Therian
Concentración de “therians” en Barcelona, captura de video.

Los medios por fin se preocupan por el “problema generacional” que afecta a la juventud en España. ¿La crisis de la vivienda? ¿La incertidumbre ante el futuro laboral y existencial? ¿La muerte de los servicios públicos y la elitización de los mismos? ¿La individualización social que hace que no tengamos ningún proyecto colectivo al que pertenecer, ni siquiera un vecindario? ¿El sufrimiento psíquico? No, la sociedad está muy indignada porque ahora la gente se identifica con los animales.

La verdad es que también escribo esto desde la indignación y la frustración. En mi grupo de amigues donde no hay ni una persona heterosexual, que somos la máxima expresión de lo woke, joder macho, ¿me estaré volviendo conservadora que no hay ni un therian

Y eso que dicen que están por todas partes, y no solo llenan sus horas televisivas las Anas Rosas y las Susanas Grisos. He empezado a preocuparme cuando he leído a una organización ecologista advertir del problema de ser therian y, desde mi balcón, he escuchado a las vecinas hablar indignadas de quienes desean ser perros, la misma semana que la mitad del barrio tiene la luz cortada y se cerrará uno de los centros de salud que nos atiende.

No me molesta que la última pirueta mediática para criminalizar las identidades, lo denominado woke, la disidencia y la juventud entretenga en sus tertulias a las personas ricas y burguesas. Pero que sea un debate dentro del resto de la sociedad, la clase trabajadora, los barrios populares, con la que está cayendo me da ganas de llorar.

Aparte de cortina de humo (perdón no volveré a usar este eslogan pepero) y distracción (estoy a favor de las distracciones y la frivolidades, eh) es una decisión cargada de política. Cada vez somos más de derechas y reaccionamos cada vez de un modo más agresivo a cualquier cosa que se desvíe del camino de la normatividad. Y ojo, no estoy alabando a los therian ni creo que siquiera sean una identidad política, no me importan en absoluto y creo que están en el debate público, personas que no están haciendo daño alguno a nadie ni impactando sobre otras personas, es estéril.

Si he de elegir entre ser un reaccionario, lleno de odio, clasista y racista prefiero ser un puma o un lobo.

El problema es cómo este señalamiento puede salpicar a la percepción social que tienen ciertas identidades que sí son políticas y que sí están vulnerabilizadas por el sistema, atravesadas por el odio, el empobrecimiento y lo material. Estas identidades en las que se han enfocado los discursos de odio de la derecha y que ahora los representantes de esa nueva nueva izquierda que se está gestando están poniendo en duda ya que las ven como cajones desvinculados del resto de sociedad no los ven como conjunto de esa clase trabajadora a la que apelan. A pesar de que se les llene la boca con los discursos de interseccionalidad.

Lo tengo claro: si he de elegir entre ser un reaccionario, lleno de odio, clasista, racista, retrógrado (y un largo etcétera de vulneraciones a los derechos humanos), prefiero ser un puma o un lobo. 


Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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