República del Sudán
Mohamed Kamal: “Los drones han sido el arma clave en la guerra de Sudán. Están por todas partes”
El pasado 8 de junio el Instituto de Investigación sobre la Paz de Oslo señalaba en un informe que el 2025 fue el año con el mayor número de conflictos armados activos en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, la guerra contra Irán no había estallado, pero el conflicto en Sudán, que ha detonado la que ha sido señalada como la peor crisis humanitaria del mundo, dejando el episodio con más asesinatos de civiles desde el genocidio de Rwanda: el asedio de la ciudad de Al Fahser en Darfur, en octubre del año pasado, avanzaba hacia su tercer años.
Este país está a la cabeza en cuanto a número de refugiados y desplazados internos en el mundo. Según ACNUR, son cuatro millones y medio las personas que han tenido que dejar el país y más de 11 millones las que han tenido que huir de sus hogares pero permanecen dentro del territorio, expuestas a la violencia de las partes enfrentadas —acusadas de cometer crímenes de guerra— y sometidas a una falta de ayuda humanitaria que naciones unidas y las organizaciones de ayuda llevan años denunciando.
Sudán es uno de los ejemplos más representativos de un país donde las personas deben huir para sobrevivir. El Informe Anual sobre la situación de las personas refugiadas en España y Europa, presentado por CEAR el pasado 15 de junio mostraban un hito: “el primer descenso en una década de las personas desplazadas a nivel global: 117,5 millones, un 5 % menos que el año anterior”. La organización recordaba que este descenso se da en un contexto de incremento en las necesidades de protección internacional que confrontan con políticas migratorias y de asilo cada vez más securitarias: La Unión Europea, blindaba en los últimos días sus acuerdos migratorios más restrictivos contra las personas en movimiento, con la aplicación del controvertido Pacto Europeo de Migración y Asilo a partir del 12 de junio, y la aprobación definitiva del Reglamento de Retorno, el pasado miércoles 17.
Lejos de los espacios de decisión de la Unión Europea donde la extrema derecha guía las políticas migratorias, la población de Sudán, las organizaciones locales e internacionales, luchan porque las personas sobrevivan en un escenario cada vez más violento, sin recursos para sufragar las condiciones básicas de supervivencia. El médico egipcio Mohamed Kamal, director de Plan International en Sudán, ha pasado los últimos 18 meses en Port Sudan, la ciudad situada en el Mar Rojo que oficia de capital del gobierno que encabeza Abdelfatah Al Burhan, al frente de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), el hombre que relevó al dictador Omar Al Bashir, llegó a un acuerdo con las fuerzas civiles de la revolución democrática de 2019 y dio un golpe de Estado en 2021.
El contexto en Sudán se está convirtiendo en altamente imprevisible e incierto, realmente no sabes qué será lo siguiente que ocurra
A Port Sudán se desplazaron las fuerzas del gobierno después del levantamiento de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), lideradas por Mohamed Hamdan Dagolo, conocido como Hemedti , el 15 de abril de 2023 en Jartum. Tres años después, pareciera que el gobierno ha retomado la capital y otros Estados que fueron invadidas por las RSF como Al-Jazirah, sin embargo las milicias dirigidas por Hemedti se han hecho fuertes en Darfur y Kordofan. En los últimos días las milicias estarían accediendo la capital de Kordofan Norte, Al Obeid, haciendo saltar las alarmas ante la posibilidad de una nueva masacre como la que perpetraron en Fasher. Los Emiratos Árabes Unidos han sido repetidamente acusados de estar sosteniendo económicamente y con armamento al grupo armado liderado por Hemedti, una acusación que niegan desde Abu Dhabi. El reciente hallazgo de importantes negocios inmobiliarios de la familia de Hemedti en Emiratos apoyan la tesis de la complicidad.
La guerra en Sudán está lejos del foco mediático, es difícil saber lo que está pasando en el país.
Llevo en Port Sudan un año y medio trabajando como director de Plan Internacional en el país. Antes de esto, fui director de Sudán del Sur. Aunque ahora esté basado en Port Sudan he estado viajando por todos los estados. He estado en Darfur, recientemente he vuelto del Estado del Nilo Azul y del Nilo Blanco, de Kordofan Norte y también de Jartum.
He podido ver todos estos lugares, y también hablar con muchísima gente, socios, otras organizaciones amigas, incluso funcionarios del gobierno, de manera informal y oficial. Así que creo que tengo una buena comprensión de lo que está pasando en el país, aunque nadie sabe qué pasará en los próximos dos meses. El contexto se está convirtiendo en altamente imprevisible e incierto, y realmente no sabes qué será lo siguiente que ocurra, en los próximos días, o incluso horas. Así que necesitamos continuar siendo flexibles y adaptables, y sobre todo, estar listos para salvar las vidas de la gente en cualquier momento, la situación humanitaria es completamente catastrófica.
La población sudanesa lleva atravesando esta situación desde hace más de tres años, ¿cómo afrontan esta deriva?
La situación en realidad viene de antes… millones de personas no pueden cubrir sus necesidades básicas, incluyendo agua, comida. También miles de chicas carecen de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. La violencia sexual y de género está incrementándose significativamente. Cientos de miles de niñas han sido obligadas a dejar la escuela. Estamos hablando de más de 13 millones de personas que se han convertido en desplazadas internas.
Esto es una catástrofe, no sucede solo en Darfur o Kordofan, sino también en el Estado de Nilo Azul. He visitado también varias partes del Estado de Nilo Blanco, y nunca hubiera imaginado que las personas se encontraban en tal situación de vulnerabilidad, se intentan alimentar hasta de hierba. La situación además está empeorando debido al hecho de que cada día cientos de refugiados están llegando de Sudán del Sur.
Visité un campo donde se alojan 50.000 refugiados de Sudán del Sur, en la frontera de este país con la República de Sudán. Le pregunté a la gente: ¿cuánto tiempo lleváis aquí? Me dijero que siete y ocho años. Al principio no eran muchos, pero ahora hay muchísima gente. Cada día llegan cientos de personas de Sudán del Sur porque ellos también están intentando huir del conflicto de aquel país. Entonces, todo se está poniendo muy muy difícil para millones de personas en Sudán.
Has mencionado la violencia sexual, un tipo de violencia que ha sido usada de manera recurrente a lo largo de la historia sudanesa: ¿qué consecuencias tiene esta violencia en las mujeres y en las comunidades?
Déjame que te dé un ejemplo práctico: Cuando estaba en el Estado del Nilo Azul, particularmente en una población que está muy cerca de la frontera con Etiopía —donde está habiendo enfrentamientos intensos— conocí a una chica de 13 años y empecé a conversar con ella. Le pregunté qué hace cada día. Me contestó: “Si me hubieras preguntado esto hace un mes te podría haber dicho que voy a la escuela, y que estoy estudiando. Que veo amigos, que juego con ellos… pero en las últimas semanas todo ha cambiado. Cada día me levanto a las cinco de la mañana y camino seis kilómetros para conseguir algo de agua para mi familia y mi comunidad. He dejado de ir al colegio, cuando camino tengo que volver antes de que anochezca, porque si el sol empieza a ocultarse grupos de chicos y hombres me pararán y empezarán a tocar mi cuerpo. Eso no me gusta, y desafortunadamente no podría pedir ayuda porque normalmente estoy sola o, si voy acompañada, es por otras chicas, que son incluso más jóvenes que yo, así que estamos indefensas y no podemos hablar de esto. Si empiezo a defenderme, ellos intentan arruinar el agua que conseguí recolectar”.
Entonces le dije: “¿esto te está pasando solo a ti?” Me contestó que les pasaba a todas, empezó a compartirme historias sobre algunas chicas y mujeres que han experimentado acoso y violencia sexual mientras huían de sus poblaciones debido a los choques entre RSF y SAF. Me contó que incluso en el mismo campo —donde no hay letrinas más allá de las tradicionales— para poder protegerse van a las letrinas solo a la noche cuando está muy oscuro. “Pero incluso cuando comenzamos a caminar hacia allá no es muy seguro, pues normalmente cuando entramos en las letrinas, no hay cerrojo, la letrina no tiene un muro de ladrillo, está hecho de leña, por lo que cualquiera puede ver fácilmente lo que hay dentro. Así que a veces cuando salimos, nos encontramos a un montón de hombres y jóvenes esperándonos y empiezan a acosarnos”. Estas son algunas de las experiencias de violencia sexual y de género que cientos de chicas y mujeres están experimentando en Sudán. Tenemos muchas, muchas historias además de estas.
Y ante esta violencia cotidiana, cómo se organizan las mujeres para defenderse entre ellas, para cuidarse una vez que sufren una agresión. De qué manera están reaccionando las comunidades.
En mi organización estamos pensando mucho en esto en colaboración con socios locales, estamos moviendo una serie de proyectos para sensibilizar sobre violencia sexual y de género, pero también fortaleciendo sistemas de protección local sobre el terreno, conectando a las mujeres con estos sistemas de protección. También estamos intentando invertir en proporcionar apoyo psicológico, creando oportunidades para ganarse la vida para las supervivientes de violencia sexual y de género. En Sudán, ahora mismo, no hay ningún sistema sobre el terreno. Por eso lo que estamos intentando es hablar con las personas locales, a quienes llamamos líderes naturales, y traer estos temas bajo su atención para que puedan empezar a usar su poder para disuadir a los perpetradores de que infrinjan violencia sexual.
Estamos implicados en hacer presión en muy distintos niveles, el nacional, el local, incluso el regional e internacional, para poner el foco en las atrocidades que millones de niñas y adolescentes están experimentando en Sudán. También estamos armando espacios seguros, donde las personas jóvenes, especialmente las niñas y adolescentes, pueden contar sus historias, compartirlas, pero también apoyarse entre ellas. Así que hacemos todo lo que podemos para responder a lo que está pasando, pero desafortunadamente, las necesidades son enormes y la financiación con la que contamos es muy muy limitada.
Junto a la caída de ayuda humanitaria, en un mundo en el que las noticias van tan rápido, tras tres años de guerra, no es fácil encontrar información sobre Sudán en los medios. Pareciera que todo el país se hubiese convertido en una especie de Zona de Sacrificio, un territorio que simplemente se deja hundirse: ¿cómo se lucha por un futuro en esta situación?
Aunque Sudán sigue siendo la mayor catástrofe humanitaria del mundo, esta crisis permanece enormemente olvidada, no se le destinan esfuerzos económicos. Cada vez que nos esforzamos en intentar concienciar a nivel internacional sobre lo que está pasando en Sudán, nos topamos con otra gran crisis humanitaria. Esto afecta a la atención que se le concede a Sudán.
Por ejemplo, cuando comenzó la crisis sudanesa, dos años antes, había empezado la guerra de Ucrania. Pocos meses después de que estallara el conflicto sudanés, comenzó la guerra contra Gaza. Después vendría la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Empezamos a sentir que nadie presta atención a la crisis humanitaria en Sudán, que está exponiendo a millones de vidas, especialmente a mujeres y niñas, ante un montón de repercusiones y sienten que sus voces no están alcanzando a la comunidad internacional. Además, como no se pone atención a la crisis humanitaria, los perpetradores, las partes enfrentadas, continúan escalando y escalando el conflicto. Es una situación muy muy complicada la que estamos experimentando en este momento.
Tenemos a poderes regionales armando a ambas partes del conflicto con equipamiento y armamento militar para que continúen luchando
Estamos además en un mundo diferente: tenemos a dos actores que perpetran esta violencia —incluyendo la sexual— contra la sociedad civil. Pero también tenemos nuevas tecnologías de la muerte, como los drones, que atacan a las personas en cualquier lugar. ¿Cómo afrontar ambas violencias?
Los drones han sido el arma clave, ampliamente usada en la guerra de Sudán. Están por todas partes. Para serte honesto, te diré, que creo que las partes en conflicto se han dado cuenta de que la lucha cuerpo a cuerpo no tiene tanto impacto como los drones. Yo mismo, mientras viajaba por carretera de Port Sudán a Jartum y de Jartum al Nilo Azul, y de este al Nilo Blanco, he temido en algún punto ser atacado por drones. Porque ambas partes, especialmente las RSF, atacan con drones cualquier vehículo, independientemente de si ese vehículo pertenece a una organización humanitaria o pertenece a la otra parte en conflicto.
Así que, con la influencia de los drones, yo creo que la guerra de Sudán ha escalado teniendo un impacto muy peligroso en todos los niveles. Hay muchas potencias regionales e internacionales que continúan proporcionando armas a las partes enfrentadas. Actualmente esta es la cuestión principal: tenemos a poderes regionales armando a ambas partes del conflicto con equipamiento y armamento militar para que continúen luchando. Y a menos que dejen de hacerlo, creo que la guerra en Sudán continuará muchos años. Quienes están perdiendo son millones de personas en Sudán. La situación es realmente desesperada, cuando visitas a las comunidades, y la temperatura está a 47 grados, y cientos, miles de personas, no tienen agua, no tienen comida, no tienen acceso a letrinas seguras… ¿A qué estamos esperando? Es realmente una situación humanitaria catastrófica.
Pienso en los doctores y doctoras sudaneses como usted, que han jugado un rol social y político central en la historia reciente del país, como sucedió por ejemplo en la revolución de 2019.
Los sanitarios tienen un rol central que jugar, pero desafortunadamente, la mayoría ya ha abandonado el país, debido al hecho de que la infraestructura médica ha sido completamente destruida, no están obteniendo ningún apoyo y temen lo que pueda pasar. Te doy un ejemplo muy práctico: un miembro de nuestro personal internacional enfermó mucho hace tres o cuatro meses, empezó a encontrarse muy mal a medianoche. Le tuvimos que llevar a la única clínica —no es ni siquiera un hospital— que queda disponible aquí en Port Sudan.
El médico fue muy amable, hizo lo que pudo, pero no tenía ningún equipo para hacerle pruebas a nuestro compañero. Fue lo suficiente inteligente para decirnos, “mirad, algo le pasa a su corazón, necesitamos tenerle en observación hasta mañana”. Después de un día, nos advirtió de que lo evacuásemos a Nairobi, eso hicimos. Cuando llegó a Nairobi lo admitieron en cuidados intensivos, y le dijeron que tenía que atravesar una intervención cardiológica cuanto antes. Si no podría morir.
Este es solo un ejemplo de que podemos morir en cualquier momento, debido a la completa falta de apoyo e infraestructura médica en Sudán, si quieres que vuelvan los médicos está muy claro que necesitas mejorar la infraestructura médica. Pero ¿cómo podemos esperar que un gobierno priorice la ayuda médica en un tiempo en el que la guerra continúa? Así que de nuevo vuelvo al punto de antes. Si queremos salvar las vidas de las personas en Sudán, primero hay que detener la guerra, conseguir una tregua humanitaria inmediata, en la que podamos seguir entregando asistencia sanitaria en el terreno.
Ante esta situación tan dura que estás describiendo, vemos cómo Europa se cierra a la llegada de personas refugiadas, con políticas migratorias cada vez más restrictivas.
Nosotros tenemos una serie de demandas. La primera, estamos demandando a la comunidad internacional que ejerza todo su poder para imponer un alto al fuego inmediato. La guerra tiene que parar en Sudán. Número dos: Pedimos a la comunidad internacional que imponga una tregua humanitaria, para que las organizaciones locales e internacionales podamos seguir salvando vidas en terreno. Número tres: pedimos a la comunidad internacional que se asegure de que las dos partes en conflicto se adhieran a la ley humanitaria internacional, en particular, protegiendo a los civiles y a los trabajadores humanitarios.
No nos sentimos seguros, estoy hablando contigo y en cualquier momento un dron puede venir, bombardear y demoler la oficina entera. Perdimos a un compañero hace seis meses. Estaba visitando a su familia en un campo de refugiados en Jartum y el campo entero fue atacado por drones. Así que estamos exigiendo a la comunidad internacional que priorice Sudán. Necesitamos fondos, necesitamos fuentes financieras para salvar más vidas.
Si tú preguntas a un grupo de jóvenes sudaneses, ¿cuál es tu sueño?, todo el mundo querría migrar a Europa, porque lo ven como un lugar seguro
La situación invita a la impotencia, ¿qué grietas de acción quedan desde aquí?
Hay que seguir peleando por el derecho de los sudaneses a sentirse seguros, protegidos, apoyados para continuar con sus vidas. Esto es lo primero. En segundo lugar, necesitamos seguir presionando para conseguir más fondos y recursos para Sudán, para poder seguir entregando ayuda humanitaria. Por último, hace tres años todo el mundo esperaba que la guerra sudanesa fuera una guerra civil. Dos meses después, nos dimos cuenta de que la guerra se había convertido en una guerra subregional. Después de tres años, se ha convertido en una guerra regional porque ahora tenemos a muchos actores implicados: Chad, Etiopía, Uganda, Kenia, Sudán del Sur. Te estoy diciendo que si esta guerra continua por más de seis o doce meses, realmente afectará a la paz internacional, a la comunidad internacional. Si tú preguntas a un grupo de jóvenes sudaneses, ¿cuál es tu sueño?, todo el mundo querría migrar a Europa, porque lo ven como un lugar seguro.
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