Palestina
“En la Palestina que queremos cuentan las personas, los animales y también la tierra”

Ahlam Tarayra (Hebrón, 1980) es activista interseccional y vegana, vive en Ramala y ha visitado Euskal Herria para visibilizar la labor que realizan desde 2011 en defensa de los derechos animales en Palestina. Defender los derechos humanos y animales hasta erradicar la violencia contra todos los seres vivos, es el reto que enfrenta la Liga Animal Palestina, organización que dirige.

Ahlam Tarayra
La activista palestina por los derechos de los animales Ahlam Tarayra, durante su visita a Bilbao. Aitor Garmendia (Tras los Muros)

publicado
2019-03-27 08:00

Defender los derechos animales mientras son conculcados y violados sistemáticamente los humanos. Defender ambos hasta erradicar la violencia contra todos los seres vivos. Es el reto al que se enfrenta la Liga Animal Palestina, la única organización de protección animal que trabaja en los Territorios Ocupados de Palestina. Su directora, Ahlam Tarayra (Hebrón, 1980), es activista interseccional y vegana, vive en Ramala y ha visitado Euskal Herria para visibilizar la labor que realizan desde 2011 en defensa de los derechos animales en Palestina.

¿Cuál es el primer recuerdo que te viene a la cabeza si nombramos a los animales?
Hasta los diez años viví en Jordania y cuando volví a Palestina, a Hebrón, comencé a tener contacto con los animales que criaban mis abuelos. Primero fueron dos cabras de mi abuela, que las trataba como si fueran de la familia. Recuerdo una vez que mi abuela estuvo tres semanas en el hospital porque tenían que operarla del corazón y cuando regresó a casa, sin ni siquiera haberla visto, una de las cabras comenzó a llamarla desde el establo. Mi abuela pidió a nuestras tías que trajeran la cabra adentro y se pasó todo el día con ella sentada a su lado.

¿Y en relación con la defensa de sus derechos?
Mi posicionamiento animalista comenzó hace relativamente poco. Hace cinco años dejé de comer carne roja cuando mi padre mató a una oveja que teníamos en casa y llevaba mucho tiempo con la familia. Al hacerse mayor se había vuelto violenta y tuvo que sacrificarla. Mi padre organizó una barbacoa para comérnosla y, a pesar de que yo no quería, probé algunos bocados, pero enseguida me entraron ganas de vomitar y entonces decidí que no iba a comer más carne. Por esa época, además, todavía evitaba a los perros porque hubo uno que me perseguía por todos lados cuando era cría. Y justo cuando lo de la oveja, mi hermano comenzó a criar un cachorro de perro en casa y me encariñé con él hasta olvidar mi pequeño trauma infantil. Como he dicho antes, soy activista por los derechos de los animales desde hace muy poco. Hace dos años comencé a colaborar con organizaciones animalistas y hace tan solo uno que soy vegana. Y a partir de ahí empezaron también los conflictos con mis amigas y mi familia por este tema.

Con los perros pasaste del miedo al cariño. Y hasta has escrito algún artículo sobre los más famosos de tu tierra, los perros de Canaán.
Es indignante que el perro nativo y originario de Palestina sea considerado el perro nacional de Israel. Nos han robado hasta nuestro perro. Y es indignante que nadie haya hecho nada. Quedan muy pocos perros de este tipo y están en peligro de extinción porque se han mezclado con los perros callejeros. En Palestina no somos conscientes de que tenemos nuestra propia raza autóctona de perros. Es verdad que los perros, en general, no son animales que la gente aprecie. Es más, si quisieran tener alguno como animal de compañía jamás se les ocurriría criarlo dentro de la casa. Siempre están fuera, con lo que eso supone. Hay muchísimas situaciones de la ocupación, como lo que sucede con los perros de Canaán, en las que el pueblo palestino no se está dando cuenta de lo que pasa. Y, además, Israel invierte mucho dinero para que eso sea así.

Es indignante que el perro de Canaán, nativo y originario de Palestina, sea considerado el perro nacional de Israel.
Ahora que hablas de Israel, ¿cómo afecta la ocupación israelí a los derechos de los animales?
La ocupación trae un vacío legal en todo lo que tiene que ver con los derechos humanos pero también en todo lo relativo al bienestar animal. Desde la Liga Animal Palestina analizamos lo que llamamos el ciclo de la violencia y su impacto en las personas que se sienten violentadas por quienes tienen más poder, y justifican su propia violencia contra quienes aún son menos poderosas, por ejemplo, los animales. La ocupación de Palestina provoca, dentro de este ciclo de violencia, que la gente abuse de los animales. Además, en Palestina no existen leyes de protección animal ni tampoco medios materiales, ni experiencia para poder ayudarlos. Nuestra organización es la primera y única que hace esto en los Territorios Ocupados.

Y en concreto, ¿cómo se manifiestan esos impactos?
La ocupación israelí afecta a los animales de muchas maneras. La primera se ve a simple vista y es que cuando bombardean territorios como el de Gaza son asesinados animales que viven en granjas o en la calle. Además, el muro del apartheid que Israel comenzó a construir en 2003 impide que los animales salvajes puedan circular libremente, igual que les sucede a las personas. Y, por tanto, pierden contacto con sus familias. Por otro lado, también hay una ocupación industrial y sus fábricas sueltan vertidos químicos que contaminan la naturaleza y a los animales. Por ejemplo, hace dos años, cuando comenzamos una campaña de esterilización de animales callejeros, descubrimos que siete perras tenían cáncer. Y no es casualidad que esas perras vivieran en una zona en la que había fábricas de Israel. Por último, no hay que olvidar que la seguridad y la administración de más del 60% de los Territorios Ocupados de Palestina está en manos israelíes. Una parte de esa tierra se utiliza para pruebas militares y otra para áreas de seguridad de los asentamientos colonos. Nadie puede entrar, tampoco los animales, lo que provoca, por ejemplo, problemas con el ganado de los beduinos. Y, además, en los lugares en los que hacen pruebas militares siempre quedan restos de armas y municiones, con el peligro que eso supone.

Israel dificulta también vuestra labor y no permite ni siquiera que los sedantes para dormir y esterilizar a los perros callejeros pasen sus controles de seguridad, por considerar que pueden ser usados como arma de guerra contra los colonos.
Hemos llegado a pagar tres veces el importe del material para poder meterlo en los Territorios Ocupados pero ni así lo hemos logrado. Aunque teníamos el dinero de una fundación internacional, no pudimos cumplir con nuestro programa de esterilización de animales callejeros al quedarnos sin material. Ahora estamos desarrollando un protocolo propio que se ajuste al contexto palestino para llevar a cabo estos programas.

Al principio no nos tomaban en serio, pensaban que lo de montar una organización por los derechos de los animales en Palestina era una idea occidental.

Sois la única organización animalista que trabaja en los Territorios Ocupados. ¿Con qué apoyos contáis?
Al principio no nos tomaban en serio, pensaban que lo de montar una organización por los derechos de los animales en Palestina era una idea occidental. Y tuvimos bastantes problemas hasta para inscribir nuestra asociación. Nadie era consciente de la importancia que tenía un trabajo así. Pero hoy es el día que estamos muy orgullosas porque nos hemos convertido en el ejemplo a seguir, en el referente en todo lo que tiene que ver con el bienestar animal.

Vuestra lucha y trabajo son transversales.
Una de las cosas que nos decían cuando empezamos era que si no había derechos humanos que defender y por eso luchábamos por los derechos de los animales. Y siempre respondíamos lo mismo, que la Palestina del futuro, el Estado que queremos e imaginamos, tiene que tener en cuenta la tierra, las personas y también los animales. Y por eso somos una organización de base que contempla entre sus tareas todas esas problemáticas, no sólo las de los animales.

Por eso apoyáis también el boicot a Israel.
Somos parte de la campaña de boicot a Israel y no queremos ni su dinero ni su ayuda hasta que acabe la ocupación. No existe ningún grupo en Israel que nos apoye. Todos los activistas y grupos de derechos animales israelíes obvian el hecho de la ocupación, no hablan tampoco de los impactos de la ocupación en los animales ni se posicionan ante el conflicto.

Después de acabar tu carrera universitaria en Palestina, te especializaste durante un curso en la Universidad de Manchester en temas de desarrollo. Y a tu regreso a casa trabajaste en organizaciones humanitarias internacionales como Save the children o Acción contra el hambre.
Estoy muy orgullosa del trabajo que hice en esas organizaciones, sobre todo teniendo en cuenta las situaciones que tuve que encarar en cada una de ellas. Ahí descubrí que es lo que realmente quería hacer. Y ahora, mi apuesta, lo que quiero, es trabajar desde las organizaciones de base palestinas. Soy directora de Musawa, un centro palestino que trabaja por la independencia de la justicia y analiza como el género afecta a las decisiones judiciales. Y también trabajo en una organización por la igualdad de género de Hebrón que empodera a mujeres de pequeños pueblos para que sean parte de las asambleas y la toma de decisiones.

Otro de los temas que te preocupa es el del turismo.
Sí. Escribí un artículo sobre el turismo espiritual y un santuario sufí abandonado que hay cerca de Jericó. Es un sitio muy importante para el sufismo y creo que invertir más y mejor en estos lugares puede ayudar al desarrollo de Palestina. Y no sólo para la gente sufí. Además, desde la Liga Animal Palestina estamos también desarrollando un programa de promoción del turismo vegano porque consideramos muy importante mostrar y promocionar que existe otra Palestina. Sabemos que el turismo masificado acarrea problemas pero pensamos que con una buena organización y planteamiento se puede evitar la sobreexplotación turística y, sobre todo, que juntando a gente de diferentes lugares podemos generar un intercambio de experiencias muy positivo. El turismo en Palestina ayudaría a que se rompiera con el estereotipo de que el pueblo palestino está obsesionado con matar israelíes, con ser terrorista, que es lo que venden los medios de comunicación internacionales.

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