Opinión
Miren el mapa de Cisjordania al revés y entenderán lo que está ocurriendo

Uno puede mirar un mapa de Palestina y ver una ciudad palestina, una carretera palestina y tierras palestinas. Pero el mapa no siempre dice quién puede llegar hasta ellas. Ahí empieza la historia.
Cisjordania en la guerra de Irán - 3
Las y los palestinos se han congregado fuera de la ciudad vieja, frente de la puerta de Damasco, para rezar en la calle en el último viernes del ramadán. Mauricio Morales

Escritor palestino, analista político independiente y ex preso político.

7 oct 2026 06:00

Desde hace más de treinta años observamos Cisjordania de la misma manera: localizamos los asentamientos israelíes, contamos los puestos de avanzada y calculamos cuánta tierra ha sido confiscada. Pero ¿qué ocurre si miramos el mapa al revés? ¿Y si dejamos de preguntar dónde vive el colono israelí y preguntamos: ¿Dónde puede todavía un palestino moverse y llegar a su tierra o a su ciudad sin que la ocupación israelí pueda impedírselo?

Empiecen por Ramala e intenten salir hacia otra ciudad, una localidad cercana o unas tierras agrícolas situadas a pocos kilómetros. No miren solamente los asentamientos. Miren las carreteras, los puestos de control, las barreras militares y las zonas cerradas. Y pregúntense: ¿Quién puede pasar? ¿Y quién puede impedir que pase el otro? Entonces aparecerá otro mapa.

El último estudio integral publicado por Naciones Unidas, del pasado mes de abril, documentó 925 obstáculos que restringen de forma permanente o intermitente los desplazamientos de unos 3,4 millones de palestinos en Cisjordania, incluida Jerusalén Este. Es la cifra más alta registrada en dos décadas. Sin embargo, el problema no se mide solamente en números: un pueblo situado a diez kilómetros puede quedar más lejos que una ciudad a cincuenta. Un trayecto de veinte minutos puede convertirse en un viaje cuyo final nadie sabe prever. La ocupación puede hacer más pequeño un territorio sin confiscarlo sobre el papel. Basta con dificultar el acceso.

La distancia

En septiembre de 2026, colonos israelíes llegaron hasta las inmediaciones de un parque público de Ramala. Días después, otros entraron en zonas de la periferia occidental de la ciudad. Llegaron y se marcharon. No se construyó ningún asentamiento en el centro de Ramala. Entonces, ¿qué cambió? La distancia.

Durante décadas, el palestino veía al colono israelí en lo alto de una colina. Después empezó a verlo en la carretera. Luego, a la entrada de su pueblo. Hoy puede verlo en los límites de una ciudad y, en algunos casos, dentro de comunidades palestinas. Esto no significa que mañana vaya a construirse un asentamiento en el centro de Ramala. No hace falta afirmarlo para comprender el cambio.

Un mapa, por tanto, no muestra solamente dónde están las fronteras. También debería mostrar lo que cada parte puede hacer dentro de ellas

El control no siempre comienza con la construcción. A veces comienza con la capacidad de llegar. En varias localidades palestinas se repite una escena: el ejército israelí restringe el movimiento de los habitantes mientras los colonos entran bajo su protección. El habitante del lugar espera mientras otro entra protegido por el ejército.

En Nablus ocurre algo similar durante las entradas de grupos de colonos hacia la Tumba de José: se cierran carreteras, se despliegan soldados y después entran los autobuses. En enero de 2026 se permitió el acceso diurno al lugar por primera vez en aproximadamente un cuarto de siglo. Las fronteras de Nablus no cambiaron en el mapa; lo que cambió fue lo que se hizo posible dentro de ellas. Un mapa, por tanto, no muestra solamente dónde están las fronteras. También debería mostrar lo que cada parte puede hacer dentro de ellas.

Oslo y el mapa que no esperó

Tras los Acuerdos de Oslo (firmados en 1993), Cisjordania quedó dividida en las zonas A, B y C, con diferentes grados de control palestino e israelí. Se suponía que eran  disposiciones transitorias, no fronteras permanentes. Pero esas letras terminaron condicionando nuestra manera de pensar la tierra, como si la zona C fuera menos palestina que la A. Toda Cisjordania es territorio palestino ocupado. El gran error, en mi opinión, fue entrar en aquel periodo transitorio sin una congelación completa de los asentamientos. La cuestión quedó aplazada para las negociaciones sobre el estatuto definitivo, pero los asentamientos no esperaron.

En aproximadamente dos años y medio, la organización israelí Peace Now ha documentado al menos 26 puestos de avanzada de colonos dentro de la zona B; siete habían sido documentados a finales de 2024 y otros 19 se añadieron después. Sin embargo, hay un dato aún más revelador: según un informe reciente de Peace Now, basado en cartografías de Kerem Navot (una organización no gubernamental israelí de investigación y defensa), colonos procedentes de puestos de avanzada en las zonas B y C han tomado el control de más de 100.000 dunams dentro de áreas bajo administración palestina, incluidos unos 15.600 dunams en la zona A, impidiendo a palestinos acceder a esas tierras.

En julio de 2026, el ejército israelí emitió, además, al menos 15 órdenes de confiscación sobre unos 200 dunams en las zonas A y C de la gobernación de Yenín, con el objetivo aparente de crear una conexión entre dos asentamientos previstos. Algunas de esas órdenes afectaron directamente a la zona A. La conclusión es sencilla: un proyecto que no se detuvo ante las fronteras de la ocupación tampoco parece detenerse ante las divisiones administrativas creadas por Oslo.

No midan solamente la tierra

Cuando hablamos de asentamientos, mucha gente imagina una casa israelí construida sobre tierra palestina. Pero el asentamiento es también la carretera que conduce hasta esa casa, el puesto de control que la protege y la tierra circundante a la que el palestino ya no puede llegar con libertad. Si contamos solamente las casas, contamos la parte más pequeña de la historia. Por eso propongo otra medida; una que pasa por preguntarnos qué distancia queda entre el colono israelí y la vida cotidiana del palestino.

En junio de 2026, el ministro israelí Bezalel Smotrich anunció una nueva expansión de los asentamientos y habló abiertamente de consolidar el control israelí sobre el terreno. No hace falta cambiar el color de un mapa ni proclamar formalmente una anexión; basta con determinar quién puede moverse, construir, utilizar una carretera o entrar en una comunidad, y a quién protege el ejército cuando lo hace.

 A mediados de septiembre de 2026, Naciones Unidas había registrado más de 1.600 ataques de colonos israelíes desde comienzos de año

La soberanía no consiste únicamente en quién posee la tierra sobre el papel. También consiste en quién puede decirle al otro: espera aquí hasta que yo pase. A mediados de septiembre de 2026, Naciones Unidas había registrado más de 1.600 ataques de colonos israelíes desde comienzos de año que causaron víctimas palestinas, daños materiales o ambos. Los ataques habían alcanzado 275 comunidades palestinas y se producían a un promedio de 6,7 al día, frente a cinco diarios en 2025. No obstante, más importante que el número es la dirección.

Durante años, el proyecto de los asentamientos avanzó desde el asentamiento hacia las tierras que lo rodeaban. Ahora debemos observar si también avanza desde ese espacio controlado hacia la propia comunidad palestina. No estoy diciendo que mañana vaya a levantarse un asentamiento en el centro de Ramala ni que cada entrada de colonos vaya a convertirse en una presencia permanente; pero si esperamos hasta que una tendencia se convierta en una realidad consumada, no estaremos analizando lo que ocurre: estaremos describiendo lo que ya ocurrió.

Cuando adaptarse se vuelve peligroso

Los palestinos hemos aprendido a adaptarnos. Una barrera nueva significa buscar otra carretera; un puesto de control, salir antes de casa; una carretera cerrada, encontrar una ruta alternativa. Esa capacidad de adaptación es una de las razones por las que seguimos en esta tierra. Pero también encierra un peligro: que aprendamos a vivir con la pérdida antes de preguntarnos cómo llegó a parecernos normal.

Miremos ahora hacia Gaza. La Franja tiene unos 365 kilómetros cuadrados. A finales de junio de 2026, las zonas de acceso restringido abarcaban aproximadamente el 65% de su territorio. Para agosto, Naciones Unidas señalaba que prácticamente toda la población —unos 2,1 millones de personas— estaba concentrada en menos de la mitad de la Franja. La Gaza que el mundo ve en el mapa es más grande que la Gaza en la que un palestino puede realmente vivir y moverse. Incluso el mar, aunque esté frente a sus ojos, permanece sometido a severas restricciones de acceso.

Permisos, puestos de control y el muro restringen el acceso a Jerusalén Este y la han ido aislando del resto de Cisjordania

Y ahora miremos hacia Jerusalén: un palestino de Cisjordania no puede simplemente decidir que quiere ir allí y desplazarse como entre dos ciudades de su propio país. Permisos, puestos de control y el muro restringen el acceso a Jerusalén Este y la han ido aislando del resto de Cisjordania. La mezquita de Al-Aqsa resume esta realidad: entre el 28 de febrero y el 9 de abril de 2026 permaneció cerrada a los fieles musulmanes durante cuarenta días, un periodo que abarcó buena parte del Ramadán. Pensemos en lo que significa: que el lugar esté en el corazón de tu ciudad; que puedas verlo; que forme parte de tu memoria, de tu fe y de tu vida; pero que la decisión de llegar hasta él no esté en tus manos. Así es como el control deja de ser una línea dibujada en un mapa y se convierte en algo que una persona vive cada día.

El mapa real

De Ramala a Nablus. De Gaza a su mar. De Jerusalén a Al-Aqsa. Los lugares cambian. Las preguntas se mantienen inamovibles: ¿Quién puede llegar? ¿Y quién puede impedirlo? Controlar un territorio no consiste únicamente en levantar una bandera, construir un asentamiento o anunciar una anexión; también es poder moverte mientras el otro espera; entrar mientras él necesita un permiso; abrir una carretera para ti y cerrarla para él. 

Quizá durante demasiado nos estuvimos preguntando cuánta tierra nos habían tomado; quizás la pregunta que deberíamos hacernos gira en torno a la capacidad que nos queda a los palestinos para utilizar libremente nuestra propia tierra.

¿Dónde puede todavía el palestino moverse y llegar a su tierra, su ciudad, su mar y su lugar de culto sin que la ocupación tenga el poder de impedírselo?

Y si antes nos preguntábamos dónde vive el colono israelí, quizá la pregunta que defina la próxima etapa sea otra: ¿Hasta dónde puede llegar ahora? Porque es ahí donde cambia realmente el mapa. Por eso no pregunten solamente dónde están los asentamientos ni dónde se dibujaron las fronteras. Miren el mapa al revés y pregunten: ¿Dónde puede todavía el palestino moverse y llegar a su tierra, su ciudad, su mar y su lugar de culto sin que la ocupación tenga el poder de impedírselo? Solo entonces aparecerá el verdadero mapa de Palestina.

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