Opinión
Los graves errores de la política exterior brasileña hacia Venezuela

Las líneas maestras de la diplomacia del Gobierno de Lula reflejan un desconocimiento de las intenciones reales de la ofensiva de EEUU para controlar todo el continente.
Lula cop30
El presidente brasileño, Lula da Silva, en su discurso de presentación de la COP30.
16 ene 2026 06:00

El Gobierno de Brasil ha cometido errores crasos en su política exterior en relación con Venezuela. No ha entendido las intenciones reales de EEUU; menos aún en el contexto de la nueva Estrategia de Seguridad de Nacional que tiene por objetivo ejercer el control absoluto sobre el continente americano, de Groenlandia al archipiélago de Tierra del Fuego.

Da la impresión de que Lula da Silva profundiza este error al seguir malinterpretando el tiempo histórico inaugurado por la administración Trump en enero de 2025. Creyó erróneamente que con el nuevo inquilino de la Casa Blanca podría repetir los hechos de 2003 con George W. Bush, cuando en pleno conflicto con Hugo Chávez, el entonces presidente de los EEUU aceptó a regañadientes su mediación como líder del grupo de países amigos de Venezuela.

Pero los equívocos no son de ahora: la política exterior brasileña se equivocó en la forma y en el fondo en julio de 2024 al no reconocer la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales de Venezuela, aun después de que los órganos de control de aquel país, el Consejo Nacional Electoral y después el Tribunal Supremo de Justicia, confirmaran la victoria del presidente Maduro.

Inmiscuirse en los asuntos internos de un país soberano solicitando actas electorales no era ni oportuno tácticamente ni adecuado estratégicamente, especialmente tratándose de una nación vecina con quien nos une un amplio historial de amistad política y diplomática. Mas aún, cuando la extravagante tesis del fraude electoral jamás fue probada por el grupo de María Corina Machado y sus socios occidentales, incluyendo el propio EEUU, cuyo interés explicito en el conflicto venezolano no es exactamente el fortalecimiento de la democracia, sino sus reservas en petróleo, que Trump nombró 26 veces en las declaraciones  tras los ataques a Caracas en la madrugada del tres de enero.

Paradojamente, la propia premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, aprueba y jalea los bombardeos de EEUU a Venezuela, que desgraciadamente resultaron en la muerte de más de 80 personas (entre ellos 32 agentes cubanos de la seguridad personal de Maduro, según autoridades de la isla) y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y sus esposa, Cilia Flores, un día después fue preterida por el presidente Trump, para quien contradictoriamente la triunfadora en las últimas elecciones (a través de su pupilo Edmundo González), “no tiene apoyos internos necesario para liderar el país”.

Lo cierto es que Corina Machado, apoyada en su momento por personajes como Javier Milei, Jair Bolsonaro y Giorgia Meloni, hoy no pasa de un peón descartable de la Unión Europa, cuya administración trumpista insiste una y otra vez en ningunearla en el tablero geopolítico internacional.

Pese a la retórica grandilocuente del presidente de los EEUU de que están al mando en Venezuela, la realidad sobre el terreno parece imponerse: el chavismo controla todos los resortes del país. Por ello, Trump no ha tenido más remedio que aceptar una solución de tipo “Príncipe de Salina”: pese que se decapitó el Gobierno de Maduro, por falta de alternativa del comando de la operación militar en el terreno, sigue gobernando el país el mismo grupo chavista de antes. 

La tesis ampliamente formulada en medios occidentales de que figuras relevantes en el Gobierno traicionaron a Maduro no se sostiene de pie ante los hechos posteriores a la intervención militar estadunidense. El chavismo con Maduro ya intentó, sin éxito, una salida petrolera negociada con la administración Trump, sin abrir mano del control venezolano sobre sus recursos naturales, de la misma forma que plantea ahora el Gobierno interino. Además, los miembros del actual Gobierno tanto rechazaron las exigencias maximalistas de Trump sobre la totalidad de los recursos naturales del país caribeño, como exigen la libración del presidente legítimo secuestrado en Nueva York.

El veto brasileño a la entrada de Venezuela en los BRICS, que tuvo lugar en la cumbre de Kazán de octubre de 2024 fue calificado por los venezolanos como “gesto hostil, agresivo para los intereses de la nación”

¿Dónde se dice que Venezuela romperá relaciones con Cuba, China o Irán? ¿Estuvo el llamado “virrey” Marco Rubio en el día del juramento de la presidenta interina en Caracas? ¿Tiene EEUU una solución política para Venezuela excluyente del chavismo? ¿Qué agente externo administra los pozos de petróleo en Venezuela? Deducir a partir de un ataque militar exterior ejecutado con éxito, con ayuda de elementos de los cuerpos de seguridad presidencial, un gran acuerdo político interno para la defenestración del presidente es un error inducido por la propaganda mediática occidental. Ese argumento, que intenta deslegitimar el chavismo, tiene por objetivo allanar el camino a futuros ataques de EEUU a Venezuela.

El veto brasileño a la entrada de Venezuela en los BRICS, que tuvo lugar en la cumbre de Kazán de octubre de 2024 fue calificado por los venezolanos como “gesto hostil, agresivo para los intereses de la nación”. Se trató quizás, si cabe, de un fallo aun peor que la anterior decisión de no reconocer el resultado de las elecciones en Venezuela. No se justificaba diplomáticamente, más aún cuando Caracas contaba con el patrocinio de Rusia, la cual aceptó la solicitud del ingreso de la Argentina de Alberto Fernández por sugerencia brasileña (si bien posteriormente Javier Milei renunció). Dicho veto provocó un conflicto político que derivó en un aumento de las tensiones también con la Nicaragua de Daniel Ortega, fiel defensor de Venezuela.

En aquel momento la entrada de Venezuela en el club suponía un respiro para un país cercado económicamente por la administración de Joe Biden, a quien el presidente de Brasil equivocadamente quiso agradar. Pese a que los BRICS sean un club económico, sin cooperación militar, de no haber existido el veto brasileño, ¿cuál habría sido la reacción de sus miembros frente al bombardeo de uno de sus socios?

El liderazgo natural de Brasil en el cono sur no basta por sí solo si el país es incapaz de actuar con criterios solventes en los temas centrales que afectan la geopolítica regional.

En vista de los últimos acontecimientos en Venezuela, ciertamente, la posición de Brasil en el seno de los BRICS, es mucho menos confortable que hace un año. Además, el proyecto de integración latinoamericana que Brasil tanto dice promover queda cojo sin Venezuela. Debilitarlo más aún en función de los intereses de EEUU es una incongruencia. El conocido liderazgo natural de Brasil en el cono sur por sus dimensiones territoriales y por el tamaño de su economía, que podría ayudar a acelerar la integración regional, no basta por sí solo si el país es incapaz de actuar con criterios solventes en los temas centrales que afectan la geopolítica regional.

Las circunstancias adversas que se presentaron de forma palmaria en los hechos de la madrugada del 3 de enero en Caracas obligaron al Gobierno brasileño a salir al paso precipitadamente para dar una respuesta inmediata al desafío trumpista en Latinoamérica. Hasta la habitual frivolidad del actual presidente en funciones chileno, Gabriel Boric, con respecto a Venezuela desapareció cuando vio que las tropas de EEUU pueden bombardear cualquier país americano que no obedezca sus dictámenes imperiales.

El decepcionante Boric era de los que flirteaban con las tesis más beligerantes de la oposición venezolana y no reconoció la victoria de Maduro en las últimas elecciones llamándole dictador y aceptando sin ruborizarse las tesis de Javier Milei. Quizás la reducida visión geopolítica del presidente de Chile ayude a explicar la derrota de su sucesora, Jeannette Jara, contra el ultra pinochetista José Antonio Kast. Parece que los hechos le han devuelto a la cruda realidad de un continente americano sofocado por la reedición de la doctrina Monroe a la Trump, ya conocida como Donroe. Lo más aberrante de la situación, una dura lección de realpolitik, es que los ataques a la soberanía del país vecino en el 3 de enero obligaron a Brasil a reconocer a la legitima sucesora de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez que, pese a ser constitucionalmente la vicepresidenta y primera figura en la línea sucesoria del líder secuestrado, ni siquiera ha sido elegida, al contrario que Maduro.

Este embrollo diplomático, que carece de explicación por parte del Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil) sólo se explica por una voluntad de mitigar la errática política brasileña exterior en esa materia hasta ahora, derivada de la falta de valentía de todo el Gobierno para enfrentar las presiones de sus socios occidentales. 

Con la declaración del 4 de enero emitida junto con México, Uruguay, Colombia, Chile y España, Brasil intenta salvar los muebles, en una situación envenenada que afecta a la seguridad de toda la región y promete transformar toda América Latina en un polvorín, blanco de la codicia del hermano de EEUU. Si cae Venezuela, los siguientes serán Colombia y Cuba. Sin embargo, no hay que olvidar que en el mes de octubre de este año tendrán lugar las elecciones de Brasil y Lula da Silva está bajo la mirada atenta de la administración americana que de momento se limita a seducir a las élites brasileñas, las fuerzas armadas y el parlamento conservador, siempre reacios al Gobierno progresista.

Todavía queda margen de maniobra para que el Gobierno brasileño redireccione la desastrosa orientación de su política exterior hacia Venezuela, pese a la justa desconfianza que las autoridades del país vecino puedan guardar en relación a las futuras intenciones de Brasil. Los últimos movimientos de Lula da Silva en defensa de la soberanía de Venezuela y reafirmando la capacidad de su pueblo de resolver sus propios conflictos sin interferencia de agentes externos, indican una mejora en la percepción de la situación de vecino. Pese a las incertidumbres que se abren tras el duro golpe del secuestro de su principal figura, el Gobierno de Venezuela queda en pie haciendo gala de gran habilidad diplomática, e intenta ganar tiempo para contornar esta situación límite bajo el timón de las figuras de los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge, presidenta encargada y presidente de la Asamblea, respectivamente), Diosdado Cabello (ministro de Interior) y Vladimir Padrino López (ministro de Defensa), junto al soporte de las fuerzas armadas, el apoyo incondicional de los círculos bolivarianos y los partidos que les apoyan en el Parlamento.

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