Análisis
Gabriel Rufián en el salón del ángel exterminador
El pasado jueves el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, presentó, ahora junto a la eurodiputada de Podemos Irene Montero, su iniciativa de un frente de izquierdas, en esta ocasión en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona y de nuevo entre una considerable expectación de los medios de comunicación y un nutrido auditorio. Aunque Rufián jugaba en casa, no lo tuvo fácil en las horas previas al acto, en las que los medios le entrevistaron y analizaron las tensiones que la propuesta ha generado dentro de su propio partido. En el acto –que llevaba un título de resonancias leninistas: “¿Qué hay que hacer?”– no hubo preguntas de los medios; sólo del público, que abarrotó la sala. Hizo de anfitrión el historiador y exdiputado de Catalunya en Comú Xavier Domènech. Entre los asistentes, se pudo ver al exportavoz de ERC en el Congreso Joan Tardà, el secretario primero de la Mesa del Congreso por Sumar y candidato a la Alcaldía de Barcelona por Barcelona en Comú, Gerardo Pisarello, la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, o a la comunicadora Sarah Santaolalla, entre otros.
Domènech comenzó recordando –era de obligada mención, teniendo en cuenta, al fin y al cabo, la finalidad del acto– el 90º aniversario de la fundación del Frente de Izquierdas en Cataluña, y reclamó a las izquierdas que dejen de lamerse las heridas e inicien el debate de construir grandes proyectos. Durante las dos horas que siguieron difícilmente puede decirse que esta declaración de intenciones se concretase en algo. Aunque ésta es una crítica recurrente a Rufián desde que presentó su propuesta en Madrid, el portavoz de ERC siempre ha asegurado que esta iniciativa es una manera de usar su proyección pública –según los sondeos, ha llegado a superar a la vicepresidenta Yolanda Díaz en popularidad– para presionar, como dijo una vez más, a las cúpulas de los partidos políticos para que hablen entre ellos: “hay mil cosas” que se pueden hacer, sugirió Rufián, quien mencionó, de paso, la posibilidad de crear un “grupo interparlamentario”.
Con todo, el acto transmitió la impresión de que todo lo que se había de decir a este respecto ya se ha dicho, y los participantes en él quedaron encerrados, como los personajes de El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel, en el salón de debate, condenados a repetir los mismos argumentos una y otra vez, sin que nadie más vaya a entrar en esa habitación. Peor aún, transmitió la sensación de que un incremento de la exposición pública –también anunció que podría haber un coloquio con Mónica Oltra en la ciudad de Valencia próximamente– más que promover la unidad, expondrá líneas de fractura políticas.
El tira y afloja con ERC
Como es notorio, la ‘operación Rufián’ no cuenta con muchos ni entusiastas apoyos públicos entre sus compañeros de partido, con la excepción de Tardà, quien ha propuesto, incluso, lanzar un órdago a ERC con una consulta a sus bases sobre la propuesta. “A mí alguien me tiene que explicar aún qué tiene de malo organizar un acto con público como este”, disparó Rufián. “Yo pido a mi partido que lidere este proceso”, dijo después. “Si me cuesta el cargo, me voy a mi casa”, declaró frente a algunos cargos de ERC presentes en la sala y, dirigiéndose a ellos, añadió que le “iría mejor leer el argumentario, repetir consignas”. A este respecto, cabe señalar que el portavoz mantiene, según todas las fuentes, una relación tensa con sus propios colegas del partido en el Congreso. Según Rufián, ERC tiene que superar el “partidismo frágil” y “arrastrar” a otros en la tarea de reconstruir una confluencia de izquierdas a escala estatal. “El problema no son las izquierdas soberanistas; a nosotros nos irá bien, el problema son las izquierdas a la izquierda del PSOE”, explicó.
Montero recogió el guante. Para la exministra de Igualdad, “hay ganas de izquierda”, frente al auge de la derecha radical y la normalización de sus ideas. Que manifestase, ni que fuese medio en broma, que no le importaría “hacer equipo con Rufián” invita a la especulación. Días antes el antropólogo Jose Mansilla comentaba en redes sociales lo que circula por los mentideros de Barcelona, a saber: que ERC haga con Podemos lo que hizo antes con Comunistes de Catalunya –la formación heredera del Partit dels i les Comunistes de Catalunya (PCC), que Joan Josep Nuet llevó a la confluencia con los comunes, primero, y a ERC, después, tras romper con aquéllos por defender el referéndum del 1 de octubre– y alcance algún tipo de acuerdo electoral en Cataluña.
Rufián imprimió un sentido de urgencia a su discurso: “Nos queda una bala”, dijo; “si esta gente entra, entra para lustros”
Cabe pensar que, con un acuerdo así, ERC podría, por una parte, arañar algunos votos, sobre todo en el área metropolitana, y Podemos, por la otra, frenar su caída de representación a nivel estatal. Pero un acuerdo de este tipo, al mismo tiempo, entraña el riesgo para ambas formaciones de perder tanto, o más, como se gana, por la asociación con un partido independentista, para Podemos, y con un partido de ámbito estatal que no tiene la independencia de Cataluña entre los objetivos de su programa, para ERC.
Que Rufián mencionase de paso la hipótesis de dejar el cargo si era necesario también ha suscitado rumores sobre la posibilidad de que sea él quien lidere una lista electoral con Podemos actuando de motor antes de que se llegue a un escenario en el que se le agota el combustible. En este sentido, es significativo que, tanto en el coloquio con Montero como en entrevistas anteriores, Rufián haya insistido en que está “orgulloso” de representar a ERC y expresado su voluntad de seguir haciéndolo.
Parece que Podemos podría apoyar a una candidatura con Rufián sin ERC (se especula con que Montero sería la líder en el resto del Estado), pero es dudoso que lo vaya a hacer el resto de actores de la izquierda estatal (en lo tocante a las izquierdas soberanistas de otras naciones sin Estado, EH Bildu y el BNG se distanciaron de la propuesta tras su presentación en Madrid y no han modificado su posición). Y, en caso de formarse, es igualmente dudoso que una candidatura sin el apoyo de ERC fuera a superar los apoyos electorales de esta. En el improbable caso de que ERC se sumara –la respuesta de la dirección a través de su vicesecretario de comunicación, Isaac Albert, fue tajante: “No somos la izquierda del PSOE, somos la izquierda nacional”–, lo más pensable es que perdiera en el espacio independentista, crecientemente derechizado tras la irrupción de Aliança Catalana (AC) y el giro cada vez más plutocrático de Junts, los apoyos que pudiera sumar por la izquierda. No en vano el propio Rufián no deja de protestar en cada entrevista que concede contra el sistema mediático catalán, especialmente, por la idea, instalada por el resto del independentismo y particularmente reiterada por Junts, de que ERC ha apoyado desde 2020 a Pedro Sánchez y su gobierno “a cambio de nada”. Acaso en respuesta a ello Rufián afirma constantemente que su objetivo electoral táctico es una situación en que haya “un gobierno del PSOE sometido a las izquierdas soberanistas”.
En caso de que Comuns Sumar –como se llamó oficialmente la coalición entre ambos espacios– participara en una coalición con ERC, aparecería el problema de quién debe encabezar la lista de Barcelona, por cuanto, en las elecciones a las Cortes Generales del 23 de junio de 2023, Comuns Sumar superó a ERC en dicha circunscripción. La réplica del presidente de ERC, Oriol Junqueras, al respecto deja poco margen para la duda. En efecto, Junqueras repuso que, como vicepresidente del Gobierno de la Generalitat durante los momentos álgidos del conflicto con las instituciones centrales del Estado en el marco del proceso soberanista de 2017, él fue “a la prisión por Cataluña, no para que Ada Colau sea diputada en una lista de Esquerra”.
En cualquiera de los casos, si bien puede que Rufián se encuentre, andando el tiempo, en una disyuntiva, también lo hará ERC, que tendrá que decidir si debe retener a un portavoz cuyos problemas con el grupo parlamentario son bien conocidos por los medios catalanes y ahora manifiesta ideas abiertamente contrarias a la estrategia de la dirección, o, por el contrario, lo deja marchar, después de todos los recursos que ha invertido en él, para liderar una lista que competiría con el partido.
Mientras tanto, la izquierda independentista representada por la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) sigue languideciendo políticamente, con una propuesta cada vez más desdibujada, y perdiendo influencia. Como era esperable, este espacio político no ha acogido con entusiasmo la propuesta de Rufián, sobre la cual ni siquiera se ha pronunciado oficialmente.
Alerta: “alerta antifascista”
En cuanto al los discursos sustantivos pronunciados, reinó la inconcreción, más allá de la apelación a la unidad del espacio a la izquierda del PSOE, ante la hipótesis de un gobierno formado por PP y Vox. “¿Por qué un independentista está aquí?”, se preguntó Rufián al inicio del acto el acto, y reivindicó el ADN antifascista de la formación y apeló a su “responsabilidad histórica”. No obstante, también pertenecen al “ADN” de ERC los hermanos Miquel y Josep Badia y Josep Dencàs, nombres vinculados a la gestión del orden público de la Generalitat republicana y a la formación de grupos paramilitares para la represión del anarcosindicalismo. O las declaraciones contra la inmigración del último Heribert Barrera, presidente del partido entre 1991 y 1995. “Lo que viene no es lo de siempre”, volvió a repetir el portavoz de ERC, que también insistió, en referencia a los límites territoriales de su formación, que “el fascismo no se detiene en Fraga”. Aquí es donde Rufián imprimió un sentido de urgencia a su discurso: “Nos queda una bala”, dijo; “si esta gente entra, entra para lustros”.
Uno de los errores más señalados de las izquierdas ante la oleada reaccionaria es la asunción de los temas de debate propuestos por las derechas, especialmente la ultraderecha, como ejes centrales, y la postergación o abandono de los propios. En nuestro caso, la creciente influencia del discurso xenófobo de Vox y AC en Cataluña se percibe en la repetición por parte de Rufián de algunos lugares comunes del discurso mainstreamcomo que las izquierdas deben “hablar de orden, de seguridad” o “de migración”, nuevamente sin mayores concreciones, lo que motivó la siguiente réplica de Montero: “¿Cuándo ha dejado la izquierda de hablar de seguridad […] Seguridad es que tú sepas que, aunque no tengas un duro en la cuenta corriente, porque llevas cuatro meses en el paro y tu pareja también, tu hijo, tu hija, va a estar en la mejor escuela pública, con las mejores profesionales y los mejores profesionales”.
Si el eje central va a ser “fascismo” o “antifascismo” “y ya”, como planteó Rufián, habría que saber qué contenidos habrá que asumir en el marco de ese “antifascismo”
Todo ello a pesar de que los datos sobre delincuencia se han reducido desde 2023, con una reducción, en el caso de Barcelona, del 6,1% durante el pasado año respecto a 2024, y una reducción del 7% de los delitos contra el patrimonio, y del 8,5%, de los asociados a la “multirreincidencia”, según datos de los Mossos d’Esquadra. Huelga decir que no hubo mención alguna a otras formas de delincuencia económica como el fraude fiscal, que tienen un impacto directo en la infrafinanciación de los servicios esenciales del estado del bienestar (se calcula que las cantidades defraudadas suponen entre un 10 y un 15% de los ingresos fiscales totales), y que significativamente cometen especialmente los poseedores de grandes fortunas. Y la misma omisión ocurrió con otras banderas de la izquierda como la lucha por la redistribución de la renta, el aumento de la progresividad del sistema fiscal, la reducción de la jornada laboral o el establecimiento de una renta básica de ciudadanía. Acaso el bajo nivel sustantivo del discurso de Rufián se entienda mejor a la luz de una de las boutades más criticadas de su intervención, el siguiente falso dilema: “Yo prefiero llenar Tik Toks que bibliotecas. Porque mi hijo mira Tik Tok”. Teniendo en cuenta la importancia que da Rufián a la comunicación política, que es el terreno en el que dice sentirse más cómodo (si su hijo sólo “ve Tik Toks”, ¿por qué no lo lleva a la biblioteca?), la afirmación resulta de todo punto significativa del nivel de la comunicación política en Cataluña y en el conjunto del territorio estatal.
Si el eje central va a ser “fascismo” o “antifascismo” “y ya”, como planteó Rufián, lo que no deja de ser un recubrimiento de barniz épico de la vieja política del mal menor, habría que saber qué contenidos habrá que asumir en el marco de ese “antifascismo”. La regulación de los precios de los alquileres fue una idea que apareció constantemente en el coloquio, así como en intervenciones anteriores tanto de Rufián como de Montero. ¿Será eso condición para otra hipotética investidura de Sánchez y, en Cataluña, de Salvador Illa? También se han pronunciado ambos en contra del aumento del gasto militar exigido por Trump y la OTAN. Sin embargo, en 2025 el aumento fue de 10.471 millones, con lo que ya ha alcanzado la cifra del 2% del PIB. ¿Habrá que asumirlo, junto a los probables concomitantes recortes sociales, porque “con PP y Vox sería aun peor”? Y todo ello con la paradoja de que ambos son conscientes de que las renuncias en estos ámbitos –a veces, desde las instituciones mismas– han determinado la decepción de gran parte del electorado de izquierdas que ha puesto las bases para el crecimiento de la extrema derecha. En este discurso, en fin, el antifascismo funciona como un elemento más identitario –en sus apelaciones más estéticas que no históricas– que real.
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