Opinión
La ambigüedad cómoda de “Los Domingos”
De Los domingos se puede salir pensando que es una película profundamente antieclesiástica o, por el contrario, se podría otorgar el premio del jurado eclesiástico SIGNIS, al considerarla la mejor propaganda para que las niñas se hagan monjas. Esa ambivalencia existe porque el filme, en su intento de “comprender”, acaba siendo ambiguo y cede al espectador la responsabilidad de decidir. Así, cada espectador se refuerza en su propia visión.
A mí, eso no me interesa. Su directora, Alauda Ruiz de Azua, repite en entrevistas la frase: “comprender no es legitimar”. De acuerdo. Pero la realidad es que ha creado una narrativa perfectamente utilizable como legitimación. No hay más que leer las críticas para comprobarlo.
Ruiz de Azua parece tomar una decisión arriesgada al sostener su neutralidad, pero esa supuesta valentía es, en realidad, una forma muy cómoda de no posicionarse. El gesto de “querer comprender al enemigo ideológico” funciona aquí como una retirada del conflicto. Y lo que más me molesta no es la película en sí, sino ver a su directora, entrevista tras entrevista, aferrarse a esa postura como si fuera una virtud.
No se puede entender una obra de arte sin el contexto social que la produce ni los discursos que genera. La cultura mainstream —incluido el cine— no flota en el vacío; es parte activa del clima ideológico presente
Incluso cuando es evidente que la Iglesia —y todo su aparato cultural— está encantada con la película. Incluso cuando vivimos en un contexto donde los discursos reaccionarios crecen día tras día. Aun así, ella insiste en defender “todas las realidades”, porque “son vivencias y, por tanto, son legítimas”. Y es así como el debate político se desplaza hacia el relativismo, el terreno donde la reacción se instala con mayor comodidad.
Hay quien insiste en que una artista “no tiene por qué posicionarse”. Pero esa afirmación ignora algo fundamental: no se puede entender una obra de arte sin el contexto social que la produce ni los discursos que genera. La cultura mainstream —incluido el cine— no flota en el vacío; es parte activa del clima ideológico presente. Y el artista es responsable del discurso que construye dentro y alrededor de su obra. Lo que se presenta como ambigüedad termina siendo, en realidad, una retirada del conflicto. Y esa retirada es una de las victorias más sofisticadas de la reacción.
Culturas
Los domingos de Rosalía
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