La inteligencia artificial es un error humano

El mayor peligro de la tecnología es que nos la tomemos demasiado en serio y sigamos haciendo esta apología de nuestra propia estupidez.

Black Mirror
Fotograma del capítulo "Hang the DJ", de la serie 'Black Mirror'.

publicado
2018-02-09 06:38:00

Se dice que en el mundo hay 6.000 lenguas vivas. Solo en Papúa-Nueva Guinea hay más de 800. Aunque supongo que el aislamiento es la causa de que tengamos diferentes idiomas, es habitual que las culturas lo expliquen con mitos de catástrofes naturales o deidades. En la tradición judeocristiana es el castigo de Jehová a los hombres que osaron construir una torre tan alta que llegase hasta el cielo. En otros casos son inundaciones, hambrunas o simplemente el hecho de comer huevos de colibrí lo que provoca que, de un día para otro, pasemos de hablar todos el mismo idioma a ser incapaces de entendernos.

Las últimas noticias animan a pensar que esta maldición puede tener los días contados gracias a la inteligencia artificial. Los avances en el desarrollo de algoritmos amenazan con sustituir un sinfín de profesiones, pero los traductores son los que ya están en el punto de mira.

En octubre del año pasado, Google presentó los Pixel Buds, unos auriculares que permiten traducir simultáneamente conversaciones en 40 idiomas. Sin embargo, aunque esta tecnología promete resolver una de los grandes problemas de la humanidad, está pasando sin pena ni gloria. Eso de que ya todo el mundo sabe hablar inglés no me lo creo. Pero que las traducciones de Google siguen siendo muy malas, es una explicación bastante aceptable de este fracaso.

Entonces, si la inteligencia artificial no es capaz de hacer traducciones decentes, ¿qué es lo que sí puede conseguir? Lo cierto es que todo el mundo habla de ella pero no es fácil encontrar ejemplos reales de su aplicación. Da la impresión de que, en realidad, estamos ante un relato de ciencia ficción. Una gran promesa. Su éxito parece que no se basa tanto en sus propios logros, sino en la confirmación de nuestros fracasos. Nuestra propia inteligencia humana es lo que está en duda.

Los errores siempre son humanos. El accidente es culpa del maquinista, los incendios los provocan pirómanos y los grandes problemas son culpa de los políticos. Incluso cuando la tecnología falla es culpa del fabricante, del supervisor, del que realiza el mantenimiento o del que otorga la licencia. La tecnología siempre sale impune de todo juicio. ¿Por qué no podemos sentarla en el banquillo? ¿Por qué es intocable?

Como indica Marina Garcés en su Nueva Ilustración Radical, este relato solucionista de Silicon Valley propone “transportar a la humanidad a un mundo sin problemas en el que los humanos podrán ser estúpidos porque el mundo en sí mismo será inteligente”.

A medida que creemos en nuestra estupidez, más delegamos en la tecnología

Las grandes tendencias tecnológicas parece que están sustituyendo a esas explicaciones mitológicas como la Torre de Babel. Nos remiten a realidades superiores sobre las que explicamos las cosas sin que las personas tengamos mucha capacidad de actuación. A medida que creemos en nuestra estupidez, más delegamos en la tecnología.

Seguimos a estos nuevos dioses en un acto de fe ya que son totalmente inaccesibles. Están compuestos de códigos que ni vemos, ni tocamos, ni comprendemos. No los podemos cocinar. No hay algoritmos caseros, ni artesanales. Ni se dice que cada maestrillo tiene su algoritmillo.

Si la inteligencia artificial es la herramienta de construcción de futuro, lógico es pensar que las grandes empresas tecnológicas sean las que dirijan el mundo

Con esta religión sacrificamos las explicaciones del presente. Si la inteligencia artificial es la herramienta de construcción de futuro, lógico es pensar que las grandes empresas tecnológicas sean las que dirijan el mundo. Si el éxito de nuevas aplicaciones como Uber, Facebook o Airbnb se debe a la innovación tecnológica, descartamos que el gran triunfo de la primera sea contratar a falsos autónomos.

Nuestro urbanismo lo decide una empresa que ni siquiera paga impuestos aquí

Este relato esconde lo más evidente: que los trabajadores de las redes sociales somos los que subimos contenido de forma gratuita. Tampoco nos resulta fácil ver que Airbnb aumenta sus beneficios gracias a que reconfiguramos para ella nuestra forma de vivir las ciudades. Nuestro urbanismo lo decide una empresa que ni siquiera paga impuestos aquí. Eso sí que es tener unos buenos algoritmos.

Es cierto que también tenemos mucho miedo a la tecnología. Hay pánico a que las máquinas quiten puestos de trabajo, a que los gobiernos controlen todos nuestros movimientos, a que las empresas puedan manipularnos. Incluso hay distopías, como las de Black Mirror, en las que las innovaciones tienen consecuencias dramáticas en la sociedad.

Pero quizás el mayor peligro de la tecnología es que nos la tomemos demasiado en serio y sigamos haciendo esta apología de nuestra propia estupidez. Quizás sea tan duro sentirnos responsables de lo que pasa, que siempre preferimos explicar todo mediante mitos. Para que las innovaciones sean positivas es evidente que tenemos que confiar en la inteligencia humana y ponerla por encima de la artificial. Volviendo a Black Mirror... ¡Hang the DJ!

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2 Comentarios
Vengador Pampeano 11:12 11/2/2018

La inteligencia artificial nos proporcionará más tiempo libre. En cuanto al poder de las empresas tecnológicas es evidente que requieren de un mejor control por los gobiernos y las empresas o grupos que se sirven de la tecnología para enriquecerse y no pagar impuestos en los lugares donde dan los servicios, la misma tecnología permite identificar y controlar, para hacerles pagar impuestos: airnb...

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#8335 22:33 12/2/2018

WTF?
"Seguimos a estos nuevos dioses en un acto de fe ya que son totalmente inaccesibles.Están compuestos de códigos que ni vemos, ni tocamos, ni comprendemos"
No comprenderá el autor del artículo. Cualquier persona, con ganas, puede aprender las bases de las técnicas de IA actuales... Menuda comparación más barata ...

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