Turismo
El turismo y los fondos de inversión arrinconan a los vecinos de Florencia
“Tengo 58 años, llevo 30 trabajando aquí, a 50 metros del Duomo, y veo cómo nos quedamos sin clientes, porque este era un bar para los trabajadores de los otros negocios del barrio y todos están cerrando”, comenta Sandra, camarera en el Bar Ricci, en la Vía de San Egidio, en pleno centro de Florencia.
Franco, el dueño, tercera generación al frente, admite que quiere venderlo para jubilarse, pero no lo ha hecho aún porque no le vale cualquiera. Le dolería ver convertido el local en otra tienda de merchandising para turistas. Su abuelo lo abrió en 1935, cuando no quiso renovar su permiso para vender fruta en el cercano Mercado Central porque le exigían afiliarse al Partido Fascista de Mussolini.
“No es un bar de turistas, pero vienen turistas y ven la botella de agua a 80 céntimos, cuando en cualquier sitio está a 2,5 euros, y vuelven. ¿Cómo no van a volver?”, insiste Sandra, entre café y café que sirve a sus parroquianos: un par de anticuarios a punto de jubilarse, barrenderos, camareros de otros bares menos tradicionales. “Y donde yo vivo, cerca del estadio [el Artemio Franchi, donde juega la Fiorentina, el equipo de fútbol de Florencia] ya está a dos euros”, añade la camarera.
Florencia cuenta con 360.000 habitantes (en una área metropolitana de más de un millón y medio) y recibió en 2024 más de 16 millones de turistas, una media de 44.000 al día
La situación no le sonará marciana precisamente a cualquier vecino de una ciudad turística en España. El Ricci es una de las escasas aldeas de Astérix que resiste en un centro de la ciudad rodeado de franquicias, tiendas de recuerdos y apartamentos turísticos, con los escasos vecinos que quedaban abandonando la zona y un encarecimiento general del nivel de vida que ya se contagia a los barrios cercanos al centro e incluso la periferia de la ciudad.
Florencia, capital de la Toscana, una de las regiones más turísticas de Europa, cuenta con 360.000 habitantes (en una área metropolitana de más de un millón y medio) y recibió en 2024 más de 16 millones de turistas, una media de 44.000 al día, con 9,8 millones de pernoctaciones internacional. El Centro Studi Turistici (CST) de la ciudad, calcula que hasta noviembre de 2025 las llegadas internacionales se habían incrementado un 7,1% y las pernoctaciones un 8,5%.
“Los fiorentinos estamos aplastados como en un sandwich”, opina a El Salto Massimo Torelli, portavoz de la plataforma Salviamo Firenze! Él nos atiende en el barrio del Dalmazia, más alejado de la masificación del centro, pero donde afirma que ya se notan las subidas de precios y la reorganización de la ciudad en torno al turismo.
La plataforma Salviamo Firenze! calcula que solo en el Centro Histórico hay 15.000 apartamentos turísticos para un total de 30.000 viviendas
“Por arriba tienes a los fondos de inversión, que compran edificios completos y los convierten en apartamentos o en hoteles de superlujo. Fondos que vienen de Singapur, de Londres… o ricos que se compran aquí su segunda o tercera residencia”, explica. Por abajo, “el turismo masivo: los alquileres de corta duración, las tiendas de barrio que se convierten en comida rápida… En medio, los vecinos”.
El dato, que también resultará familiar a cualquier vecino de Barcelona, Granada o Santiago de Compostela, es que los alquileres mínimos ya oscilan entre 900 y 1.300 euros según el barrio mientras el sueldo medio es de 1.600. La plataforma calcula que solo en el Centro Histórico hay 15.000 apartamentos turísticos para un total de 30.000 viviendas.
“Restauración limitada del edificio”
Para la plataforma Salviamo Firenze! la situación actual es responsabilidad de los gobiernos municipales de Matteo Renzi —primer ministro de Italia entre 2014 y 2016, pero antes alcalde de Florencia desde 2009 hasta su salto a la política nacional— y de Dario Nardella —alcalde entre 2014 y 2024—. Ambos comparten la militancia en el Partido Democrático, sobre el papel de centroizquierda, y una línea continuista en materia de promoción turística.
En 2018, Nardella al frente del Ayuntamiento introdujo las normas más controvertidas, cuyos ecos resuenan hoy, lo que Salviamo Firenze! considera una “desregulación” urbanística que otorga a los inversores amplia libertad para actuar sobre el patrimonio histórico.
Aunque el centro de Florencia goza de la protección de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, lo que tradicionalmente exigía un riguroso sistema de autorizaciones, Nardella impulsó un cambio terminológico: se reemplazó el concepto de “restauro conservativo” (restauración conservadora) por la de “ristrutturazione edilizia limitata” (renovación limitada del edificio).
“Los fiorentinos estamos aplastados como en un sandwich”, opina a El Salto Massimo Torelli, portavoz de la plataforma Salviamo Firenze!
En la práctica, esta modificación permite alterar la distribución interna de los inmuebles y destinar los edificios a usos distintos sin que medie permiso municipal, siempre que la denominación catastral no se modifique. “De ahí que abunden los establecimientos etiquetados como ‘spa con habitaciones’ cuando en realidad son hoteles”, apunta Massimo Torelli.
El balance de esta política, según el informe de 2023 de Italia Nostra —organización dedicada a la salvaguarda del patrimonio cultural, análoga a la española Hispania Nostra—, es que entre 2011 y 2021 la oferta de hoteles y establecimientos de restauración en Florencia casi se duplicó, pasando de 1.963 a 3.144 negocios registrados, mientras que la población residente en el casco antiguo se redujo en un 10%.
El resultado son también proyectos polémicos como el futuro hotel de lujo de Capella Hotel Group, situado sobre el antiguo hospital militar de San Gallo, residencia de peregrinos camino de Roma en la Edad Media. La multinacional de Singapur adquirió los 22.000 metros cuadrados de superficie del inmueble el año pasado por 200 millones de dólares y tiene previsto que se convierta en 33 suites, 56 habitaciones estándar y 10 residencias exclusivas a partir de 2027, incluyendo piscina en la terraza con vistas al Duomo.
“No necesitamos el turismo”
Torelli tiene un discurso combativo y optimista. Salviamo Firenze! se ha apuntado victorias pequeñas pero muy simbólicas, como cuando en 2024 consiguió la prohibición de las llamadas ‘keybox’, las famosos cajetines con combinación para que los usuarios de apartamentos turísticos recojan las llaves sin necesidad de que el dueño o cualquier otro intermediario los atienda. Fue resultado de una campaña en redes y calles de meses que más tarde se contagió a Roma y otras grandes ciudades del país.
Ahora su objetivo es demostrar “que no necesitamos el turismo. Es apenas un 13% del PIB de la Toscana, que es una región rica, con industria. Florencia se está empezando a especializar por intereses especulativos, gente que gana mucho con que estas casas se vendan y compren. Pero aunque siempre hemos sido una región atractiva para el turismo, nunca hemos dependido de él. Es mentira”.
Salviamo Firenze! se ha apuntado victorias pequeñas pero muy simbólicas, como cuando en 2024 consiguió la prohibición de las llamadas ‘keybox’, las famosos cajetines con combinación de los pisos turísticos
Las afirmaciones de Torelli tienen matices. Se apoyan en los informes del economista toscano Enrico Conti, que ha señalado repetidas veces el peligro de la “especialización” de la región en concreto y de Florencia en particular en el turismo. Pero este mismo constata que la década de 2010 supuso un salto inesperado en esa dependencia del turismo.
En algo más de 10 años, de 2012 a 2019, el turismo pasó del 9% del PIB toscano al 13,5%, y la región ya supone el 10,9% del total de las presencias turísticas oficiales de Italia. Su peso en el empleo ha pasado del 14% en dichas fechas a casi el 32% en la actualidad, según el Instituto Regional Toscano de Planificación Económica (IRPET, por sus siglas en italiano), que también constata un aumento de la estacionalidad en el empleo.
Las pequeñas victorias de Salviamo Firenze! no parecen detener la avalancha. La región de Toscana, donde se sitúan otras ciudades turísticas como Pisa o Siena, ha regulado que los ayuntamientos puedan topar o incluso reducir el número de viviendas en uso turístico, pero en Florencia no se ha llegado a aplicar nunca.
Torelli se muestra optimista por el precedente de las keybox: “Necesitamos parar un proyecto grande en los tribunales. Puede ser el hotel del antiguo hospital de San Gallo. Un solo gran proyecto es lo que se necesita para que los inversores ya no vean Florencia como un sitio seguro para su dinero”.
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