Opinión
Las familias no deben asumir los riesgos de la banca

Se ha permitido que la gestión del riesgo de variación de los tipos de interés recaiga sobre los hogares, incluso cuando ese riesgo se articula a través de índices complejos, opacos, manipulables y difícilmente comprensibles para la mayoría social.

Portavoz de Economía y Hacienda del GP Sumar

Portavoz de Consumo de Sumar en el Congreso de los Diputados


24 abr 2026 07:00

Las familias no tienen un departamento de riesgos al lado del cuarto de baño. No tienen economistas en la cocina, ni modelos de estrés en el salón, ni capacidad para cubrirse frente a la volatilidad financiera global. Los bancos sí. Por eso no se les puede exigir a los hogares que hagan lo que hacen las entidades financieras: absorber, calcular y gestionar riesgos complejos a veinte o treinta años.

Y por eso también es ridículo presentar la elección entre una hipoteca a tipo fijo o a tipo variable como si fuera una decisión plenamente libre, informada y equilibrada en una operación financiera de dos décadas. No lo es. No existe esa libertad real cuando una de las partes domina la información, impone las condiciones, diseña el contrato y conoce mucho mejor que la otra los riesgos que están en juego. Llamar “elección” a eso es una ficción.

Convertir la hipoteca variable en la opción dominante nunca fue una solución neutral ni razonable: fue una forma de descargar sobre los hogares una incertidumbre que no están en condiciones de asumir

La vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas de nuestro país, y una parte decisiva de ese problema está en cómo se ha organizado durante años el mercado hipotecario. En España se ha trasladado de forma masiva a los hogares el riesgo de variación de los tipos de interés, como si financiar una vivienda habitual fuera comparable a contratar cualquier producto financiero. Pero no lo es. La banca dispone de instrumentos para protegerse como derivados, titulizaciones, transferencias sintéticas de riesgo, etc. Las familias, no.

Por eso, convertir la hipoteca variable en la opción dominante nunca fue una solución neutral ni razonable: fue una forma de descargar sobre los hogares una incertidumbre que no están en condiciones de asumir. Precisamente, por esto mismo, existen sistemas obligatorios de protección en las pensiones de jubilación. Porque las personas no calculan bien los riesgos a largo plazo, tienden a infravalorar sus consecuencias y no siempre pueden protegerse individualmente frente a ellas. Si eso se reconoce para la vejez, debería reconocerse también para el endeudamiento hipotecario de una vida entera.

Todo esto se vuelve todavía más grave en contextos de inestabilidad internacional como el actual. La guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Medio, la crisis energética y la inflación han demostrado hasta qué punto el coste de la financiación puede cambiar de forma brusca por razones completamente ajenas a las familias. De un mes para otro, una subida del euríbor puede disparar la cuota hipotecaria y poner contra las cuerdas a miles de hogares que firmaron su préstamo en un contexto de aparente normalidad. No porque actuaran irresponsablemente, sino porque nadie puede prever con solvencia el comportamiento de variables financieras globales a veinte años vista.

Una parte muy importante de las familias continúa expuesta a una volatilidad que en otros países se ha limitado mucho más

España arrastra, además, una anomalía histórica. Durante demasiado tiempo el crédito hipotecario se orientó preferentemente hacia el tipo variable, mientras en buena parte de Europa el tipo fijo ocupaba un lugar mucho más relevante. Aunque en los últimos años las hipotecas fijas han ganado peso, sigue existiendo un volumen enorme de préstamos variables en vigor. Eso significa que una parte muy importante de las familias continúa expuesta a una volatilidad que en otros países se ha limitado mucho más.

También hay que dejar claro que el Euríbor no es una referencia válida para las hipotecas a variable y resto de préstamos. El mercado del Euríbor, al que supuestamente los bancos se prestan y toman prestado dinero entre ellos, simplemente no existe desde 2008. En su lugar, es el BCE quien ha sustituido este mercado, algo obviamente irregular porque el banco central no está para eso. Su diseño, basado en las manifestaciones de voluntad de un grupo reducido de entidades financieras, ha mostrado debilidades estructurales y arrastra antecedentes acreditados de manipulación. Durante años se ha presentado como si fuera una fotografía objetiva y neutral del mercado, cuando en realidad se trata de una referencia construida sobre una base frágil y con un impacto gigantesco sobre millones de hipotecas. Cuando un índice así determina cuánto cuesta vivir bajo un techo, el legislador no puede limitarse a mirar hacia otro lado.

La vivienda habitual no puede seguir siendo el lugar donde el sistema financiero descarga sus riesgos. Hace falta más protección pública, más control democrático y más responsabilidad regulatoria

Algo parecido ocurre con el IRPH, cuya opacidad y controversia han obligado a intervenir una y otra vez a los tribunales europeos. En el fondo, tanto un caso como el otro apuntan al mismo problema: se ha permitido que la gestión del riesgo de variación de los tipos de interés recaiga sobre los hogares, incluso cuando ese riesgo se articula a través de índices complejos, opacos, manipulables y difícilmente comprensibles para la mayoría social.

Por eso no se trata de prohibir de manera absoluta toda hipoteca a tipo variable, sino de relegarla a supuestos excepcionales y de garantizar que las alternativas más seguras, estables y transparentes sean la regla, no la excepción. La vivienda habitual no puede seguir siendo el lugar donde el sistema financiero descarga sus riesgos. Hace falta más protección pública, más control democrático y más responsabilidad regulatoria. Las entidades de crédito deben estar al servicio de la vida de las personas, y no las personas al servicio de los riesgos del sistema financiero.

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