Altsasu
Edurne Goikoetxea: “En prisión, mil días son muchos años”

Edurne Goikoetxea forma parte del colectivo Altsasu gurasoak.

Edurne Goikoetxea
Edurne Goikoetxea es madre de Ainara Urkijo, una de los ocho jóvenes condenados de Altsasu. Altsasu gurasoak

publicado
2019-08-10 06:49

Su hija, Ainara Urquijo, es una de los ocho jóvenes condenados a entre dos y trece años de prisión por una pelea de bar con dos guardias civiles y sus parejas en el municipio navarro de Altsasu. Tres de ellos cumplen hoy mil días en prisión y el colectivo ha organizado para esta mañana una subida al monte Beriain, el punto más alto de la comarca, donde arrancará la campaña “1000 egun, mila mezu, mila muxu! Altasukoak aske!” (1000 días, mil mensajes, mil besos. ¡Libertad para los de Altsasu!).

¿Cuántos días son mil días?
Mil días son mil noches y eso, en prisión, son muchos años. Si nadie lo remedia, el 14 de noviembre tres chavales cumplirán tres años en prisión.

¿Cómo estáis gestionando emocionalmente la cárcel?
La cárcel les ha quitado la despreocupación que supone la juventud. Ahora son auténticos adultos. Se han saltado la etapa de disfrutar. En los módulos FIES han visto situaciones muy duras de presos que están en unas circunstancias lamentables, sin familias que les visitan. Han visto una realidad que la mayoría de la gente no vemos porque los muros de la cárcel no son solo altos para que ellos no salgan, sino para que nosotros no miremos dentro. Todos deberíamos hacer una reflexión sobre esto… Y en cuanto a nuestros hijos, ahora tienen la vida hecha por etapas: juicio, sentencia, recurso, sentencia del recurso, Supremo. Tienen los nervios de saber que el resto su vida está en las manos de cinco personas que firmarán un papel. Además, les pilló en años clave: terminando estudios y empezando a trabajar. Aunque salieran mañana y volvieran a una situación de normalidad, ya no serían los mismos. Ni tampoco los familiares. Estos casi tres años han supuesto un cambio mental muy grande para muchas personas. 

En la salida a Altsasu de la autovía, tanto antes como después de las detenciones de vuestros hijos es frecuente encontrarte con un control de la Guardia Civil. ¿Por qué?
Porque estamos hablando de la zona más militarizada de Europa. Son muchos y tienen que hacerse notar. Y los controles sistemáticos a la gente joven acarrean, muchas veces, cacheos y sensación de miedo. Es una forma de tenernos con su bota de encima.

¿En qué momento se encuentra el proceso judicial?
Tenemos la sentencia y el recurso en la Audiencia Nacional y el 18 de septiembre, la vista del Tribunal Supremo. Ya hemos llegado al Supremo después de que nos llevaran a Madrid aduciendo un delito de terrorismo que todo el mundo sabía inexistente y cuya intención era juzgarnos en la Audiencia Nacional y hacernos daño.

¿Llegaréis a Estrasburgo?
Si hace falta, sí. Tenemos la esperanza de que el Supremo actúe poniendo un poco de cordura en todo esto. Si no, tendremos que ir antes al Constitucional, no nos podemos saltar pasos.

Y mientras seguís los pasos, vuestros hijos siguen en prisión.
Eso es lo más duro de todo porque tenemos muy claro que tienen encarcelados a siete inocentes y, mientras, la vida de los chavales se ha paralizado. Están encerrados por voluntades a las que no les importa la vida de la gente y, si somos vascos, mucho menos.

¿Confiabas en la Justicia?
Si la veo aparecer, confiaré. Todavía no se me ha presentado. Es difícil creer en quien no conoces.

¿Qué queda sin Justicia?
Sin Justicia queda que los poderes hacen y deshacen a su antojo, la ciudadanía es vulnerable y vivimos sin democracia. No conocemos qué es la democracia porque no somos ciudadanos de plenos derecho.

Las vidas de nuestros hijos son muy poca cosa al lado de gente que se ha llenado los bolsillos con este conflicto

El caso de vuestros hijos ha cambiado el voto de vecinos del pueblo, representado desde las últimas elecciones municipales sólo por nacionalistas vascos y la izquierda abertzale.
Es posible. Menos el concejal de UPN, todos estaban con nosotros. Ha habido un repliegue del voto de la gente porque los políticos en Madrid estaba diciendo barbaridades.

En España se sigue avivando el conflicto vasco y el victimismo.
Se ha visto muy claramente como han venido a Altsasu a colgarse la medalla: Abascal y Rivera primero y luego, Casado con Inda en el bar Koxka. En ambos casos se han hinchado a contar mentiras a nuestra costa. No importa manipular ni decir cualquier barbaridad si les permite mantener latente esta situación y conservar los fondos reservados y los complementos salariales. Este conflicto alimenta muchas carteras y las vidas de nuestros hijos son muy poca cosa al lado de gente que se ha llenado los bolsillos con este conflicto.

Durante años, en Euskal Herria se decía que era más barato matar a una mujer que quemar un cajero. ¿Hasta cuando aquí los delitos computarán distinto?
No lo sé. Pero el verano pasado salió un preso de un pueblo de al lado, Etxarri Aranatz, que fue juzgado a la vez que el asesino de Nagore Laffage y el asesino ha salido un año antes que el preso de Etxarri, que quemó un contenedor. Quemar un contenedor en Euskal Herria te puede acarrear todo y hemos visto que las vidas de las mujeres no tienen valor. La Justicia tampoco está para nosotras.

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