 33 decretaba que el régimen político de España sería una “monarquía constitucional”, con derecho de veto del rey y privilegio de este a la hora de elegir a los ministros. Como expresó Abel Paz, citando a Fernández Almagro, “al votarse la Constitución de 1869 se produjo un sentimiento de frustración y desilusión en todo el país. Dos sueños caros, la república y la abolición de las quintas, habíanse desvanecido. El fracaso de la revolución de septiembre de 1868 era ya evidente”[2].

La Flaca Mi gozo en un pozo

Todo ello dispuso que, como afirma Francisco Madrid[3], el movimiento obrero se fuera alejando paulatinamente de la política, y adoptara actitudes abstencionistas cada vez más acusadas, un terreno que Fanelli ya se habría encontrado abonado a su llegada a España, a finales de 1868. Aquel abstencionismo, en la figura del retraimiento promovido por grupos desencantados, se hizo patente en la ciudad de Badajoz en las elecciones municipales de finales de diciembre de 1868: de unos 4.000 electores solo votaron unos 1.500. La prensa de Badajoz se quejaba así de la actitud de los retraídos y abstencionistas: “si la administración del municipio elegida no fuese fructuosa para la localidad ¿tendrían derecho a quejarse los que han permanecido encerrados en sus casas absteniéndose de ejercer un derecho que las leyes les conceden y que no por ser hoy general, deja de ser un derecho muy preciado?”[4]. Como se ve, el argumento que se suele dar contra la llamada abstención responsable ya viene de lejos.

En poco tiempo el republicanismo federalista se radicalizó, dando acogida tanto a obreros de ideas ácratas como a republicanos burgueses de poco pelo. Pi y Margall, admirado por unos y por otros, ya lo había expresado en las Cortes en la sesión del 20 de mayo de 1869: la “República no saldrá nunca sino de las bayonetas del pueblo. Creer que puede salir de la Asamblea es una locura, es un delirio”[5].  Tras una reunión en Tortosa (Tarragona), los comités provinciales del Partido Republicano Federal de Cataluña, Valencia, Aragón y Baleares acordaron un pacto por el que se legitimaba el derecho a la insurrección para implantar la república federal, en caso de que el Gobierno traicionara las libertades individuales.

Este acuerdo precantonalista fue imitado en otras provincias. En junio de 1869 se constituyó en Córdoba el pacto federal del Partido Republicano entre las provincias de Andalucía, Extremadura y Murcia. Por la provincia de Cáceres participaron Juan González Hernández, Valentín Cárdenas, Antonio Malo de Molina, Antonio Guillén Flores y Manuel García Martínez. Por la provincia de Badajoz asistieron Manuel Gómez Ortiz y Federico Crespo Suárez. Como ejemplo de las sutiles líneas que separaban federalismo e internacionalismo, cabe decir que por la provincia de Cádiz participó Fermín Salvoechea, quien con el tiempo se convertiría en un referente del anarquismo español.

Pi y Margall en Badajoz

Francisco Pi y Margall, alma del republicanismo federalista, llegó a Badajoz  el 18 de septiembre de 1869. Le acompañaba Fernando Pierrad, brigadier y compañero del Partido Republicano Federal, hermano de Blas Pierrad, militar y sempiterno conspirador. En ese momento Pi era el político más valorado y leído en las sociedades obreras, autor, entre otras obras, de La Reacción y la Revolución, publicada en 1855. Fue, junto a Fernando Garrido, el introductor de las obras de Proudhon en España, cuya obra Du príncipe fédérative et de la nécessité de reconstituer le partit de la révolution, había traducido y publicado en 1868, apenas unos meses antes del estallido revolucionario de septiembre, con el título El principio federativo.

Francisco Pi y Margall, alma del republicanismo federalista, llegó a Badajoz  el 18 de septiembre de 1869. Le acompañaba Fernando Pierrad, brigadier y compañero del Partido Republicano Federal, hermano de Blas Pierrad, militar y sempiterno conspirador

En aquella primera etapa de la Internacional, como expresa Jean Maitron, los comunistas eran los socialistas marxistas, mientras que los socialistas de tendencia anarquista eran los colectivistas, por influencia de Bakunin, también conocidos como federalistas, antiautoritarios o antiestatistas. Estos aún no habían asumido abiertamente la palabra anarquía (an-archie, que entonces se escribía así), dado que la misma vinculaba con el partido de los proudhonianos en la Internacional, que combatían las ideas del reformismo económico[6].

Pi y Margall venía a Badajoz como abogado de la empresa francesa encargada de realizar la traída de aguas a la ciudad, una localidad que debió de impresionarle por sus suciedad y malas costumbres de la población en cuanto a higiene, denunciada frecuentemente por los periódicos de la época, que señalaban que era “imposible pasar por algunas partes sin taparse las narices y cerrar los ojos”. Su llegada a la capital de Guadiana fue la excusa perfecta para quitarse de en medio tras los hechos de Tarragona, donde una multitud agitada por Blas Pierrad había dado gritos contra la constitución, a favor de La Federal y asesinado al gobernador civil, que se metió en la misma a calmar los ánimos, arrojando su cuerpo al mar. 

AjotadeBadajoz
A Jota de Badajoz, en O Antonio Maria, jornal Lisboa 1893

Aprovechando el viaje de negocios, Pi y Margall y Pierrad dieron dos mítines republicanos en el teatro el 19 y el 20 de septiembre, defendiendo que solo el establecimiento de la república federal podría salvar a la Hacienda, la política y la sociedad española. Al mitin acudieron los representantes del Partido Republicano de los partidos judiciales de la circunscripción electoral pacense, con el fin de que salieran elegidos los candidatos para las próximas elecciones. Según las crónicas, el público guardó un respetuoso silencio durante sus discursos y aplaudió rabiosamente al final de sus palabras, no ante la elocuencia del diputado curtido en los debates del parlamento, “sino ante sus belicosos ataques contra el propósito de quienes querían imponer en España a un monarca extranjero”. Tras firmar las escrituras de contratación con el Ayuntamiento de Badajoz, proyecto que no cuajó, regresaron a su labor proselitista en Madrid[7]

La Internacional llega a lomos de periódicos

Josep Termes nos recordó que “la prensa, junto con el folleto y la propaganda oral, eran los únicos medios de difusión de las doctrinas obreristas”[8]. Hay constancia, por las suscripciones y las noticias aparecidas, de que en Extremadura se recibía prácticamente la totalidad de la prensa obrerista que continuó a la revolución de 1868. Periódicos como La Federación, que se fundamentaba en las ideas colectivistas y apolíticas de Bakunin, La Solidaridad, órgano de las secciones de la Federación madrileña de la Asociación Internacional de Trabajadores, La Emancipación, al principio bakuninista y después órgano de los socialistas de la Nueva Federación Madrileña, El Condenado, primero socialista y después colectivista, El Obrero, La Revista Social y otros renombrados periódicos llegaban a los círculos de los campesinos y obreros extremeños. Su lectura se hacía en los círculos, los clubs y las gañanías, a la luz de una vela, cuyo chisporroteo se oía al hacer punto quien leía para los demás, como dejaron apuntado Díaz del Moral y Maeztu[9].

Sin ser internacionalista, La Justicia Social, revista republicana federal cuyo primero número, de 5 de agosto de 1869, se inicia con un manifiesto dirigido al público donde se habla de la necesidad de propagar “La Idea”, con mayúsculas, incluye diversos contactos con individuos y grupos extremeños. Uno de ellos fue José Gómez Gordillo, joven estudiante de Medina de las Torres (Badajoz), que colabora con el periódico con alguna que otra crónica sobre el proletariado y sus pesares[10], aparte de perorar en mítines a favor de la república federal en localidades vecinas como Valencia del Ventoso, donde las fuerzas reaccionarias le apedrearon[11].  

La revista se recibía, en 1869, en poblaciones como Jaraíz de la Vera, Trujillo, Valencia de Alcántara, San Vicente de Alcántara, Alcántara, Jarandilla, Santa Marta de los Barros, Cañaveral y Cáceres, en esta última localidad de la mano de Juan Guillén y el club republicano federal. En ella se ensalzaba, de vez en cuando, la labor de La Internacional[12].

“Uno de ellos fue José Gómez Gordillo, joven estudiante de Medina de las Torres (Badajoz), que colabora con el periódico con alguna que otra crónica sobre el proletariado y sus pesares”

En Cañaveral ya existía una suscripción a La Justicia Social a finales de diciembre de 1869, a nombre de Julián de Sander, barbero[13]. Poco después, en su número 7, Año Primero del sábado 26 de febrero de 1870, La Solidaridad, Órgano de la asociación internacional de los trabajadores de la Sección de Madrid, anunciaba en su página 3 la fundación de una sección de La Internacional en Cañaveral, “merced a la infatigable actividad de nuestro amigo Felipe Boticario. El comité que integraba la sección quedaba compuesto del siguiente modo:

Presidente, Felipe Boticario (labrador).

Vicepresidente: Julián de Sander (barbero).

Vocales: José Hernández (albañil).

               Francisco Suárez (herrador).

               Plácido Bertol (zapatero).

               Cándido Ramos (jornalero).

               Pascual Fernández (labrador).

Secretario: Celestino Hortigón (comerciante).

Tesorero: Narciso Vega (labrador).

La misma noticia anunciaba que en los pueblos circunvecinos se estaban organizando también secciones internacionales.

Obviamente, la variedad de ocupaciones de quienes integraban el comité (tres labradores, un jornalero, un barbero, un albañil, un herrador, un zapatero y un comerciante), prácticamente todos ellos oficios de carácter manual, respondía a las indicaciones del Comité Central de La Internacional sobre cómo organizarse, mediante secciones por oficios y federándose estas entre sí. En un número anterior de La Solidaridad[14], el Comité Central expresaba esta fórmula con las siguientes preguntas:

“¿Es conveniente organizar las secciones de oficios? Sí, lo es, ¿bajo qué bases?

¿Es conveniente formar la Caja de Resistencia? Sí, lo es?”.

Y continuaba con un gran número de preguntas, recordando que cualquier comité que se organizara debería tener un carácter meramente ejecutivo, mientras que las secciones tendrían un carácter legislativo, es decir, eran responsables de realizar sus propios reglamentos y llevar a cabo sus propias propuestas de acción. Se cumplía así con la máxima del reglamento de la AIT, inspirada por Marx, que consideraba que “la emancipación de los trabajadores debe ser obra de ellos mismos”.

Como afirma Juan Gómez Casas, las ideas de Pi llevaban la impronta de Proudhon: “Erijamos en entidad política el municipio y la provincia. Dividamos al pueblo en clases. Cada clase de productores entiende exclusivamente en sus intereses; cada municipio y provincia en los suyos. Un consejo municipal podrá constituir entonces la unidad del pueblo, un consejo provincial la de la provincia; un consejo federal la del estado. Todas las clases estarán, naturalmente, representadas en estos consejos. El poder dejará de ser un peligro y perderá de día en día su carácter político. Se irá destruyendo”[15] 

La similitud de la nueva asociación internacional con el proyecto republicano federal, con la organización de abajo a arriba y salvando la reivindicación de la abolición de las clases, hizo que en este primer momento se difuminaran las fronteras entre unas y otras ideas, hasta el punto de que la misma sección de internacionalistas de Cañaveral funda simultáneamente el Comité Republicano Federal de la localidad, en la misma fecha y básicamente con los mismos componentes, con la salvedad de que nombran presidente honorífico a Fernando Garrido. Se constituye como Presidente, también Felipe Boticario, Vicepresidente Cándido Plasencia, Vocales Julián de Sander, Francisco Suárez, José Hernández, Pascual Fernández, Plácido Bertol, Cándido Ramos, Narciso Vega y como Secretario Celestino Hortigón[16].

Apenas queda constancia de la identidad de estos primeros miembros de Cañaveral ni podemos saber a ciencia cierta cuáles fueron sus motivaciones últimas para dar tan decisivo paso. Tal vez la cercanía de Béjar -incipiente centro industrial y revolucionario donde el levantamiento republicano de 1867, civil y popular, había tenido gran transcendencia-, influyó en la formación de este núcleo inicial.  Como recuerda María Jesús Merinero[17], “la sublevación de López Carrafa, acompañando a Orense en Béjar, nos hace detectar en su retirada la formación de partidas republicanas en la provincia de Cáceres”. Estas partidas levantaron otras de igual signo en la Vera, Plasencia, Montehermoso y Aldeanueva del Camino.

“Presidente, también Felipe Boticario, Vicepresidente Cándido Plasencia, Vocales Julián de Sander, Francisco Suárez, José Hernández, Pascual Fernández, Plácido Bertol, Cándido Ramos, Narciso Vega y como Secretario Celestino Hortigón”

Cabe también reseñar que Cañaveral, población según el censo de 1877 con 1.824 vecinos y vecinas, contó también con vecinos que apoyaron abiertamente la causa garibaldina, como se desprende de los sueltos aparecidos en prensa de la época. En marzo y mayo de 1863 Rafael Plasencia Regalado e Ildefonso Vives dirigen varias loas a José Garibaldi, “el Campeón de la Libertad”[18], lo cual motiva que el héroe de Capri les conteste personalmente aceptando “con gratitud la promesa que me habéis dirigido de acompañarme en las santas batallas por la libertad de los pueblos”[19].

De Felipe Boticario Plasencia, impulsor de la sección de Cañaveral en febrero de 1870, sabemos que nació el 5 de febrero de 1819[20]. Residía en la Plaza Nueva, estaba casado con Josefa Martín Plasencia y había sido alcalde del ayuntamiento constitucional de Cañaveral en 1853. También fue miembro de la Junta Revolucionaria de la provincia de Cáceres de 1868. A los 67 años, en 1886, participa todavía en los conciliábulos del republicanismo federal, tal y como consta en una asamblea a la que asistió ese mismo año en Zaragoza.

La sección de Cañaveral dio señales de vida durante varios años más, sin que sepamos si el núcleo inicial siguió formando parte de la misma. Todavía en julio de 1872, meses después de que Sagasta decretara la persecución de las secciones de la AIT en España, en un acta del consejo federal, se informa acerca de Cañaveral de que un “Un compañero nos manifiesta que a pesar de los obstáculos que los burgueses oponen al desarrollo de nuestras ideas, siguen desarrollándose en dicha localidad y en los pueblos comarcanos, puesto que los trabajadores ya empiezan a comprender la necesidad de organizarse para salir del envelecimiento (sic) material en que se encuentran”[21].

Ya en un número anterior de La Solidaridad al que anunciaba la constitución de la sección de Cañaveral, se invitaba a todas las sociedades de trabajadores, constituidas o en proyecto, a la celebración de un congreso obrero nacional, que finalmente cristalizaría en el primer congreso obrero español, que se celebró en Barcelona en 1870. Federales  e internacionalistas comenzarían a separar sus destinos, una ruptura previa a la que después se produciría entre socialistas y anarquistas. Como expresa Juan Pablo Calero Delso, “los anarquistas españoles optaron por romper con los republicanos, pues no creían en la posibilidad de lograr la emancipación social  ni por el insurreccionalismo jacobino ni a través del cooperativismo, ni mucho menos mediante la participación electoral, tal y como se lo había recomendado Bakunin en su manifiesto a los trabajadores españoles de 1868”[22].

Durante la década de los 70 del siglo XIX surgieron diversas secciones en Extremadura. Algunas resultaron constituidas y otras quedaron en proyecto, quedando constancia de la ardua y empeñada labor de militantes aislados en pequeños núcleos rurales. Tanto unas como otras merecen ser tenidas en cuenta, tal y como consideraba la invitación que se hacía a ambas a la participación en el congreso obrero de 1870. Bakunin, mediante la defensa de la autonomía de las secciones de la Internacional frente al centralismo del Consejo General de Londres, había afirmado la responsabilidad total del militante[23]. Ello conlleva que allí donde había un o una internacionalista, anarquista en ciernes, había una representación de la Asociación Internacional Obrera, estuviera o no la sección constituida. De ahí la importancia de que sepamos quiénes fueron estos militantes y sus núcleos de acción, objeto de un próximo artículo, que arranca con el Congreso Obrero de Barcelona de 1870, el primer congreso obrero de la historia de España.

 

NOTAS:

[1] María Jesús Merinero, en VV.AA., Historia de Extremadura, Tomo IV, Los tiempos actuales, Universitas Editorial, Badajoz, 1985, p. 895.

[2] Abel Paz, Los internacionales en la región española, 1868-1872, Edición de Diego Camacho, 1992.

[3] Elías Reclus, Impresiones de un viaje por España en tiempos de la Revolución. Del 26 de octubre de 1868 al 10 de marzo de 1869. En el advenimiento de la República. Edición, traducción y notas: Francisco Madrid, Pepitas de calabaza ed., Logroño, 2007, p. 19.

[4]Crónica de Badajoz, 23-12-1868, p. 2.

[5] Jorge Vilches, Historia y política: Ideas, procesos y movimientos sociales (nº 6, ejemplar dedicado a: Pi y Margall y el Federalismo en España, pp. 57-90),

[6] Jean Maitron, Le mouvement anarchiste en france, I, Des origines à 1914, Gallimard, 1975, p. 19-20.

[7] Visita de Pi y Margall a Badajoz en La Discusión, 23-09-1869, p. 3,

[8] Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España, La primera Internacional (1864-1881), Ediciones Areil, Barcelona, 1972, p. 281.

[9]El ideal anarquista en España, en Ramiro de Maetzu, Artículos desconocidos, 1897-1904, Edición de E. Inman Fox, Editorial Castalia, Madrid, 1977.

[10] “EL Sufragio y la clase trabajadora”, en La Justicia Social, 2-09-1869, p4, “Desgracias del proletariado”, por José Gómez Gordillo, La Justicia Social, 28-01-1870. P. 3. También realiza diversas suscripciones, una de ellas para el comité republicano de Medina

[11] La República Ibérica, 7-4-1870, p. 2.

[12]La Justicia Social, 2-9-1869, p 11. En el mismo número se da constancia de las actividades en el club republicano federal de Cáceres.

[13]La Justicia Social, 28-12-1869, p.16. Identificado como J. de S.

[14]La Solidaridad, 5-2-1870, p. 1. Documentos como este y otros fundamentales para conocer el arranque de la Internacional en España son Antología documental del anarquismo español. Organización y revolución: De la Primera Internacional al Proceso de Montjuic (1868-1896), presentación, selección y notas de Francisco Madrid y Claudio Venza, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid, 2001; y La Primera Internacional y la Alianza en España, Colección de documentos inéditos o raros, Edición anotada por Wolfang Eckhardt, Traducción de Felipe Orobón Martínez, Epílogo de Juan Pablo Calero Delso, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid, 2017.

[15] Juan Gómez Casas, Historia del anarcosindicalismo español, Editorial ZIX, Madrid, 1969, p.27.

[16] Noticia y relación completa en La Discusión, 27-02-1870, p.2.

[17] María Jesús Merinero, obra citada, p. 895.

[18]La Discusión, 28-05-1863, p. 2. Y 07-03-1863, p. 5.

[19]La Discusión, 27-09-1863, p. 2.

[20]La Discusión, 17-02-1886, p. En una carta redactada desde Cañaveral el 14 de febrero de 1886, donde da la fecha de su nacimiento, se dirige a Pi y Margall “en nombre de los deferales de esta comarca” y da vivas al partido republicano federal pactista.  Tenía 67 años. En cuanto a su esposa, Josefa Martín Plasencia, aparece en el Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres de 21-08-1866, p. 3.

[21] Acta de la sesión celebrada el 4 de julio de 1872, en Asociación Internacional de los Trabajadores, Actas de los consejos y comisión federal de la región española (1870-1874), transcripción y estudio preliminar por Carlos Seco Serrano, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Barcelona. Publicaciones de la Cátedra de Historia General de España, 1969, p. 168. Fondo Cedall.

[22] Juan Pablo Calero Delso, epílogo a La Primera Internacional y la Alianza en España, Colección de documentos inéditos o raros, FAL, Madrid, 2017, p. 320.

[23] Juan Gómez Casas, obra citada, p. 35.

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