Llamémosle Extrerracismo

El Gobierno de María Guardiola pone en marcha un programa educativo racista, ajeno a la realidad pasada y actual de América, un continente donde La Conquista se estudia como un genocidio
Billete 1992 Hernán Cortés
Billete de 1000 pesetas, 1992
14 may 2026 07:01 | Actualizado: 14 may 2026 08:04

En el prólogo a los Diarios de José Martí publicados por Galaxia Gutenberg en 1997, cuenta Guillermo Cabrera Infante que el 29 de enero de 1939, cuando cursaba tercer grado, recibió de la mano de su maestro escolar, a quien en el pueblo llamaban Ramonín, un premio a la excelencia: el libro de La edad de oro, una compilación de la revista que Martí escribió durante su estancia como cónsul de Uruguay en Nueva York, entre julio y octubre de  1889, dirigida a los niños y niñas de América: “Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto”, comenzaba el número 1, “para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América”.

Como se expresa en la nota a la edición de las revistas en facsímil que el Centro de Estudios Martianos hizo en julio de 2000, en Ciudad de la Habana, Cuba, cada ejemplar de la revista integraba -cito textualmente- cuentos, pasajes de la historia anterior americana o tradiciones de países de cultura milenaria, poemas, relevantes artículos de investigación científica, profundizaciones en temas históricos y de la actualidad cotidiana de entonces, todo escrito en un lenguaje sencillo y vibrante. El propósito de José Martí era, según esta nota introductoria, inculcar didáctica y amenamente su ideario ético, anticolonialista, antirracista, su amor a la gran patria latinoamericana, su incondicional fidelidad a la justicia y la defensa de la verdad.

En la revista encontramos numerosas referencias a la historia de América y su lucha por las libertades, como el relato del número 1, “Tres héroes”, cuyo comienzo persiguió durante toda su vida a Cabrera Infante y que habla de Bolívar, Hidalgo y San Martín, o la magnífica biografía corta de Bartolomé de las Casas (“El Padre de las Casas”) en el número 3, que acercó a los niños y niñas la denuncia hecha por el obispo de Chiapas sobre la esclavitud y destrucción a que fueron sometidas las poblaciones indígenas. El precio que tuvo que pagar fue el desprecio y el peligro a manos de sus compatriotas.

Los relatos de José Martí en La Edad de Oro fueron unos de los primeros alegatos contra ese discurso triunfalista y bobalicón de las aulas que trata de falsear la historia según los vaivenes políticos del momento, interesado en crear falsas señas de identidad comunitarias a costa de las supuestas gestas y heroicidades de turbios personajes que no dudaban en masacrar, violar y robar, todo ello en beneficio de sí mismos y de sus señores. En su afán de conquista solo había ambición y soberbia, alimentadas y justificadas por una religión que aún andaba quemando herejes en las plazas públicas, bajo el signo de la cruz, mientras cuestionaba los sacrificios humanos a manos de los aztecas.

La Edad de Oro, José Martí
La Edad de Oro, facsímil centro de Estudios Martianos, Ciudad de la Habana, 2000

Sorprende, por tanto, que el Gobierno de Extremadura, a través de esa Consejería de Educación y Formación Profesional a la que se le ha retirado la Ciencia,  venga ahora a poner en marcha una materia optativa dirigida a 3º y 4º de la ESO, llamada “Extremestiza”, cuyo decreto comienza diciendo que “La palabra mestizo deriva del latín mixticius, mezclado”, todo un ejercicio de arrogancia y prepotencia del Poder, tal y como lo conceptualizaba Michael Foucaul en su Genealogía del racismo, si se tiene en cuenta que el mismo adjetivo mestizo y su sustantivo mestizaje son préstamos lingüísticos del vocabulario relacionado con el cruce animal entre razas de una misma especie. Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua Castellana o Española (Madrid, 1611), definió mestizo como “el que es engendrado de diversas especies animales”.  Quienes tenían el poder de nombrar las nuevas realidades encontraron idónea la palabra para expresar la mezcla entre los conquistadores blancos y las nativas -o indias- a las que violaban o asesinaban: “Entraban en los pueblos ni dejaban niños, ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos” (De la isla Española, Bartolomé de las Casas).

Como tantas otras palabras inventadas en el contexto de La Conquista, herederas de aquel sistema de castas que hacía distinciones por la pureza de sangre, el racismo se hizo lenguaje en el uso del español para nombrar las nuevas razas surgidas tras la invasión europea del continente desconocido, desnaturalizándolas mediante una categoría más cercana a la condición animal que humana. El mestizo era el hijo del español que pertenecía a la primera hornada de los conquistadores con una india, hijo de una relación no consentida y colonialista; si este mestizo se casaba con una española, su hijo sería un castizo, también llamado cuarterón, y si se casaba con una india, un coyote.

“...el racismo se hizo lenguaje en el uso del español para nombrar las nuevas razas surgidas tras la invasión europea del continente desconocido, desnaturalizándolas mediante una categoría más cercana a la condición animal que humana...”

Cuando flaqueó la población amerindia autóctona, por causa del genocidio, se importaron esclavos de África. Ello generó nuevas palabras para denominar al no blanco: al hijo de un español con una negra se le llamaba mulato o mulata, y si esta mulata se unía a españoles, en cuatro generaciones se pasaba, sucesivamente, por ser morisco, albino, tornatrás y, después, gente blanca. El zambo era el hijo de una negra unida a un indio, y si este zambo se juntaba con una negra, tendrían un chino, mientras si lo hacía con una india, tendrían un grifo. Por último, el tentenelaire es el hijo de una mulata y de un cuarterón. Todas estas palabras, de las que dio noticia uno de aquellos trataditos de Oikos-Tau que se publicaron en 1971 (La esclavitud, por Maurice Lengellé, con traducción de Elvira Moragas),  se pueden encontrar, hoy día, en el diccionario de la RAE.  

El racismo en el uso del lenguaje no solo atañe al cruce racista que encabeza el decreto de la Junta de Extremadura, y que evidencia el resto del texto. Las referencias nominales al pueblo latinoamericano o hispanoamericano reflejan un etnocentrismo que obvia la diversidad de América, con nulas menciones a la realidad indoamericana, de población predominantemente indígena (Andes y Centroamérica) o la realidad afroamericana (Caribe y Brasil).

Sorprende también, por último, que la Junta de Extremadura pretenda iniciar un adoctrinamiento ideológico que no va con los tiempos actuales. En América está ya más que superado el relato del encuentro idílico entre culturas y es más que conocido el genocidio iniciado por los conquistadores españoles. No se trató de un proceso intercultural, sino de una asimilación. Nadie que defienda este relato podrá ser bien recibido, como ha sucedido con el reciente ridículo protagonizado por la presidenta de la Comunidad de Madrid en su viaje a las nuevas Indias. En sus escuelas y en sus currículos se estudia La Conquista como lo que fue: una invasión más de bárbaros, que solo trajeron destrucción y pillaje. Tampoco aquí, en la tierra madre, es de esperar que el profesorado (serio) de Geografía e Historia admita este intento de revisionismo que solo pretende satisfacer egos castizos y cuarteleros de una derecha trasnochada, casposa y preocupantemente combatiente.

“En América está ya más que superado el relato del encuentro idílico entre culturas y es más que conocido el genocidio iniciado por los conquistadores españoles. No se trató de un proceso intercultural, sino de una asimilación. Nadie que defienda este relato podrá ser bien recibido”

Sería recomendable, más bien, que María Guardiola y esa extraña familia que trata de normalizar el racismo en las aulas, se dedicaran a impulsar una enseñanza de la historia que nos precedió, con rigor y verdad, con el fin de que podamos hermanar verdaderos lazos y en consonancia con lo que expresó José Martí en el editorial del primer número de La Edad de Oro, julio de 1889, destinado “A los niños que lean La Edad de Oro”:

“Lo que queremos es que los niños sean felices, y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: ¡Este hombre de La Edad de Oro fue mi amigo!".

 

 

Opinión
María Guardiola y la extraña familia
La doblez de la presidenta extremeña en los asuntos de La Conquista y otros intereses ideológicos de la ultraderecha.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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