Bajo Argumosa 11, la playa

La historia de Argumosa 11 es la de tantos otros bloques de viviendas de un solo propietario en el centro de Madrid. Después de que una empresa inmobiliaria comprara el bloque, los inquilinos recibieron un burofax en el que les reclamaban que abandonaran su vivienda.

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Protesta vecinal en un bloque de inquilinos amenazado por desahucio en el centro de Madrid. Álvaro Minguito

publicado
2018-04-30 06:32:00

Corrían estas fechas, hace 50 años, cuando en un París en ebullición apareció un lema que pasó a la historia: "Bajo los adoquines, la playa". Si en el mayo del 68 francés el camino hacia la utopía lo marcaban los adoquines, empleados como arma arrojadiza contra la policía, en el mayo de 2018 madrileño la odisea podría estar comenzando en el interior de un bloque de viviendas en el corazón del barrio de Lavapiés.

De las ventanas cuelgan, desde la semana pasada, pancartas llamando a resistir frente a la especulación y la gentrificación. Problemas bien conocidos en Lavapiés, pero contra los que no se ha logrado articular un movimiento vecinal potente hasta la fecha.

La historia de Argumosa 11 es la de tantos otros bloques de viviendas de un solo propietario en el centro de Madrid. Después de que una empresa inmobiliaria —en este caso Porindivisos— comprara el bloque al antiguo propietario, los inquilinos de las viviendas recibieron un burofax a principios de año. Ramón Larrinaga Aboitiz, director de Proindivisos, anunciaba a los vecinos —muchos de ellos ancianos con décadas viviendo en el edificio— que debían abandonar su vivienda al finalizar el contrato de alquiler.

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En palabras de la empresa, su objetivo es "limpiar el edificio" para remodelar los pisos y aumentar sustancialmente el precio de los alquileres. Desde entonces, los vecinos han visto a operarios realizando mediciones en el portal y las viviendas de los que ya se han marchado han sido tapiadas.
María solo lleva en el bloque desde octubre, pero ha sido testigo de cómo la vida de sus vecinos ha cambiado radicalmente de un día para otro. "Lo que más molesta es que no te ofrezcan nada a cambio", declara María debajo de su balcón, que da a la calle Argumosa. "Habríamos agradecido alguna alternativa y, por supuesto, en el barrio, porque le quitas esto a una señora mayor y le quitas el alma. Eso fue lo que más tristeza me dio. Ves a las personas mayores y dices, ¿a dónde van ahora?".

Politizar el conflicto

El Sindicato de Inquilinas de Madrid organizó una jornada a la que convocó precisamente a vecinos de bloques de vivienda de un solo propietario que estuvieran siendo presionados para abandonar sus casas. Allí acudieron varias vecinas de Argumosa 11, algunas como Teresa, con más de 20 años viviendo en el bloque.

El sindicato convocó entonces a una asamblea en el portal del edificio el 17 de abril, donde se decidió comenzar a defender la permanencia de los vecinos en el edificio antes de que fuera demasiado tarde.
"Se les habló de las posibilidades que había, porque muchos ni siquiera estaban pensando que se podía hacer algo para intentar que no se tuvieran que ir", declara Fernando, miembro del colectivo contra la gentrificación Lavapiés, ¿dónde vas?"Les propusimos iniciar un protocolo de presión para intentar forzar la negociación con la empresa y conseguir que se queden en sus pisos, algo de lo que hay precedentes", explica Fernando.

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El gran problema al que se enfrentan los vecinos que quieren resistir a ser expulsados en circunstancias como esta es que la empresa tiene la ley de su parte. La estrategia pasa por dar a conocer el caso y tratar de ejercer presión a través de la acción directa hasta el punto de que la empresa vea su imagen corporativa en peligro.

En Madrid existen algunos precedentes de luchas vecinales exitosas en los barrios de Arganzuela y Hortaleza. En Barcelona, existen muchos más, como el de las 150 familias de Sant Joan Despí que lograron llegar a un acuerdo con la empresa a comienzos del mes de abril.

"La clave es politizar el conflicto, que se entienda que esto es política y no es algo que cae del cielo, y que los vecinos cojan ganas de plantar cara", declara Marco, del Sindicato de Inquilinas de Madrid. "La estrategia es creciente, primero intentamos negociar de buenas con la propiedad y luego vamos aumentando la presión".

Procesos similares en Lavapiés

En general, vecinos y miembros de organizaciones de base coinciden en que la única posibilidad para los inquilinos de Argumosa 11 pasa por unificar luchas con otros bloques del barrio. Según informa la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), casos similares están apareciendo como setas por la zona, como los de la Calle Amparo 58 o la Calle Olmo 3, este último propiedad de la empresa inmobiliaria MK Premium.

El destino de muchos de estos bloques será, probablemente, el mercado de la vivienda de uso turístico, la inversión inmobiliaria más rentable en el centro de la ciudad. Lavapiés, ¿dónde vas? realizó una investigación en la que encontró 18 bloques completos dedicados a esta actividad solo en este barrio, aunque según el propio colectivo, la cifra podría ser muchísimo más alta.

"Los siguientes pasos serán ir tejiendo una red entre los propios afectados, en el Centro o en Lavapiés, porque no tiene sentido defender esto piso por piso ni bloque por bloque, porque la estrategia es la misma", declara Julia, activista de PAH Centro. "Quizás haya que llegar al punto de venir a evitar que a la gente le echen de sus casas cuando venza el contrato, igual que se ha hecho con la PAH. En la medida en la que haya más gente organizada contra esto es como se va a poder defender. Si no, Argumosa 11, sola, no va a ser capaz", opina Julia.

De momento, los vecinos del bloque han puesto el primer adoquín en el camino hacia la playa. Las próximas semanas marcarán el devenir de una lucha vecinal cuyo fin no es otro que el de mantener la vida en los barrios céntricos de la ciudad. De manera casi premonitoria, bajo Argumosa 11, a escasos metros del portal, la llegada del buen tiempo ha abarrotado la terraza de un bar. Sobre la puerta se lee: "La playa de Lavapiés".

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