Donald Trump Netanyahu diciembre 2026
Trump participa en una conferencia de prensa bilateral con Benjamin Netanyahu, el lunes 29 de diciembre de 2025.
18 mar 2026 06:00

Es innegable que vivimos en tiempos incrementalmente violentos. En tiempos en los que el imperio estadounidense comienza a perder la hegemonía en favor de un orden mundial multipolar, el peligro de guerras regionales que puedan escalar a eventos mayores crece día a día. Especialmente cuando el estado terrorista, genocida y fascista de Israel puede mantener sus agresiones a las potencias vecinas al tiempo que continua y escala impunemente el genocidio palestino.

Esta violencia tiene su propio eslogan político: “Más dinero para armas”, y es el lema por el que viven la OTAN y la Unión Europea. La realidad es que el incremento del gasto militar, que se defiende como una promesa de seguridad, no defiende la paz, sino que la amenaza. La década de 2020 ha mostrado a la humanidad que el sistema que hemos construido ha abandonado cualquier pretensión de reglas y leyes internacionales.

La guerra, el rearme, la violencia y la desestabilización tienen un interés explícitamente económico, atentando simultáneamente contra la salud y la sanidad públicas y únicamente desde el desarme y el antibelicismo se podrá proteger la salud de la humanidad.

La guerra contra la sanidad

Este título describe de forma ambigua las dos formas en las que el Estado capitalista confronta su aparato militar con su sistema sanitario: a través de priorizar la financiación de la industria militar sobre la del sistema nacional de salud; y la batalla ideológica, política y económica que se libra por socavar el sistema sanitario.

Empecemos pues por el combate en el plano económico que surge de colocar en una balanza el gasto militar y el sanitario. El marco de referencia es la macroeconomía convencional, que construye una retórica centrada en el ahorro y la reducción de déficit y es en este plano dónde se han realizado múltiples estudios que constatan que la decisión del aumento del gasto en un sector fuerza a desplazar el gasto en otros. Específicamente, el estudio de Ikegami y Wang (2023) analiza si el aumento del gasto en defensa de 2000 a 2017 en 116 países implicó un desvío de fondos estatales del sistema sanitario a la industria militar. Grigorakis y Galyfianakis (2024) también vinculan el mayor gasto militar en los países pertenecientes a la OTAN con un aumento de la inaccesibilidad de los sistemas sanitarios. Un estudio de Fan, Liu & Coyte (2018) estimó que por cada punto del PIB que se aumentaba el gasto en defensa, disminuía el gasto sanitario entre 0,962% y 0,556%.

El aumento en la inversión del gasto en defensa (hasta un 2% en 2025) ha resultado en una disminución de 6.683 millones de euros en el gasto público sanitario

Llevemos estos datos a las cifras. Según el análisis realizado por Samuel López-López y Francisco Escribano Sotos para la Asociación de Economía de la Salud, el aumento en la inversión del gasto en defensa (hasta un 2% en 2025) ha resultado en una disminución de 6.683 millones de euros en el gasto público sanitario. También estiman que progresivos aumentos hasta el 5% (solicitado por la OTAN a todos sus estados miembros) resultarían en una pérdida de 30.900 millones de euros.

Tabla sanidad
Tabla asociando gasto militar con gasto sanitario, utilizando una estimación de López-López y Escribano Sotos. Fuente: Asociación de Economía de la Salud.

Si bien las acciones del gobierno progresista a nivel internacional han librado a España del compromiso del 5% en Defensa, no faltan quintacolumnistas españoles con apoyo internacional que esperan pacientemente para tomar el gobierno y servir en bandeja de plata la economía española al belicismo americano.

El rearme ha sido especialmente veloz en los últimos ocho años de gobierno progresista. Así fue con el gobierno de PSOE y Unidas Podemos y no ha sido distinto con los gobiernos del PP, o del PSOE con Sumar, coalición de la que forma parte Izquierda Unida, representante histórica del movimiento contra la guerra.

Aunque ambos lados del espectro político parlamentario se someten a la maquinaria del Estado que pide guerra, no todos los partidos lo hacen por igual. La sed de sangre de la derecha española, profundamente arrastrados a las voluntades americanas, se entiende como un aliciente político y económico, tras 4 años en los que la contratación por empresas militares de ex altos cargos del gobierno se encuentra disparada.

Este aliciente político es clave para entender la segunda versión de esta guerra contra la sanidad: la ejecución planificada de la sanidad pública.

La ejecución de la sanidad pública

Hay un frente abierto contra nuestras instituciones sanitarias. El proyecto político de la derecha española consiste en la socavación total y completa de la confianza de la población en las estructuras públicas que son el patrimonio de la clase trabajadora española.

Esto el PP y Vox lo consiguen privatizando aquellos servicios que son más lucrativos y mermando la capacidad de las instituciones para atender a las necesidades de la población. El resultado es nefasto.

Pese a que el gobierno de la Comunidad de Madrid es el ejemplo más claro, no es exclusivo: AndalucíaExtremaduraBalearesGaliciaCastilla y León… El modelo de gobierno conservador está definido por la privatización.

Pero cabe destacar que no es un ejercicio únicamente ideológico: hay un lucro real y evidente de los dirigentes políticos a través de esta privatización. Esto no se debe a un grupo de políticos que se aprovechan de su posición privilegiada para estafar al sistema: es la norma que rige al Régimen del 78.

La democracia liberal española que surge tras el fin de la dictadura construye una sólida red entre el sistema de partidos, el Ibex-35 y la oligarquía franquista. Este ecosistema interdependiente demuestra que los lobbies sanitarios y militar están profundamente incrustados en la política española, y serán la polis a la que responderán los diferentes gobiernos, no la clase trabajadora.

Aunque pudiera parecer que este ejercicio de privatización no tiene nada que ver con el aumento del gasto militar, ambos responden a los mismos intereses capitalistas que priman el lucro a la salud de la población: Los dueños del mundo son los mismos. El capitalismo imperialista es incompatible con preservar la salud humana.

Salud en el planeta Tierra

En el ámbito de la salud, es frecuente hablar del concepto de One-Health. Bajo este enfoque, la salud humana se vincula a la salud medioambiental y animal, pues los vínculos que unen la vida en este planeta nos convierten en organismos interdependientes.

Los efectos de la guerra sobre la población humana son indescriptibles. La muerte y el trauma dejan cicatrices a sus espaldas que llevan décadas reparar. Pero las consecuencias de la guerra en el medio ambiente son igualmente devastadoras.

Si comenzamos por el sustrato bélico principal, la prueba reside en el hecho de que el ejército estadounidense es la entidad más contaminante del mundo. En tiempos de relativa paz, (considerando el constante intervencionismo americano por todo el planeta), el ejército de EEUU generó 636 millones de toneladas métricas de CO2 en la década de 2010, ocupando el puesto 47 en la lista de países más contaminantes del mundo, pese a no ser un país.

Pero los conflictos en activo contribuyen de la misma forma a la destrucción del planeta. Solo el primer año de esta nueva fase del genocidio israelí en Palestina ha generado 31 millones de toneladas de CO2. De la misma forma, el primer año de la guerra entre Ucrania y Rusia liberó 150 millones de toneladas de CO2. Estas cifras no incluyen los incendios y destrucción sistemática del medioambiente que resulta de los conflictos bélicos.

Un ejemplo claro de como los conflictos bélicos resultan en la destrucción de la naturaleza es la guerra de Vietnam, en la que se empleó el Napalm como agente químico para quemar todo tipo de obstáculos ambientales, con consecuencias atroces cuando se utiliza sobre población civil. Estudios epidemiológicos han demostrado un aumento en anormalidades congénitas en la población que fue sometida a las armas químicas estadounidenses. Un estudio de Westing, Phung Tuu et al. (2006) estima que hasta un 10% del área de Vietnam del sur fue atacada con herbicidas y que la pérdida de vegetación en Vietnam fue de hasta 90 millones de metros cúbicos.

Estas acciones no se pueden describir de una forma distinta a ecocidio. Y prevenirlo o frenarlo es condición de necesidad para preservar la salud global y la sanidad pública.

La liberación antibelicista

Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien vida para la lucha. El pacifismo es entonces colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente.

Fragmento de “Ur-fascismo” de Umberto Eco

La cita anterior de Umberto Eco alude al inevitable carácter bélico del fascismo, que ha permeado profundamente en el “sentido común” occidental: la guerra como una faceta más de la vida.

El ser humano no está condenado a la batalla incesante con el resto de sus iguales. Pese a las divisiones irreales que pretende construir el relato de extrema derecha entre los seres humanos, la dignidad que nos caracteriza como especie es superior al odio que intenta separarnos.

La guerra no es un mecanismo de resolución de disputas razonable, ni es el destino al que están condenadas las naciones modernas. Es un relato muy cómodo (y lucrativo) indicar que la inversión en Defensa es fundamental para preservar nuestro modo de vida, pero la realidad es que la principal amenaza a la calidad de vida es la explotación económica, laboral y medioambiental del capitalismo.

La liberación de las cadenas que nos atan a un fusil no puede ocurrir de forma espontánea ni aislada. Como se ha expuesto en el artículo, la lógica de guerra devorará los últimos resquicios de aquello que es público para llenar aún más bolsillos de multimillonarios, y solo la unión de la clase trabajadora podrá hacer frente a la industria militar.

El antibelicismo es defensa de la sanidad pública que es defensa de la educación pública que es defensa del medioambiente. Es la labor del ser humano construir un mundo mejor, no destruirlo, y eso solo será posible cuando el ruido de los misiles no nos impida hablar.

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