Patrimonio
Dolmen de Dalí, entre la arbitrariedad, la corruptela y la omisión

Inaugurado en 1986 y diseñado por el propio Salvador Dalí, la remodelación del conjunto monumental El Dolmen de Dalí en 2002 supuso un inventario de arbitrariedades que el actual Ayuntamiento tiene el mandato de revertir.

Plaza de Dalí, en Madrid
Plaza de Dalí, en Madrid. Manuel M. Vicente

publicado
2019-03-01 06:00

Un acuerdo entre Salvador Dalí y Enrique Tierno Galván fechado el 12 de noviembre de 1985 puede ser el comienzo de esta historia. El entonces alcalde de Madrid y el artista de Figueres sellaron el plan: el acta del encuentro y la documentación posterior recoge el acuerdo para crear un monumento de cuatro partes.

La primera, una figura de piedra en forma de dolmen de 13,13 metros de altura, en alusión a la más antigua construcción conocida de la especie humana, cuyos soportes convergen hacia la parte superior, simbolizando el primer intento de la humanidad de desafiar la gravedad.

La segunda, una escultura humana, en bronce, en clave surrealista, en homenaje a Isaac Newton, que sostiene un péndulo de forma esférica, en obvia alusión a la Ley de la Gravedad, descubierta por el físico. En un hueco del pecho hay otra bola que, a modo de corazón, podría señalar la conexión de la condición humana con el cosmos.

La tercera parte es un pedestal cúbico de piedra negra, como soporte de la escultura, en cada uno de cuyos cuatro lados se insertan —en color dorado— las cuatro letras que componen el nombre Gala, la musa de Dalí.

Finalmente, el piso de granito, hoy desaparecido. Consistía en un pavimento radial y circular que, haciendo epicentro en el dolmen, se extendía —a modo de expansión bipolar— por el suelo de todo el espacio circundante.

En 2002, el ayuntamiento de Madrid, bajo el mando de Álvarez del Manzano, decide emprender una “reforma” del conjunto arquitectónico. En primer lugar, intentaron despiezarlo, separando el dolmen de la escultura, lo que generó vehemente respuesta vecinal que impidió el desguace, pero no consiguió evitar que hicieran desaparecer el piso radial y la serie de círculos que se entrecruzaban. Para conseguir un marco de legitimación, el Ayuntamiento apeló al parecer de Emilio Esteras, funcionario consistorial responsable del informe para adjudicar el proyecto de “reforma”. El 28 de febrero de 2002, el técnico emitió la “Justificación técnica relativa a la propuesta para la intervención de Mangado Asociados, S.L. en la Plaza de Salvador Dalí”. Con ella, al par que se bendecía la intervención, recomendaba atribuírsela a Mangado Asociados, S.L.

En ese parecer, el técnico hace una valoración de la importancia y sentido de la obra de Dalí que, como mínimo, se podría calificar de arbitraria y estrecha. Juan Antonio Aguilera, integrante de la Asociación de Vecinos Goya-Dalí, integrada en la plataforma Madrid, Ciudad y Patrimonio (MCyP), explica con detalle estas peripecias. Unas proceso que MCyP ha documentado y que, consideran, está plagado de irregularidades.

Alfonso Güemes, jefe del equipo técnico del Ayuntamiento, encargado de la instalación original del conjunto, hace esta descripción del pavimento: “Consiste en unas estructuras circulares que se van a materializar como losas de granito de diferentes tonos y una zona radial, que se ha hecho a sugerencia del propio Dalí, que marque el eje de gravedad de la plaza del dolmen. Todo siempre en dirección hacia el monumento. Los círculos concéntricos son como una piedra que cae a un estanque y que, en un momento dado, se solidifica y se desvanece. Se produce entonces una alternancia de ritmos rectilíneos perpendiculares al eje. Son ondas que van en todos los sentidos. Por otro lado, están previstos una serie de hitos en el solado que van a permitir al peatón que pase por las calles que rodean a la plaza sentir la aproximación a la misma”.

Parece evidente que Dalí concibió los diversos elementos compositivos como un conjunto integrado

No sería el caso lanzar cualquier interpretación sobre la obra, pero al menos parece evidente que Dalí concibió los diversos elementos compositivos como un conjunto integrado. Enlazó los inicios de la especie (dolmen) con la modernidad —Newton, el paradigma científico y su Ley de la Gravedad—, ambos compartiendo un suelo homogéneo, compuesto por rayos con epicentro en el dolmen, entrecruzados por una serie de círculos concéntricos. Sería de mínima prudencia sospechar que lo concibió así con alguna intención significativa. ¿Una metáfora sobre el paso del tiempo y la obra humana? ¿Contenidos cifrados de sus particulares convicciones filosóficas? Parece evidente que hubo una intencionalidad expresiva en el artista catalán para concebirlo de este modo.

A pesar de haber formado parte del equipo de Alfonso Güemes —quien, recordemos, dirigió el grupo de técnicos municipales encargados de concretar en un proyecto urbanístico la voluntad de Salvador Dalí—, esta mínima precaución no parece haber animado a Emilio Esteras. En su análisis del conjunto y posterior dictamen resuelve el expediente con este parecer, que descaracteriza por completo la obra de Dalí y le da otra prioridad expresiva: “La propuesta [de reforma] centra la intervención en la pavimentación que, cubriendo toda la superficie, define el nuevo dominio peatonal”. Con esto, dictamina la eliminación del solado —con rayos y anillos circulares—, que era el soporte material del proyecto originario. Y pretende justificar de este modo su propuesta: “Se crea así un plano vacío que sirve de soporte al conjunto monumental, cuya situación en la plaza pretende focalizar, recuperar y fortalecer la tensión que ese extremo del espacio siempre tuvo desde su origen, con la presencia de la Plaza de Toros y hoy más debilitado con el nuevo equipamiento”. MCyP en su informe satiriza el dictamen de Esteras en estos términos: “¡Qué osadía la de Salvador Dalí, metiéndose en terreno de arquitectos y urbanistas! ¿Qué importa lo que usted quiera transmitir con su arte? Lo importante es nuestro juicio funcional y racionalista”.

Un ir y venir de papeles

Sería grave si estuviéramos hablando exclusivamente de este arbitrio, que está al borde de irrespetuoso paletismo. Pero hay mucho más y no se limita al orden estético, sino a la idoneidad y transparencia en el manejo de la cosa pública. El parecer de Esteras sufrió serias objeciones desde otras instancias del Ayuntamiento. Hubo reparos de órganos del propio Ayuntamiento por la metodología utilizada para asignar la obra a Mangado. Los papeles iban y venían, hasta que se empeñó el propio Álvarez del Manzano para que la obra se asignase al elegido, según un documento elaborado por la Asociación Cultural Dolmen de Dalí. En el informe ‘La reforma de la Plaza de Dalí 2002-2005’ se detallan las irregularidades cometidas, así como las dificultades que habría tenido que sortear la iniciativa para llegar a su fin. En la página 9 se explica cómo el parecer de Esteras sufrió serias objeciones desde otras instancias del Ayuntamiento y que hubo reparos de órganos del propio Consistorio por la metodología utilizada para asignar la obra a Mangado. También explican que los papeles iban y venían hasta que se empeñó el propio Álvarez del Manzano en que la obra se asignase a Ignacio del Río, concejal de Urbanismo, para posibilitar que la propuesta de contratación se presentase en el Pleno del Ayuntamiento.

Entre las irregularidades de calado relacionadas con esta fase, según el mismo documento, están el hecho de que los diseños originales no estaban en poder del Ayuntamiento, ni de la Fundación Gala-Salvador Dalí, sino del ingeniero Jesús Jiménez Cañas, el amanuense que trazó los planos de Dalí. Tampoco se encuentra en los archivos del Consistorio el proyecto técnico elaborado por el arquitecto municipal Alfonso Güemes, pese a que es de fecha relativamente reciente y a que se trata de un emprendimiento de importancia cultural, legal y urbanística de relevancia. Hay más: en el expediente tampoco se tuvo en cuenta un segundo contrato firmado por Enrique Tierno Galván y Antonio Redondo, presidente de ARARTE —empresa que realizó el conjunto escultórico— que en su punto primero ratifica que el conjunto monumental conocido como el El Dolmen de Dalí está formado indisolublemente por los cuatro elementos anteriormente señalados y que cualquier modificación tendría que hacerse con el consentimiento de ARARTE y de la fundación, que no fueron consultadas. Hay constancia de que, solo después de su aprobación, el concejal Ignacio del Río envió una carta al gerente de la fundación solicitando la autorización para el traslado y reubicación de la obra a un nuevo emplazamiento. La medida no se concretó porque suscitó una amplia movilización vecinal en contra. También se constata que el comité nunca fue debidamente convocado.

La Asociación Cultural Dolmen de Dalí interpreta como una maniobra para ocultarla información el hecho de que se llevara al Pleno el pedido de aprobación de la obra sin toda la información

La misiva de Ignacio del Río pone en evidencia que el Ayuntamiento era consciente de que estaba desfigurando la obra original de Dalí y deshacía de un plumazo el trato sellado entre el artista y Tierno Galván. La Asociación Cultural Dolmen de Dalí asegura que, cuando se llevó al Pleno el pedido de aprobación de la obra y su asignación a Mangado, no se incluyó la información del expediente, lo que esta asociación interpreta como una maniobra para ocultarla a los concejales y evitar que tuvieran fundamentos sólidos para tomar posición a la hora de votar. Además, las obras de “remodelación” fueron adjudicadas a la empresa Aldesa Construcciones, sociedad presuntamente involucrada en la financiación ilegal del Partido Popular.

Propuesta vecinal en 2017

Ha habido dos pronunciamientos públicos en favor de la remodelación del conjunto artístico para devolverlo a sus patrones originales. Por una parte, la Junta Municipal de Distrito, a propuesta de la Asociación de Vecinos Goya-Dalí, aprobó el 19 de abril de 2016 la siguiente proposición: “Que se inste al Área de Cultura y Deportes a que el conjunto monumental El Dolmen de Dalí sea declarado Bien de Interés Cultural y a poner en marcha las medidas necesarias para que sea rehabilitado a su estado original, permitir su cuidado y darle la difusión cultural que merece”.

Al mismo tiempo, en los Presupuestos Participativos de 2017 —votados en junio de 2017, para ser incorporados a los Presupuestos Municipales de 2018— se aprobó la siguiente propuesta: “Recuperar el enlosado radial y elíptico original de la Plaza de Dalí en un círculo de 50 metros de diámetro alrededor del dolmen, así como su iluminación basal. Este enlosado fue diseñado por Salvador Dalí para la plaza y le confiere un carácter artístico y simbólico inigualable”.

Hasta el momento, la actual administración municipal no ha hecho ningún gesto visible que apunte a que está dispuesta a cumplir el mandato que la ciudadanía le hace llegar a través de las instancias que el Consistorio tiene para cumplir con las demandas ciudadanas. El 19 de enero se cumplieron 33 años del fallecimiento de Enrique Tierno Galván, y el 23 de ese mismo mes, 30 años del de Salvador Dalí. Quizá sea el momento de que la actual administración valore iniciar acciones para dar cumplimiento al mandato vecinal. 

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