La acción humana multiplica por cuatro las zonas muertas en los océanos

Los fondos marinos afectados por la pérdida de oxígeno se han cuadruplicado en medio siglo debido al exceso de nutrientes provocado por las actividades humanas y al cambio climático.

Fondo marino
Capas de ceniza en la pared este de la caldera de West Rota, en el Pacífico occidental. Imagen de Pacific Ring of Fire 2004 Expedition.

publicado
2018-06-30 06:23:00

Lo llaman hipoxia marina, adaptación del término utilizado en medicina para indicar un estado de deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos de un organismo, lo que puede comprometer la función de los mismos. En el caso que nos atañe, lo que compromete es la vida misma en las aguas en las que aparece, creando áreas catalogadas con un término que no deja indiferente: zonas muertas.

Las zonas muertas oceánicas son espacios bajo el lecho marino donde la vida no es sostenible debido a los bajos niveles de oxígeno. Desde hace años, varios estudios científicos vienen alertando de una situación que se ha ido incrementando con el tiempo. Uno de los últimos, publicado este año por la revista Science y firmado por un equipo internacional de investigadores bajo el título Declining oxygen in the global ocean and coastal waters (Disminución de oxígeno en el océano global y las aguas costeras), va más allá.

Tal como revelan los análisis realizados mediante mediciones directas a lo largo de todo el globo por estos investigadores, las zonas con un oxígeno mínimo en el océano abierto “se han expandido en varios millones de kilómetros cuadrados” y cientos de espacios costeros tienen actualmente “concentraciones de oxígeno lo suficientemente bajas como para limitar la distribución y abundancia de poblaciones animales y alterar el ciclismo de nutrientes importantes”. Ya son más de 500 espacios, número que, en el caso de los costeros, se ha multiplicado por diez desde mediados del siglo XX, mientras que la cantidad de agua en mar abierto afectada se ha cuadruplicado en medio siglo, un fenómeno ayudado ahora aún más por el agravamiento del calentamiento global.

El ser humano, como no podía ser de otra forma, está detrás de esta situación. Según señalan los investigadores, “el aumento de la carga de nutrientes junto con el cambio climático, cada uno de los cuales resulta de actividades humanas, está cambiando la biogeoquímica oceánica y el aumento del consumo de oxígeno”. El resultado: cambios fundamentales en la disponibilidad de nutrientes clave y la desestabilización de los sedimentos, lo que implica, a largo plazo, el colapso de estos ecosistemas.

Contaminación por nutrientes

A pesar del aumento imparable de estos espacios, no todos son malas noticias. Un estudio del Centro de Ciencia Medioambiental de la Universidad de Maryland (Estados Unidos), publicado el 27 de junio, muestra que la zona muerta bajo la bahía de Chesapeake, el mayor estuario de Estados Unidos, en el este del país, comienza a diluirse a comienzos de otoño y es cada vez más pequeña a fines del verano gracias a una reposición de oxígeno a finales de temporada, una respuesta natural a la disminución de la contaminación de nutrientes.

La buena noticia parece indicar, para el equipo de la Universidad de Maryland, “que los esfuerzos para reducir la contaminación por nutrientes en la bahía están comenzando a tener un impacto”, según señalan en ScienceDaily, donde han publicado el estudio.

zonas muertas oceano
Imagen de las zonas muertas identificadas por el grupo de investigadores internacionales. Foto: Science

Las predicciones no son tan buenas algo más al sur, en el golfo de México. A principios de este mes otro grupo de investigadores, esta vez de la Universidad Estatal de Louisiana, publicaban su investigación sobre la zona muerta del norte del Golfo de México, el segundo espacio costero de este tipo más grande del planeta. Según sus datos, un área del 10.600 km² —el tamaño de Asturias— se quedará a mediados de julio sin los niveles mínimos de oxígeno para albergar vida.

Viendo el vaso medio lleno, se trata del tamaño medio en las últimas tres décadas de esta zona muerta, presente todo el año pero que se expande cada verano en la plataforma continental de los estados norteamericanos de Louisiana y Texas, un fenómeno que se produce cuando los nutrientes que arrastra el río Missisipi fertilizan las aguas superficiales del golfo, provocando una superpoblación de algas que, al descomponerse en el fondo marino, producen la tan temida desoxigenación.

Cambio crucial

Para el equipo internacional de investigadores responsable del estudio Disminución de oxígeno en el océano global y las aguas costeras, el fenómeno de las zonas muertas es uno de los cambios más importantes acaecido en unos océanos modificados por la actividad humana. Los aumentos de temperatura, de dióxido de carbono y de aportes de nutrientes producidos por los humanos “han alterado las abundancias y distribuciones de especies marinas”, remarcan, lo que provoca su declive.

En las zonas desoxigenadas en océano abierto esta situación se produce principalmente por el cambio climático, y su incremento ha sido más acusado durante el siglo XXI. “El aumento de las temperaturas globales disminuye la solubilidad del oxígeno en el agua, aumenta la tasa de consumo de oxígeno en la respiración y es predecible que reducirá la introducción de oxígeno de la atmósfera y las aguas superficiales en el interior del océano, aumentando la estratificación y debilitando la circulación del océano”, explican.

En el caso de las zonas muertas costeras, principalmente situadas en desembocaduras de grandes ríos —como ocurre en el Golfo de México y la Bahía de Chesapeake—, la causa está en la mayor carga de nutrientes —básicamente nitrógeno y fósforo— y de materia orgánica arrastrada por los cauces debido a la agricultura y las aguas residuales, además de la combustión de combustibles fósiles. Tal como apunta el estudio “En muchas regiones se proyectan más aumentos de las descargas de nitrógeno en los sistemas costeros a medida que aumentan las poblaciones humanas y la producción agrícola”.

Asimismo, remarcan que “el cambio climático agrava el declive del oxígeno en los sistemas costeros a través de mecanismos similares a los que existen en el océano abierto”.

En opinión del equipo científico, solo la limitación de la desoxigenación mediante una disminución global sustancial en las emisiones de gases de efecto invernadero, así como de las descargas de nutrientes a las aguas costeras, podrá paliar un problema que irá parejo al aumento de población humana global.

España, sin datos

En España no se tienen datos de zonas muertas. Por ello, el coportavoz de Equo y diputado por Unidos Podemos en el Congreso, Juan López de Uralde, realizó el pasado enero una serie de preguntas parlamentarias al Gobierno con el fin de conocer dicha información. “Queremos saber qué pasa en nuestros mares y qué medidas se están adoptando para evitar su progresivo deterioro por el aumento de las temperaturas. La inacción no puede ser una respuesta”, señalaba entonces López de Uralde.

La respuesta del Gobierno indica que, a pesar de que en 2012 se realizó "una evaluación ambiental del medio marino, en cumplimiento de las Estrategias Marinas", y que los planes hidrológicos de las demarcaciones hidrográficas evalúan el estado de ciertas variables físico-químicas en las aguas costeras, incluida la concentración de oxígeno, la información que tiene no permite " identificar y delimitar posibles áreas deficientes de oxígeno".

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