Pista de aterrizaje
Delmi González Galeano: “Trabajando de interna no tienes una vida”

Delmi González Galeano migró hace seis años y ha trabajado de empleada de hogar en régimen de interna. El año pasado cambió a camarera. Ahora tiene cuerpo y tiempo para hacer, compartir y vender sus dibujos e ilustraciones.

Delmi González Galeano
Delmi González Galeano, madre migrante. David F. Sabadell

Delmi González Galeano recuerda bien la fecha en que migró hace seis años desde El Salvador: 27 de diciembre de 2013. Una decisión muy meditada y difícil que la separó de sus dos hijos. Pero la situación la ahogaba y sabía que tenía que dar ese paso. En Madrid, ha trabajado de empleada de hogar en régimen de interna. El año pasado cambió a camarera. Ahora tiene cuerpo y tiempo para hacer, compartir y vender sus dibujos e ilustraciones.

¿Cómo fue tu llegada?
Llegué a pasar aquí la Nochevieja y el 8 de enero ya estaba trabajando en una casa. Me tiré de interna hasta abril de este año. El año pasado fui a mi tierra a celebrar la graduación de bachillerato de mi hijo y me dieron ganas de no seguir, porque ves que hay otro mundo en el que no hay que estar todo el tiempo al servicio de la gente. De interna no tienes una vida.

¿Cómo tomaste esa decisión teniendo familia?
Llegó un momento en que dije “me estoy ahogando” y si no salía tampoco sobreviviría, así que decidí venirme por mis hijos, por las necesidades económicas. A mi madre le dolió mucho porque ella es una mujer migrante y vivió quince años en EE UU trabajando como una burra.

Y lo del dibujo, ¿cómo vino?
Me saqué una carrera, Derecho, pero el arte era lo que más me gustaba. Como no tenía trabajo, me salió dar clases de artes en un instituto de formación profesional. La que era entonces mi jefa me ayudó a meterme en enseñanzas de Pedagogía y me saqué varios cursos. Luego trabajé con mujeres de zonas peligrosas donde el machismo está muy enraizado.

¿Cuál ha sido tu experiencia como interna?
A veces la gente es cruel, te tratan con cierto desprecio, sobre todo cuando no tienes papeles, y no siempre te pagan lo justo. Lo cosa es que muchas veces vienes a atender caprichos: “Lústre los zapatos del niño; este calcetín está del revés, póngamelo derecho”. Cuando la mujer de la primera casa en que trabajaba se enteró de que yo pintaba, le regalé cuadros y volví a pintar. Luego me fui a cuidar a una persona mayor, y esta gente me dijo que me hacían los papeles, por eso me quedé ahí tres años. Eran dos casas, seis personas, un sueldo. Solo libraba entonces los domingos, y estuve así cinco años.

¿Crees que el trabajo de interna debería de dejar de existir?
Sí, lo tienen que quitar... ¡ya! Porque te vuelven una esclava moderna. El trabajo de interna es injusto, está mal pagado, hay muchísimos abusos psicológicos, económicos, sexuales, acoso... Es muy duro y lo tienes que vivir sola y encerrada. Te matan la moral, te matan el empuje de ser humano y de mujer también. Te van achicando hasta que te preguntas para qué voy a luchar.

Entonces no tenías un entorno de confianza porque estabas de interna... ¿Cómo supiste de Sedoac, Servicio Doméstico Activo?
Un día fui y encontré a Carolina. Nos dimos cuenta de que nos habíamos graduado en la Universidad Centroamericana. Me sentí arropada y así comencé a enrollarme más y más. Este año, el 30 de marzo, cuando hicimos la concentración en Sol, le dije a Carolina que el cartel lo hacía yo. Y eso fue la entrada. Me di cuenta de que la única manera que yo tenía de expresarme era así y he vuelto a retomar el dibujo.

Migrar tiene su precio: pagas soledad, pagas tristezas, abusos de toda índole. Pero te enseña a ser más fuerte

Tienes también un mural en el Centro de Empoderamiento de Trabajadoras del Hogar de Usera...
Sí, ellas conocían mis dibujos y decidieron por consenso poner parte del cartel que había hecho para el 30 de marzo en la fachada. Es un orgullo, porque para mí es un nosotras, y eso es lo que me han enseñado: a arroparte, a cuidarte.

¿La migración puede ser también una forma de empoderamiento?
Migrar tiene su precio: pagas soledad, pagas penas, tristezas, abusos de toda índole. Pero te enseña a ser más fuerte, es que no te queda opción. Porque sabes que están los tuyos atrás y que tenés que mantenerlos. Mi hijo en la universidad, mi hija en el colegio... tenía que echarle ganas. Y luego echarle ganas por mí. Lo que me gusta cuando voy al centro es compartir con mis amigas, mis hermanas, como yo digo. Tal vez no nos conozcamos todas, pero sé que lo que he vivido a una de ellas le puede servir. No quiero que nadie pase lo que he pasado.

¿Y tus hijos?
Algún día Fernanda y Eduardo van a estar conmigo. Van a tener oportunidad de ver otra vida si ellos la quieren coger... A mi hijo mayor le digo: yo te doy todos los caminos, el que tu escojas yo te voy a apoyar.

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3 Comentarios
#43556 19:39 23/11/2019

Trabajando en las minas, en las zanjas, en los andamios tampoco hay vida.
Ah espera, que solo los hombres trabajan en estos sitios???
No importa, son hombres, eso no cuenta

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#43525 23:29 22/11/2019

La vida de interna es, dejar de vivir tu para que vivan los tuyos

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Tathy garcia 12:41 21/11/2019

Eres una gran mujer luchadora
Tranajadira, estas hecha toda una madraza se lo que haz pasado y sabes que me tienes para apoyarte en lo que nesecites te quiero mucho. Y sabes que despues de la tormenta viene la calma. Te quiero mucho mi niña

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