Pobreza
Extremadura y los números de la pobreza

El 8º Informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN) deja unas cifras alarmantes para Extremadura. Pero, efectivamente, detrás de los número hay personas, seres de carne y hueso que, al contrario de lo números, no pueden aguantarlo todo. 

@manoguer
18 oct 2018 09:45
Al final, entre el humo de las promesas pasadas y el brillo de los presentes escaparates, la realidad de los números se impone, cruel: Extremadura ofrece la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social más alta del país. Así lo cuenta el 8º Informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN) presentado este martes, 16 de octubre, en el Senado. La tasa extremeña es de un vergonzoso 44,3 por ciento, rebasando en 17,7 puntos la media estatal, fijada en el 26,6%. Le acompañan a corta distancia (triste consuelo) Canarias (40,2%); Andalucía (37,3%); Ceuta (35,8%); Murcia (34,7%); Castilla-La Mancha (33,9%); Comunidad Valenciana (31,3%) y Melilla (29,4%).

Al otro extremo, el panorama de un país cada vez más distinto, más otro: Navarra, (13,5%; La Rioja (14,4%); Comunidad Autónoma Vasca (14,5%); Aragón (15,8%); Asturias (17,2%); Castilla y León (18,4%); Catalunya (19,4%); Cantabria (20,5%); Madrid (20,6%); Galicia (22,6%) y Baleares (24,7%). No son números para echarse la siesta pero son definitivamente algo más amables para quienes aún creen que hay algo de vida en el Estado que un día fue de bienestar.


Los cálculos, las palabras desvestidas y cuatro lecturas simples

¿Y cómo se calculan estos tantos por cientos? ¿Qué ecuación despeja la x de Extremadura? Lo hace la tasa AROPE, calculada sobre tres variables: la tasa de riesgo de pobreza (no superar en ganancias económicas el 60% del salario medio), la privación material severa y la baja intensidad de empleo en los hogares. Desnudando las palabras, para presentar la verdad accesible, entendible: la gente que gana poco (sin llegar a sobrepasar más allá de unos puntos la mitad de la media salarial), la que no trabaja o lo hace esporádicamente y la que, ya, es pobre de solemnidad, alcanza en Extremadura el 44,3 por ciento. Un atronador 44,3 por ciento.
La tasa extremeña es de un vergonzoso 44,3 por ciento, rebasando en 17,7 puntos la media estatal, fijada en el 26,6%

Lectura sencilla número uno: casi la mitad de la población extremeña es pobre o está en riesgo severo de serlo. Lectura sencilla número dos: la fractura territorial en la pobreza ya es un hecho. Tomen nota al respecto los hooligans de la unidad patria, poco dados a moverse en el espacio de las desigualdades materiales. Lectura sencilla número tres: Extremadura está en la periferia económica y territorial, diga lo que diga quien quiera que la gobierne, y no hay ningún signo desde el que atisbar mejora ninguna (se nos había pasado comentar que esa Red Europea también certifica que, desde 2011, esta tasa de la vergüenza se ha incrementado en la región extremeña 8,5 puntos porcentuales). Lectura sencilla número 4, y última: si esto no estalla es por la existencia evidente de una economía sumergida operando bajo reglas de total descontrol salarial y de derechos, de unas redes familiares y solidarias que no van a ser infinitas en el tiempo y de una precarización laboral absoluta (que en el medio rural y el empleo femenino alcanza su máxima expresión).


Las cuentas y los cuentos que las explican

Durante las casi cuatro décadas de monocultivo del PSOE (con el intermedio añadido de Monago y el Partido Popular) la clase dirigente extremeña ha sido incapaz de generar un mínimo tejido productivo que pudiera fijar empleo, recursos y población en una comunidad que han gobernado a placer, con altísimos consensos electorales y beneficiándose (cuando no directamente administrando) inmensos recursos materiales provenientes de Europa.

Las explicaciones al desaguisado son muchas y poco amables con quienes han regido los destinos de esta tierra, pero la primera traducción parece simple: o se ha gastado mal, o se ha gastado poco, o donde no se debía, o en algún sitio estará la pasta... Parte de ella está, de hecho, a la vista, encarnada en intensas redes clientelares soportadas sobre la imperiosa necesidad de empleo (en el 25% de desempleo estamos, solo 9 puntos por encima de la media del país, una minucia), en infraestructuras pomposas y a menudo superfluas, en el apoyo a un sistema extractivista que se limita a exportar recursos, materias primas (felicitándose por ello) y mano de obra (lloriqueando como si la emigración fuera un designio divino, ajeno a las decisiones de quien efectivamente manda), sin asentar ningún tipo de economía local independiente y con vocación y posibilidades de futuro.

Si esto no estalla es por la existencia evidente de una economía sumergida operando bajo reglas de total descontrol salarial y de derechos, de unas redes familiares y solidarias que no van a ser infinitas en el tiempo y de una precarización laboral absoluta

La herida también se abre por la parte del modelo de desarrollo que se evidencia, sustentado de un modo determinante en la sangría ecológica, en una agricultura y ganadería al servicio y bajo control de mercados ajenos, orientada a alimentar barato y ubicando sus beneficios más relevantes definitivamente fuera de los núcleos de producción. Eso, en otros tiempos, se llamaba relación colonial, pero como no quisiéramos parecer antiguos nos conformamos con llamarlo saqueo.

Arriba, además, dicen que esto mejora, que está mejorando, que prosperamos. Llevan así, “prosperándonos”, cuarenta años. Ocultando en su discurso calculadora y números, a base de cuentos. Cabe el doloroso consuelo de que cada vez los escucha menos gente, por la sencilla razón de que el personal termina marchándose. Mientras España ha visto incrementar su población, desde 1920, de 22 millones de habitantes hasta casi 47, Extremadura tiene prácticamente el mismo censo que entonces. O no nace gente, o mucha de la que nace, simplemente, se va y no vuelve.


Para enfrentar los números, presupuestos. Mirando a Madrid

Que la intervención en situaciones de urgencia social como la que, someramente, estamos describiendo, es declarada responsabilidad de la Administración, parece evidente. En ese sentido, cabría esperar el desarrollo de una política agresiva por parte de quien tiene los recursos y la legitimidad necesarios para implementarla: quien gobierna (y de refilón, quien con su apoyo, cree hacerlo). Miremos a la reciente negociación presupuestaria, al rimbombante Acuerdo de Presupuestos para 2019 y al escaparate montado en torno al mismo -pero afinando la vista- y descubramos, al fondo y a la derecha, en la zona de sombras (el incremento del Salario Mínimo Interprofesional y otros avances estarían en el tendido de sol, aunque tibio) más de lo mismo: se recorta el gasto público a niveles de 2007. ¡Como hace 11 años! Austeridad neoliberal y punto, que nadie espere ninguna expresión inmediata de giro a la izquierda fuera de los focos y los flashes de las cámaras.
Mientras España ha visto incrementar su población, desde 1920, de 22 millones de habitantes hasta casi 47, Extremadura tiene prácticamente el mismo censo que entonces

Europa impone un cumplimiento estricto de los objetivos de déficit que obliga a no gastar... o a no invertir, que sería el otro punto de vista. Y aquí, en el suroeste, habría que invertir hasta desfallecer, pero va a ser que no. Reino de España, capital: Bruselas. Y si le toca esperar a Madrid, cae de cajón que Extremadura puede seguir con las barbas a remojo alguna década más. Aunque estamos de suerte, porque como somos pobres, somos región Objetivo 1 (aquellas regiones que no alcanzan el 75% del Producto Interior Bruto medio en la Unión Europea, vamos a por el récord, y que reciben por ello ayudas extraordinarias de la misma) y como somos Objetivo 1, quien manda aquí tiene asegurado un pequeño salvavidas. Aunque luego, de cara a la galería, se pelee denodadamente para dejar de ser ese 1 en pobreza tan, tan, tan objetivo y con tanto dinero fluyendo para compensar malos gobiernos.


¿Qué hacer?

De PSOE o PP nada se espera. O bien por incomparecencia o bien por ser agentes activos de la ineficiencia, el expolio y la situación de dependencia extremeños. Quien a estas alturas de la película quiera ver otra cosa es muy libre de perder el tiempo a su entero deseo. Las fuerzas del cambio, por eso, esperemos que no agoten su impulso en una vía institucional subalterna de un PSOE que aún se debe estar riendo de cuando, hace nada, se hablaba de su “pasokización”. Que el PSOE (y menos el extremeño) no era el PASOK suponemos que habrá quedado claro a más de alguno.
Cabría esperar el desarrollo de una política agresiva por parte de quien tiene los recursos y la legitimidad necesarios para implementarla

Habiendo tantísimo que explicar a pie de calle resultaría incomprensible que no se entendiera la crucial importancia que tiene hacer llegar estos números que acabamos de esbozar a las mayorías sociales que se convierten en sus principales víctimas. No parece tiempo de estrategias gobernistas ni de demostrar responsabilidades en políticas que no son las propias porque, sencillamente, no se está gobernando. Y que las elecciones están a la vista y haya que, por eso, templar gaitas, no sirve como excusa, sirve como agravante. O esa indispensable explicación de una emergencia económica desbocada se hace desde una perspectiva radicalmente crítica al neoliberalismo, y sin contemplaciones, o vendrán otros que la harán con las argumentaciones más burdas, atendiendo a las pasiones más tristes y, al final, nos encontraremos con que los pobres lo habrán sido por falta de actitud y emprendimiento, la culpa de la crisis endémica de Extremadura será de los inmigrantes (aunque no haya) o los catalanes (eso funciona siempre) y ese 44,3 por ciento de pobres o casi pobres se creerán, de corazón, que son clase media.

Las élites locales, en el entretanto, agradecidas por el favor, seguirán a lo suyo, a lo que llevan haciendo toda la vida. Y eso sucederá, también, porque quien pudiendo mostrar las cuentas y las verdades no hizo la labor pedagógica necesaria, esa labor que va mucho más allá de la representación y las instituciones. El empeño estéril en mostrar un perfil de responsabilidad y gobierno puede pasar una factura de números realmente estrafalarios. O se pelea o llevamos camino de ver cómo, una mañana, cualquier joven cogerá la maleta para emigrar, se montará en el tren camino de Madrid y, tristemente, solo podrá evitar su definitivo exilio el hecho de que su vagón quedará varado, a mitad de camino, víctima de una avería. Que ya se sabe lo que pasa con los trenes por estas latitudes.

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8 Comentarios
Chomoi 8:06 20/10/2018

La foto de la plaza de Los Mostenses en Madrid, del gran Minguito, no se a qué viene.xP

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#24770 23:38 20/10/2018

Ahí, ahí, siempre atentos a lo esencial...

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#24675 7:56 19/10/2018

En la España de Franco, aquellos que querían huir de las duras labores del campo, o no tenían medios para estudiar, se metían en el seminario. Con la llegada de la democracia una riada de gente sin otra alternativa de progreso social, encontraron en la política un camino fácil para acomodarse en el sillón de la prosperidad.

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cf 7:41 19/10/2018

Durante el franquismo y el postfranquismo quienes querían escapar de la dureza del trabajo en el campo, se metían en el seminario. Con la llegada de la democracia mucha gente encontró similar acomodo haciéndose político tras la búsqueda del sillón. De esa falsa profesionalidad sufrimos los lodos actuales.

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#24669 25:27 18/10/2018

En la casa de mi suegro extremeño hay un libro cuyo título dice: Extremadura saqueada (https://www.elsaltodiario.com/saltamos-extremadura/cuatro-decadas-encima-de-extremadura-saqueada). No lo he leído aún pero creo que su lectura sería imprescindible, primero para los propios extremeños, y luego para el resto de españoles.
Por otro lado, en agosto estuve allí (cerca del Parque Natural del Tajo Internacional) y no me imaginaba la gran riqueza natural que tiene ese enclave. En mi opinión, Extremadura es una potencia ecológica que deberíamos saber explotar sin cargarnosla. Es deprimente que los ingleses conozcan más este lugar y vayan hasta allí por su aficción a la observación de aves (birdwhatching) que los propios españoles, de hecho, dudo que algunos sepan que a parte de haber toros de lidia y caza, también hay otros recursos.

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Óscar 13:08 18/10/2018

Con el clientelismo que hay a nivel regional y municipal es casi imposible mover al régimen establecido.

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#24632 12:37 18/10/2018

Espero que la sociedad extremeñe se movilice por esta terrible realidad como se está movilizando con el tema del tren o temas similares

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#24625 10:35 18/10/2018

Tremendo estos datos, a ver si tanto falso patriota se deja ya de guerra de banderas y afronta los problemas reales y urgentes de la población

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