Música
June of 44: “El propósito no era hacer del grupo un trabajo, pero lo acabó siendo”

Hace un año, El Salto viajó hasta Catania para charlar, un par de horas antes de su primer concierto en dos décadas, con June of 44, banda referencial del underground estadounidense que, entre 1994 y 1999, recorrió el mundo con una propuesta entre el punk, el jazz y la música instrumental tan llena de matices que abrumaba. A finales de mayo actúan en Madrid y Barcelona.

Doug Scharin, Sean Meadows, Fred Erskine y Jeff Mueller, del grupo June of 44, en un momento de relajación durante su gira de reunión por Italia en mayo de 2018.
Doug Scharin, Sean Meadows, Fred Erskine y Jeff Mueller, del grupo June of 44, en un momento de relajación durante su gira de reunión por Italia en mayo de 2018. Foto cortesía de June of 44.

publicado
2019-05-21 06:00

Catania, hace doce meses. “¿Dónde fuiste?”, canta Jeff Mueller en uno de los últimos versos de “Sink Is Busted”, la canción con la que cerraron el concierto al aire libre el sábado 26 de mayo de 2018, a escasos 20 metros del mar y con el público casi pisando la arena de la playa.

Sin apenas darle tiempo a descolgarse la guitarra ni apagar el amplificador, un chico de unos 14 o 15 años aparece por detrás del cantante y le abraza emocionado. La gente vitorea el gesto del chaval, que se vuelve hacia el público con los puños en alto y gritando en señal de victoria. Se trata de Leo, el hijo adolescente de Mueller, que nunca había visto a June of 44 en directo. Jeff sonríe.

“Veinte años sin tocar estas canciones es mucho tiempo. Esta mañana dudábamos de cómo íbamos a ser recibidos, puesto que vivimos a miles de kilómetros de aquí y no estábamos seguros”, comentó Mueller durante la actuación, sorprendido de ver a cerca de mil seguidores salidos de quién sabe dónde gritar eso de “Show me howyou cut your faaaaaaace!” y saltar con el riff de guitarra de “Shark and Sailors”.

Los hijos de Doug Scharin, Sean Meadows y Fred Erskine —el resto de June of 44— también suben al escenario a felicitar a sus padres. Más tímidos, pero igual de contentos. Han venido las familias de todos para ver el inesperado regreso de June of 44 veinte años después. Y es que cuando el grupo dio su último concierto en Lovaina, Bélgica, el 23 de noviembre de 1999, ellos todavía no habían nacido.


¿Recordáis el último concierto de 1999?
Sean Meadows: ¡Oh... sí! [risas nerviosas].

¿Cómo fue?
Jeff Mueller: Mmmmm… Tenso [se producen unos segundos de silencio].

¿Tenso?
J.M.: Sí, fue tenso… un poco confuso. Hay un vídeo en YouTube que resulta un poco embarazoso de ver. Habíamos trabajado muy duro durante los cuatro o cinco años anteriores y se acumularon muchas cosas. En ese tour afloraron una serie de sentimientos y diferentes visiones sobre la dirección que debíamos tomar. Creo que no estuvo bien exponer todo eso en un concierto.
 
Los recuerdos de aquella noche no parecen muy agradables. Tocaron solo 12 canciones, poco más de una hora en la que Sean Meadows rompió alguna cuerda y el resto de la banda estuvo improvisando durante algunos minutos con Erskine a la trompeta. Aún se pueden leer en la red testimonios de algunos de los presentes recordando con emoción aquellos pasajes más desbocados fuera del guion.

Pero después de interpretar “Henry’s Revenge”, a mitad de la actuación, Fred, Sean y Doug abandonaron de repente el escenario con cara de pocos amigos. En ese momento, Mueller empezó a tocar solo la siguiente canción, hasta que se percató de que sus compañeros le habían abandonado y estaba solo. Así que dejó su guitarra y les siguió. Aquel abrupto final fue también el final de la gira y de la banda.

En los cinco años que estuvieron en activo, entre 1994 y 1999, June of 44 publicó nada menos que cuatro discos y dos epés (uno grabado en directo y más cercano a la experimentación dentro de la colección In The Fishtank del sello holandés Konkurrent). En todos ellos se zambulleron sin complejos en el vasto campo del punk, pero dejándose contagiar por el jazz y los pasajes instrumentales para dar como resultado una música extraña y especial en la que a veces tenían cabida trompetas lejanas, violines y una cantidad tan bestial de matices que abrumaba.

En España no son pocas las bandas del gigante terreno del hardcore y sus derivados a las que influenciaron. Y aunque en la sombra no era difícil reconocer la deuda con otros grupos míticos de Louisville como Slint o Rodan —este último, anterior proyecto de Mueller—, solo hay que echar un vistazo a las innumerables bandas anteriores, posteriores y paralelas de estos cuatro músicos estadounidenses para no poner en duda, ni por un minuto, su capacidad creativa. Véanse: Lungfish, Hoover, Codeine, Shipping News, Rex, Abilene, The Boom, The Crownhate Ruin, Mice Parade, HiM, Freddie T. And The People o Enablers, por citar solo unos pocos.

“Después de todo, si te digo la verdad, hay muchas emociones concentradas en este reencuentro. Y, en ese sentido, sí que estamos un poco nerviosos. Supongo que cuando nos subamos al escenario, desaparecerán”, reconocía Mueller horas antes del concierto, mientras caminábamos entre el resto de bandas amigas (Shellac, The Ex, Black Heart Procession…) que habían llegado hasta Catania para celebrar los 30 años de carrera de Uzeda, los verdaderos artífices de esta reunión. Vamos en busca de Doug Scharin, el batería, por si quiere unirse a la entrevista.

“Él es más como yo y no le importará contestar a tus preguntas. Fred y Sean no creo que quieran participar”, advierte Mueller. Pero poco a poco, sin pedírselo, todos se van sentando a la mesa e interviniendo en la conversación entre risas, recuerdos, silencios y frases sueltas como “¡maldito whisky!”, con Erskine llevándose las manos a la cabeza. Eran los primeros momentos de esta segunda etapa de June of 44, que el 31 de mayo tocarán en la sala El Sol de Madrid (con Negro como telonero) y el 1 de junio en el festival Primavera Sound en Barcelona.

En las mesas cercanas, Steve Albini charla tranquilamente con sus compañeros de Shellac cuando se percata de que los miembros de The Ex acaban de llegar. El guitarrista y productor de discos como In Utero (Geffen, 1993), de Nirvana, se les acerca por la espalda a saludar efusivamente, entre bromas.

¿Recordáis la primera vez que visteis a todas estas bandas? Shellac, por ejemplo.
J.M.: Fue en Louisville, en 1994. Y pensé: “Esta gente viene de un planeta diferente”. Era por la manera en que tocaban. No sé, les vi muy austeros y, a la vez, su presentación fue tan grande para mí en aquel momento que no sabía cómo lo hacían. Me di cuenta de que era algo importante.

¿Y The Ex?
S.M.: Un amigo me pasó el disco que acababan de grabar con Tom Cora, en 1991: Scrabbling At The Lock.
J.M.: Ese también es el mismo disco con el que los vi tocar yo por primera vez. Fue en Nueva York, un concierto memorable. Amo ese disco y me encanta Tom Cora. Recuerdo pensar que era una banda que ponía mucho corazón en su música. Eran muy buenos y su manera de comunicarse encima del escenario hace treinta años era algo muy difícil de ver. No sé cómo demonios lo hacían. Intentaba absorber toda esa información y, al mismo tiempo, escuchar las canciones.

¿Quién hizo la primera llamada para que se produjera esta reunión?
S.M.: Jeff me llamó primero a mí y, después, a Fred.
J.M.: Me levanté una mañana y tenía tres emails, dos mensajes por Facebook y una llamada de Agostino (Tilotta, de Uzeda), en los que me contaba que querían celebrar su 30 cumpleaños en Catania con algunas bandas queridas por ellos. Qué me quiere decir con todo esto, pensaba yo. Ni siquiera preguntó, simplemente me forzó a su manera, como diciendo: “Esto va a ocurrir y punto”. Yo le puse todo tipo de excusas de que no podía porque estaba haciendo otras cosas, pero nada. Fue entonces cuando les lancé la pregunta a Sean y los otros.
Doug Scharin: Y aquí estamos. Es increíble.

¿Os costó mucho tomar la decisión?
J.M.: Había muchos aspectos a tener en cuenta. Ahora todos tenemos hijos, una familia y nuestras vidas en casa. Fred es entrenador de un equipo de béisbol y no tenía nadie que le sustituyera. Algo similar le ocurría a Doug. Mi calendario es diferente, yo solo tenía que avisar a mis clientes de la imprenta de que les entregaría sus pedidos dos semanas más tarde. Y Sean, que tiene dos hijas en casa, parecido. Teníamos que reorganizar un poco nuestras vidas para poder ausentarnos, aunque no hubo mucho tiempo entre la llamada de Agostino y los conciertos. Pero realmente queríamos hacerlo.

¿Cuál fue la primera canción que probasteis en el primer ensayo?
J.M.: “Anisette”, la primera de nuestro segundo álbum: Tropics and Meridians (Quarterstick, 1996, que fue producido por Bob Weston, bajista de Shellac). Empezamos a tocarla de manera muy orgánica y conseguimos hacer todos los arreglos fácilmente. Fue una sensación muy rara que nos saliera todo del tirón después de veinte años sin tocarla.


S.M.: Al coger la guitarra, pensé cómo se tocaba cada una de las jodidas partes. Y cuando empecé, todo me salía bien. No tenía que pensar en nada. Fue como ir a misa… o mucho mejor. Cuando pensamos es cuando lo jodemos todo.

¿De verdad que solo os habéis reunido para estos cuatro conciertos por Italia? [Hay que recordar que la entrevista es en mayo de 2018]
J.M.: Para ser honesto, no hemos hablado de ello. Queremos ver cómo van estos conciertos [al de Catania le siguieron otros tres: Torino, Bolonia y Roma. Los de España serán los siguientes]. Que nos hayamos juntado de nuevo para esta pequeña gira ya es algo muy bueno para nosotros. Es cierto que hemos recibido ofertas de un montón de países al anunciar esto, como España, pero la idea es no prolongar esta gira más allá de Italia. De hecho, solo nos hemos aprendido las canciones para estas cuatro noches.

Concierto de June of 44 en Roma el 30 de mayo de 2018, el último de los cuatro que dieron en Italia
Concierto de June of 44 en Roma el 30 de mayo de 2018, el último de los cuatro que dieron en Italia. Foto cortesía de June of 44.

Es curioso la cantidad de frutos que dio June of 44 en cinco años, teniendo en cuenta que no os conocíais de nada antes formar el grupo.
J.M.: Es verdad que no nos conocíamos de nada antes de salir de gira la primera vez. Fred tocaba en Hoover, una banda que en 1993 y 1994 me inspiró muchísimo, cuando yo estaba en Rodan. Recuerdo que una vez tocamos juntos en Louisville y, al terminar el concierto, empezamos a hablar en la puerta, mientras nos bebíamos un güisqui. Allí creo que ya hablamos de hacer música. Algo similar ocurrió con Sean, que a principios de los 90 tocaba en Boondoggle, un grupo de Tennessee que era genial. La primera vez que le vi tocar la guitarra en Cincinatti, pensé: “Quiero tocar con este tío”.

En aquella época, además, Doug ensayaba con Codeine en el sótano de mi casa, en Louisville. Recuerdo que me acostaba de espaldas en el suelo de mi cocina y me quedaba ahí escuchándoles. Fue otra banda que me influenció mucho. Entonces Rodan se separó. Después, Codeine. Así que los llamé para que nos juntáramos algún día a ensayar a ver qué salía.

En noviembre de 1994 nos reunimos en Nueva York a pesar de que ninguno de ellos se había visto antes. Allí escribimos ya algunas de las canciones que saldrían en el primer disco, Engine Takes To The Water (Quarterstick, 1995), el cual grabamos un mes después en Chicago. A través de encuentros así, haciendo música, fue como nos fuimos conociendo. En las conversaciones del local.

¿No fue un poco extraño?
D.S.: Sí. Piensa que no éramos compañeros de colegio que crecimos juntos y, en un momento dado, decidimos montar una banda. Yo no conocía a estos tíos de nada. Bueno, un poco a Jeff de los días de Louisville. Si lo piensas, asustaba un poco ese momento de entrar a un local o un estudio con desconocidos.

¿Qué es lo que más os sorprendió de la música que surgió sin conoceros?
D.S.: No se trata de una sola cosa, aunque me gustaran esas baterías profundas y preciosas que creo que me salieron. Es muy difícil responder. Aquella música era el resultado de los cuatro tocando en ese momento, de quiénes éramos. Y creo que todavía suena fresca, que ha resistido bien el paso del tiempo. Si fuera alguien ajeno al grupo creo que me gustarían esas canciones ahora. Hay cosas estúpidas también [risas] de las que hoy pienso que por qué hostias las tocamos de esa manera. Escucho mi propia forma de tocar entonces y pienso en qué demonios estaba pensando. Ahora no las haría, pero representan una época, quiénes éramos y cómo nos conocimos a través de la música.
J.M.: Es cierto que formamos June of 44 de una forma un poco extraña. Todos nosotros tenemos esa pasión por viajar y conocer gente a través de la música de Irlanda, Japón o Italia, como Giovanna Cacciola y Agostino Tilotta, de Uzeda. Conocer a toda esa gente fue crucial para mí y para la concepción de June of 44. Mi anterior banda, Rodan, se rompió muy rápido y fue muy triste, porque creo que estábamos en buena forma. Pero algo pasó en Louisville y tuvimos problemas para seguir. Era un momento en el que yo no quería estabilizarme. Solo había estado una vez en Gran Bretaña tocando y, ¡mierda!, quería ir también a Francia y a todos esos países. Fue entonces cuando llamé a Sean y nos tiramos dos horas hablando por teléfono sobre música y la posibilidad de tocar con Doug y Fred con el objetivo de coger un avión y salir a conocer a gente con nuevas canciones hechas por los cuatro.

Es cierto que la música de June of 44 ha soportado bien el paso del tiempo. Muchas canciones no parecen tener más de veinte años.
J.M.: Si algunas cosas suenan un poco antiguas no creo que sea por las canciones en sí, ni por los arreglos, sino por la producción. Si grabásemos los mismos temas ahora, la producción sería diferente, aunque eso no significa que estemos insatisfechos. Y el hecho de que nuestra música suene actual creo que se debe a que nunca la escribimos intentado encajar musicalmente en algo. Etiquetas en las que nos intentaron encajar como postrock o posthardcore no tenían ningún sentido. Era como intentar meter muchos tipos de música diferentes bajo una misma etiqueta para decir que pertenecían a algo.

De hecho, la primera banda de tu vida la formaste con Jason Noble (Rodan, Shipping News) y era de hip hop.
J.M.: Oh, sí. Nos llamábamos King G & the J Krew y realmente estoy convencido de que, hasta el día de hoy, es lo mejor que he hecho en mi vida.

¿En serio?
J.M.: No [risas]. Pero fue un proyecto muy divertido con el que aprendí mucho. A él se fueron sumando algunos músicos de Louisville hasta que al final evolucionó hasta convertirse en mi primera banda de rock. Cuando conseguimos instrumentos reales, Jason y yo empezamos a sacar los arreglos de las canciones de rap para poder tocarlos en directo.

¿Aún escuchas hip hop?
J.M.: Oh, sí. Me gusta mucho Clipping y Kendrick Lamar. Y aún escucho el hip hop antiguo, las raíces, como Grandmaster Flash, Kool Moe Dee y algunos un poco más contemporáneos, como Public Enemy.

En este sentido, Aina, una banda de Barcelona con la que compartisteis furgoneta en Estados Unidos en 1998, recuerdan que una vez les dijisteis: “¡Pero dejad de escuchar todas esas bandas de hardcore y posthardcore como Jawbox y todas esas mierdas! Tenéis que empezar a escuchar más música negra, jazz, Marvin Gaye...”.
Fred Erskine: Creo que es cierto. Hay que escuchar toda la música que puedas. En la música de June of 44 puedes escuchar los gustos musicales de todos por todas partes.
S.M.: No importa lo que toques, siempre estará relacionado con todo lo demás. Si no comprendes las raíces, no tendrás los cimientos bien puestos en tu música… ¡No puedes escuchar solo la música que haces! ¡Tienes que escuchar de todo!

¿El hardcore, el punk y todo eso que vino después no fue, entonces, la influencia más importante de June of 44?
F.E.: No creo que estuviéramos muy influenciados por bandas de hardcore o posthardcore. O, por lo menos, no fue la influencia principal.
S.M.: Tenemos la suerte de haber compartido escenario con muchas buenas bandas de esa escena como Uzeda, Black Heart Procession, Shellac, Three Second Kiss, Victory At Sea que nos influenciaron, más allá de la música, en el compromiso que tenían encima del escenario. Eso nos marcó mucho. Pero siempre tuvimos un montón de acceso a música diferente al comprar discos de muchas partes del mundo. ¿Por qué enfocarnos en una sola cosa?
J.M.: Todas las bandas de posthardcore o postpunk han sido una inspiración en directo, definitivamente. Al igual que todas las bandas de punk y hardcore que vinieron antes que nosotros nos influenciaron en las ganas que tenían de estar siempre en la carretera, con toda esa forma tan orgánica de entender su música. También en esa convicción de “esto va a funcionar de una forma u otra a pesar de las dificultades”. Todo eso a mí sí que me influenció, más allá de la música.

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Teniendo en cuenta que también os gusta el jazz, ¿hay algún tipo de improvisación en vuestros conciertos?
J.M.: Hay canciones más abiertas a la improvisación y, cuanto más tocamos juntos, mejores son esos momentos en los que introducimos algún detalle. Pero yo no soy ese tipo de músico. No soy horrible improvisando, pero prefiero tener una idea de lo que va a ocurrir. Una de las mejores cosas cuando Sean y yo nos juntamos es cuando organizamos alguna música que Fred y Doug han traído, porque somos unos locos de las texturas de guitarras y algo desordenados. Sin esa sección de ritmo dándole sentido a todo, June of 44 sería algo completamente diferente. Lo digo en serio… Sean y yo tocamos durante tres o cuatro días antes de que Fred apareciera en Nueva York e hicimos cinco o seis canciones. Pero cuando fuimos los cuatro a casa de Doug, en Williamsburg (Brooklyn), él y Fred empezaron: “Bien, pero vamos a hacer esto aquí… y esto otro aquí”. Y esos cambios hacían que todo tuviera sentido. Son de ese tipo de músicos especiales que pueden hacer jazz o cualquier otro tipo de música o ritmo.

En los cinco años que estuvisteis en activo, ¿pudisteis vivir de June of 44?
D.S.: Sí, pero porque hicimos muchas giras. Y también porque hacíamos otras cosas. Yo, por ejemplo, tocaba con Rex simultáneamente. Durante aquellos años me pasé en la carretera nueve meses al año. Recuerdo que llegaba a casa, estaba una semana sin deshacer la maleta y me volvía a marchar.
J.M.: El propósito no era hacer de June of 44 un trabajo, pero al final lo acabó siendo, aunque no sé el momento exactamente. Y ocurrió porque, sin querer y con mucho esfuerzo, conseguimos que funcionara. Recuerdo que cuando apareció el dinero fue algo muy emocionante y, al mismo tiempo, inusual.
S.M.: Si echo la vista atrás, supongo que puedo decir que estaba viviendo de la música porque no tenía que trabajar en nada más… ¡y fue genial! Bueno, a veces hacía alguna cosa suelta por ahí no relacionada con la música, pero lo principal era tocar. Eso era todo lo que queríamos hacer: tocar y viajar por el mundo. Y eso es lo que hacíamos, en realidad. Estábamos en forma. Nos daban bebidas, comida y dinero por dar algunos conciertos, lo que nos llegaba para poder viajar a la siguiente ciudad. ¡Sí, eso es vivir de ello! Es cierto que ahora no tengo un plan de pensiones ni una cuenta de jubilación, pero…

¿Pensáis en eso ahora?
S.M.: Ahora que soy mayor sí que me cuestiono algunas de aquellas decisiones que tomé de crío, cuando éramos jóvenes. Pero hicimos unos discos que, de alguna manera, son eternos, que la gente aún disfruta y con los que podemos mostrar lo que hicimos en aquel punto de nuestra vida. Y eso es algo que nunca se irá.
J.M.: Es una cuestión interesante, porque vivir de la música tiene diferentes valores dependiendo de cómo se formule la pregunta. Para mí, vivir de ello es poder conseguir que una banda funcione y hacer la música que quiero hacer. No se trata de hacerme rico o ganar más o menos dinero con ella.

¿Sabéis cuántos discos vendisteis con June of 44?
J.M.: Aproximadamente. Cuando salió Engine Takes to the Water, el primero, yo trabajaba en la imprenta que lo manufacturó, así que pude escuchar algunas de las cifras que manejaron: unos 15.000 cedés y 7.000 u 8.000 elepés. El segundo es más difícil saberlo con seguridad, pero creo que fueron alrededor de 40.000 o 45.000. No está nada mal, la verdad.

Chris Brokaw me contó que con Come vendieron 30.000 copias de cada uno de los dos primeros discos. Y sorprende, la verdad, en aquella época preinternet. Yo habría pensado que más, por su influencia y, sobre todo, si tenemos en cuenta que ellos se iban de gira con bandas como Sonic Youth o Dinosaur Jr. y que telonearon a Nirvana por Europa cuando publicaron Nevermind.
F.E.: ¿30.000, en serio? ¿Con Come?
J.M: No sé, para nosotros es una cosa un poco abstracta. Quizá la diferencia esté en que nosotros ya con el primer disco vinimos a girar por Europa y vendíamos en los conciertos. Tocamos en Francia, Alemania, Bélgica y todos los países del norte. Había noches realmente buenas y otras no tanto. Sin embargo, cuando cruzamos la frontera de Italia por primera vez, instantáneamente la dinámica cambió. Recuerdo nuestro primer concierto en Mezzago, en un club llamado Bloom, con Three Second Kiss. Nada más aparecer con la furgoneta a las cinco de la tarde, nos encontramos con una fila enorme de gente esperando a que abrieran la puerta para entrar. Y eso que el concierto era por la noche, faltaban horas. Eso fue algo muy raro para nosotros. El reconocimiento en lugares donde nunca habíamos estado fue muy importante para June of 44 y creo que influyó en esa venta de discos. Se convirtió en una especie de seguro que nunca podríamos haber anticipado. Ocurrió, simplemente.

¿Hay algún disco del que os sentisteis más orgullosos?
J.M.: Probablemente del primero, por la manera en que lo sacamos adelante. Musicalmente ahora veo cosas que cambiaría, pero estoy feliz porque vino de la nada. Ensayamos tres días y lo grabamos en otros tres sin saber qué iba a pasar. Y, de repente, Touch and Go nos llamó para publicarlo. ¡Boom!, ya éramos una banda y formábamos parte de uno de mis sellos favoritos. El mismo donde estaba una de mis bandas preferidas, The Jesus Lizard. Pensé: “¡Oh, dios mío, lo estamos haciendo!”. Y Four Great Points (Quarterstick, 1998), también, que es el que más suena a nosotros y con el que la mayoría de la gente nos identifica. Creo que esos dos álbumes son de los que más orgulloso estoy.

En vuestro último concierto en Madrid en 1999, en la sala Siroco, escuché que os robaron una guitarra. ¿Es cierto?
S.M.: No fue una guitarra, pero sí que nos robaron. Fue a mí, dos pedales: uno de distorsión y otro pequeño de trémolo marca Radio Shack que me encantaba. No valía nada, 12 dólares, pero era muy importante para aquella gira. Recuerdo a dos chavales enfrente de mí volviéndose locos con mi equipo. Salimos del escenario a esa habitación que había justo al lado y, al volver para tocar un par de bises, los dos chicos se habían ido y los pedales habían desaparecido... ¡me cagué encima!

¿Nunca los recuperaste?
S.M.: No. Aún estoy buscando a esos hijos de puta.

¿Hay algo que os gustaría hacer ahora con June of 44 que no conseguisteis entonces?
F.E.: Relajarnos y gestionar mejor el tiempo. Intentamos hacer muchas cosas y muy rápido. Me habría gustado que el último disco lo hubiéramos hecho con más tiempo, pero ya está terminado. Por lo menos, por mi parte.
J.M.: Relajarnos, como dice Fred, y ser un poco más conscientes de lo que pasa, no como antes. Éramos unos críos. Creo que Doug y Sean se cuidaban más mutuamente entre ellos, pero en general los cuatro no lo hacíamos tanto como podíamos haberlo hecho. Creo que así la vida habría sido mucho más feliz para nosotros, porque nos queremos y nos queríamos, incluso en los peores momentos. Así que, eso, relajarnos y evitar el estrés y la presión, para ser capaces de expresar ese cariño que es intrínseco a esta banda y su música.
D.S.: En mi caso, creo que la comunicación. No nos comunicamos lo suficiente para compartir lo que estábamos lidiando individual y colectivamente, hasta el punto de que lo dejábamos pasar.

¿Y tú, Sean? Es la última, lo prometo...
S.M.: Disfruté mucho tocando con ellos aquellos años, así que me habría gustado que se prolongara más, pero no salió por lo que acaban de decir ellos: viajamos mucho y fuimos acumulando cosas que dejamos pasar, hasta que acabamos quemados. Después de aquella última gira, intentar sobrevivir habría sido un enorme trabajo interno y ninguno queríamos eso porque nos respetábamos mucho.

Pues eso es todo. Muchas gracias por vuestro tiempo.
J.M.: ¿Está bien así?

Sí, claro. ¿Y para vosotros?
J.M.: ¡No! [risas]. Por supuesto que sí. Muchísimas gracias, en serio.

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