Análisis
La juventud no se derechiza, la nueva brecha política es de género

Los últimos datos electorales de Europa y Estados Unidos desmontan uno de los diagnósticos más repetidos en el debate público sobre la supuesta derechización de la juventud. Las generaciones jóvenes siguen siendo menos conservadoras que las de mayor edad. El verdadero cambio político aparece dentro de la propia juventud, donde se abre una brecha cada vez más marcada entre hombres y mujeres.
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15 mar 2026 04:45

Cada vez que la extrema derecha crece en las urnas, aparece la misma explicación de que la juventud se está derechizando. El argumento se repite en columnas, tertulias y análisis electorales. La generación que creció con internet, precariedad laboral y crisis climática habría abandonado las posiciones progresistas para abrazar discursos reaccionarios.

El problema es que los datos no encajan con esa narrativa. Cuando se analizan los resultados electorales por cohortes de edad, aparece una tendencia bastante estable de que las generaciones jóvenes siguen votando, en conjunto, más a la izquierda que las generaciones de mayor edad.

Como señalan los politólogos Tarik Abou-Chadi, Markus Wagner y Nils Steiner, “la brecha de género en el voto está especialmente marcada entre millennials y generación Z

No estamos ante una generación que gira hacia la derecha. Lo que aparece es una generación en la que hombres y mujeres siguen trayectorias políticas cada vez más opuestas.

Cuando se habla de “jóvenes”, con frecuencia lo que se está observando es el comportamiento electoral de los hombres jóvenes. Tendencias detectadas entre varones se proyectan sobre toda una generación, convirtiendo una parte del fenómeno en diagnóstico general.

No es un sesgo nuevo. Durante décadas, buena parte del análisis político ha utilizado categorías aparentemente neutras que en la práctica tomaban como referencia el comportamiento masculino. El votante medio, el trabajador medio o el ciudadano medio eran figuras construidas sobre experiencias sociales masculinas presentadas como universales.

La grieta política de la generación Z

Los datos comparativos apuntan en la misma dirección. Un análisis basado en el European Election Study, uno de los proyectos de investigación más amplios sobre comportamiento electoral en la Unión Europea, muestra que el apoyo juvenil a partidos de extrema derecha se concentra con mucha mayor intensidad entre hombres que entre mujeres.

Según este estudio, más del 21 % de los hombres menores de 30 años apoyan a este tipo de partidos, frente a alrededor del 14 % de las mujeres de la misma edad. Una parte importante del avance de la derecha radical entre votantes jóvenes se explica precisamente por el comportamiento electoral masculino.

El patrón aparece además en comparaciones de largo recorrido. Como señalan los politólogos Tarik Abou-Chadi, Markus Wagner y Nils Steiner, “la brecha de género en el voto está especialmente marcada entre millennials y generación Z y se ha ampliado respecto a generaciones anteriores”.


El crecimiento del voto juvenil hacia la derecha radical no responde tanto a un desplazamiento ideológico de toda una generación como al peso específico de los hombres jóvenes dentro de ese electorado. Si el avance de la derecha radical entre jóvenes se concentra sobre todo entre hombres, la pregunta inevitable es qué ocurre con el voto de las mujeres jóvenes.

Qué votan las mujeres jóvenes

Cuando se analizan los datos por género, aparece un patrón bastante consistente en distintos países occidentales. Las mujeres jóvenes tienden a situarse ideológicamente en posiciones progresistas.

En España, los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reflejan que las mujeres menores de 35 años se ubican, de media, en posiciones más progresistas dentro de la escala ideológica del instituto demoscópico. En Alemania, los análisis postelectorales del instituto Infratest dimap muestran una tendencia similar.

En las elecciones presidenciales francesas de 2022,Jean-Luc Mélenchon fue el candidato más votado entre los menores de 25 años en la primera vuelta, según los datos de Ipsos. El apoyo al candidato de la izquierda fue especialmente alto entre mujeres jóvenes, mientras que la extrema derecha obtuvo un apoyo mayor entre hombres jóvenes.

Lo que muestran los datos es una generación en la que las orientaciones políticas no evolucionan en bloque y en la que las diferencias internas son cada vez más evidentes

En Estados Unidos, los datos del Pew Research Center apuntan en la misma dirección. Las mujeres jóvenes se identifican mayoritariamente con posiciones liberales o progresistas y muestran un fuerte respaldo a agendas vinculadas a derechos civiles, igualdad de género o políticas sociales.

Este posicionamiento ideológico coincide con el protagonismo de las mujeres jóvenes en las movilizaciones sociales de la última década.

Las movilizaciones feministas del 8 de marzo son uno de los ejemplos más visibles. El movimiento feminista se ha convertido en uno de los principales espacios de politización colectiva para una generación de mujeres jóvenes. A partir de esas redes y dinámicas organizativas, muchas de ellas participan también en otras luchas sociales y políticas.

Esa presencia es visible en movilizaciones muy diversas. Desde el movimiento climático juvenil hasta las protestas en defensa de los derechos humanos o las movilizaciones internacionales de solidaridad con Palestina, las mujeres jóvenes han tenido una presencia especialmente destacada tanto en los espacios organizativos como en las calles.

No se trata solo de un comportamiento electoral. Es también una cultura política que las jóvenes han construido en las calles antes que en las urnas.

La juventud sigue siendo más progresista que las generaciones mayores

Cuando se observa el comportamiento electoral de las generaciones jóvenes en conjunto, aparece una conclusión bastante clara. La juventud no vota más a la derecha que las generaciones mayores. En muchas elecciones recientes en países occidentales ocurre exactamente lo contrario.

Los partidos conservadores y reaccionarios siguen concentrando una parte importante de su apoyo entre votantes de mayor edad. En términos generales, la derecha obtiene mejores resultados entre electores de más de cincuenta o sesenta años que entre el voto joven.

La narrativa de una juventud derechizada simplifica, por tanto, una realidad más compleja. Lo que muestran los datos es una generación en la que las orientaciones políticas no evolucionan en bloque y en la que las diferencias internas son cada vez más evidentes.

Las razones son múltiples y siguen siendo objeto de debate. La expansión del feminismo entre las generaciones más jóvenes, la reacción antifeminista en determinados espacios digitales o las distintas experiencias sociales y económicas de hombres y mujeres forman parte de ese análisis.

Lo que parece claro es que el diagnóstico habitual sobre la juventud no describe bien lo que está ocurriendo. No estamos ante una generación que gira en bloque hacia la derecha. Lo que aparece es una generación atravesada por una fractura política de género cada vez más evidente

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