Pista de aterrizaje
Delmi González Galeano: “Trabajando de interna no tienes una vida”

Delmi González Galeano migró hace seis años y ha trabajado de empleada de hogar en régimen de interna. El año pasado cambió a camarera. Ahora tiene cuerpo y tiempo para hacer, compartir y vender sus dibujos e ilustraciones.

Delmi González Galeano
Delmi González Galeano, madre migrante. David F. Sabadell

publicado
2019-11-21 06:00

Delmi González Galeano recuerda bien la fecha en que migró hace seis años desde El Salvador: 27 de diciembre de 2013. Una decisión muy meditada y difícil que la separó de sus dos hijos. Pero la situación la ahogaba y sabía que tenía que dar ese paso. En Madrid, ha trabajado de empleada de hogar en régimen de interna. El año pasado cambió a camarera. Ahora tiene cuerpo y tiempo para hacer, compartir y vender sus dibujos e ilustraciones.

¿Cómo fue tu llegada?
Llegué a pasar aquí la Nochevieja y el 8 de enero ya estaba trabajando en una casa. Me tiré de interna hasta abril de este año. El año pasado fui a mi tierra a celebrar la graduación de bachillerato de mi hijo y me dieron ganas de no seguir, porque ves que hay otro mundo en el que no hay que estar todo el tiempo al servicio de la gente. De interna no tienes una vida.

¿Cómo tomaste esa decisión teniendo familia?
Llegó un momento en que dije “me estoy ahogando” y si no salía tampoco sobreviviría, así que decidí venirme por mis hijos, por las necesidades económicas. A mi madre le dolió mucho porque ella es una mujer migrante y vivió quince años en EE UU trabajando como una burra.

Y lo del dibujo, ¿cómo vino?
Me saqué una carrera, Derecho, pero el arte era lo que más me gustaba. Como no tenía trabajo, me salió dar clases de artes en un instituto de formación profesional. La que era entonces mi jefa me ayudó a meterme en enseñanzas de Pedagogía y me saqué varios cursos. Luego trabajé con mujeres de zonas peligrosas donde el machismo está muy enraizado.

¿Cuál ha sido tu experiencia como interna?
A veces la gente es cruel, te tratan con cierto desprecio, sobre todo cuando no tienes papeles, y no siempre te pagan lo justo. Lo cosa es que muchas veces vienes a atender caprichos: “Lústre los zapatos del niño; este calcetín está del revés, póngamelo derecho”. Cuando la mujer de la primera casa en que trabajaba se enteró de que yo pintaba, le regalé cuadros y volví a pintar. Luego me fui a cuidar a una persona mayor, y esta gente me dijo que me hacían los papeles, por eso me quedé ahí tres años. Eran dos casas, seis personas, un sueldo. Solo libraba entonces los domingos, y estuve así cinco años.

¿Crees que el trabajo de interna debería de dejar de existir?
Sí, lo tienen que quitar... ¡ya! Porque te vuelven una esclava moderna. El trabajo de interna es injusto, está mal pagado, hay muchísimos abusos psicológicos, económicos, sexuales, acoso... Es muy duro y lo tienes que vivir sola y encerrada. Te matan la moral, te matan el empuje de ser humano y de mujer también. Te van achicando hasta que te preguntas para qué voy a luchar.

Entonces no tenías un entorno de confianza porque estabas de interna... ¿Cómo supiste de Sedoac, Servicio Doméstico Activo?
Un día fui y encontré a Carolina. Nos dimos cuenta de que nos habíamos graduado en la Universidad Centroamericana. Me sentí arropada y así comencé a enrollarme más y más. Este año, el 30 de marzo, cuando hicimos la concentración en Sol, le dije a Carolina que el cartel lo hacía yo. Y eso fue la entrada. Me di cuenta de que la única manera que yo tenía de expresarme era así y he vuelto a retomar el dibujo.

Migrar tiene su precio: pagas soledad, pagas tristezas, abusos de toda índole. Pero te enseña a ser más fuerte

Tienes también un mural en el Centro de Empoderamiento de Trabajadoras del Hogar de Usera...
Sí, ellas conocían mis dibujos y decidieron por consenso poner parte del cartel que había hecho para el 30 de marzo en la fachada. Es un orgullo, porque para mí es un nosotras, y eso es lo que me han enseñado: a arroparte, a cuidarte.

¿La migración puede ser también una forma de empoderamiento?
Migrar tiene su precio: pagas soledad, pagas penas, tristezas, abusos de toda índole. Pero te enseña a ser más fuerte, es que no te queda opción. Porque sabes que están los tuyos atrás y que tenés que mantenerlos. Mi hijo en la universidad, mi hija en el colegio... tenía que echarle ganas. Y luego echarle ganas por mí. Lo que me gusta cuando voy al centro es compartir con mis amigas, mis hermanas, como yo digo. Tal vez no nos conozcamos todas, pero sé que lo que he vivido a una de ellas le puede servir. No quiero que nadie pase lo que he pasado.

¿Y tus hijos?
Algún día Fernanda y Eduardo van a estar conmigo. Van a tener oportunidad de ver otra vida si ellos la quieren coger... A mi hijo mayor le digo: yo te doy todos los caminos, el que tu escojas yo te voy a apoyar.

3 Comentarios
#43556 19:39 23/11/2019

Trabajando en las minas, en las zanjas, en los andamios tampoco hay vida.
Ah espera, que solo los hombres trabajan en estos sitios???
No importa, son hombres, eso no cuenta

Responder
3
2
#43525 23:29 22/11/2019

La vida de interna es, dejar de vivir tu para que vivan los tuyos

Responder
1
1
Tathy garcia 12:41 21/11/2019

Eres una gran mujer luchadora
Tranajadira, estas hecha toda una madraza se lo que haz pasado y sabes que me tienes para apoyarte en lo que nesecites te quiero mucho. Y sabes que despues de la tormenta viene la calma. Te quiero mucho mi niña

Responder
1
3

Destacadas

Vivienda
Calviño vuelve a echar agua fría sobre la regulación del alquiler pactada con Podemos
La ministra de Economía y vicepresidenta del Gobierno, Nadia Calviño, respalda al Banco de España y dice que la regulación de precios del alquiler no ha funcionado en otras ciudades.
Laboral
Meter prisa al repartidor en medio de un temporal

La falta empatía de los clientes, la precariedad y la ausencia de una normativa clara que les defienda hace que los repartidores de comida se jueguen la vida cuando hay un temporal como el que ha arrasado recientemente la costa mediterránea.

Salario mínimo
Subida del SMI: un acuerdo suficiente si estuviéramos en 2015, dicen algunos sindicatos

El acuerdo para la subida del SMI no ha gustado en el sindicalismo vasco y gallego por quedarse corto, pero hay algo más: una desconfianza a que la recuperación del diálogo social no sea tan positivo para la mayoría trabajadora.

Fronteras
Un hombre encerrado en un CPR italiano muere tras recibir una paliza de varios policías

La víctima, Vakhtang Enukidze, tenía 38 años y era de origen georgiano. Murió el pasado 18 de enero, cuatro días después de haber sido violentamente agredido por unos diez policías en el interior de un CPR (Centro Permanente para la Repatriación), una prisión no formal que en Italia cumple funciones similares a los CIEs españoles.

Últimas

Tecnología 5G
Organizaciones médicas, ecologistas y científicas reclaman paralizar la instalación del 5G

Una resolución del Defensor del Pueblo reconoce que la implantación de la tecnología 5G en España no ha sido objeto de evaluación ambiental previa. Tampoco se ha hecho en el caso del Plan 5G ni de los proyectos piloto derivados del mismo, en los que se va a utilizar una banda de frecuencias para las que aún no se han fijado los límites de exposición seguros. 

Filosofía
Unabomber y la fragilidad de las sociedades sostenibles
“Desarrollo sostenible” es el oxímoron con el que Occidente legitima un proyecto civilizatorio colonialista en el corto plazo, y suicida en el largo.
América Latina
“Ya estamos transformando el Perú”
Gahela se define como trans mujer, feminista, migrante e indígena y postula al Congreso del Perú con uno de los programas más valientes e interseccionales de la emergente y diversa izquierda peruana.
Memoria histórica
Contra el pin parental, la vocación democrática de las maestras de la República

Las maestras y los maestros republicanos fueron los funcionarios más represaliados por el franquismo. Parece que debemos seguir insistiendo en que nuestros conciudadanos se pregunten por qué. Sobre todo en Murcia

Antiespecismo
Los animales a los que rescatamos, y aquellos a los que no
La crisis de incendios forestales en Australia arroja luz, una vez más, sobre las incoherencias que hay tras el trato que les damos a los animales.