¿Cómo sería España sin el nacionalismo español?

El nacionalismo español no existe para sí mismo y los españoles no se reconocen como nacionalistas. Puesto que la nación española existe por la gracia de Dios, no necesita justificación y crea, en palabras de Botey Vallés, un “nacionalismo ignorante”.

Bandera española y precariedad
Una mujer limpia una terraza con banderas de España. David Fernández
Jorge Armesto

publicado
2017-12-13 12:33:00

Una mañana me desperté y el nacionalismo había desaparecido. Me preparé mi café y me dispuse a seguir el Curso de Gallego que cada martes emitía La2. Desde la desaparición del nacionalismo español TVE dedicaba un día a la semana a impartir cursos en todas las lenguas del estado. Felizmente había quedado atrás el insultante desprecio de la cadena pública por las demás lenguas nacionales a las que, en más de cuatro vergonzosas décadas de abandono, no había dedicado ni un solo minuto.

Con buen criterio, los cursos no eran solo una aburrida sucesión de gramática y vocabulario sino que servían para dar a conocer las creaciones culturales de cada una de las naciones que componían el estado español.

Ese día, además, TVE emitía en prime time un homenaje a Narf, al cumplirse el aniversario de su muerte. En su momento el fallecimiento de un artista con talento tan incontestable no había merecido ni un minuto en los telediarios españoles, ni una línea en la prensa escrita. Pero esos tiempos de oscurantismo y fanatismo centralista ya habían pasado. En España hoy se consideraba la diversidad de lenguas del estado como un tesoro de incalculable riqueza. No como en los días del nacionalismo español que las juzgaba públicamente como un estorbo y, privadamente, como algo a exterminar.

De hecho, fundamental en estos nuevos aires había sido el histórico comunicado de la RAE pidiendo perdón por siglos de opresión lingüística contra las lenguas periféricas. Atrás quedaban las inauditas gilipolleces de sus prebostes tales como sus lamentos por la diversidad idiomática del “globo terráqueo” que juzgaban culpable, por ejemplo, de la pobreza del continente africano, sus llamamientos a la unidad de España o su justificación de la opresión franquista sobre el catalán, gallego y vasco con el argumento de que “es mejor que 400 millones opriman a 3, que al revés”, genialidad que es una lástima que no se les ocurriese en el Juicio de Nuremberg a los acusados por el Holocausto.

El Estado español había cesado el permanente hostigamiento legal a los sistemas educativos de las naciones periféricas. De hecho, ahora se podía estudiar gallego, catalán o euskera en cualquier colegio público del estado siempre que hubiese un quórum razonable de alumnos que las demandase. El descubrimiento de la riqueza cultural de las naciones periféricas atraía cada vez más a los españoles que se preguntaban cómo habían estado tantas décadas sumidos en la ignorancia.

Tanto en las asignaturas de Historia como en Lengua y Literatura, los niños estudiaban también los acontecimientos históricos y culturales de las naciones sin estado. De ese modo los españoles habían adquirido una mayor conciencia de los agravios y heridas que su nación había infringido a las otras y podían comprender mejor algunas de las tradicionales reivindicaciones de los nacionalismos periféricos. Los frutos de este conocimiento habían sido esenciales para dejar atrás la anterior era de ignorancia y prejuicios y construir una sociedad más dialogante y culta.

Este nuevo clima había modificado toda la oferta cultural televisiva: los programas de literatura también se hacían eco de los lanzamientos de libros en el resto de idiomas peninsulares que hasta entonces habían despreciado. Y lo mismo ocurría con los estrenos teatrales, la música y el cine. De repente, los españoles descubrieron que había otras sensibilidades y otros modos de explicar el mundo.

De la programación había desaparecido la oferta taurina, cuya persistencia no se correspondía con las míseras audiencias que concitaba sino solo por la defensa enconada de lo que se consideraba un importantísimo símbolo de lo español. Del mismo modo, el Tribunal Constitucional, había cesado en la persecución de aquellas administraciones que pretendían prohibir tales muestras de barbarie y maltrato animal.

Todo había sido un delirio motivado, quizá, por mi negacionismo de las fechas de caducidad alimentaria y agravado por la lectura del último vómito de Javier Marías sobre feminismo

También se habían reducido hasta casi la nada en los informativos las antaño exageradas exaltaciones de “los deportistas españoles”, una cohorte de multimillonarios tan faltos de compromiso con el país que decían representar que ni siquiera pagaban en él sus impuestos pero pasaban, sin embargo, por ser sus más destacados representantes. Así, los tiempos televisivos que había dejado libres el enaltecimiento nacionalista se podían ocupar en glosar la vida de otros españoles anónimos cuya actividad diaria sí era beneficiosa para sus conciudadanos.

Por supuesto, el estado español reconocía la capacidad de las naciones que lo integraban de segregarse si así era la voluntad mayoritaria de sus ciudadanos. Esto había traído un nuevo clima de convivencia en el que los distintos pueblos decidían convivir juntos haciendo uso de su libertad y no por la imposición violenta. Un clima en el que la tolerancia y el respeto a la diversidad habían sustituido al sectarismo y a la idolatría de símbolos reaccionarios.

No todo era cultura e identidad, también había agravios económicos que se iban corrigiendo. La construcción de infraestructuras no privilegiaba obscenamente a la capital de la nación, que antaño era el centro del que irradiaban carreteras y ferrocarriles. Tampoco se consentía ya que las empresas energéticas o papeleras tributaran societariamente en Madrid aunque causasen sus agresiones ambientales en Galicia sin que, para más escarnio, los gobiernos autonómicos tuviesen competencias regulatorias. Esta situación cuasi colonial se había justificado con la falacia del nacionalismo español de que “todo era de todos” (para algunos los impuestos y para otros la contaminación y el daño ecológico) mas hoy ya estaba felizmente superada.

Y entonces me desperté. Todo había sido un delirio motivado, quizá, por mi negacionismo de las fechas de caducidad alimentaria y agravado por la lectura del último vómito de Javier Marías sobre feminismo. Todo seguía como siempre.

Cuando desperté del sueño

Los medios de comunicación y la industria cultural seguían ignorando y ocultando las creaciones de los demás idiomas, circunscribiéndolas a regañadientes a sus guetos territoriales, como si continuase en vigor el Decreto de 1801 prohibiendo en España los espectáculos teatrales que no estuviesen en castellano. De hecho, la fractura cultural se ahondaba cada día.

Si bien un andaluz, un castellano o un madrileño reconocen algo de sus respectivos caracteres dentro de “lo español”, difícilmente un gallego encontraría ni un solo rasgo de su cultura en esa difusa definición. Incluso aunque se pueda sentir “tan gallego como español”, al contrario que esos territorios con vínculos comunes, las realidades culturales de España y Galicia son conjuntos disjuntos que no comparten ni un solo elemento.

Cada día podemos encontrar ejemplos de esta afirmación: en la consideración del pop aflamencado como “la música española”, de la copla andaluza como “la canción española” o en la identificación del humor español con el gracejo andaluz. La extenuante proliferación de informaciones sobre vírgenes del rocío, procesiones de semana santa, carnavales de Cádiz y ferias de abril como si fuesen noticias “nacionales” del interés de todos, no solo invisibiliza a las naciones periféricas sino que también lo hace con las realidades andaluzas opuestas a su estereotipo y así es el nacionalismo español el que convierte a esta comunidad en una caricatura folclórica de sí misma.

Pero lo cierto es que en los programas de televisión son abrumadoramente mayoritarios los artistas con acentos sureños exhibiendo sus folclores locales, mientras que es imposible ver muestra alguna de los acentos y la música gallega, catalana o vasca. Por poner un ejemplo, las cuatro décadas creativamente excepcionales del folk galego no han dejado ni una mísera huella en la programación televisiva española.

Ese ninguneo tiene además efectos permanentes. Puesto que en la parrilla televisiva abundan los programas de memoria y los refritos de programas antiguos, la ocultación del pasado de ayer se reproduce una y otra vez hoy en “cachitos de hierro y cromo”, “cuéntames” o “dónde estabas entonces”. Del mismo modo, los programas pastiche de mañana reproducirán los mutilados contenidos de hoy en un ciclo perfecto e inacabable de imperialismo cultural español.

Mientras que la cartelera madrileña, sus exposiciones y eventos tienen presencia permanente, nada de lo que acontece en el norte existe. Quizá esa expulsión simbólica explique por qué, por ejemplo, en Santiago de Compostela es más fácil ver hoy en los balcones ondear banderas negras contra la violencia machista que las casi inexistentes banderas españolas.

Este menosprecio se exhibe en todo, en los programas de entretenimiento, los informativos y los culturales. Los espacios referidos a “nuestro cine” o el “cine español”, se circunscriben únicamente al cine “hecho en español”. Sin el nacionalismo español no se explica tampoco la insistencia en dignificar las chabacanas creaciones cinematográficas del franquismo. El anhelo de construcción de una “cinematografía española” es tal que incluso no se tiene reparos en apoyarse en las producciones de una era totalitaria de la que no se podría extraer expresión legítima alguna. Estos programas contribuyen además a hacer un lavado de cara del franquismo. Cuando los contertulios “rescatan” joyas “injustamente olvidadas” lanzan al tiempo el mensaje de que se podía hacer cine y cultura de calidad durante la dictadura. Tan mala no sería.

Hay programas que son clásicos panegíricos del nacionalismo español. Ya denunciamos en otra ocasión el mensaje rancio ultranacionalista de toros, militares y monjas de Master Chef. Pero incluso otros, como España Directo, tienen la misma función, al tratar de construir una realidad común con recetas de migas o variedades de pimientos mientras se ignoran las expresiones verdaderamente diferenciales de las naciones que componen el estado. Incluso la información meteorológica sirve a ese fin. España comparte más de mil kilómetros de frontera con Portugal. Es de suponer que el clima del país vecino podría ser de interés a los ciudadanos españoles que habitan en ese territorio limítrofe. Sin embargo, en el mapa solo vemos nubes y soles en el territorio español. Y las borrascas llegan a “nuestro país”.

TVE se muestra como la más prolífica creadora de contenidos nacionalistas. De entre todos los momentos y personajes históricos que se podían elegir, fue “Isabel” la que protagonizó su serie histórica. Isabel la Católica remata “la reconquista”, funda España y, de paso, también “El Ministerio del Tiempo”.

En esta serie –cuyas audiencias nunca estaban a la altura de las glosas enardecidas que le regalaba el periódico nacionalista El País para quien era un “programa necesario–, unos agentes viajan por el tiempo para evitar cambiar la historia de España. Desfilan el Cid Campeador, Los Últimos de Filipinas, La Verbena de la Paloma y El Empecinado. El Ministerio del Tiempo proporciona un envoltorio moderno y progre que trata de limpiar los tradicionales símbolos del nacionalismo español aún chorreantes de la sangre derramada en el franquismo. Por cierto, que la incomodidad que genera la sola mención de dotar de letra al himno explica muy bien cómo se viven vergonzantemente los símbolos nacionales: como algo que aún causa oprobio.

Los agentes también salvan Alfonso XII sin el cual, “su descendencia no nacerá”, o sea, la actual monarquía. ¡No, por Dios! ¡No podemos consentir tal catástrofe! Pero por el que más interés se tiene es por Adolfo Suárez, cuya existencia se “salva” en dos programas distintos nada menos. Es el héroe por excelencia del actual nacionalismo español, y quien personifica el mito del consenso y el dogma de la Inmaculada Transición.

Solo hay una Escuela de Idiomas en el territorio español y es más fácil estudiar finés o rumano que catalán. La aversión institucional no se disimula

El nacionalismo español se expresa cada día de forma “banal”, en feliz expresión de Michael Billig. Para el autor británico los nacionalismos estatales no necesitan enarbolar sus banderas permanentemente puesto que ya son hegemónicos. El reciente conflicto con Cataluña es un ejemplo palmario de esta afirmación: cuando el nacionalismo catalán cuestiona esa hegemonía, salen de los arcones las banderas españolas y asistimos a estrafalarios espectáculos de fruterías y colegios haciendo juras de bandera, discotecas madrileñas pinchando el himno nacional o barrios enteros, empobrecidos y olvidados, pero engalanados con la enseña patriótica.

El mismo Billig afirma que los recibimientos multitudinarios a los deportistas triunfantes son una sublimación, o un entrenamiento simbólico, de los recibimientos a los ejércitos. Las despedidas con himnos futboleros a las fuerzas de seguridad que marchaban desfilando gloriosamente a poner fin a la insurrección de Cataluña no pueden más que darle la razón.

Por supuesto, en el sistema educativo español es misión imposible estudiar alguna de las restantes lenguas del estado. Solo hay una Escuela de Idiomas en el territorio español y es más fácil estudiar finés o rumano que catalán. La aversión institucional no se disimula. En Suecia cualquier ciudadano puede presentar un escrito ante cualquier administración en su lengua nativa pues todas tienen la consideración de oficiales, pero basta con que un parlamentario español ose pronunciar no ya un discurso, sino tan solo una frase como cita en cualquiera de los tres idiomas para que reciba la encolerizada reprimenda de Ana Pastor y se borren esas palabras abominables del diario de sesiones.

Con respecto a los estudios de Historia, el ultranacionalista Cardenal Cañizares, había sido capaz de encontrar los inicios de España (cuya unidad juzgaba como “un bien moral”) nada menos que en la Biblia. No menos pintoresca, la reforma educativa del PP presenta la Historia de España “Desde Atapuerca hasta la Constitución”, como si esa realidad política existiese desde el principio de los tiempos. Tal concepción se sustenta en la historiografía construida en el S.XIX, con el advenimiento de todos los nacionalismos estatales, incluido el español, momento en que se “nacionalizó” la historia dándole un carácter finalista o teleológico.

Según esa visión todos los avatares ocurridos en la península ibérica han tenido como fin último la construcción del estado español moderno. Esta historiografía nacionalista utiliza terminología tan doctrinaria como “La Reconquista”, enaltece los tiempos del Imperio, dibuja una amable e ilustrada conquista de América y sobre todo trata de construir un “carácter español”, ya formado nada menos que en la Hispania prerromana como gentes valientes, nobles, orgullosos e independientes cuyas derrotas son solo debidas a la ineptitud de su clase dirigente.

Esta fantasía se repite en todos los escritores nacionalistas, ya sea el Pérez Galdós de los Episodios Nacionales o el Pérez Reverte de hoy quien repite la misma monserga cada vez que abre la boca: España es un pueblo heroico cuyo inmortal destino estuvo lastrado por dirigentes corruptos e incapaces.

La llamada “Guerra de la Independencia”, que quizá merecería mejor el nombre de “Guerra de Restauración Borbónica”, puesto que Napoleón no deseaba anexionar España, es el hito histórico preferido de los dos nacionalismos, el ultramontano católico y el liberal, que hoy representarían PP y PSOE. En el 2 de Mayo el pueblo se levantó para defender los privilegios de la monarquía, la nobleza y la iglesia bajo la sabia dirección del ejército (Daoiz y Velarde). No es de extrañar que Esperanza Aguirre invirtiese millones de euros en su exaltación y que fuese el propio Pérez Reverte quien se embolsase 300.000 de ellos por hacer de comisario en una exposición sobre el tema.

Por supuesto, ningún alumno estudia ni una línea acerca de la creación del nacionalismo español ni de la historia de las restantes naciones españolas. Al contrario, la ultraconservadora Academia de Historia, esa que publica elogiosas biografías sobre Franco, denuncia frecuentemente la desaparición de los estudios de “una historia común” con el aplauso de Esperanza Aguirre y El País. Historia común, por cierto, que siempre se enseña con sus convenientes olvidos.

La glorificación de la Transición y la Constitución se han convertido en un dogma unánime y cuestionarlo trae aparejados violentísimos ataques y el ostracismo académico

Si algo tienen en común los estudiantes de la EGB, la LOGSE, la LOCE, la LOE y cualquier otra reforma educativa es que ninguno habrá leído ni una línea acerca de las guerras civiles propiciadas por la derecha española en el S.XIX ni mucho menos de la Guerra Civil Española o la dictadura franquista. Curiosamente siempre están al final del programa y “nunca da tiempo”. Vaya por Dios.

Sin embargo, sí “da tiempo” a divinizar la Transición y su sagrado fruto, la Constitución, como el único periodo histórico que hace presentable el nacionalismo español.

Sobre este tema convendría recuperar el libro de Xacobe Bastida: “La nación española y el nacionalismo constitucional”, en el que el autor hace un riguroso y pormenorizado estudio acerca de la génesis del artículo 2 de la Constitución que consagra la unidad de España.

A riesgo de resumir en exceso el metódico análisis que el libro contiene, dicho artículo segundo, que hoy se empuña tal como si figurase tallado en las Tablas de la Ley, fue impuesto por medio de las amenazas del ejército cuando los redactores de la Constitución habían redactado un primer borrador completamente diferente. Esta imposición, de la que da cuenta Jordi Solé Tura, uno de los padres del texto constitucional, ha sido ignominiosa y cínicamente ocultada por todos los tratadistas posteriores.

Xacobe Bastida cita la anécdota de un Expresidente del Tribunal Constitucional quien afirmó rotundamente en un acto público que tal amenaza militar no había existido para reconocer luego en un ambiente más distendido que “no era conveniente para nuestra democracia que se airease ese conocimiento”.

Pero, además del hecho cierto de que el texto constitucional esté en su génesis viciado por el chantaje del ejército, la lectura pormenorizada de las justificaciones argumentales de constituyentes y constitucionalistas para insuflar soporte intelectual al chapucero artículo que erige la unidad de España como valor superior a todos los demás, muestra una desoladora cháchara de trileros, demagogos y ultramontanos patriotas, manoseando y retorciendo argumentos filosóficos hasta extremos insoportables a toda honestidad intelectual.

Desde entonces, la glorificación de la Transición y la Constitución se han convertido en un dogma unánime y cuestionarlo trae aparejados violentísimos ataques y el ostracismo académico. Prueba de ello es el libro Nacionalismo español, de Carlos Taibo, que recoge aportaciones multidisciplinares de diversos estudiosos y que se encontró con inimaginables trabas y desabridas contestaciones a sus intentos de publicación.

El nacionalismo español no existe para sí mismo y los españoles no se reconocen como nacionalistas. Puesto que la nación española existe por la gracia de Dios, no necesita justificación y crea, en palabras de Botey Vallés, un “nacionalismo ignorante”. Pero sin embargo se expresa cada día en todas y cada una de las instituciones del estado: en la judicatura, en las leyes, en la iglesia, en la cultura y en los medios de comunicación.

El conflicto catalán ha descubierto aún más su deforme rostro. Vargas Llosa grita: “¡El nacionalismo es la peste del Siglo XX!” y un clamor de cientos de miles de personas gritan “¡España, España!” agitando desesperadamente sus banderas. Pero no son nacionalistas: son patriotas.

Los alumnos catalanes, vascos o gallegos tienen mejores competencias en idioma castellano según el informe PISA que los de otras comunidades, aunque eso no le importa al ultranacionalista partido Ciudadanos, que emponzoña con su electoralismo de cloaca la pacífica convivencia escolar con documentos falsos y mentiras describiendo un idioma español en peligro. Pero no son nacionalistas.

Los medios de comunicación fusionan adoctrinamiento e información con portadas e informativos diarios dignos de figurar en la historia negra del periodismo tal como el último de El País que hablaba de una manifestación que “exhibía su odio a España”. Pero no son nacionalistas.

Nadie menor de 60 años votó la Constitución pero machaconamente se nos repite que la votamos “todos”. Y es cierto, la votó el “todos” atemporal de la nación. Podrían haberla aprobado en el siglo XIX y sería igualmente cierto que la votamos “todos”. Pero eso no es nacionalismo.

Incluso jueces y fiscales hacen depender nada menos que la prisión o libertad de personas a las que no se conoce delito alguno en ridículos exorcismos para que abjuren de sus creencias, “se retracten” o acaten tal o cual ley (sin que se sepa muy bien qué clase de crimen es no acatar) en lo que muy bien Pedro Vallín compara con los Autos de Fe donde se pedía la renuncia a Lucifer. Pero eso no es nacionalismo.

No, cuando desperté, el nacionalismo no había desaparecido. Cuando desperté, el dinosaurio seguía allí.

87 Comentarios
#4913 9:24 16/12/2017
Sentirse español es quererse,sentirse español es sentirse afin a un gallego,a un catalan,vasco o canario.Estos que claman contra el nacionalismo español,cuando estan en cualquier parte del mundo reconocen a un español de la parte a que sea a leguas.Esasi por mas que queramos diferenciarnos,que por supuesto tenemos diferencias.Mis padres son gallegos,tres cuartas partes de mi familia tambien,yo de Cadiz,mi hijo de Cadiz,tengo hermanas en Madrid,Barcelona,Ibiza,primos nacidos en el Pais Vasco,Andalucia,Canarias,,sobrinos catalanes,madrileños,eso para mi es ser español.esa amalgama de pueblos idiosincracias,culturas,todasdiferentes y al mismo tiempo con un hilo invisible que los une.Separatistas,no gracias.
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#5053 21:47 17/12/2017
Eso tienen un problema y es que, para ser justos, la muerte del nacionalismo español debería significar el nacimiento del nacionalismo de "elresto". Sería deseable que el Estado Español fuera un ente integrador e imparcial que aglutinara a todas las nacionalidades hispanas, pero para ello haría falta que Elresto, es decir, todo lo que no es Cataluña-HE-Galicia existiera y tuviera una entidad similar a estas identidades. Pero Elresto no existe, y mientras Elresto no exista el Estado Español no va a ser mas que esa fachada que intenta aglutinar con estereotipos un país que se cae a cachos. Este artículo olvida que España es un gran conjunto de periferias y si el folk gallego no aparece en TVE el valenciano, el canario tampoco o el castellano tampoco. Y estaria fantántico que la historia de España que se estudiase en todos los colegios fuera decidida por unanimidad por los historiadores de las 17 comundiades y si no hubiese unanimidad se consideraria algo muy feo ¿cómo pude ser el pasado diferente para cada uno?
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#4715 8:17 15/12/2017
Muestra del ejercicio de imaginacion de la extrema izquierda espanola. Ese nacionalismo espanol del que habla no existe mas que en su imagnacion y en la mente de tres frikis (votantes de falange espanola en las utimas elecciones: 10000. votantes de partidos de extrema izquierda: varios millones. esos varios millones se imaginan a un enemigo casposo, franquista, machista etc etc.... que apenas existe, pero qu ees necesario, es necesario crear un enemigo para justificar el discurso extremista d ela extrema izquierda y el separatismo excluyente espanol). Y por el amor de dios, si alguien quiere ver cine de barrio, dejenlo no? O es que estamos en una dictadura estalinista de manipulacion de la cultura? Ese es el enfoque que tiene el autor: hay que manipular la cultura espanola para "defender" (mas bien diria consagrar y hacer hegemonicas) las culturas perifericas. Vamos, lo que ya se hace a nivel autonomico (un nivel que se le parece olvidar al autor, que no recuerda que la politica cultural recae mas en las manos de las comunidades autonomas que del estado central). Yo me eduque en Andalucia, y estudie en el cole historia andaluza, cultura andaluza, geografia andaluza, etc etc,, precisamente en un intento de manipulacion cultural e ideologica de caracter un tanto autoritario. Eso que dice de que no se estudia las guerras civiles es mentira tambien. Por cierto la cultura andaluza ha inspirado una cultura comun espanola precisamente porque es abierta, que es lo que le hace falta a las culturas catalanas o gallegas o vascas, que son cerradas en un discurso etnico-cultural de caracter totalitario y excluyente. Si usted quiere ser separatista digalo, pero que sepa que el separatismo, al consagrar la desigualdad entre personas por el sitio en que viven, empequenece el corazon de los que lo profesan, y lleva a la destruccion de la convivencia. Si usted quiere que se manipule la cultura para ahondar en las diferencias y si usted quiere ser separatista, digalo, pero que sepa que eso es ser un autentico ultraderechista, mucho mas que los 10000 frikis que votan la falange.
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#5185 6:51 20/12/2017
"Por cierto la cultura andaluza ha inspirado una cultura comun espanola precisamente porque es abierta, (...)" Esto es pura opinión, no un hecho contrastado. No existe una cultura común española, por lo que la cultura andaluza no la pudo haber inspirado (signifique lo que quiera que signifique esto) con lo que no es posible afirmar que dicha cultura andaluza sea abierta (signifique lo que quiera que signifique esto también, que son verbos ambigüos). Lo mejor es que utilice esta falacia para sustentar la base de la siguiente: "(...) que es lo que le hace falta a las culturas catalanas o gallegas o vascas, que son cerradas en un discurso etnico-cultural de caracter totalitario y excluyente." Así que la solución es que las culturas gallega, vasca y catalana sean abiertas como la andaluza. Gracias. Qué fácil es sacar la lengua a pastar y qué difícil reflexionar sobre los propios prejuicios.
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#4911 9:20 16/12/2017
Este discurso negacionista del nacionalista español es precisamente el que denuncia el autor. El soniquete de que las culturas vasca, gallega y catalana son culturas cerradas con un discurso etnico-cultural totalitario y excluyente es como aquel de otra epoca en la que se hablaba de la conjura judeo-masonica. Venga ya, patriota!
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Paco 9:27 16/12/2017
Pero si tú coincides con el autor en el fondo (anti-nacionalismo español o cualquier otro), pero no has acabado de comprender las formas que emplea para describirlo.
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victoria 10:23 15/12/2017
Mira, un comentario que retrata el nacionalismo del que habla el artículo.
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Valencià 13:28 14/12/2017
Habiendo leído su artículo con minucioso detalle se me antojan cuanto menos diversas críticas a un relato que peca del simplismo propio del discurso centralista por omisión, ya sea por desconocimiento o por olvido. No ayuda a combatir dicha visión el no hablar más que de Catalunya, Galiza i Euskadi cuando se explicitan naciones habiendo muchas más,premeditadamente despreciadas por los discursos centralistas. Y de sus lenguas, habiendo otras que, además de desconocidas, están en peligro y con aun menos, si es que es posible, cobertura legal cómo sin ir más lejos el bable o el aragonés. Como valenciano no deja de sorprenderme ese discurso suyo tan de voga entre la izquierda progressista que no hace nada de desmarcarse de ciertas visiones del estado y que peca de ilusa y de voluntad real de conocimiento de las distintas realidades.
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#4472 13:36 14/12/2017
Creo que el autor habla de las naciones periféricas, el nacionalismo periférico y su relación con el nacionalismo estatal. No sobre las lenguas en general, quizá por eso no ha mencionado el bable, el aranés o el leonés. Porque sus territorios no se consideran naciones y no se puede hablar de ningún nacionalismo aragonés enfrentado al nacionalismo español
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Lladre de Lladres 18:50 15/12/2017
Yo también he echado en falta algunas otras "nacionalidades" de este país de países en el artículo, (que por cierto me ha encantado en líneas generales) y así se lo he hecho saber al autor, con todo el respeto, creo que no ha habido ninguna otra nacionalidad más maltratada que la aragonesa, y que no nos ponga usted en ese abanico de nacionalidades por no considerarnos reivindicativos, me parece penoso, y más viniendo de alguien que parece serlo, nacionalista y reivindicativo, digo. Aragón es uno de los más antiguos reinos de este país, con un peso muy importante en el devenir histórico del mismo, probablemente el más castigado en todas las guerras civiles que hemos tenido, como para no ser reivindicativos señor, en la última guerra, salvo la batalla de Madrid todos los importantes enfrentamientos se dieron en nuestro territorio, menos mal que no somos reivindicativos, ni nacionalistas ni ná de ná, amoshombreporfavor!
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#4477 14:16 14/12/2017
Eso de que no existe un nacionalismo aragonés quizás estaría bien que se lo explicase usted a la Chunta aragonesista. Peca usted de lo mismo que he criticado. Aragón es una nacionalidad histórica como también lo es por ejemplo el País Valenciano y dónde por cierto también hay partidos nacionalistas. Véase Bloc Nacionalista Valencià
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#4515 18:07 14/12/2017
Construir o romper. Parece que es lo mismo. Abundan por España los aprendices de brujo, que pretenden derribar la casa común para construir una suya exclusiva. En el fondo es tribalismo, feudalismo encubierto de nuevo cuño... o incluso racismo. Pero lo que no consigo entender es como medios y ciudadanos ¡de izquierda! compran y aplauden semejante porquería.
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#12041 2:08 27/3/2018
Pues deberías preguntarte por las causas. Hay mucha base social de izquierdas en el independentismo catalán. España deriva de la derecha cada vez más y han perdido la esperanza de poder construir una España con menos desigualdad.
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Anmarianónima 14:18 14/12/2017
Segun el articulo lo mejor seria que españa desapareciera junto a su bandera seriamos un monton de paises catalanes ,gallegos etc. Y seriamos el azmerreir del mundo , deberiamos de tomar ejemplo de los americanos que son un monton de estados y todos tienen su bandera en la puerta y estan orgullosos de ser estado unidenses aqui es al reves todo el mundo solo esta pensando en como cargarse españa sobre todo la izquierda,en este pais se confunde a los que nos gobiernan con españa somos el azmerreir del mundo que pena.
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#4480 14:42 14/12/2017
Comparto muchas más cosas con Marcianos que con Marianos. España es una marca barata y de mala calidad de consumo interno representada por vendedores de humo que apuntan a la luna con la mano de la pulserita para ocultar el robo de tu cartera en su cuenta Suiza (ó Panameña)
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Bot-rusa 15:57 14/12/2017
Su discurso es respetable aunque no compartido por una servidora, pero su doble "azmerreir" (sin "h" y sin tilde), me hace llorar. (Sin ofender)
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#4509 17:43 14/12/2017
No me ofende por no tener ni si quiera estudios primarios estoy orgullosa de por lo menos hacerme entender no se preocupe que ya lo e aprendido con h gracias
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victoria 10:32 15/12/2017
No creo que dar valor a las regiones de un país sea destruirlo. Como usted menciona EEUU, le comento que los habitantes de cada estado se enorgullecen igual de ser americanos y del estado al que pertenecen. Ese sentir nace del respeto profundo a la diversidad americana, algo que su comentario deja de lado.
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Anmarianónima 2:55 16/12/2017
Victoria te doy toda la razon yo solo e querido reflejar lo que observo para mi lo que mas me depresiona es las ganas que veo que españa se rompa en pedacitos o sea en un monton de regiones y creo que españa como todos los paises para diferenciarse tienen una bandera y aqui sobre todo la extrema izquierda se averguenza de la bandera española y no solo se averguenzan si no que romperian la unidad yo hablo con algun extranjero por ejemplo un ucranianiano otro frances y no entienden ese rechazo se cachondean de nosotros acaban diciendome claro spain es diferent .
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#4923 10:10 16/12/2017
Pues debería preguntarse por qué ocurre eso y dejar de nadar en el océano de los tópicos
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#4993 4:11 17/12/2017
Esta persona por lo que observado no tiene tu cultura pero tiene derecho a pensar no deberias de ser tan cruel en tu recomendaciones de nadar en los mares y respetar a los que seguramente por falta de medios no pudieron ilustrarse como tu lo importante es comprender lo que quiere decir que españa es una mierda y nos deberiamos de ir todos a bruxelas capital de los catalanes.
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#5054 21:51 17/12/2017
Tampoco estoy de acuerdo con eso de que un castellano tiene algo con lo que identificarse en lo español y un gallego no. Los castellanos ya lo único que tenemos es la lengua, porque hace siglos que España mira para todas partes menos para su centro, incluso hasta a Galicia se mira más que a Castilla. Gallegos y castellanos somos campeones en despoblación y olvido, no nos diferenciamos en tantas cosas. Aún así me parece un interesante ejercicio el que propone este artículo.
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#4950 14:53 16/12/2017
El artículo acierta al desemascarar el nacionalismo español, pero incurre igualmente en nacionalismo al mencionar continuamente las "naciones sin Estado" que existen dentro de España... Es decir, que el redactor cree en la existencia de naciones, cada una con su lengua y su cultura propias. Ideología nacionalista, al fin y al cabo. No nacionalista es quien no cree en las naciones, sean con Estado o sin Estado, como base de la organización política.
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#5038 17:18 17/12/2017
Te equivocas en el momento en que asumes que reconocer una nacion es ser nacionalista. Por ejemplo, el Internacionalismo reconoce las distintas naciones y sus diferéncias, pero como algo enriquecedor y desde luego no algo que impida las relaciones fraternales entre pueblos diferentes (que no mejores o peores entre ellos)
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#4961 16:16 16/12/2017
Galicia fué declarada oficialmente e internacionalmente "nación" en Berna 1933. Cúal es el problema? Cúando abracemos la realidad de una España plurinacional, será cuando más unidos estemos los pueblos de España. Hermano con hermano. Acabemos unidos con esos chorizos corruptos que, mientras se cargan la sanidad, las pensiones y más, nos distraen echando leña al fuego, para que nos empecemos a odiar unos a los otros. No le siguemos su juego.
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#4602 20:07 14/12/2017
Menuda sarta de gilipolleces. Como se puede decir tantas paridas en un solo artículo. Lástima de país: quinientos años juntos y no sirve de nada por culpa de imbéciles resentidos que cada mañana se levantan haciéndose pajas mentales. Claro que existe el nacionalismo español, por fortuna sentimiento mayoritario, como está quedando demostrado estos días. La única nación entre Portugal y Francia es la que es, mal que le pese a muchos. Y en esta nación se ha hecho un gran esfuerzo por respetar las identidades y la diversidad hasta llegar al extremo de gastar millonadas en intérpretes y traducción simultánea cuando todos los integrantes de las instituciones nacionales conocen el español. Todo para toparnos con la deslealtad y la falacia de pequeñas regiones que quieren ser estados independientes y segregarse. como dice el refrán: a quien algo quiere, algo le cuesta... Habrá que pelear
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#4617 21:37 14/12/2017
Abuelo, vuelva con el ABC, y vigílese esos ataques de bilis.
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Pobres incultos 16:12 12/2/2018
¿Como se define a un andaluz que se siente profundamente enamorado de Galicia, Cataluña o Pais Vasco - Euskadi es un invento - orgulloso de ser español, defensor de la "sacrosanta" unidad de España y no amante de la tauromaquia y el flamenco? ¿No los hay? Los hay a patadas y siguiendo su razonamiento para palurdos, también seria nacionalista español. Venga, despachado...A otra cosa, a ver si subís el nivel.
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Anónimo 15:07 16/12/2017
Comparto totalmente la opinión. El nacionalismo español a parte de no reconocerse es excluyente y no se da cuenta que no habiendo conseguido la unificación de España a imagen de Castilla (Andalucía fue parte de la Corona de Castilla y León), están excluyendo de España a muchos. Yo soy catalán y nada catalán identifica a España, y ya no sólo eso, sino que para muchos españoles, no aceptan nada de lo que identifica a mi tierra. Pues entonces no se extrañen que en Catalunya haya tanta desafección a España. Es lo lógico. Lo del nacionalismo español es simple y pura imposición, colonización y falta de respeto a la diversidad y pluralidad.
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#5063 8:12 18/12/2017
Barcelona identifica a España internacionalmente y la realidad política española mira muchísimo más a Cataluña que a Teruel. Y si no se identifica más con ello es porque los catalanes no quieren que se les identifique y han ido dejando claro que Barcelona es Catalana. Es cierto que no somos un país multicultural como deberiamos ser pero ¿de quien es la culpa?
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Fran 23:17 12/3/2018
Que cosas , viaja , lee , conoce gente y verás lo grande que es España , pero
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#4977 18:00 16/12/2017
¡¡"aparte" junto!!
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Fran 23:11 12/3/2018
Todo es posible sigue soñando a mi me paso exactamente al revés m desperté y todos éramos Españoles orgullosos de nuestra bandera la actual . Sin acritud.
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hwang-ho 22:29 12/3/2018
Yo he puesto mal infringir
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hwang-ho 21:53 12/3/2018
Solo pongo el pero en que no es lo mismo infrigir que infligir. En cualquier idioma. Me ha gustado mucho.
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#4943 13:09 16/12/2017
Ti olvidasti de algunos matices culturales (por eso del imperialismo opresor). El galego, euskera o el catalán no son las únicas modalidades lingüísticas de este país y mucho menos, las más reprimidas. La tierra que está entre Castilla y Andalucía y que limita con Portugal (que parece que te da recelo nombrar) es Estremaúra, en cuyo territorio todavía se habla, dependiendo de la zona, un dialectu estremeñu diferente. Existen zonas como las Hurdes, Valverdi du Fresnu, Eljas o Sa Martín de Trevellu que a día de hoy, su juventud todavía emplea estas lenguas diferenciadas que entre ellas, nada tienen que ver con el castúo troncal. Hablas de ninguneo pero tú también deberías abrir tus miras y dar crédito a todas las modalidades lingüísticas que residen en este país (porque además, es el motivo del texto). Parece que te olvidas del castúo, el bable, el mayorquín, la fala, el lagarteiru, el chapurreao, etc, etc. Cuando hablas de opresión sistemática del galego, el euskera o el catalán también olvidas la desaparición del castúo de las aulas extremeñas y por tanto, de las señas de identidad de cada unx de sus habitantes y del conjunto de la población (también es el motivo por el que yo no te puedo escribir en mi lengua natural). Coincidimos en la idea de la creación del imperialismo español como herramienta para extirpar todas estas señas. El propio Estatuto de Autonomía no reconoce al extremeñu como modalidad lingüística propia de lxs extremeñxs aún habiéndolo reconocido e incluido la ONU en un listado de lenguas o dialectos en peligro de extinción. Me gusta muchísimo tu texto pero echo en falta absolutamente todas las personalidades que habitan y enriquecen a este pedazo de tierra en el que vivimos entre Francia y Portugal, no creo que poner el foco en unas si y otras no de mucho crédito al contenido de este texto. No cometas el mismo error. Un abrazo
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Dorrigueiro 21:12 16/12/2017
A Fala de Eljas, Valverde e San Martín é galego, boa exposición sobre Estremadura.
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#5006 11:10 17/12/2017
Estas lenguas no son galego: provienen del galego. Se denominan a todas "Fala", xalimés o mañegu entre otras denominaciones y en cada una de ellas se dan particularidades dialectales que las diferencia entre ellas mismas y del galego o portugés. (personalmente, he vivido en estos pueblos y en galicia y no tienen que ver absolutamente nada, hay muchisimos rasgos fonológicos, morfológicos, etc que las diferencian entre ellas aunque estén etimológicamente unidas). Absolutamente todos los habitantes de estos pueblos hablan el "lagarteiru" en Eljas, el manhegu en Sa Martín y el valverdeiru en Valverde y provienen del gallego y este del latín... Las manifestaciones lungüisticas poropias de un lugar a través de los años, aunque procedan de otra lengua, manifiestas unas particularidades personales y únicas del lugar donde se habla. Estas particularidades son producto, lógicamente de las diferencias en la evolución de la sociedad. Aunque compartan origen ¿no son propias del lugar donde se hablan? La geografía, sociedad, cultura, etc... han dotado a estos dialectos "únicos" en tres pueblos de la geografía extremeña, de una personalidad intransferible con identidad y fonemas sin precedentes. Si aplicáramos ese paradigma a todas las modalidades lingÜísticas, en este país nos quedábamos con el latín y el euskera como columna vertebral. Extremadura en sí misma arraiga un crisol de culturas de las que procede la riqueza cultural (valga la redundancia) yacente en todas sus tierras. Es motivo de orgullo que aún queriendo despojar a esta comunidad de identidad propia para marginarla como mera proveedora barata de materias primas y mano de obra, se siga apostando "a día de hoy" por recuperar los aspectos que han hecho a este pedazo de tierra un lugar tan rico y con identidad propia. Hace un par de semanas pusieron el primer cartel en castúo en una calle de Cáceres. Por esa regla de tres, el galego y el protugés serían lo mismo ya que allá por la Edad Media conformaban una única unidad lingüística. El autor de este artículo debería documentarse un poco más de lo que sucede en los lugares de los que escribe y no abusar tanto de la demagogia. Muchas gracias compañerx.
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#5186 6:56 20/12/2017
Me parece interesantísima toda la información que aportas y estoy totalmente de acuerdo contigo en tu lucha. Precisamente por ese ninguneo quizá el autor no conozca en profundidad esa realidad o quizá haya tenido que plegarse a la finalidad principal del artículo, por motivos de forma o duración, lo desconozco. Un párrafo mencionando el asunto no hubiera estado mal. Pero esa ausencia no invalida su discurso ni demuestra demagogia por ello. No nos dividamos, puesto que demandamos lo mismo, por favor.
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Autor 10:45 20/12/2017
El autor sí conoce (un poco) la realidad de las otras lenguas del estado pero el artículo hablaba de nacionalismos, no de lenguas. Y no cabe decir que haya un sentimiento nacional extremeño ni asturiano. Comparto la definición de B. Anderson según la cual una nación es una "comunidad imaginada" por las personas que se perciben a sí mismas como tal. Desde ese punto de vista, es cierto que no hay ningún territorio en España que no pudiese objetivamente ser una nación (Aragón, Valencia). Pero es que no se trata de hechos objetivos sino subjetivos. Se trata de que haya un número cualitativamente de personas que así se perciban a lo largo, además, de un extenso periodo de tiempo. Y, según mi punto de vista, solo Galicia, Euskadi y Cataluña responden a ese criterio. Sus nacionalismos se expresan además sin ocultaciones como tales desde hace casi dos siglos. Es cierto que, como alguien dice, no hubiese sobrado un párrafo haciendo mención a las restantes lenguas, igual de ignoradas. Pido disculpas, pero no se puede decir aquí que la razón de ese ninguneo sea un choque de nacionalismos y, sobre todo ..¡el artículo ya tenía 6 folios y estaba reducido desde su primera versión!
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Antòniu 20:41 17/12/2017
Idel que a Lengua de Xálima nun ten na que vel cun u galegu, ei pensu que nun é certu. Ten mutu que vel. De feitu un galegu, unha galega, poin entendelsi perfectamenti cun unha pesoa du Val de Xálima. Oitra coisa diferenti é que teña personaliai propia i innegabri influencia du estremeñu (u astur-leonés si se prefieri). U que hai que fel é defendel abertamenti desde as intitucións da Xunta de Estremaúra esti tesoiru lingüísticu asina cumu us oitrus (estremeñu i portugués) i recuñucel... que pasa pur a cooficialidái... i nun fel u contrariu. I desde as institucións du estáu, en efectu, apoial a toas as modalidais lingüísticas... sin exclusión. Ei tamén pensu que si queremus acabal cun a "fractura" hai que empezal pur a consideración i u respetu á diversiai... pur encima de patrias i bandeiras.
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#4952 15:03 16/12/2017
Mallorquín?. Mallorquín es catalán, aunque no os guste por eso de darle demasiada importancia a esta lengua.
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#4962 16:19 16/12/2017
Y por último: el mallorquín no es catalán, es mallorquín 🤦🏽‍♀️
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#4960 16:10 16/12/2017
No sé a quién te refieres cuando dices eso de : “Nos os guste...”. ¿De quién hablas?
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#4959 16:07 16/12/2017
Has leído mi comentario? Haz un esfuerzo por entenderlo porque hablamos de lo mismo. Disculpa la falta de ortografía
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#4505 17:15 14/12/2017
La única esperanza que nos queda es que ni dictaduras, ni imposiciones, ni prohibiciones, ni medios de comunicación hegemónicos han conseguido aplastar la diversidad del estado. Seguimos aquí creando en nuestras lenguas (a miña, o galego), y desarrollando nuestras vidas conforme nuestra base cultural. El nacionalismo español no dejará nunca de auto-inmolarse intentando matar las lenguas periféricas, y mientras nosotros seguimos aquí, aún no nos han asesinado.
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#4854 18:13 15/12/2017
Desde la transición no creo que haya habido nadie que haya puesto en peligro las diferentes lenguas existentes en este país. Es más, el impulso que han experimentado estas lenguas desde entonces se debe en gran medida a la transición.
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Uno que va 18:37 29/12/2017
Y al leer esto, habrá gente que lo vea como la culminación de un pensamiento de izquierdas, su sublimación, cuando lo único que veo aquí es la sublimación de una entelequia muy de derechas: el dividir a la gente, por cualquier razón, si es por la el idioma materno, mejor que mejor. Una estupidez tras otra.
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#5089 16:36 18/12/2017
Un 10 para el article.
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#4988 0:52 17/12/2017
Cuando se habla de naciones periféricas se olvida siempre a Canarias, tal vez por esa limitada perspectiva que define como nación solo a los pueblos con lengua propia. Una lástima que 500 años de colonialismo e imperialismo hayan borrado gran parte de la identidad de las islas, pero es innegable que aún hoy existe también en ellas una realidad diferenciada del resto del Estado. Espero que algún día ese sueño integrador en el que no haya culturas de segunda sea posible en este país.
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Álvaro. 17:38 16/12/2017
https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1978-28627
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Álvaro 17:31 16/12/2017
Excelente y muy aclaratorio artículo. Me lo voy a guardar para leerlo con más calma. Tan solo una pequeña corrección; yo tengo 57 años y voté la Constitución, puesto que al contemplar en su articulado la reducción de la mayoría de edad de 21 a 18 años, a todos aquellos que cumplían esa edad en ese año se les permitió votar. Por lo demás, un gran artículo.
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#4954 15:15 16/12/2017
Soy andaluza y me indigna la reducción de mi cultura a sus aspectos más grotescos y a la vez la "apropiación indebida" de los más nobles.Tampoco soporto las burlas o el tópico de "lo mal que hablamos" por parte de laístas, leístas y dequeístas de todas clases.
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#4964 16:27 16/12/2017
Recurrir a tópico como arma arrojadiza es hacer gala de una gran ignorancia. Creo que el autor peca de todo lo que discrepa. Parafraseando al gran Dylan: “Ignorante no es el que no conoce, si no el que no quiere conocer”.
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amv1971 7:54 16/12/2017
España respira todavía a burguesía aristocrática, a militares e Iglesia. La Santísima Trinidad con capacidad de (re)producir todo su contenido ideológico nacionalista, mucho tiempo sin poder dar una contestación efectiva, la academia y los mass media son sus altavoces.
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#5008 11:25 17/12/2017
Pues por más que algunos intentamos atisbar esos aires muchos no los percibimos.
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#5040 17:21 17/12/2017
Es como el olor a mierda, al que cultiva el campo con estiércol no le molesta el olor.
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Darkian 13:19 14/12/2017
Estoy en casi todo de acuerdo, salvo en que un gallego no se ve reflejado en nada de la cultura castellana/andaluza. Yo siendo andaluz veo similitudes de nuestra cultura con la cultura portuguesa y la italiana, ¿cómo no va a haber similitudes entre la gallega y la castellana/andaluza? PD: Por tuh palabrah ce ve que el acento andaluh no te guhta mucho
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#4744 9:57 15/12/2017
Similitudes habrá, pero vaya tontería... Hay más paralelismos entre Gallegos y Portugueses que entre Andaluces y Portugueses. Tampoco seamos tontos. En cuanto a los castellanos... Se parecen a ellos mismos, sin rozarse con nadie, por norma general.
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#4910 9:16 16/12/2017
Tu dile a mi padre que se parece mas a un portugues que a un español,verás a donde te va a mandar.
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#4506 17:16 14/12/2017
Ah si, en el Froiz venden salmorejo en brick. Debe de ser la similitud más importante
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Roger 15:03 14/12/2017
A pesar de ser un artículo larguísimo (aunque se hace ameno) he disfrutado de cada una de sus palabras. Yo, como catalán, hecho en falta esa visión del territorio nacional a más gente, y si así fuera estoy seguro que nunca habríamos llegado a la situación actual. Gracias de nuevo por este artículo, lo voy a difundir para ver si otros nos entienden un poco mejor.
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Ego ipse 22:27 15/12/2017
Parte de curarse el nacionalismo español es también olvidar la construcción (construcción de "ellos" como enemigo) galeuscat, que existe más que Cataluña y Euskadi, y más que Galicia, que es muy similar a Asturias en todos los aspectos. También existen más lenguas, como el aranés o el aragonés, que pese a hablarse sólo en valles pirenaicos, están ahí. O el asturleonés, que medio milloncejo de personas habla/sabe hablar y es una lengua de cultura, con presencia en las redes y en ciudades como Gijón (la segunda más poblada del Cantábrico, tercera del Norte), Oviedo o Avilés.
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#5007 11:15 17/12/2017
Como si el nacionalismo vasco gallego o catalán no necesitaran de una cura... y en cuanto a olvidar la construcción de esos nacionalismos como enemigos, eso depende de esos mismos nacionalismos, no de los que nos sentimos españoles.
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#4732 9:24 15/12/2017
Des del País Valencià compartisc cada una de les paraules d'aquest article. És el nostre pa de cada dia, i malauradament, encara hi ha una majoria de valencians nacionalistes espanyols. És el que ens ha estat impedint avançar en tots els sentits.
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Anònima 15:29 15/12/2017
Des del País Valencià també et dic que amb articles com aquest també ens maltracten. Em sembla molt bon article però com sempre, se centra en les 3 clàssiques nacions i acaba fent el mateix que critica que el nacionalisme espanyol fa amb elles. La resta no exisitim, no tenim veu però tan ens fa, som i sempre serem uns meninfots (m'encanta que els que defenen que el català i el valencià no són la mateixa llengua ni se n'adonen de l'orige d'aquest mot XD)
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Vicent Bosch i Paús 13:43 16/12/2017
A l’Alcora a les escoles nacionals Generalísimo Franco en els anys 50 i 60 teníem com a únic llibre d’estudis a l’últim curs la «Enciclopedia de Tercer Grado Alvárez Miñón» de Valladolid. En la seua pàgina 89. Lengua Española, deia «En España existen tres dialectos que son el bable-asturiano, el extremeño y el andalús. El catalán, gallego y vasco tienen la categoria de idiomas. El valenciano es una variedad dialectal del catalán».
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#4825 15:54 15/12/2017
No estoy de acuerdo. Yo valoro mucho a las diferenter lenguas que se hablan en este país y me gustaría que fueran oficiales en todo el territorio. Lo que ocurre es que las élites de algunos territorios de lengua autóctona han hecho políticas que en lugar de generar una atmósfera de respeto han hecho lo contrario. Por eso, aún siendo de izquierdas y aunque desee la oficialización de todas las lenguas, apoyo la eliminación de las comunidades autónomas. Si el objetivo era que las señas de identidad se respetaran han conseguido lo contrario y se las cargarán desde dentro. Lo siento
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#4772 11:22 15/12/2017
"puesto que Napoleón no deseaba anexionar España", ¿cuál fue, a ojos del autor, el propósito de Napoleón? Tengo mucha curiosidad.
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#5189 7:17 20/12/2017
La verdad es que a mí también me interesa porque lo que estudié es que su intención era invadir Portugal y España a la vez, para que gobernase ambos territorios su hermano. ¿Hay bibliografía al respecto que cuente otra versión?
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#4502 17:05 14/12/2017
Me encanta el artículo, y le felicito por él. Yo creo que el estado que ha pintado sería desde luego un estado del que todos querríamos formar parte. Sin embargo, me sumo a lo que se ha comentado en otros comentarios; ha nombrado sólo a Cataluña, País Vasco y Galicia, olvidando otras naciones dentro del Estado.
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#4753 10:22 15/12/2017
Muy de acuerdo con el artículo, pero como siempre, cae en lo que él mismo denuncia: equipara lo que considera nacionalidades históricas con la nacionalidad española, pero se olvida de otras que también lo son y que han sido mucho más maltratadas a lo largo de la historia, como es la aragonesa o la valenciana. Gracias por olvidarnos de nuevo.
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Vicent 23:18 14/12/2017
Us heu oblidat dels valencians i balears de parla catalana en aquest article.
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#4733 9:25 15/12/2017
Al País valencià patim com ningú els excesos del nacionalisme / imperialisme espanyol.
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Vicent 23:18 14/12/2017
Us heu oblidat dels valencians i balears de parla catalana en aquest article.
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#4484 15:25 14/12/2017
El texto aporta un análisis muy valioso. ¿España y la españolidad?, ¿qué es eso?... No sé, pero quizá sería interesante como propuesta aplicar un sistema por puntos (similar al del carnet de conducir) guiado por una serie de valores universales en torno a los DD.HH. Me explico: Naces (arbitrariamente español/a, secundariamente asturiano, andaluz, catalán ó gallego) y tienes +15 puntos de bienvenida. A partir de ahí, con el discurrir de la vida y con respecto a la tabla de valores universales de la "españolidad" vas sumando, restando ó "ni fú ni fá" a la mochila de puntos. Ejemplos, todos ellos periodicamente revisables y evaluables: Eres un/a nazi (aunque seas español/a) -3 puntos. Eres solidario/a, respetuoso/a, inclusivo/a, diverso/a, pacífico/a, etc... +3 puntos. Eres católico/a, musulmán/a, judío/a, budista, hombre/mujer, etc... +/-0 puntos.
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#4611 20:39 14/12/2017
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
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alex_lorenzo 15:38 14/12/2017
Muchas gracias, señor Armesto, por narrar con gran talento cómo el nacionalismo ha ido royendo España, en el pasado y ahora, para dejarla siempre a la cola de casi todo.
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Carlos Regalado 19:30 14/12/2017
Cuantos infelices verían esos tostones en diferentes dialectos?
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victoria 10:28 15/12/2017
Tu comentario llamando infelices y frikis a quién lo mirase ya denota lo que crees. Eres un claro ejemplo del nacionalismo que habla el texto.
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#4766 10:48 15/12/2017
Dialectos del latín, igual que el castellano, supongo que quieres decir, borriquín mío.
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#4662 23:34 14/12/2017
Hombre! Sí es el friki fan del super friki Trevijano! Qué nivelazo.
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Pau 17:10 14/12/2017
Genial! Genial! Genial!
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Darkian 13:19 14/12/2017
Estoy en casi todo de acuerdo, salvo en que un gallego no se ve reflejado en nada de la cultura castellana/andaluza. Yo siendo andaluz veo similitudes de nuestra cultura con la cultura portuguesa y la italiana, ¿cómo no va a haber similitudes entre la gallega y la castellana/andaluza? PD: Por tuh palabrah ce ve que el acento andaluh no te guhta mucho
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Darkian 17:31 14/12/2017
Ah vale, disculpa también mi manera de escribirlo, podría parecer que lo decía enfadado y no es así xD
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Autor 14:17 14/12/2017
Claro que sí me gusta. Y se me pega cuando viajo a Andalucía. No se trata de similitudes culturales en sentido amplio, quizá me expresé mal, sino del concepto que concierne lo comúnmente entendido como "lo español" como definitorio de un carácter.
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matriouska 12:50 14/12/2017
Iteresantísima y necesaria mirada introspectiva. Se agradece el texto y podría ser necesario continuar profundizando en la reflexión sobre este asunto, porque es muy posible que nuestros problemas estén en nuestro interior. Gracias
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