Colillas, ese absurdo y omnipresente residuo

Cada año 4,5 trillones de colillas, residuos plásticos que contienen 7.000 sustancias tóxicas, acaban en el medio ambiente. La región de Bruselas quiere cobrar a las tabacaleras por su recogida, que hoy corre a cargo del contribuyente, y la UE plantea eliminar las fabricadas con plástico en una década. Su difícil reciclaje y recolección hacen de ellas un problema que aumenta cada día.

Contaminacion por colillas
4,5 billones de colillas acaban en la naturaleza David Fernández

publicado
2018-10-20 07:00:00

Las cifras dan miedo. 6,5 trillones de cigarrillos se consumen al año en el mundo. Los restos de 4,5 trillones de ellos —un filtro, un pedazo de papel y algunas hebras de tabaco junto con las sustancias y partículas que han quedado impregnadas en estos elementos fruto de la combustión— acaban en el medio ambiente. Los datos de semejante cantidad los da la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el volumen es tal que un estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) afirma que es el residuo que más se encuentra en la naturaleza y que podría suponer hasta el 30% del total de basura recogida, por delante de la práctica totalidad del resto de elementos de plástico.

El filtro habitual de un cigarro está compuesto básicamente de acetato de celulosa, un material plástico que se obtiene al modificar la estructura original de la celulosa y que tarda en descomponerse entre ocho y doce años. Esto ha puesto a este artefacto en la mira de la normativa europea de medio ambiente: la propuesta de directiva de plásticos, que el 23 de octubre se votará en el Parlamento Europeo y que ya ha pasado el corte de la Comisión de Medio Ambiente del mismo, quiere reducir los fabricados en este material en un 50% para 2025 y un 80% en 2030. La alternativa para las tabaqueras serán los realizados a base de fibras vegetales, que reducen a uno o dos meses su tiempo de descomposición.

Alberto Vizcáino: “Quien se lucra en su modelo de negocio con esos filtros que pague los costes que producen, y son costes económicos, ambientales y sociales”

“Los filtros de acetato de celulosa se van degradando y sus fibras se van descomponiendo y acaban en el medio convirtiéndose en un serio problema para el medio ambiente, siendo además, desperdicios tóxicos”, explica José Ignacio de Granda Orive, neumólogo e integrante del área de Tabaquismo de la SEPAR. Como él mismo apunta junto a otros siete colegas en un artículo científico de la revista Prevención del Tabaquismo , el acetato de celulosa es “fotodegradable pero no biodegradable”, lo que quiere decir que, aunque el sol desmenuce el filtro en pequeñas fibras “el material fuente nunca desaparece; esencialmente se diluye en el agua y en el suelo”.

CÓCTEL TÓXICO

Aunque los planes del Parlamento Europeo se cumpliesen y el material plástico prácticamente desapareciese de los cigarrillos en una década, seguiría existiendo un inconveniente todavía mayor. “Una colilla desechada contiene una cantidad enorme de tóxicos, y si va al agua, y van muchas, es un verdadero problema”, indica por su parte Nour Kayali, asesor científico de CSI Analítica, ligado al área de Química Analítica de la Universidad Complutense de Madrid. No es que vayan muchas, es que es un clásico omnipresente, junto a bastoncillos y bolsas de plástico, de las recogidas de basura, especialmente en la costa.

La organización ambientalista norteamericana Ocean Conservancy señala que las colillas suponen entre un 30% y 40% de los residuos recogidos en la limpieza urbana y costera. Y contienen 7.000 sustancias químicas tóxicas para los seres vivos, algunas de ellas, por supuesto, cancerígenas. Un cóctel nocivo añadido para crear la máxima adición con el mejor aroma y las propiedades más perfectas de combustión posibles que mata a 7 millones de personas al año. Entre estas sustancias y las que se forman en la combustión se encuentran metales pesados como el plomo o componentes tan poco amigos del ser humano como el benceno, el arsénico o los hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Un estudio probó que, a una concentración de una colilla por litro de agua, fallecía el 50% de los peces

“Las colillas tienen un contenido alto en nicotina, pero ese no es el problema principal. Sino el resto de tóxicos que se encuentran en cantidades bajas”, expone Kayali. Alberto Vizcaíno, asesor de gestión ambiental y bloguero en Productor de Sostenibilidad, añade que, aunque no son considerados residuos peligrosos por la legislación, “obviamente son dañinos para el medio ambiente: si echas un filtro en una pecera, los peces se mueren”.

Un estudio publicado en 2011 en el National Center for Biotechnology Information estadounidense probó que, a una concentración de una colilla por litro de agua, fallecía el 50% de los especímenes de dos especies de peces elegidas para el experimento, una marina y otra de agua dulce. A pesar de que en el caso de los filtros que aún no habían sido utilizados la proporción debía ser mayor para que los animales muriesen, el experimento dejaba claro que estos también eran tóxicos. Otra investigación que analizó la toxicidad de las colillas en diferentes especies de caracoles marinos señalaba que el 100% de los especímenes de algunas de ellas fallecían en concentraciones altas de cinco colillas por litro de agua.

SDDR, reciclar, quemar o enterrar

Billones y billones de pequeños residuos tóxicos desperdigados por el planeta.  Qué hacer con ellos y cómo recopilarlos son las dos preguntas que surgen. ¿Se pueden reciclar? “No de manera rentable”, indica Vizcaíno. “Si estuviesen limpios sí, hay disolventes que pueden quitar algunas sustancias, pero quedaría una parte importante sin poder extraerse del filtro de celulosa, y habría que ver qué uso le daríamos”, expone Kayali por su parte.

A pesar de la dificultad del reciclado, como apunta el neumólogo de la SEPAR, “es un campo donde se debería insistir, y hay empresas que se han interesado en reciclar y han conseguido, por ejemplo, carpetas para papelería, abonos… pero lógicamente es costoso, algo que lo limita”.

Alberto Vizcaíno: “Cerca del 50% de lo que va al contenedor amarillo va a vertedero porque no podemos hacer nada con ello, es la trampa del reciclaje”

Hay ejemplos. TerraCycle, una empresa canadiense especializada en reciclar desechos considerados no reutilizables, ha conseguido convertir los restos de los cigarros en materia prima para otro usos. Mientras ceniza y restos de tabaco pasan a ser fertilizantes y abonos, el papel del filtro se convierte en papel reciclado y el propio filtro en plástico para uso industrial, creando, entre otros productos, palets, bolígrafos o embalajes. También InnovaGreen Systems consiguió crear ceniceros hechos a base de una sustancia similar al plástico, obtenida a partir de filtros tratados con una solución química. Incluso la diseñadora chilena Alexandra Guerrero elaboró algunas de sus prendas a partir de colillas previamente tratadas. Pero estas iniciativas son anecdóticas.

“Tenemos que ser conscientes de que muchos de nuestros residuos lo son porque no los podemos usar para nada de manera rentable”, expone el responsable de Productor de Sostenibilidad. “Lo que habría que hacer con ellas es echarlas a un vertedero en condiciones de seguridad, que no contaminen más o incinerarlas en condiciones de seguridad”. Una opinión similar tiene Kayali: “Una cantidad grande podría ser utilizado como combustible, siempre que no haya peligro de que algunos compuestos se transformen en otros más tóxicos. Pero habría que investigar primero”.

Basándose en el principio ‘quien contamina paga’, la región de Bruselas exige a las tabaqueras que paguen la factura de la limpieza de las colillas

En cualquier caso, para Vizcaíno esta situación es muy ilustrativa y sirve como ejemplo de qué ocurre con una inmensa cantidad de residuos, incluidos los que la opinión pública cree mayoritariamente que se reciclan. “Imagina que conseguimos separar todos los envoltorios de chicle o caramelo que van en el flujo del contenedor amarillo. ¿Qué hacemos con ellos? Nada, no podemos hacer nada salvo quemarlos para dar energía, pero no creo que den mucha”. Y es que, como señala, “cerca del 50% de lo que va al contenedor amarillo va a vertedero porque no podemos hacer nada con ello, es la trampa del reciclaje, y con las colillas pasa lo mismo: es absurdo intentar encontrar utilidad a algo que es absurdo en sí”.

Quien contamina paga

Bien conocida es la factura del consumo de tabaco en los servicios de salud que según la SEPAR llega al 15% del gasto sanitario. Pero menos se habla de lo que cuesta recoger las colillas. El Gobierno de la región de Bruselas (Bélgica) ha calculado el dinero que supone a sus arcas la recogida del millón de colillas que los habitantes tiran al suelo cada día: 200.000 euros anuales. Y basándose en el principio ‘quien contamina paga’, exige a las tabaqueras que paguen esa factura, para lo cual ha enviado ya una misiva al respecto a la filial de Philip Morris para Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y a Cimabel y Fetabel, las organizaciones que aglutinan a los fabricantes  y distribuidores belgas de tabaco. “Se ha planteado en más lugares, como Australia o EE UU”, añade De Granda Orive, “sería una opción, ya que ellos las producen debería ayudar a la limpieza”.

Vizcaíno va más allá: “Quien se lucra en su modelo de negocio con esos filtros que pague los costes que producen, y son costes económicos, ambientales y sociales. Si las tabaqueras no lo pagan, lo hacemos los ciudadanos, fumemos o no”. Por ello, de cara al coste económico y medioambiental, propone una alternativa: un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), al estilo del que funciona en países como Alemania, Finlandia o Noruega para envases de un solo uso y que grupos defensores del medio ambiente quieren implantar en el País Valencià.

El sistema es simple, cobrar por cada cigarro una cantidad que sería devuelta una vez el fumador entregase la colilla utilizada. “Una máquina difícilmente las contabilizaría, con lo que probablemente tendríamos que dárselo a la persona del estanco o a una dedicada a ello”, explica el experto. Y ante la pregunta de dónde saldría el dinero para mantenerlo la respuesta es tajante: “Lo caro es ahora, que lo pagamos entre todos, y como le sale gratis al que se lucra…”. En cualquier caso, no ve problema en cómo conseguir los fondos. “El consumidor soportaría el coste: si devuelve la colilla le devuelven el dinero, pero si no, queda un remanente que es el que utiliza el sistema para cubrir costes”.

Mientras las administraciones comienzan tímidamente a tratar el problema, cerraremos el año con 4,5 trillones de colillas más en el medio. Solo algunas normativas locales raramente utilizadas se interponen entre el acetato de celulosa impregnado de tóxicos y ríos, campos y mares. Quizá la clave de todo esto va más allá y es mucho más simple. La verbaliza Vizcaíno con una frase: “¿Tiene sentido fumar? Te estás matando consumiendo un adictivo, es un ejemplo más de consumo superfluo”.

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7 Comentarios
chachi 10:35 22/10/2018

Sería de gran ayuda que las personas fumadoras por lo menos tuvieran el detalle de no tirar las colillas en cualquier sitio. Solo ese cencillo gesto de apagarlas bien y tirarlas en un cenicero o papelera ayudaría muchísimo con un esfuerzo mínimo.

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#24747 12:59 20/10/2018

¿Tabaco de liar?

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#24752 15:03 20/10/2018

Puede ser una solución si no se usa filtro.

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#24737 8:05 20/10/2018

Los fumadores deberían tener más conciencia cívica sobre estos residuos

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#26739 18:49 26/11/2018

Los fumadores don un colectivo muy amplio, con personas concienciadas ecológicamente entre ellos/as. Los guarros incívicos existen también, sean o no fumadores/as.

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#24755 17:37 20/10/2018

los fumadores quieren morir.

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#24767 20:23 20/10/2018

Que reflexion mas profunda ! Tomate un descanso que estaras muy cansado...

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