Las “cartas desde la cárcel” de Kagarlitsky, el preso político más célebre de la izquierda rusa

El pensador y militante ruso Boris Kagarlitski realizó una entrevista sobre la situación en su país que le costó unas cuantas jornadas de aislamiento. En ella habló de la guerra de Ucrania, el futuro del pueblo ruso y también de la memoria de la URSS.
Borís Kagarlitski
Borís Kagarlitski en 2013. Foto:Bogomolov.PL CC BY-SA 3.0

Boris Kagarlitski es el preso político más célebre de la izquierda rusa. Sociólogo, teórico marxista y profesor de la Escuela Superior de Economía, nunca ha dejado títere con cabeza. Objeto de sus críticas han sido el Kremlin, Kíev y los gobiernos occidentales, la oposición liberal rusa, la nacionalista y el Partido Comunista. Y pese a ello, el estilo argumentado y respetuoso del profesor le ha granjeado apoyos de lo más heterogéneos cuando en 2023 fue encarcelado y condenado a cinco años de prisión por su firme oposición a la invasión de Ucrania. Gracias a la Campaña Internacional de Solidaridad se han reunido centenares de firmas a favor de su liberación entre destacadas personalidades de la izquierda internacional, tales como Naomi Klein, Jean-Luc Mélenchon, Slavoj Žižek, Jeremy Corbyn, Ken Loach o Tariq Ali, entre otros.

En el mes de noviembre, recién cumplidos los 67 años, Kagarlitski pasó tres días en una celda de aislamiento de la colonia penitenciaria IK-4, en condiciones que amenazan su frágil estado de salud, según denuncia su abogada. Se trataba de un castigo por la extensa entrevista concedida a Véstnik Buri, uno de los medios más relevantes de la izquierda rusa. Sus respuestas fueron recogidas por escrito y montadas en un vídeo mediante una aplicación de inteligencia artificial que posteriormente recibió una amplia difusión dentro y fuera de la Federación Rusa. Citamos a continuación algunos fragmentos de aquella entrevista.

Sobre la cárcel

No es la primera vez que se encuentra entre rejas: ya cumplió una pena en 1982, todavía en la Unión Soviética, en el marco de la causa contra el disidente grupo de los Jóvenes Socialistas; volvió a ser arrestado en 1993 por la policía de Borís Yeltsin durante el golpe orquestado por este, y por tercera vez por la policía de Vladímir Putin en 2020 durante las protestas contra la supresión de la limitación de mandatos presidenciales. En 2023, antes de entrar definitivamente en prisión, el régimen le dio la oportunidad de salir al exterior, como han hecho tantos otros opositores. Siempre desde el respeto hacia quienes han optado por el exilio, Kagarlitsky defiende el camino elegido:

“No me arrepiento. Tomé una decisión y la considero no solo correcta, sino extremadamente importante. […] Unos desde el exilio, otros desde dentro del país, y otros desde la prisión: lo importante es que todos mantengamos la solidaridad y la fe en nuestra causa.”

Kagarlitsky es el más célebre pero ni mucho menos el único preso de la izquierda rusa. Solo por mencionar algunos casos: en Rusia son bien conocidas las causas seguidas contra los antifascistas de Tiumén, el Círculo Marxista de Ufá, el matemático y profesor de la Universidad de Moscú Azat Miftájov, o los tres adolescentes de Kansk que fueron detenidos con tan solo 14 años de edad y llevan tres privados de libertad por pegar unas pegatinas de solidaridad con Azat. “En la IK-4,” explica Kagarlítsky, “se ha formado una comunidad de presos políticos cuyo núcleo lo componemos personas de izquierdas.” En este caso se refiere al militante antifascista libertario Denís Ushakov y al socialdemócrata de izquierdas Gáguik Grigorián. Pero el veterano marxista siempre va más allá:

“Por paradójico que parezca, la mayoría de los encarcelados por delitos políticos no están muy politizados. Son simplemente personas indignadas por los acontecimientos de los últimos años que han expresado su indignación en las redes sociales y así han acabado en la IK-4. Ha sido una vez aquí, al encontrarse con otros presos políticos, que han empezado a pensar en categorías políticas […] y descubierto que son, de una forma instintiva, de izquierdas. No porque hayan leído teoría, sino por su experiencia de vida”.

Sobre la guerra

La guerra está muy presente en la vida de la colonia. Los presos reciben visitas de reclutadores y la autoridad les informa puntualmente de lo que deben hacer para enrolarse en las fuerzas armadas:

“Los datos del reclutamiento se publican mensualmente. […] En 2023 hubo meses en que cientos de personas llegaban a firmar el contrato. En la primavera de 2024 las cifras oscilaban en torno a 35-45 personas y luego, desde finales del verano, empezaron a bajar de forma precipitada, hasta diciembre, cuando solo se enroló una persona. Después vuelve un cierto aumento pero nada espectacular, entre 8 y 11 personas al mes.

E incluso esta pequeña recuperación está relacionada con las expectativas de paz. Hablo con muchos reclutas y me aseguran que no van a llegar a pisar el frente porque el alto el fuego es inminente. Más aún, los propios reclutadores insisten en ello. Por desgracia, de momento, esto no se ha cumplido. […]

No solo no he encontrado a nadie ideológicamente motivado, sino que, al contrario, me he topado con más de un convencido opositor de la guerra que se enrola. ¿Por qué? Para salir de la cárcel y conseguir dinero para sus familias. […] También tenemos un cierto número de exaltados que repiten los eslóganes de la propaganda, pero ninguno de ellos se ha apuntado para combatir. ¡Ni uno!”

Los problemas de la izquierda son, en última instancia, los problemas de la sociedad rusa en general

Preguntado por las posibilidades de un acuerdo de Putin con Trump, Kagarlitsky se muestra escéptico:

“Trump pensaba que, si ofrecía a Moscú unas condiciones ventajosas, obtendría rápidamente el resultado deseado. Pero no entendía en absoluto las causas y la dinámica de este conflicto, que no están en la disputa territorial o ideológica […], sino en los problemas internos de la política rusa y también, en parte, de la ucraniana. Si no son capaces de llegar a un acuerdo geopolítico, es sencillamente porque la geopolítica, e incluso el control de las tierras raras, son cuestiones totalmente secundarias.

La cuestión principal es el relevo en el Kremlin. Y supongo que en Ucrania también está sobre la mesa el problema del reparto de poder, aunque en otra forma.”

“El retraso juega claramente en contra de Rusia: […] Trump ya hizo desde el principio el máximo de concesiones posibles y la lógica de los acontecimientos le obliga a endurecer su postura.”


Pero las dinámicas internas impiden al régimen ruso poner fin al conflicto:

“La propaganda del Kremlin y la liberal coinciden en la misma visión de unas élites cohesionadas con un líder único que aspira a un objetivo global conocido solo por él. Nada más lejos de la realidad. Hace tiempo que no existe un liderazgo único; las élites están profundamente divididas y persiguen objetivos muy diversos, a menudo incompatibles. Pero también temen una ruptura pública […]. Como consecuencia, las decisiones […] se aplazan. Es como un barco que sigue a la deriva mientras en el puente de mando se discute interminablemente sobre adónde ir. ¿Cuánto tiempo se puede seguir así? […] Hasta que aparezca un iceberg. […]

Si hay relevo en el poder, habrá también acuerdo de paz y amnistía. Pero debo recordar de nuevo que no se trata solo de los presos políticos. En las penitenciarías hay miles de personas condenadas por absentismo militar. […] E incluso en los delitos penales comunes […] los tribunales están imponiendo penas claramente infladas para estimular a la gente a firmar contratos con el ejército. La amnistía debe ser amplia y abarcar no solo a los presos políticos.”

Sobre la izquierda

“Con la crisis económica mundial de 2008-2010 empezó una época que todavía no ha terminado. […] En Rusia, a nivel local, entró en crisis el modelo de “democracia dirigida”. […]

La encrucijada política era bastante evidente para todos: una democratización real o, por el contrario, un autoritarismo más explícito. Las élites rusas temieron una democratización porque podía conducir a la pérdida de control. No solo las élites dirigentes: también los líderes de la oposición liberal, así como los representantes del empresariado que los apoyaban, tenían miedo de un proceso incontrolable. Como resultado, en lugar de cambios radicales tuvimos la inútil “protesta de Bolótnaya” [2011-2012]. El propio nombre resulta simbólico [Bolótnaya plóschad significa la plaza del pantano]: toda la energía de la protesta acabó empantanada en el oportunismo liberal.

[…] Aquellos acontecimientos reforzaron e incluso, en cierto modo, crearon una nueva izquierda”.

Una nueva generación, que ya no se había formado en la URSS, alimentó proyectos mediáticos solventes en la izquierda durante la década de 2010. No obstante, estos nunca llegaron a cristalizar en un proyecto político propio:

“Logramos audiencias estables que han resistido la prueba de estos tres años de guerra; tenemos un entorno, unos cuadros, una cultura y una tradición propios. […] Con el telón de fondo del colapso moral y político de la vieja oposición sistémica, nosotros somos más visibles y estamos mejor preparados para desarrollar iniciativas políticas independientes. Pero, al mismo tiempo, la sociedad se encuentra aplastada, ya no solo por la represión sino también por la depresión. Los problemas de la izquierda son, en última instancia, los problemas de la sociedad rusa en general.”

Kagarlítsky enfoca el período bélico como un impasse:

“Estamos en un período de transición. Se ha alargado de forma exasperante, pero sigue careciendo de contenido propio. […]

A escala global ya madura un nuevo proceso de formación en la izquierda. Fíjese en el nuevo partido de los partidarios de Jeremy Corbyn en el Reino Unido o los nuevos líderes de la izquierda en Estados Unidos. […]

[En Rusia] la coalición no se construirá en torno a las diferentes actitudes respecto a Stalin, sino en torno a las cuestiones de democratización, nacionalización de los monopolios naturales y socialización de las plataformas, cuestiones de guerra y paz, educación y derechos sociales. […] Debemos reunir una amplia coalición alrededor de un programa de reformas democráticas y sociales”.

Sobre la memoria histórica

“¿Qué es lo que la gente reivindica [cuando defiende la memoria soviética]. ¿Qué Unión Soviética? […] Puedo responder por mí. Sin duda, considero un logro de la revolución el Estado social […]. La educación de las masas, no solo mediante la escuela y la universidad, sino también mediante la difusión de la alta cultura. Y, por supuesto, la enorme labor de convertir un país agrario en uno industrial, el desarrollo de la ciencia, etc.

Pero la soviética fue una sociedad extremadamente contradictoria. Esos aspectos no solo coexistieron con la represión, la anulación del individuo, campañas contra la genética o el “cosmopolitismo”, un burocratismo exacerbado, etc., sino que todo eso estaba estrechamente relacionado. […] Para nosotros, como izquierdas, es fundamental sacar conclusiones críticas de esta experiencia para no repetirla y así no repetir la derrota”.

El estalinismo se ha encontrado inesperadamente en el foco de la esfera mediática de la izquierda rusa en los últimos meses. Las diferentes facciones estalinistas se encuentran fuertemente polarizadas sobre la cuestión de la guerra:

“Hay un aspecto curioso sobre los estalinistas postsoviéticos. La ideología estalinista histórica pasó por varias etapas y mutó sustancialmente. Una cosa era la ideología de los años 30, en la que aún había mucha retórica revolucionaria, referencias al interés de clase, etc. Y otra, la ideología del período 1948-1953, que en esencia preparó el actual ‘imperialismo rojo’. […]

En 2022 se hizo evidente sobre qué periodo de la historia soviética enfocaba cada uno. Entre quienes se orientaban hacia las ideas de los años 30, muchos adoptaron una posición crítica frente a la invasión de Ucrania, mientras que los ‘imperialistas rojos’ apoyaron de forma natural al régimen. Todo muy lógico.”

Por otro lado, el Partido Comunista de la Federación Rusa ha dado una vuelta de tuerca renegando oficialmente de la condena del estalinismo adoptada por el Partido Comunista soviético en el XX Congreso en 1956:

“Las represalias contra comunistas en la URSS son un hecho conocido desde hace mucho tiempo. […] Se han hecho muchos estudios. Algunos de ellos [que estiman en torno a 700.000 a los ejecutados por las troikas de Stalin] son citados a menudo por los propios estalinistas cuando quieren demostrar que el número de víctimas fue inferior a lo que sostienen los liberales. […]

Entonces, ¿por qué precisamente ahora la cúpula del Partido Comunista reniega oficialmente de las resoluciones del XX Congreso, sin relación directa con el momento actual? Me parece que hay dos razones. La primera es que la historia está sustituyendo a la política. Ni siquiera es despolitización, es peor: la defensa de los mitos se convierte en su actividad principal. […] De mitos, además, reaccionarios. El mito del gran líder es reaccionario en sí mismo porque está orientado a suprimir la actividad autónoma y democrática de las masas. […]

Y la segunda razón es que, tal vez de forma inconsciente, quieren agradar al actual mando del país. No es ningún secreto que el legado autoritario de la URSS es aceptado y aprobado por el régimen actual, a diferencia del legado soviético progresista (la emancipación de las mujeres, la separación de la escuela y la cultura respecto a la Iglesia, etc.). […] Justo ahora, que la lucha por las libertades democráticas se convierte en un aspecto clave de la lucha por la transformación social, nos ofrecen el culto al autoritarismo y al conservadurismo. […]

De ahí sigue una conclusión. Aunque algunos no quieran, va a haber que abordar la cuestión de la democracia, porque, en última instancia, es también una cuestión social, una cuestión de clase.”

Sobre la democracia

Al situar la lucha por la democratización del país en un lugar tan privilegiado, Kagarlitsky entra de lleno en otra cuestión muy polémica para la izquierda rusa: la relación con la oposición demócrata-liberal:

“La mayoría de los opositores liberales se negaban tajantemente a ver las raíces sistémicas y económicas de lo que ocurría. No llamaban a cambiar el sistema, sino a sustituir a unas personas, muy malas y corruptas, procedentes de los servicios secretos, por otras personas, muy buenas y honradas, salidas del mundo de los negocios”.

“La situación empezó a cambiar hacia finales de la década de 2010 con la llegada de una nueva generación de periodistas profesionales que no sentían odio hacia las ideas de izquierdas e incluso, en ocasiones, simpatizaban con ellas”.

“Los activistas liberales se encuentran en un proceso muy importante de revisión de sus valores. Eso no significa que de hoy para mañana se vayan a hacer todos de izquierdas (aunque algunos ya lo han hecho). Pero, al menos, estarán más dispuestos a dialogar con nosotros, y en esta situación nuestro deber es exponer con claridad y de forma convincente sobre cuestiones concretas, respetar a los oponentes y exigir el mismo respeto hacia nosotros. […].

Que alguien me muestre, por favor, una cita de Marx, Lenin o incluso Stalin, que diga explícitamente que la dictadura burguesa es mejor que la democracia burguesa. Ningún ‘clásico’ ha dicho nunca semejante disparate. A los especialmente testarudos les recomiendo la lectura del discurso de Stalin en el XIX Congreso del PCUS. El tema clave allí es que los comunistas de los países capitalistas deben ponerse a la cabeza de la lucha por la democracia.

¿Por qué digo que la cuestión de la democracia es una cuestión de clase? Porque la autoorganización de masas de los trabajadores solo será posible en condiciones de libertad y apertura, cuando muchos miembros de base de la clase trabajadora, no solo líderes y activistas aislados, puedan afiliarse a organizaciones de izquierdas, puedan expresar sus opiniones sin temor a represalias y, en última instancia, influir en la política”.

Paseos con Leviatán

El reencuentro con la familia y su programa de acción política no son lo único que ocupa la mente del preso. Kagarlitsky también alberga planes literarios:

“Estoy tomando notas de las historias más curiosas y los personajes más interesantes. Espero publicar un libro, si es que consigo salir de aquí algún día, con todas las historias divertidas, cómicas, grotescas y, a veces, claro, un poco escalofriantes que he observado durante mis andanzas por las cárceles. […] Ya tengo incluso el título: ‘Paseos con Leviatán’. […]

De este libro ya están al tanto mis compañeros y hasta algunos funcionarios. Recuerdo que en Rzhev me llamó a su despacho el jefe de la sección operativa y me preguntó: ‘¿Es verdad que está escribiendo un libro sobre la cárcel?’. Le dije que sí. ‘Pues, por favor, escriba sobre nuestros problemas. Tenemos mala financiación y no podemos hacer una reforma como es debido.’ Le prometí que lo haría ¡y lo haré!”.

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