Opinión
El programa para la campaña electoral del PP es el luto

Alberto Núñez Feijóo es un monumento a la estulticia y resulta casi imposible citar una sola declaración suya en la que se aprecie algún tipo de idea propia.
Accidente Tren  Yebenes - 19
Panorámica del accidente ferroviario de Toledo. Marcos Villaoslada

Al día siguiente del desgraciado accidente ferroviario, la cuenta de X del Partido Popular advertía a Pedro Sánchez que no se le ocurriese recomendar un libro o subir “una puñetera canción”. NO SE TE OCURRA, añadía en mayúsculas, como si la persona contratada que escribió ese mensaje estuviese en un trance emotivo tan grande y sufriendo un dolor tan hondo que sintiese como una gran afrenta a su sentimiento de luto la mera existencia de la literatura y la música. 

Es obligatorio recordar algo de perogrullo: la infinita sucesión de chascarrillos, banalidades, halagos a los propios o insultos a los contrarios que se vierten en los perfiles oficiales de los partidos políticos no los escriben “los partidos”. Este texto, como los demás, no lo escribió “el PP”, sino una persona, o un equipo de personas, que tienen esta actividad como su desempeño laboral, con sus horarios, sus contratos y sus salarios. Hay que decirlo porque a veces lo olvidamos. Entonces, cabe preguntarse, ¿quién sufría ese desgarramiento? ¿El partido entero o el contratado que estaba de turno ese día mandando tuits? ¿Y sintió ese dolor en ese instante como un rayo devastador en el pecho o planificó el mensaje esa tarde en la reunión de coordinación? 

El Partido Popular ven en el accidente ferroviario una oportunidad de oro para sabotear el principal valor de la campaña electoral del PSOE

En todo caso, ese texto es algo más que una ocurrencia de mal gusto en un mal momento. Más bien es toda una declaración, y explica cómo en el Partido Popular ven en el accidente ferroviario una oportunidad de oro para sabotear el principal valor de la campaña electoral del PSOE.

Pues esta se basaba en mensajes positivos, sí, pero sobre todo en presentar a Pedro Sánchez como una persona cosmopolita, que vive en el mundo, con la que se puede hablar más o menos de cualquier cosa. Pedro Sánchez va a conciertos, ve películas y parece que lee libros, practica deportes, tiene hobbies, pero también exhibe un cierto discurso sobre las problemáticas más acuciantes del mundo actual, ya sea el cambio climático, la inteligencia artificial o las redes sociales. Algo ha pensado al respecto. Conversa en inglés con tecnoligarcas, políticos de todo el planeta y premios Nobel. Y ya sea que la conversación derive en un tema o en otro, él se siente más o menos cómodo y es una persona razonablemente informada.

Por el contrario, Alberto Núñez es un monumento a la estulticia y resulta casi imposible citar una sola declaración suya en la que se aprecie algún tipo de idea propia. Casi mejor, porque las veces en las que ha intentado otra cosa, ha metido la pata ostensiblemente. Como cuando, siendo presidente de Galicia, le preguntaron cuál era su libro favorito y contestó: “cualquiera de Rosalía”, para añadir, “Poemas gallegos, ¿puede ser?”, errando en un título (Cantares gallegos) que reconocería cualquier escolar. O cuando convirtió a Picasso en catalán o aseguró que la novela de Orwell se escribió en 1984. Ninguno de nosotros está a salvo de estos errores pero es que Núñez no transmite ni un solo acierto. La imagen que proyecta, ya sea si le preguntan por La bola negra o por cualquier otra cosa, es la de un analfabeto funcional. Y lo mismo vale para sus ideas acerca de los males de la contemporaneidad: ¿el cambio climático?, ¿la salud mental?, ¿las amenazas digitales? Núñez no sabe/no contesta. ¿Tiene alguna opinión sobre algo? ¿Le interesa algo? ¿Algún conocimiento? ¿Alguna inquietud? Parece como si el universo no dejase huella en la plácida existencia neuronal del actual líder del PP.

La derecha antaño se jactaba de cierto saber libresco y el estudio y la exhibición de la cultura eran consustanciales al estatus de clase. La actual tendencia es hacia la antiilustración y la exhibición de la ignorancia

Esto nos lleva a hacer un inciso sobre la actual tendencia de la derecha hacia la antiilustración y la exhibición cada vez más desacomplejada de la ignorancia. Antaño se jactaba de cierto saber libresco y el estudio y la exhibición de la cultura eran consustanciales al estatus de clase. En los salones que describe Proust, el buen tono lo daba el conocer a tales o cuales pintores, novelistas o músicos. Y uno no era nada si no acudía al teatro. Pero no hace falta irse tan lejos: en los años de la transición, en las filas conservadoras españolas encontrábamos a políticos con gran bagaje intelectual como Herrero de Miñón, Fuentes Quintana o el propio Manuel Fraga. Y aún más recientemente, figuras como José María Lasalle o García-Margallo han mostrado una talla intelectual que hoy parece extinta. 

Hace unos días recordábamos aquí la figura de Xosé Manuel Beiras. Además de su faceta política, gustaba de estar al tanto de lo que ocurría en el mundo de las artes, era políglota, traductor de Sartre y Camus y adoraba tocar el piano. Frente a él, en el hemiciclo del Parlamento gallego estaban Alberto Núñez y Miguel Tellado (en el PP a los que mandan se les conoce con dos apellidos; este, como es plebeyo, solo tiene uno. Aquí los tratamos por igual.). Del primero ya hemos hablado, y el segundo, cuando le preguntaron por sus libros favoritos, no fue capaz de decir ninguno y afirmó, casi con jactancia, su “absoluta renuncia” a leer. De los quintetos de Mozart que interpretaba Beiras, ni hablamos, como mucho podríamos imaginarlo con la barrita dándole con más o menos acierto a la botella de Anís del mono. ¿Cuándo la derecha descendió a estos abismos? ¿Y no escandaliza a ninguno de sus votantes?

Con Alberto Núñez como comensal principalísimo de esta cena de los idiotas, es evidente que la comparación con Pedro Sánchez les estaba resultando odiosa

Así las cosas, y con Alberto Núñez como comensal principalísimo de esta cena de los idiotas, es evidente que la comparación con Pedro Sánchez les estaba resultando odiosa. Y no es que este parezca un intelectual de fuste, pero sus contrincantes lo engrandecen. Sánchez planeaba una campaña alegre, abierta, bailarina, con gestos amorosos y, quizá, saltando de un plató a otro para hablar de lo divino y de lo humano. Humanizándose, sí, pero también mostrando un contraste insoportable con el tono grisáceo, anodino e indocto del líder del PP. De ahí ese tuit y sus pretensiones: hay que convertir la campaña en un perpetuo luto. Porque en el luto somos todos iguales: silenciosos, sombríos, oscuros, con los ojos bajos.

En casa apostábamos a que Pedro Sánchez usaría en la campaña la palabra “esperanza”. Mi pareja estudia a los filósofos de la esperanza y había empezado a detectar con su fino oído esa palabra, aquí y allá, en sus discursos. Una vez incluso en una carta a los militantes llegó a citar a Ernst Bloch y nos saltaron las alarmas. Nos parecía que la estaba dejando caer, como una semilla cuyo destino era germinar en la campaña electoral. Si era así, quizá ya no pueda arraigar en el suelo helado y el clima frío que otros preparan y anhelan.

Porque este accidente es para algunos la oportunidad de cambiar un rumbo de campaña que les era muy desfavorable. Por cierto, conviene detenerse un instante en cómo presenta la prensa conservadora a los trabajadores implicados en el fallido control del tráfico ferroviario, casi como víctimas de un sistema nefasto. Quizá sea así, pero no cuesta trabajo imaginar qué habría pasado si este suceso hubiese ocurrido gobernando la derecha y a qué implacable grado de escrutinio personal y denostación se les habría sometido por parte de sus cabeceras y sus programas de referencia. Esa doble vara de medir también encaja con las consignas del luto. 

QUE NO SE TE OCURRA, dicen los esbirros del PP aprovechándose de un sincero y justo dolor colectivo y poniéndolo al servicio de sus estrategias. La consigna retumba con el eco de Lorca y La casa de Bernarda Alba en la que el luto era la expresión del poder y el arma de la dominación. “¡Silencio!”, ordena Bernarda. Y decreta que durante ocho años no entre en la casa el viento de la calle. Que nadie salga, que nadie cante, que nadie lea, que nadie baile; que la vida permanezca suspendida en su ropaje negro mientras dure la campaña, para que en la contemplación de la muerte y el dolor nos igualemos los necios y los sabios, los doctos y los imbéciles, las verdaderas víctimas y las plañideras.

La semana política
Brutal cambio de atmósfera
El plan del PSOE de hacer una campaña en positivo, resaltando el carisma de su candidato frente a la amargura de la derecha, sale mal parado después del segundo accidente ferroviario masivo en lo que va de año.
O Salto Galiza
Ante el féretro de Beirás
Un gigante se ha dormido
Xosé Manuel Beirás fue un hombre que, pudiendo haber sucumbido a las tentaciones de una vida de honores en los cenáculos del poder económico y académico, prefirió alistarse en el ejército de las causas perdidas.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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