Nace Kódigo 73: “No nos quedaremos quietos mientras el fascismo mancha la cultura del hip hop”

Artistas del rap y del grafiti lanzan una plataforma cultural para preservar los valores de un movimiento que ahora se ve amenazado por el intento de apropiación y cooptación de la ultraderecha.
CPV rap hip hop
Reunión de Club de los Poetas Violentos (CPV), X aniversario del disco Grandes Planes. Pinto, 2009. Foto cedida por Selektor Marx.

@econocabreado.bsky.social

Coordinador de la sección de economía

27 mar 2026 07:00

La cultura del hip hop nació en los barrios obreros, en los márgenes, como una herramienta de expresión contestataria usada por aquellos que habitan dichos espacios y donde la música, el grafiti y el break dance eran una manifestación de resistencia e identidad. Pero no una cualquiera, sino una que representa los valores del antirracismo y antifascismo. Una que salía de las gargantas de las personas pobres, racializadas y a las que el sistema no daba voz. No se rimaba por las estadísticas de escuchas o las visitas en YouTube. Mucho menos para generar odio hacia los de abajo o difundir teorías conspiranoicas. El rap siempre ha desplegado su crítica al sistema, a lo establecido y a los poderes que generan esos márgenes sociales que fueron el caldo de cultivo para esta cultura, pero nunca confundieron y entremezclaron esa crítica con ideas fascistas. Todo eso, hoy, está en riesgo.

La ultraderecha sabe que para llegar a la gente joven hace falta cooptar aquellos movimientos, culturas o productos que llegan y consumen esos estratos sociales. El rap y otros géneros similares que en muchas ocasiones se engloban bajo la etiqueta demúsica urbana no se han librado. En los últimos años han aparecido artistas que promueven con sus letras ideas racistas, xenófobas, machistas y clasistas. Algunos ya estaban en la escena, pero vieron un posible nicho de mercado y viraron, arrastrando también a sus oyentes o, por lo menos, intentándolo. En este artículo no vamos a citar sus nombres, ya les hacen suficiente caso los algoritmos de las principales plataformas y redes sociales. Aquí vamos a hablar de la respuesta que ha nacido desde las entrañas de esta cultura.

“El HIP-HOP nació como una respuesta colectiva a la exclusión, a la desigualdad, al racismo y a la violencia sistémica”. Así arranca el comunicado de presentación de Kódigo 73, una plataforma que ha nacido para “defender ese origen, para preservar la esencia histórica, social y política del HIP-HOP y para protegerlo de toda forma de racismo, fascismo, exclusión y apropiación indebida”. Decenas de artistas del rap y del grafiti han firmado este manifiesto de presentación y constitución de una plataforma con la intención de “cuidar, visibilizar y fortalecer la cultura HIP-HOP”.

La idea nace cuando varios conocidos y amigos de esta cultura se dan cita en la presentación del libro Language and Antiracism (Multilingual Matters, 2023) del profesor universitario de sociolingüística en la Universidad de Maryland (Nueva York), rapero y fundador del mítico grupo de rap Club de los Poetas Violentos (CPV) José Magro, conocido como El Meswy, en una librería de Madrid, que se acabó convirtiendo en un debate sobre el auge de artistas de rap con ideas que promueven el racismo y el fascismo de la mano de la ultraderecha. “De ese debate sobre la nueva ola de personas que intentan apropiarse del rap para lanzar mensajes fascistas, de odio y racistas sale la idea de formar esta plataforma”, explica a El Salto Karlos Animal, vocalista de Non Servium y que ha lanzado un proyecto en solitario más próximo al rap, presente en aquella charla en torno al libro. “Quisimos buscar unión entre la gente más concienciada dentro del movimiento, porque sabíamos que debíamos unirnos y preparar algo”, añade El Meswy.

“También queremos tener la oportunidad de ver quién se posiciona en este lado, quién está en el otro o no dice nada, porque, por desgracia, a veces pesa más llegar a más público que posicionarse políticamente”, Karlos Animal

No tardaron mucho en encontrar a esa gente concienciada y descubrir que la misma inquietud ya recorría otros grupos de músicos y artistas del grafiti. De esa unión bajo la misma idea de defender el hip hop nace la plataforma. “No sabíamos ni cómo organizarnos, si con una cooperativa o bajo qué forma, pero sí que queremos que sea horizontal, que no repita precisamente las mismas estructuras de poder que estamos señalando”, dice El Meswy. “También queremos tener la oportunidad de ver quién se posiciona en este lado, quién está en el otro o no dice nada, porque, por desgracia, a veces pesa más llegar a más público que posicionarse políticamente”, lamenta Karlos Animal.

Desde ahí, la idea es hacer “la guerra cultural”. “Sabemos que no funciona siempre lo de bajar al barro porque ellos tienen muchos más seguidores, pero sí que hemos visto que para combatir ese fascismo nos funciona muy bien la estrategia de señalarles con el dedo”, cuenta El Meswy. En cuanto a ese alcance que han conseguido de una forma tan rápida, el rapero de CPV es tajante: “Sabemos que son una minoría, pero tienen muchos medios y mucho dinero de la extrema derecha y, por ello, tienen mucha difusión”. “Es una clara estrategia de la extrema derecha para controlar a la juventud, saben que hay que hacerlo mediante estas músicas y a través de las redes sociales”, añade Karlos Animal.

“Los raperos fascistas confunden la crítica al gobierno, que es algo legítimo y que siempre hemos hecho desde el hip hop, con ser un vocero de la ultraderecha”, Teko de Poestas Puestos

El manifiesto inicial se ha lanzado con un buen puñado de firmantes entre los que se pueden leer desde los nombres que más relucen entre los clásicos de la vieja escuela española a otros que llevan menos tiempo en la escena o que se salen de las líneas del rap, pasando por artistas del grafiti. “Cada vez hay más gente que se quiere unir y apoyar este proyecto”, afirma con alegría Karlos Animal. “Es lo que toca en estos tiempos de auge reaccionario y normalización del fascismo”, dice a El Salto el rapero Nega, integrante de Los Chikos del Maíz, firmantes del manifiesto. En la misma línea apunta Teko, miembro junto a Charly Efe de los Poetas Puestos, que recientemente ha publicado un tema junto al productor Soke bajo el título “Rapero de derechas”, y que se han unido en cuanto han conocido la iniciativa: “Nos hemos adherido porque es necesario defender la base de la cultura hip hop, que siempre ha sido un movimiento antifascista”.

Si los que llevan tantos años en esta cultura tienen claros los orígenes y lo que representa, la pregunta que sobrevuela constantemente es por qué existe ese florecimiento de raperos fachas. Además del tema de los medios de los que disponen que señalaba El Meswy, Teko apunta a que esta “ola de raperos fascistas y de ultraderecha confunden la crítica al gobierno, que es algo legítimo y que siempre hemos hecho desde el hip hop independientemente de quién fuera el partido que gobernara, con ser un vocero de la ultraderecha”. 

“Todos esos discursos no eran para nada normales en los 90 y, de hecho, en cuanto algún rapero o grafitero se juntaba con nazis era señalado”, El Meswy

El Meswy señala otro factor que también ha sido muy debatido. Ese que se esconde detrás de una frase que se ha intentado colar desde diferentes sectores: “Ser de derechas es el nuevo punk”. “Hay un elemento de transgresión, desde el punto de vista de la hegemonía cultural, en el que es normal que gente joven quiera romper con eso y crea que en ello hay rebeldía y transgresividad”, explica El Meswy. “Se han conseguido muchos logros y avances en la sociedad, con el racismo o con otros colectivos como el trans, se ha conseguido que ciertos comportamientos no se vean como normales. Ahí es donde la extrema derecha se ha aprovechado de esos logros para intentar meter ese factor y discurso de la rebeldía. Si no está bien visto el racismo, pues esos chavales ven rebelde decir ‘soy racista y me la suda’”, lamenta el rapero y profesor. “Todos esos discursos no eran para nada normales en los 90 y, de hecho, en cuanto algún rapero o grafitero se juntaba con nazis era señalado”, recuerda.

“No vamos a permitir que reivindiquen a la División Azul y a Primo de Rivera y que, además, les salga gratis. Todo ese odio hacia las personas migrantes no puede darse en el rap, no lo vamos a permitir”, Nega de Los Chikos del Maíz

En la misma línea apunta Teko, pero añadiendo un ejemplo que les toca muy de cerca: “Nosotros tenemos amigos en la cárcel por hacer canciones, no cuela que estos raperos nos vendan que lo suyo es lo punk y lo contestatario”. Se refiere a Pablo Hasél, con el que tanto él, como Charly Efe o Los Chikos del Maíz han colaborado y son amigos desde hace décadas. El Nega lo tiene claro: “El rap no puede es ser nazi. No vamos a permitir que reivindiquen a la División Azul y a Primo de Rivera y que, además, les salga gratis. Todo ese odio hacia las personas migrantes no puede darse en el rap, no lo vamos a permitir”. 

En el listado de firmas hasta el momento se pueden ver muchas artistas que, además de defender la cultura desde la izquierda y contra el racismo, también se tienen que enfrentar al antifeminismo que destilan esta cuadrilla de raperos fachas y machistas. “Hemos tendido a ridiculizar o minimizar el impacto que puedan tener, pero esto asienta un precedente: que todo es válido y que los mensajes discriminatorios se pueden considerar como música alternativa o pensamiento crítico, antimainstream”, explica a El Salto Bittha, una de las componentes del grupo Tribade. Las raperas catalanas, que impregnan de feminismo y antifascismo cada una de sus letras, creen que “el rap facha es un insulto al hip hop y no por ser esencialistas, siempre ha habido muchas expresiones distintas dentro del rap, pero posicionarse del lado del poder ha sido siempre una línea roja”. 

“Se creen políticamente incorrectos por hacer lo que ha sustentado el orden político históricamente: discriminar a minorías”, Bittah de Tribade

En cuanto a esa vertiente antifeminista de esta nueva ola, Bittha ironiza: “Es como que entra en el starter pack de rapero facha, ¿no?”. Pero luego lo aterriza: “En un momento de pérdida de horizonte y perspectiva de futuro, el antifeminismo ha sido capaz de generar espacios de seguridad para los chavales: la masculinidad, la tradición, la patria, el nosotros contra los otros...”. Por lo que, para la rapera, ese componente antifeminista que destilan estos pseudoraperos “no es más que una confirmación de su inseguridad, de su necesidad de buscar un chivo expiatorio, un rato son las mujeres, otro los inmigrantes”. Pero, además, Bittha apunta a lo contradictorio de sus poses de supuesta rebeldía: “Se creen políticamente incorrectos por hacer lo que ha sustentado el orden político históricamente: discriminar a minorías”.

Libro rap en España - 2
Fuenlabrada B-boy Battle (1999/2000). (Cortesía de Gorka 2H)

Como ya explicó el componente de los míticos CPV,  todavía no tienen muy claros los siguientes pasos de Kódigo 73, aunque apunta a “promover temas culturales, charlas, eventos, actividades, incluso un podcast que esté vinculado a la plataforma, que muestre el hip hop como el movimiento de izquierdas de base que es”. Mirando un poco a largo plazo, El Meswy tiene claro que no quieren que el lanzamiento de esta plataforma sea un simple acto simbólico, sino “poder decir dentro de cinco años que hemos conseguido unos objetivos con la juventud y crear un espacio que sea protegido para esos valores y que sea de izquierda real, con valores humanitarios y de derechos humanos”.

Como dice el comunicado de Kódigo 73, “el HIP-HOP no se usurpa, no se blanquea y no se utiliza contra los valores que lo vieron nacer”. “El respeto a los orígenes no es nostalgia: es responsabilidad cultural”, afirma el texto. “Esta plataforma no va a parar de crecer y no nos vamos a quedar ni quietos ni mirando mientras el fascismo mancha una cultura como el hip hop”, concluye Karlos Animal.

Rap
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Represión
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