Orgullo Crítico: el reto de repensar las disidencias un año después del World Pride

Varios colectivos plantean los retos que enfrenta el Orgullo un año después de que el capitalismo rosa arrasara en el World Pride Madrid. Nuevas formas de activismo que integren las disidencias se hacen más necesarias que nunca.

Orgullo crítico 2017
Marcha del orgullo crítico de 2017 en Madrid. Álvaro Minguito

Dos millones de visitantes, 300 millones de euros, medio centenar de carrozas e incontables titulares. El World Pride que Madrid acogió en 2017 puso sobre la mesa la fuerza del rodillo capitalista y abrió procesos de reflexión en los colectivos que forman el Orgullo Crítico, que en 2017 también vivió su manifestación más multitudinaria.

Para algunas de las personas que participaron el año pasado en en la plataforma Orgullo Crítico, el Orgullo Oficial está perdiendo crédito: “Creemos que cada vez más personas del colectivo LGTBIQA+ están cuestionando los modelos identitarios que se venden desde las grandes empresas rosas y que actos como el World Pride sirven para despertar aun más a las disidentes de género que no se sienten identificadas con esos modelos”, explican.

Por eso, consideran que la apuesta pasa por “construir una cultura y pensamiento comunes con unos parámetros identitarios que no resulten asfixiantes”. Pese a este despertar de disidencias que perciben en este colectivo de colectivos, y que tienen cabida en el Orgullo Crítico, integrar es uno de los mayores retos de los colectivos. Porque pasa, ni más ni menos, que por inventar nuevas formas de activismo. 

Así, por ejemplo, integrantes del Bloque Sordo del Orgullo de 2017, llaman la atención sobre la poca o nula accesibilidad de las formas tradicionales de activismo, que dejan a las personas sordas, ciegas, con movilidad reducida o neuroatípicas fuera de la ecuación de las movilizaciones y sobre la necesidad de “inventar formas con respeto y cuidado para construir un espacio lo más seguro posible para todas las personas”.

Las y los activistas asexuales que participan en el Orgullo Crítico reconocen entre sus mayores dificultades la de “crear una comunidad visible con un lenguaje propio, y que esta comunidad sea tenida en cuenta”, explican en el Bloque Asexual. Y, ¿cómo concentrar el esfuerzo en crear un lenguaje al tiempo que se sigue trabajando en la autocrítica y la revisión de privilegios individuales?, se preguntan.

Para Migrantxs Transgresorxs, el reto incluye además otro factor, el de los propios cuerpos subalternizados. Para este colectivo, las personas migrantes enfrentan el reto de encontrar un espacio de ruptura “que no es ni la voz acallada ni el grito de la autoridad blanca”.

En los siguientes textos, activistas que participaron en 2017 en el marco del Orgullo Crítico (Plataforma Orgullo Crítico, Bloque Asexual, Bloque Sordo y Bloque Migrante) reflexionan sobre los procesos, retos y dificultades que enfrenta la disidencia sexual organizada un año después del World Pride.

Disputa por la legitimidad simbólica

Plataforma Orgullo Crítico 2017

El Orgullo Crítico ha sido siempre un lugar desde el que pensar y actuar frente a la deriva capitalista ¿mercantilista? y vacía de reivindicación del Orgullo LGTBIQA+ en la ciudad de Madrid. Es una asamblea de carácter abierto que lleva articulándose desde el año 2006, compuesta por diferentes individualidades o colectivos que cada año se juntan para sacarlo adelante.

Con la idea de transversalizar luchas, en 2007 el Orgullo Crítico estuvo vinculado a la semana de lucha social Rompamos el Silencio, en 2009 se utilizó el lema ‘con fronteras no hay orgullo’ y en 2011 estuvo vinculado al 15M.

La última actividad convocada tras el orgullo de 2016 fue una gran asamblea para valorar fuerzas y plantear una acción continuada a lo largo de todo el año siguiente de cara a enfrentar el Orgullo Mundial que se iba a celebrar en Madrid en 2017. Así pues la plataforma estuvo todo el curso pasado reuniéndose en distintos ejes temáticos y comisiones de trabajo desde donde se elaboraron diversas actividades (talleres, proyecciones o charlas) además de la manifestación del 28J.

Desde el eje de homonacionalismo se incorporaron y transversalizaron cuestiones relacionadas con la instrumentalización que se hace a nivel global de las luchas y derechos LGTBIQA+ y que tiene en el pink washing de Israel su ejemplo más paradigmático, aunque gobiernos de aquí como el de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid lo hayan usado también. Estas estrategias alimentan (aunque no solo) el discurso xenófobo y racista de la extrema derecha por las ideas islamófobas que emanan de él. 

Desde el eje de diversidad se generaron encuentros para hablar sobre salud, trabajo, educación o violencia desde nuestras vivencias como disidentes sexuales. Desde el eje de capitalismo rosa se desgranó la red empresarial que se esconde bajo una celebración como el Orgullo Oficial. Por otro lado fue fundamental el trabajo de la comisión de comunicación que hizo que estos discursos críticos llegasen cada vez más gente con una importante presencia, seguimiento y visibilidad en redes sociales. Por su parte la comisión de accesibilidad, que ha sido fundamental, fue fruto de la alianza con parte de la comunidad sorda LBTBIQA+ e hizo que por ejemplo la fiesta del 28J de 2016 fuera íntegramente organizada y dinamizada por este bloque.

Desde el punto de vista político una de las dificultades de una estructura como la plataforma del Orgullo Crítico tiene que ver con cómo acoger toda la diversidad que se encuentran en nuestra comunidad. La intención desde la plataforma es siempre la de dar cabida a la mayor pluralidad de voces e identidades y no solo la de los sujetos más privilegiados de las siglas LGTBIQA+.

Pero lo cierto es que no siempre ocurre ni es fácil que suceda. No tanto por la mayor o menor afinidad de los discursos políticos, sino por la dificultad de, a veces, favorecer los canales para establecer un diálogo con otros sujetos alternos y disidentes o las dificultades para incorporar todas las perspectivas críticas. El Orgullo Crítico no deja de ser, en general, una unión de individuos bastante privilegiados. Es decir, la mayoría no tenemos cargas familiares, somos blancxs o de origen español, jóvenes, universitarias, etc. Esta imagen puede no ser la mejor proyección a la hora de trazar puentes; de manera que las ausencias de otras sujetas se transformen en ausencias en el trabajo para profundizar en ciertos contenidos.

También es cierto que sólo los temas que abarca el análisis de la celebración del orgullo son muchos y diversos y muchas veces la falta de fuerzas implique la imposibilidad material de poder abarcar con profundidad todos los temas. De aquí se derivan dificultades que tienen que ver con la representación identitaria, es decir, quiénes se sienten o no interpeladas por un proceso como el Orgullo Crítico. El reto está en intentar que no sea un lugar solo de personas convencidas o conocedoras de los discursos, sino que pueda ser un lugar lo más accesible posible. De esta manera hay que hacer entendibles los discursos sin renunciar por ello a la profundidad o complejidad del lenguaje y los análisis políticos.

No obstante esta dificultad se convierte pues en un reto para este y sucesivos Orgullos. Nos resulta fundamental seguir tejiendo redes y trazar puentes e intentar acoger la mayor diversidad de voces que se pueda, ya que creemos en la posibilidad y necesidad del diálogo sin apropiarnos ni usurpar discursos.

Opinión
Se llamaba Thalía
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El silencio que rodea la muerte de Thalía me enfurece, apela a lugares de mi propia existencia que no quiero revisitar, apela a la vergüenza, apela al olvido, apela a la futilidad de una vida convertida en sombra.

Después de haber tenido la manifestación más multitudinaria del Orgullo Crítico que se recuerda en Madrid, se ponen ante nosotras diferentes retos. Creemos que el Orgullo Oficial está perdiendo crédito y que cada vez más personas del colectivo LGTBIQA+ están cuestionando los modelos identitarios que se venden desde las grandes empresas rosas. Creemos que actos como el World Pride sirven para despertar aun más a las disidentes de género que no se sienten identificadas con esos modelos. Creemos que hay que seguir trabajando para continuar creciendo como comunidad en la que construir una cultura y pensamiento comunes, con unos parámetros identitarios que no resulten asfixiantes. Vamos a seguir disputándole la legitimidad simbólica a la marcha oficial hasta que el 28J sea un día de lucha para la totalidad del colectivo LGTBIQA+ y no el nicho de mercado de unos pocos.

hacia la autonomía radical

BLOQUE ASEXUAL

En los últimos dos años hemos intentado participar en el Orgullo Crítico con intención de formar parte del colectivo queer que rechaza el capitalismo rosa y todas sus variables hegemónicas. Hasta hoy la experiencia ha sido un poco allí me colé y en tu fiesta me planté, por lo que se podría decir que seguimos en proceso de visibilizar nuestra identidad al resto de disidencias sexuales y de género.

En el intento de conseguir esta visibilización, las personas asexuales hemos intentado buscar lugares comunes con otras identidades para que entender nuestra disidencia fuese más sencillo: ¿A que como género oprimido te has visto en la tesitura de decir “no” y que tu respuesta no fuese validada? Lxs asexuales te entendemos”, “¿Echando la vista atrás te has dado cuenta de la cantidad de relaciones sexuales no consentidas que has vivido a lo largo de tu vida? Lxs asexuales te entendemos” ¿Has sufrido complejo de ser aburridx porque no participabas en las dinámicas de ocio hegemónico en un contexto festivo? Lxs asexuales te entendemos. Sin embargo, lo cierto es que la búsqueda de lugares comunes a largo plazo dificulta lo que realmente podría ser una revolución asexual. 

El nacimiento de una comunidad asexual es algo bastante nuevo y la sensación es que el primer paso natural es normalizar nuestra anomalía para convertirla en algo aceptable. Algo que no suponga una amenaza para el orden establecido (tanto fuera como dentro de los espacios queer).
El matrimonio homosexual o la adopción por parte de parejas del mismo sexo son ejemplos de procesos conseguidos tras grandes luchas y grandes pérdidas, y son triunfos que hoy facilitan la vida a muchísimas personas. Sin embargo, también son procesos de asimilación del ideal heterosexual cis blanco monógamo hegemónico que deja fuera a otras muchas personas que no quieren vivir bajo los esquemas normativos o que además de disidentes sexuales o de género son disidentes de raza, clase, neurotipicidad, etc.

En nuestro propio intento de “normalizar” nuestra disidencia, no dejamos de decir que hay personas asexuales que también follan, que también tienen parejas, familias… Y es cierto, pero esa no puede ser nuestra mayor baza para hacer activismo asexual. Nuestra mayor baza es tener una disidencia que realmente pone en tela de juicio todo el entramado detrás del concepto de sexualidad, que durante siglos ha servido para consolidar estructuras de poder entre géneros, razas, orientaciones, etc.

Retos: En nuestro intento de integrarnos podemos llegar reforzar estas estructuras con discursos que no solo normalizan sino que reconocen como positiva la sexualidad normativa hegemónica. El proceso asexual ahora podría desarrollar una teoría sobre nuestra identidad que no sólo no busque lugares comunes sino que rompa los creados hasta ahora, que no intente tanto integrarse sino que luche por una autonomía desde la radicalidad, que construya ideas no solo en oposición a las ya creadas sino que renieguen de los conceptos normativos para definirnos. El proceso debe ser tan inasimilable para lo normativo que sea incapaz de fagocitarlo.

Esto es también una de nuestras mayores dificultades, crear una comunidad visible con un lenguaje propio, y que esta comunidad sea tenida en cuenta. El esfuerzo por la integración parece ser tan grande que la autocrítica y la revisión de privilegios individuales puede quedar al margen, y esto es algo que tenemos que cambiar. Tal vez podamos invertir fuerzas en formar parte del Orgullo Crítico cuando las bases de este sean afines a nuestras propias bases, pero para eso hay que crearlas.

El reto al que nos enfrentamos entonces es dejar de intentar mostrar un escaparate de “disidencia normal” para ser integradxs y aceptadxs y dirigir la vista hacia dentro, para entender por qué nos oprime lo que nos oprime, en qué podemos oprimir nosotrxs a nivel individual o con teorías asexuales que refuercen discursos hegemónicos, y con esto elaborar un discurso que aporte significativamente a la lucha contra toda autoridad sexual.

Antirracismo LGBT

MIGRANTXS TRANSGRESORXS

Contexto: El colectivo Migrantes Transgrsorxs viene activando una política antirracista desde 2009 en Madrid. Somos un colectivo de personas racializadas, migrantes, negrxs, indiadescendientes y refugiadxs disidentes sexuales y de género (neo-colonizadxs, precarixs, transfeministas, transfronterizxs) que transitamos entre geografías y territorios corporales, emocionales y simbólicos para de-construir y construir espacios, desde los cuales se proponen representaciones políticas y socioculturales que reivindicamos pensamientos y acciones transgresoras.

El cruce de migración y disidencias sexuales no está dentro de los discursos de las organizaciones e instituciones públicas ni dentro de la política blanca del feminismo y la izquierda española. Es así que, Migrantes Transgresorxs nace por la necesidad de contar con un espacio propio de personas racializadas, migrantes, negras, indiadescendientes, refugiadas, disidentes de género.

En 2013 organizamos la Campaña: “Yo decido mi nombre” como estrategia de resistencia transfronteriza para visibilizar los obstáculos migratorios de las leyes coloniales que hacen distinciones entre personas trans autóctonas españolas y migrantes. Pasamos a ser el “otro”: sin nombre, desconocido, objeto de estudio, salvaje, incivilizadx.

Los años han pasado y seguimos aquí, en la lucha, trabajando con más fuerza y unión de luchas en común con nuestras hermanxs y aliadxs no-blancos como Efae, Kwanzaa, Ex Afroconciencia, 12N, entre otres. Esa fuerza y lucha en común nos ha abierto espacios de encuentros de afectos, cuidados y compartir saberes creando estrategias de acción y resistencias descoloniales en una sociedad que no reconoce los altos niveles de racismo impuesta en sus normas y leyes. Esto ha dado fuerza a vertientes de investigación y acciones artísticas, desde donde nació el brazo artístico del colectivo, el Ayllu.

El colectivo Ayllu desde 2017 es un grupo colaborativo de investigación y acción artístico-política formado por agentes migrantes, racializadas, disidentes sexuales y de género provenientes de las ex-colonias. El colectivo propone una crítica a la blanquitud como ideología heteronormativa colonial europea y al proyecto global de las ciudades multiculturales. Éstas funcionan como una estrategia ornamental y simbólica que instrumentaliza la migración y la condición de refugio como cortina de humo para esconder los negocios neoliberales, las ONGs, la industria de los Derechos Humanos y toda la estructura racista heteronormativa de las leyes del Estado español.

El proyecto, que habita en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero-Madrid, propone un ejercicio exploratorio que pretende reescribir y resentir el pasado que se revitaliza en el presente. Se trata de un ejercicio de hacer vibrar nuestras memorias e intentar agrietar estructuras coloniales, repensando artesanalmente el cómo construyeron nuestra historia. Desde nuestrxs cuerpxs y recorridos vitales subalternizadxs intentamos recuperar y reelaborar nuestras memorias robadas, a la vez que reconstruir un tiempo-otro que se desplace en un “ir y volver”.Nos introduciremos entonces en ese espacio de ruptura que no es ni la voz acallada ni el grito de la autoridad blanca. Se propone así como una práctica de investigación-acción poética y política cotidiana que deriva de los estudios críticos de la supremacía blanca.

El manifiesto del grupo de personas racializadas que acudieron a la manifestación del Orgullo Crítico de Madrid en 2017, en el que éste participaron un gran número de personas racializadas, migrantes, negras y refugiadas, recogía estos discursos y reivindicaba la existencia negra con duras críticas al un orgullo blanco que ignora el racismo, la violencia de la Policía o los CIEs, y recordaba la desobediencia de Sylvia Riviera y Marsha P. Jonnson: “Ustedes blancxs circulan libremente con purpurina y bailando el hit del verano sin ser detenidxs por la policía racista-europea; ustedes blancxs marchan hoy porque nunca serán encerradxs en un Centro de Internamiento para Extranjerxs. ustedes blancxs marchan porque tienen papeles en un estado colonial-imperial que les protege y justifica las violencias racistas y segregaciones sobre sus fronteras: ¿Están orgullosxs de eso?”.

El reto de conciliar urgencias

BLOQUE SORDO

Contexto: Desde el Madrid del 15M (2011), en el que intérpretes de Lengua de Signos (ILSEs) desde su activismo quisieron hacer accesibles asambleas y manifiestos tiene lugar la lectura del manifiesto del Orgullo Crítico; acercando el mensaje de sus diferentes colectivos y personas provenientes de luchas feministas, sociales y LGTBIQ+ que conforman la plataforma. Se trata de un primer paso hacia la inclusión de personas sordas en la misma.

Así, en 2015 las personas sordas pudieron participar en talleres y debates mediante la presencia de intérpretes en lengua de signos. Pero garantizar la presencia de éstos en todas las actividades ha sido una tarea complicada tanto por la disponibilidad de las intérpretes como por el coste económico que conlleva. Aunque existan personas dispuestas a interpretar en ciertas circunstancias de manera voluntaria como parte de su activismo, ello no permite cubrir todas las actividades.

La retribución económica se hace necesaria para reconocer esta figura profesional, reivindicada de forma histórica por parte de las personas sordas. En efecto, la titulación y la profesionalidad del intérprete de lengua de signos son fundamentales para garantizar una comunicación de calidad.

En el año 2016 el colectivo sordx-oyentes LGBTIQA+ dio un paso encargándose de organizar la fiesta del Orgullo Crítico, respaldado por la propia plataforma y motivado por la necesidad de reunir fondos para poder costear las intérpretes de lengua de signos, así como expresar la voluntad de participar más allá de ser meros asistentes. Fue además una oportunidad para dar visibilidad a una comunidad cultural y lingüísticamente minorizada, dando protagonismo a la lengua de signos y a las personas sordas.

La plataforma del Orgullo Critico 2017 empezó a organizarse aproximadamente un año de antelación respecto a la celebración de la manifestación, facilitando la creación de una Comisión de Accesibilidad, pudiendo así hacerse visible el trabajo que se realizaba hasta entonces, en un intento de concienciar transversalmente al resto de la plataforma. Entre sus tareas estaban la difusión de información, búsqueda de intérpretes para actividades solicitadas por personas sordas y búsqueda de localizaciones accesibles.

Las dificultades son muchas a la hora de pensar, priorizar y organizar la accesibilidad. ¿Cómo conciliarla con el resto de circunstancias, variables y urgencias? Al fin y al cabo, hacemos con los recursos disponibles. Es un proceso colectivo y nos hacemos conscientes poco a poco según lo vamos construyendo. Eso significa que no pretendemos que todo sea accesible ahora, sino que es un trabajo a partir de realidades concretas.

Lo político de la accesibilidad no es la buena consciencia de poner una rampa o un ILSE. Es lo que diferencia la accesibilidad del ámbito oficial que se focaliza en el resultado, en el escaparate, en un lavado de cara en definitiva. La autogestión implica asumir los límites, medir las energías y las consecuencias de cómo hacemos las cosas. Aunque signifique menos accesibilidad ahora, eso es más constructivo a largo plazo. El reto es que las personas con diversidad funcional sean realmente partes de ese proceso y aceptar que no hay una manera perfecta de hacer un espacio o un asamblea accesible.

Las asambleas, las manifestaciones, las formas que tenemos de hacer activismo, no son siempre accesibles para personas sordas y/o ciegas, con movilidad reducida, neuroatípica, con temas de ansiedad, etcétera. Tenemos que seguir buscando las formas con respeto y cuidado para construir un espacio lo más seguro posible para todas. Muestra de ello está en la última manifestación del Orgullo Crítico, en la que numerosas personas sordas formaron parte del bloque “Resistencia sorda”, al ser convocado paralelamente por las propias personas sordas y personas signantes.

Está en nuestras manos el querer construir desde la interseccionalidad que nos rodea, y que otras realidades no sólo puedan sentirse invitadas en todo proceso, sino también que puedan formar parte.

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