La brecha queer en Nepal: cuando la ley avanza y la sociedad no

Sobre el papel, Nepal es uno de los países del sur de Asia con un marco legal más avanzado en derechos LGTBIQ+. Los cambios legales han marcado el inicio de una fase más compleja: ese espacio entre ser reconocido por el Estado y ser aceptado por la propia familia.
Espectáculo queer en Katmandú
Espectáculo queer en Katmandú. Foto: Jyoti Shrestha
24 abr 2026 06:00

En Katmandú, dos mujeres caminan de la mano entre el tráfico y el aroma del incienso. En gran parte del sur de Asia, un gesto así podría provocar insultos o incluso violencia. En la capital de Nepal, señala silenciosamente otra cosa: cuánto ha avanzado el país a través de varios cambios legales. 

Sobre el papel, Nepal es uno de los países del sur de Asia con un marco legal más avanzado en derechos LGTBIQ+. El Tribunal Supremo reconoció en 2007 la protección frente a la discriminación y abrió la puerta al reconocimiento del “tercer género”, posteriormente incorporado en documentos oficiales. La Constitución de 2015 reforzó los principios de igualdad, y en 2023 el Tribunal Supremo permitió el registro provisional de matrimonios entre personas del mismo sexo, a la espera de una regulación definitiva. 

Las organizaciones consultadas en este reportaje coinciden en señalar cómo el cambio legal supone un hito en la lucha. Pero este hito ha marcado también el inicio de una fase más compleja: ese espacio entre ser reconocido por el Estado y ser aceptado por la propia familia. 

La ley en el papel, el juicio en la práctica

En Katmandú, la visibilidad va en aumento. La gente joven es más abierta, los eventos del orgullo ya no se comentan en susurros y poco a poco hay más arte queer. Pero la mayoría de los nepaleses no vive en Katmandú. Así lo señala Nilam Dhungana, directora de Mitini Nepal, una organización fundada en 2005 para defender los derechos LGBTQ+. Y es que “el reconocimiento legal no siempre se traduce en aceptación social”, dice. 

Mitini Nepal es una de las organizaciones de referencia en el activismo LGBTQ+ en el país, con un enfoque particular en mujeres lesbianas, bisexuales y personas trans. La ONG trabaja con personas que han sufrido violencia, discriminación o exclusión a causa de su orientación sexual o identidad de género, a quienes ofrece acompañamiento, asesoría, redes de apoyo y espacios seguros. Además, la organización impulsa programas de formación dirigidos a docentes y personal sanitario, y gestiona refugios para personas en situación de vulnerabilidad. 

Algunas familias responden con silencio; otras, con expulsión. “No hay lugares donde puedan expresar lo que les ocurre, y la familia nunca lo acepta”, explica Nilam Dhungana, directora de Mitini Nepal

Según Dhungana, la discriminación persiste: “La gente te dice que tienes un problema y que deberías tomar medicación. Te echan antes siquiera de escucharte”, afirma. Las escuelas suelen ser el primer campo de batalla, donde el acoso comienza mucho antes de que los niños puedan nombrar plenamente quiénes son. Algunas familias responden con silencio; otras, con expulsión. “No hay lugares donde puedan expresar lo que les ocurre, y la familia nunca lo acepta”, explica la activista a El Salto. “El progreso es real, pero profundamente desigual”, señala Dhungana.

Para Jessica Grautam, las recientes victorias legales son agridulces. “A los 12 años ya sospechaba que era lesbiana. A los 19, cuando salí del armario como bisexual, perdí a todos mis amigos”, recuerda. En un centro de llamadas, su supervisor la acosó después de cuestionar su sexualidad. Más tarde, su pareja recibió amenazas de muerte de su padre, que voló de regreso desde Catar decidido a separarlas. La pareja se escondió en un hotel de Katmandú durante una semana hasta que Mitini Nepal les ayudó a encontrar refugio.

“Tenía miedo, pero sabía que no podía seguir escondiéndome”, dice Grautam. “Desde entonces nosotras trabajamos aquí y ayudamos a otras personas que les pasa lo mismo. Ahora tengo a mi gente, estoy muy agradecida”. Anima a otras personas a que “no debemos escondernos, debemos luchar”. Su historia captura el momento presente de Nepal: derechos que se expanden sobre el papel, vidas que aún se negocian en secreto.

Pramisa Chaudhari, en el local de Blue Diamond Society de Katmandú
Pramisa Chaudhari, en el local de Blue Diamond Society de Katmandú. Foto: Clara Garcia

Un movimiento construido desde abajo

La Blue Diamond Society es una de las principales organizaciones en la defensa de los derechos LGTBIQ+ en Nepal y tiene presencia en el sur de Asia. Fue fundada en 2001 en Katmandú por el activista Sunil Babu Pant, en un contexto en el que la homosexualidad estaba muy estigmatizada y no existía reconocimiento legal de la diversidad sexual o de género.

En un principio centrada en la prevención del VIH y la salud sexual, la organización evolucionó hacia la defensa de los derechos humanos del colectivo. Su trabajo ha contribuido a avances como el reconocimiento del tercer género en documentos oficiales y su participación en los procesos que llevaron a incluir principios de igualdad y no discriminación en la Constitución de 2015.

La Blue Diamond Society ha sido un pilar del movimiento queer de Nepal. Pramisa Chaudhari, se unió a la asociación en 2002, cuando tenía 12 años y reconoció su identidad. Actualmente, es el gerente de proyectos. “Nuestra comunidad está en todas partes, pero el miedo sigue siendo generalizado”

Durante más de dos décadas, la Blue Diamond Society ha sido un pilar del movimiento queer de Nepal. Pramisa Chaudhari, se unió a la asociación en 2002, cuando tenía 12 años y reconoció su identidad. Actualmente, es el gerente de proyectos. “Nuestra comunidad está en todas partes, pero el miedo sigue siendo generalizado”, dice Chaudhari. 

“Las ciudades son más abiertas, pero las zonas rurales no. Nuestro objetivo es crear espacios seguros y mostrar que la diversidad no es una enfermedad”, explica. Cada domingo, cientos de personas se reúnen convocadas por esta organización para compartir experiencias, aprender sobre sus derechos y formar a nuevos líderes. En una sociedad donde el silencio ha sido durante mucho tiempo la norma, simplemente aparecer es un acto de resistencia. “Es un lugar donde podemos respirar y recordar que no estamos solos”, dice Chaudhari.

La revolución no está solo en los tribunales

En un pequeño teatro de Katmandú, la directora e intérprete Shuby Bhattarai prepara la próxima producción centrada en lo queer. Nació en Katmandú, cursó en Nepal los estudios de Secundaria y luego se fue a Canadá para estudiar producción de teatro. Regresó en agosto del año 2019 y, desde entonces, ha trabajado en distintas obras de teatro.  

Bhattarai es autora del proyecto de cuatro episodios Becoming, junto con Save the Children Nepal, que gira en torno a la historia de Prakrity y sus amigas, una serie que refleja los desafíos a los que enfrentas las personas que abrazan su sexualidad cuando ésta no encaja en los moldes normativos.

Shuby Bhattarai realiza un trabajo muy reconocido por la comunidad LGTBIQ+ en Nepal: cada tres meses realiza un espectáculo que permite a este colectivo expresarse mediante el teatro

“El teatro es mi manera de iniciar conversaciones”, dice. Shuby se identifica como queer, transmasculino, no binario y asexual. “En casa no siempre se entiende, pero mostrarme tal como soy es mi forma de luchar. Si la gente ve quiénes somos, puede empezar a comprendernos”. Shuby realiza un trabajo muy reconocido por la comunidad LGTBIQ+ en Nepal: cada tres meses realiza un espectáculo que permite a este colectivo expresarse mediante el teatro. “La gente habla mucho de ello porque es nuevo y diferente”, dice. También señala la falta de representación queer en el país y cree que sus conocimientos se explican por el hecho de haber vivido fuera. “Cuando estaba en otros países tenía muchos amigos de la comunidad queer y cuando volví tuve que volver a empezar”, explica.

Shuby Bhattarai en una cafetería de Katmandú
Shuby Bhattarai en una cafetería de Katmandú. Foto: Clara Garcia

Las leyes de Nepal han sido un paso importante para la visibilidad y el reconocimiento legal de las personas LGTBIQ+ en el país, en un contexto en el que antes ese reconocimiento era muy limitado. Sus efectos también se dejan ver más allá de sus fronteras, en una región donde la homosexualidad sigue siendo delito en países como Bangladés o Pakistán. 

La ley no transforma automáticamente la vida cotidiana. No puede deshacer de inmediato la presión familiar, la influencia religiosa conservadora ni las jerarquías de casta

En contraste, en la India, aunque en 2014 el Tribunal Supremo reconoció a las personas transgénero como un “tercer género”, muchas siguen enfrentándose a la discriminación y a barreras en el acceso a la educación o la sanidad. En este sentido, algunos sectores del activismo LGTBIQ+ en la India han considerado los avances de Nepal como una referencia relevante en sus campañas por los derechos y el reconocimiento legal. 

En conjunto, estos cambios no se limitan al ámbito jurídico: también influyen en el debate público y refuerzan las demandas de otros movimientos en la región. Pero la ley no transforma automáticamente la vida cotidiana. No puede deshacer de inmediato la presión familiar, la influencia religiosa conservadora ni las jerarquías de casta. No puede hacer que salir del armario sea seguro de la noche a la mañana. “A veces la gente nos pregunta si ya hemos logrado todo lo que queríamos”, dice Dhungana. “Les digo: la ley nos reconoce, sí. Pero la verdadera lucha es conseguir que la sociedad haga lo mismo”.

De vuelta en las calles de Katmandú, las dos mujeres siguen caminando de la mano entre el ruido del tráfico y la gente que pasa a su alrededor. Es un gesto cotidiano y, al mismo tiempo, una declaración en un lugar donde no siempre es fácil mostrarse. La revolución queer en Nepal no se despliega sólo en las sentencias judiciales, sino en estos actos cotidianos de visibilidad.

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