Opinión
E1 y Khan al Ahmar: la arquitectura de la fragmentación palestina

Defender Khan al Ahmar es defender mucho más que un lugar. Es defender el derecho de Palestina a no ser partida en pedazos.
Khan al Ahmar
Khan al Ahmar es una comunidad beduina palestina situada al este de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada.
Directora ejecutiva de UNRWA
19 jun 2026 06:20 | Actualizado: 19 jun 2026 07:11

Hay lugares que, por su tamaño, podrían parecer insignificantes. Khan al Ahmar es una comunidad beduina palestina situada al este de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada. En ella viven unas 180 personas, más de la mitad niños y niñas, y casi todas refugiadas de Palestina. Su importancia no está en su tamaño, sino en el lugar que ocupa. Desde hace años, se ha convertido en uno de los símbolos más claros de una disputa mucho mayor: la lucha por la continuidad territorial, la cohesión social y la posibilidad misma de autodeterminación del pueblo palestino.

La amenaza de demolición y desplazamiento forzoso que pesa sobre la comunidad no puede entenderse como un episodio aislado. Forma parte de un proyecto territorial más amplio: el plan E1, una zona estratégica situada entre Jerusalén Este ocupada y el asentamiento israelí de Ma’ale Adumim. La ampliación de asentamientos en esa área permitiría consolidar un corredor urbano israelí continuo que alteraría de forma profunda —y difícilmente reversible— la geografía política de Cisjordania.

Khan al Ahmar, una comunidad convertida en símbolo de resistencia

Durante los últimos 17 años, Khan al Ahmar ha sido mucho más que una comunidad amenazada. Ha sido una línea de resistencia civil frente a una política de hechos consumados. Sus habitantes han vivido bajo presión constante: órdenes de demolición, restricciones de construcción, violencia de colonos, obstáculos al acceso a servicios básicos y amenaza permanente de traslado forzoso.

En el centro de esa lucha está Abu Khamis, jefe y portavoz de la comunidad. Durante años ha explicado ante periodistas, diplomáticos y organizaciones internacionales que la causa de Khan al Ahmar no es defender solo unas casas o una escuela, sino una forma de vida y, sobre todo, el derecho a no ser trasladado por la fuerza. Su voz ha convertido una amenaza administrativa en una denuncia política: no se puede llamar “reubicación” a lo que, para una comunidad refugiada, significa un segundo desplazamiento.

La lucha de Abu Khamis y de su comunidad nace de una certeza sencilla y brutal: marcharse no sería solo abandonar unas viviendas, sino ceder un punto estratégico del mapa palestino. Si Khan al Ahmar desaparece, el camino queda libre para que avance el corredor E1, para que Ma’ale Adumim se conecte con Jerusalén Este ocupada y para que la expansión de asentamientos profundice el aislamiento de Cisjordania.

Permanecer significa impedir que la expulsión de una comunidad se transforme en una victoria territorial para la ocupación

Permanecer significa impedir que la expulsión de una comunidad se transforme en una victoria territorial para la ocupación. Significa negarse a que la tierra sea vaciada de sus pobladores para ser ocupada por asentamientos. Significa defender, desde una aldea de apenas 180 personas, la continuidad de Palestina frente a un proyecto diseñado para fragmentarla.

Recientemente el riesgo de desplazamiento se ha vuelto aún más inmediato. El 19 de mayo de 2026, el ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, que también ocupa un cargo dentro del Ministerio de Defensa con competencias sobre la Administración Civil en Cisjordania, ordenó desalojar Khan al Ahmar “lo antes posible” e implementar las órdenes de demolición pendientes contra la comunidad.

La instrucción no puede separarse del intento de reactivar y consolidar el plan E1: expulsar a Khan al Ahmar despejaría uno de los principales obstáculos humanos, políticos y simbólicos para avanzar en la expansión de asentamientos en ese corredor.

El plan E1: unir asentamientos, separar Palestina

El plan E1 suele presentarse como un asunto urbanístico: viviendas, carreteras y planificación. Pero su impacto real es político. Su objetivo práctico es unir asentamientos israelíes y separar comunidades palestinas; construir continuidad para unos y fragmentación para otros; convertir un territorio ocupado en un mapa cada vez más marcado por hechos consumados.

La distancia entre Jerusalén Este y Ma’ale Adumim es de apenas 7 a 10 kilómetros, según el punto exacto de referencia. Esa cercanía explica por qué E1 es tan sensible. Si se urbaniza ese corredor, se consolidaría un bloque continuo de asentamientos entre Jerusalén y Ma’ale Adumim, mientras se estrecharía aún más el espacio palestino alrededor de Jerusalén Este. En esta zona, además, Cisjordania ya es extremadamente estrecha: entre Jerusalén Este y el valle del Jordán hay apenas unas decenas de kilómetros. Por eso E1 no es un detalle menor, sino una intervención territorial en uno de los puntos más delicados del futuro palestino.

E1 amenaza con sustituir la continuidad palestina por una movilidad subordinada, vigilada y fragmentada. También golpea uno de los elementos centrales de cualquier solución justa: la posibilidad de que Jerusalén Este forme parte de un futuro palestino autodeterminado. Sin Jerusalén Este conectada con Cisjordania, el proyecto nacional palestino queda territorial y simbólicamente debilitado.

Desde 1967, Israel ha impulsado políticas destinadas a consolidar su control sobre Jerusalén Este y alterar su composición territorial y demográfica. Los asentamientos alrededor de la ciudad han contribuido a separarla de su entorno palestino natural: Ramala al norte, Belén al sur, Jericó y el valle del Jordán al este. E1 reforzaría ese cinturón y reduciría aún más la posibilidad de que Jerusalén Este permanezca conectada con el resto del territorio palestino.

Khan al Ahmar ha sido durante años un obstáculo humano frente a esa arquitectura. Su resistencia y su presencia palestina en el corredor E1 han impedido que el plan avance. Por eso la amenaza de demolición no puede leerse como un hecho local: si Khan al Ahmar es destruido, se abre la puerta a una transformación territorial que afecta a Jerusalén Este, a Cisjordania y a la posibilidad misma de una Palestina cohesionada.

Sin Jerusalén Este conectada con Cisjordania, el proyecto nacional palestino queda territorial y simbólicamente debilitado

La fragmentación como política

La fragmentación de Palestina no empezó con E1. Gaza lleva años separada de Cisjordania por el bloqueo, el cierre y las restricciones de movimiento. Cisjordania está separada de Jerusalén Este por muros, permisos, puestos de control, asentamientos y políticas de anexión. Dentro de Cisjordania, las ciudades palestinas están divididas por colonias, zonas militares, carreteras de uso restringido y un sistema administrativo que trocea la vida cotidiana.

E1 se inserta en una lógica de fragmentación que atraviesa toda Palestina, aunque adopte formas distintas en cada territorio: en Gaza, bloqueo, destrucción, desplazamiento masivo y separación física; en Cisjordania, colonización, confiscación de tierras, violencia de colonos, controles militares, checkpoints y carreteras segregadas; en Jerusalén Este, anexión, presión urbanística, revocaciones, demoliciones y aislamiento. El resultado es el mismo: Gaza separada de Cisjordania, Cisjordania aislada de Jerusalén Este, el norte y el sur cada vez más desconectados, aldeas separadas de sus tierras, comunidades beduinas expulsadas de sus espacios de vida y familias, estudiantes, pacientes y trabajadores obligados a reorganizar su existencia alrededor de permisos, muros y controles.

E1 debe leerse dentro de esta misma lógica. Su impacto no se limita a unos kilómetros cuadrados al este de Jerusalén. Contribuye a romper la continuidad entre las principales áreas palestinas y a consolidar un territorio discontinuo, dependiente, vigilado y atravesado por infraestructuras controladas por la potencia ocupante. La fragmentación no es un efecto secundario: es el núcleo del problema.

Fragmentar un territorio es también fragmentar un pueblo. No se trata solo de romper carreteras o aislar ciudades: se rompen vínculos familiares, redes económicas, trayectorias educativas, acceso a hospitales y formas de vida comunitaria. La fragmentación debilita la cohesión social y erosiona las condiciones materiales, políticas y emocionales necesarias para la autodeterminación. Un pueblo no puede ejercer plenamente su derecho a decidir su futuro si su espacio está convertido en un archipiélago de enclaves controlados por otro poder. No se puede construir libertad sobre un mapa diseñado para impedir la unidad.

La amenaza contra Khan al Ahmar es, por tanto, una amenaza contra la continuidad palestina y contra el mapa; contra las familias y contra la posibilidad de futuro; contra una comunidad concreta y contra la idea misma de que Palestina pueda existir como territorio unido, socialmente cohesionado y políticamente autodeterminado.

La presión constante para abandonar una zona —mediante demoliciones, denegación de permisos, violencia, restricciones de acceso y ausencia de servicios— solo puede entenderse como una política coercitiva que convertiría una situación ilegal bajo el derecho internacional en una realidad irreversible sobre el terreno.

La fragmentación debilita la cohesión social y erosiona las condiciones materiales, políticas y emocionales necesarias para la autodeterminación

Una prueba para la comunidad internacional

El caso de Khan al Ahmar pone a prueba la credibilidad de la comunidad internacional. Durante años, Naciones Unidas, organizaciones humanitarias, cuerpos diplomáticos y sociedad civil palestina e internacional han advertido de las consecuencias legales, humanitarias y políticas de su demolición. Sin embargo, las advertencias no han bastado para eliminar la amenaza.

Si Khan al Ahmar es demolido y el plan E1 avanza, no se tratará de un hecho repentino, sino de un desenlace anunciado. La comunidad internacional habrá tenido tiempo, información y marcos jurídicos suficientes para actuar. La pregunta es si sus declaraciones estarán acompañadas de medidas capaces de frenar la política de hechos consumados.

El derecho internacional humanitario prohíbe el traslado forzoso de población protegida en territorio ocupado, prohíbe la destrucción de bienes e infraestructura civil y considera ilegales los asentamientos en territorio ocupado. Pero el derecho, sin consecuencias para quien lo viola, se debilita. Khan al Ahmar es una prueba de esa tensión entre norma y realidad.

Defender Khan al Ahmar es defender mucho más que un lugar. Es defender el derecho de Palestina a no ser partida en pedazos. Es defender la comunidad frente al traslado forzoso, Jerusalén Este frente al aislamiento y la autodeterminación frente a la arquitectura de la fragmentación.

Israel
Israel se prepara para convertir a los ciudadanos beduinos en refugiados en su propio país

En la segunda semana de octubre, 36.000 ciudadanos israelíes beduinos descubrieron que su Estado está a punto de convertirles en refugiados en su propio país, llevándoles a campos de retención.


Ocupación israelí
Israel intensifica sus planes de anexión de Cisjordania
Una serie de medidas aprobadas ayer domingo aceleran el control de los territorios palestinos por parte de Israel; se trata de una clara violación de los Acuerdos de Oslo.
Palestina
Desplazamiento forzoso y exterminio de la población palestina: el plan de Israel para anexionarse Cisjordania
Entre enero de 2023 y abril de 2026, las autoridades israelíes demolieron 3.407 viviendas y estructuras palestinas en el área C, lo que provocó el desplazamiento de 2.026 personas, según un informe de Amnistía Internacional.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...