Promiscua
Maldita vida, tete

Capítulo VI (y último). Conocí al Hippie, el chico más simpático de Levante, a través de Tinder. Me encantó. El problema es que casi me pasa la sarna. Decidí ponerme en contacto con el padre Trevijano, de InfoCatólica, para saber sien su opinión la sarna era consecuencia directa de haberme dejado llevar por la promiscuidad.

Sarcoptes Scabiei
Parásito sarcoptes scabiei.

publicado
2018-09-25 07:00:00

(Viene del capítulo V). “Pues prepárate que tengo una noticia que darte y no es muy buena que digamos. ¿Tú te acuerdas de que cuando quedamos y tal, que yo tenía picorcitos por el cuerpo, que yo fui al médico y tal, y me dijeron que no era nada, que eso era alguna alergia, que no sé qué del verano, la primavera, olé tal y cual? Pues bueno, fui otra vez al médico. Que no es nada. Me hicieron una analítica, que no es nada. Me salía un nivel un poco más alto de lo normal, me dijeron que sería una alergia. Total, que me mandaron al dermatólogo especialista y hoy ya me he cansado de esperar y de mierdas y me he ido al privado, al dermatólogo privado, porque si no a saber cuándo me iban a llamar esta gente del público y me ha dicho que tengo puta sarna. Entonces, pues eso: tú también [risa nerviosa], básicamente. Lo siento mucho, tía. Pero es que yo tampoco lo sabía. Me dijeron que no era nada lo de los picores y ahora me dicen que es puta sarna… entonces, eh, no sé si tienes picores por el cuerpo. Tengas o no tengas, eh, recomiendan, bueno, deberías, o debes, limpiar toda tu ropa a 60º, toda tu ropa que te hayas usado durante las últimas semanas y, eh, ponerte una movida que hay que se llama Permetrina que es barata, vale dos euros y pico, eh, que, o sea o en crema o en líquido, como quieras, o en loción, te la pones hoy. Bueno la crema es un día solo, una aplicación y se te va. Y el líquido es un día por la noche, quitártelo, otro día por la noche y a la semana otro día por la noche. Entonces lo que más te guste, si la crema o la otra. No sé. A mí me dieron el líquido y me dijeron que era más efectivo, pero luego la farmacia otra me ha dicho que la crema es más efectiva entonces no sé. Yo he probado con el líquido y si no se me va voy a probar con la crema. Lo siento muchísimo, tía, pero es que yo tampoco lo sabía”.

Conocí al Hippie, el chico más simpático de Levante, a través de Tinder. Busqué gente que directamente tuviera aspecto alternativo. Toma estereotipo. Guapo, moreno, vegetariano de mentirijilla y risa contagiosa (ja, ja, contagiosa, ¿lo pilláis?). Nació en un pueblo costero aunque lo que le gusta es viajar. Estudió informática y ahora trabaja en una ONG relacionada con cursos, talleres y educación no formal en general, que además implica viajar a muchos sitios y muy frecuentemente. También colabora con un grupo de música relativamente conocido. Su perfil de Tinder rezaba “viajo tanto como puedo y casi siempre con los gastos pagados, ¿sabes cómo lo hago?”.

Me encantó. También se mueve mucho por España debido al grupo, mucho festival. ¿Se puede ser más cool? Quiero ser él de mayor. Me ha permitido saber de una subcomunidad valenciana que merece mucho la pena y gracias a él descubrí que el pedo de las vacas es uno de los elementos más contaminantes del planeta (ver Cowspiracy en Netflix para más información). Me gustaría no perderle de vista, mantener contacto con él, aunque sea de pascuas a ramos y sin mayor relevancia.

Llamé a la oficina de la Conselleria de Sanitat i Salut Pública, les dije (mentí) que había tenido sarna, que me comentaban en la farmacia que podía haber un brote en Benimaclet y que si me podían decir si era cierto

El problema es que casi me pasa la sarna. Fíjate que no tenía ningún picor pero fue escuchar ese mensaje y empezar a sentir escozor por todo mi cuerpo. Fui a Wikipedia, la fuente más fiable cuando se trata de enfermedades contagiosas y cualquier autodiagnóstico médico. Suspiro de alivio: efectivamente se cura con una crema y se contagia con el contacto piel a piel. Llegó la risa. ¿He de ir al médico o al veterinario? Llamé a mi madre, enfermera, para contárselo y la mujer en vez de preocuparse o preguntarme cómo estaba me dijo “pero si ya no hay sarna, está erradicada, ¿no?”. Primera reacción de la madre que me parió. Lleva ya un par de años repitiendo que con la crisis y los constantes ataques a la Sanidad, Educación y a lo público en general, estamos volviendo a los ochenta, que solo falta la heroína. No, mamá, estás muy equivocada. No solo vuelven las drogas intravenosas, también enfermedades controladas como la sarna.

“Pues no sé si me la pasó alguna con la que me lié. El caso es que uno de mis compas [del grupo de música] me dijo que yo en el Viña ya me rascaba. ¡En el Viña! Eso significa que hace por lo menos un mes que lo tengo. En la farmacia no se sorprendieron al verme, y eso que yo pensé que me iban a mirar con grima. Me explicaron que estaba habiendo un brote en Benimaclet”.

Llamé a la oficina de la Conselleria de Sanitat i Salut Pública, les dije (mentí) que había tenido sarna, que me comentaban en la farmacia que podía haber un brote en Benimaclet y que si me podían decir si era cierto. Me pasan con Epidemiología y me atiende una señora de voz grave que me dice que los brotes no afectan a un barrio en general sino a centros y que no tenían constancia de que haya ninguno por la zona de Benimaclet. Les pregunto que si podrían confirmar por email esa información. La mujer quiere saber si le pregunto esto por la llegada del Aquarius y le digo que no, que la sarna la contraje antes pero que lo había ido dejando y que me estaba informando ahora. Me contesta que no pueden facilitar esa información por email y que para qué la quiero:

—Pues mire, me gustaría contar con una prueba demostrable de que ustedes han dicho que no hay brote para tenerlo en cuenta en caso de tener que organizarnos y evaluar el sistema sanitario.
—Tenga usted por seguro que de haber una alerta lo comunicamos.
—Pues si tienen un servicio de atención por email, no tendría que haber ningún problema para registrar conversaciones como hace la mayor parte de los servicios de atención al cliente.
—No podemos dar esa información porque es más o menos de carácter confidencial [¿confidencial? Si no se trata de una enfermedad peligrosa. Se cura con una crema], pero puede mirar el informe anual de epidemiología.
—¿Dónde está?
—En nuestra página.
—Estoy mirando la página en estos momentos.¿Dónde exactamente?
—Pues no lo sé.

Escribo un email y un tuit realizando la misma consulta a sabiendas de que no contestarán, solo para dejar constancia.

Decidí ponerme en contacto con el padre Trevijano, de InfoCatólica. “Miren, estoy escribiendo un artículo que se publicará en www.elsaltodiario.com y tengo un par de dudas respecto a su artículo ‘La promiscuidad sexual’”

Por su parte, decidí ponerme en contacto con el padre Trevijano, de InfoCatólica, para saber si en su opinión la sarna era consecuencia directa de haberme dejado llevar por la promiscuidad. Hablé con la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño para intentar localizarle porque su bio de InfoCatólica lo situaba por la zona. A esas alturas estaba bastante segura de que estos escritos se publicarían en El Salto así que fui sincera. “Miren, estoy escribiendo un artículo sobre el doble rasero de la promiscuidad que no les gustará y que se publicará en www.elsaltodiario.com. Me gustaría ponerme en contacto con el Padre Trevijano porque tengo un par de dudas respecto a su artículo ‘La promiscuidad sexual’”.

El Padre Trevijano ronda los 80 años y está perfectamente. Al menos de la cabeza porque no nos llegamos a ver en persona. Le expliqué por email lo mismo que a los de la Diócesis y me respondió agradeciéndome la sinceridad. Tuvo mucha clase. Al turrón: ¿esto de la sarna es o no un castigo divino?

Le dije que la premisa de partida de mi serie de artículos era acostarme con una persona distinta cada día durante un mes y lo que fuera sucediendo por el camino. Como respuesta me mandó un artículo de su libro “Orientación cristiana de la sexualidad”, que defendía unas pautas claras.

Hay una relación directa entre SIDA y promiscuidad. “La enfermedad está ligada con frecuencia a la promiscuidad en los comportamientos sexuales, no a la orientación sexual, por lo que la mejor prevención está en la autodisciplina higiénicosanitaria que consiste en vivir responsable y moralmente la propia sexualidad, a ser posible no por miedo, sino por convencimiento personal […] El contagio está ligado a la conducta, y sólo un cambio de ella, es decir una conducta moral y sexual adecuada y responsable, basada en la castidad y fidelidad, puede prevenir el mal”.

El preservativo es un mal asunto. “Estas campañas [para el uso de los profilácticos] parten del falso presupuesto de que la sexualidad está al servicio del placer físico individual, porque es un impulso que puedo satisfacer sin más controles y límites que evitar las enfermedades venéreas y los embarazos no deseados, y que esto es lo realmente neutral, objetivo y científico”.

La promiscuidad no da la felicidad. “La ausencia de unas pautas morales llevan a interiorizar la idea de que en materia sexual no hay normas, llegándose así a la banalización de la sexualidad y a la degradación personal. El sexo presuntamente sin riesgo se convierte en sexo sin humanidad, sin hondura, sin amor y por eso mismo sin felicidad”.

Nuestra conversación acabó centrándose en el SIDA así que me quedaré sin saber si en concreto la sarna que casi me contagia el hippie es fruto de mi vida de promiscuidad. Sí que entiendo que la tesis inicial de estas crónicas marcaría alto en el Pecadómetro del Padre Trevijano, que está más cerca de Dios que yo, así que probablemente yo sea más pecadora que santa. Tengo que empezar a redimirme cuanto antes.

Qué poco nivel, Maribel, la sarna es la enfermedad menos elegante que hay. Podía haber sido anemia como la mujer romántica del siglo XIX, un vahído al mismo tiempo que me tapo la frente con el dorso de la mano. ¿Quién cojones pilla la sarna? “Sí”, el Hippie coincidió conmigo. “Suena a algo muy chungo tipo lepra”.

“Haz todo lo que te digan los profesionales. Eres una chica estupenda pero con sarna. Nadie es perfecto”

Sarna. Extremadamente contagiosa, mierda. El 99% de las veces el ácaro muere al día de aplicar la crema, bien.

Escribí por WhatsApp a mi padre, que se preocupó mucho por mi salud: “Haz todo lo que te digan los profesionales. Eres una chica estupenda pero con sarna. Nadie es perfecto”. Uno de mis mejores amigos, que nunca llama, me telefoneó nada más recibir mi mensaje de pánico. “Jajaja, sarna. Te tendrán que poner un traje de astronauta en el hospital. Cuarentena. Sarna como los perros. Si quedamos te quiero en el otro lado del bar. No te vuelvas a acercar nunca. Jajaja. Es como coger la peste bubónica o la tuberculosis. Jajaja. ¿puedo incluirlo en mi próximo monólogo?”.

Tuve que ir a Urgencias en Madrid y decirle a la de recepción que creía que tenía la sarna. Seguro que le dio igual y además podría haber pensado que soy adiestradora de perros, pero en mi cabeza todos me miraban y me señalaban. El doctor me vio dos segundos y me dijo que no tenía sarna pero que tardaba un mes en inocular.

Como hacía casi 30 días que no veía al Hippie, estaba bastante segura de no haberla contraído. Pero lo peor es que tuve que comerme el orgullo y ponerme en contacto con un chico al que, siguiendo mi estela de madurez, había bloqueado de las redes sociales y eliminado de la agenda en medio de una conversación solo porque sabía que yo a él no le gustaba ni la mitad de lo que él me atraía a mí —pasaba de mí— y quería evitar problemas y preocupaciones. Lo hice mientras hablábamos y la última frase que intercambiamos fue suya, preguntándome “¿me has bloqueado del Facebook?”, justo antes de que impidiera comunicación alguna también por móvil. Pues, amigos y amigas, para que luego no digan que el universo no provee, tuve que buscar su número en la conversación de Tinder, llamarle y tras comprensiblemente no recibir contestación, mandarle un mensaje de voz diciéndole que probablemente tuviera sarna y que lo sentía en el alma. Y aún con todo, este buen hombre tuvo a bien darme las gracias por avisarle. Bochornoso.

Hay que saber reconocer cuando nadie tiene la culpa, que los chivos expiatorios son buenos compañeros. No era culpa del Hippie, no se lo habían diagnosticado y me lo dijo tan pronto como se enteró. Simplemente fue mala suerte y falta de respuesta de la asistencia sanitaria.

Muchas personas que leen estas crónicas esperan una moraleja al final y algunas incluso confiaban en que la última historia fuera yo conociéndole a él. La persona definitiva con la que voy a compartir mi vida y unas perdices. Nada más lejos de la realidad. Las pequeñas miserias de la vida no son lo mejor, pero casi, si sabes tomártelas con tranquilidad y puedes hablar con alguien abiertamente sobre ello. Tengo la enorme suerte de contar con unos padres tan abiertos y comprensivos como potentes a la hora de defender aquello en lo que creen. Mi padre se ha encargado de leer repetidas veces el texto, darme su opinión, traumatizarse y descubrir, a sus casi 70 años, la cantidad de situaciones incómodas que tenemos que sobrellevar las mujeres en nuestro día a día. También tengo suerte de contar con un núcleo de amigos y amigas dispuestos a dedicarle un par de horas a hablar sobre temas difíciles.

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1 Comentario
#30265 25:09 7/2/2019

Te quiero, Isabel

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