Música
Democrazy, los nadie siguen danzando

La historia del grupo Democrazy es la de una reunión de viejos conocidos para volver a tocar música. También la de un artefacto creado para intervenir en la realidad. Y, por último, la de la victoria del deseo sobre la necesidad, según explica su cantante, Ángel Luis Lara.

Democrazy El Ruso 1
Ángel Luis Lara, cantante de Democrazy. David F. Sabadell

publicado
2019-01-20 06:00

Se acaban de cumplir 20 años —que no son nada, sabido es— del estreno de Barrio, el segundo largometraje dirigido por Fernando León. La película se llevó tres premios Goya en 1999 y supuso el momento de mayor atención para el grupo Hechos contra el Decoro, que aportó hasta cinco canciones a su banda sonora, entre las que destacaba “La llave de mi corazón”.

Acostumbrado a circular por los márgenes, a actuar en centros sociales, casas de la juventud y festivales benéficos para radios libres y otros colectivos que configuraban el universo de la izquierda autónoma madrileña a mediados de los años 90, el conjunto ofrecía una mezcolanza de ritmos —entre otros estilos, el hip hop, el ragamuffin o el punk nutrían sus canciones— que tenía como títulos de cabecera algunos discos de Mano Negra o Negu Gorriak y se codeaba con vecinos como Alma Vacía o Habeas Corpus. Víctor Jara rimando rap era una de las guías que se proponían seguir.

Dos décadas después de aquel efímero momento de gloria, el núcleo duro de la banda se ha vuelto a reunir para dar forma a un nuevo proyecto, Democrazy, que recupera algunas de las constantes vitales que identificaban al anterior. Con disco ya en la calle, la conversación con Ángel Luis Lara, cantante y portavoz, gira en torno a la música y al tiempo pasado, a lo que se fue y a lo que queda.

En la canción “Desinventarnos” se escucha “ojalá aprendamos a desinventarnos”. ¿En qué consiste ese desinventarse para músicos veteranos?
Básicamente, creo que para nosotros desinventarnos consiste en desaprendernos tal y como éramos en aquel tiempo en el que con Hechos contra el Decoro andábamos por ahí con nuestra música. Primero porque el mundo ha cambiado en casi 20 años y, sobre todo, porque el ámbito de la actividad musical se ha modificado notablemente. Hay toda una serie de desaprendizajes que tenemos que hacer, y también de aprendizajes de nuevas maneras de habitar ese mundo que estamos haciendo todo lo rápido que podemos.

¿Hay una intención entonces de desinventaros?
Sí, pensamos que desinventarse es clave hoy por hoy, tanto desde un punto de vista musical, para nosotros como banda, y también político, para el área político cultural de la que brotamos hace tantos años.

¿A quién se dirige Democrazy?
A toda aquella y a todo aquel que quiera escucharlo y que sienta de algún modo una llamada con las cosas que cantamos y con cómo las cantamos. No componemos ni trabajamos nuestra música en base a un objetivo, a un target. Nos guiamos por aquello que nos mueve y las cosas que nos gustan o necesitamos expresar.

Te lo pregunto porque me cuesta identificar a quién podéis llegar. Igual con Hechos contra el Decoro sí había un perfil de público más marcado. Creo que la gente que os escuchaba entonces posiblemente ya no escucha música o está a otras cosas, y los chavales de hoy que podrían ser el equivalente a los que entonces os escuchaban también escuchan otras cosas.
Es una muy buena pregunta, pero no es algo que oriente nuestra actividad. Hacemos la música que nos gusta y expresamos aquello que nos sale de dentro. Es cierto que el disco está teniendo muy buena acogida y que, en los pocos conciertos que hemos hecho, el ambiente es bastante bueno, la gente baila mucho y las críticas son buenas. No lo sé, pero es bien interesante lo que planteas. Por ejemplo, el otro día tocamos en Bilbao y la mayor parte de las 1.700 personas que había eran muy jóvenes y, sin embargo, sí vimos un interés genuino en lo que hacíamos en el escenario, lo cual nos sorprendió muy gratamente.

Hay un grupo actual en Madrid que es muy heredero de aquello, Tremenda Jauría, que para los chavales de hoy puede suponer lo que Hechos contra el Decoro significó para los chavales de entonces.
Sí, Tremenda Jauría y algún otro grupo más que incluso hasta lo dicen públicamente o nos mencionan. Pero no es algo que nos inquiete.

Democrazy El Ruso 2
Democrazy, música para abrir puertas. David F. Sabadell

¿Era Hechos contra el Decoro un grupo para universitarios, dicho con el desprecio con el que en algunas ocasiones se utiliza esa palabra?
No creo. En cualquier caso, no es la experiencia que vivimos, no me da esa sensación. Primero, porque de la banda creo que solamente yo iba a la universidad en aquel tiempo. Y luego porque el tejido que se compuso en esos años en torno a la banda no era particularmente universitario. Pero es el tiempo en que, de algún modo, se vivió el resultado del boom de la escolarización y la educación superior pública en este país, y mucha gente iba a la universidad.

Pero a veces se usa con una connotación peyorativa, cuando es un triunfo. Yo fui el primer universitario en mi familia, por ejemplo.
Para mí no es peyorativo, desde luego. También he sido el primero, y el único, en ir a la universidad en mis dos familias, tanto paterna como materna. Luego me he dedicado a ello, soy profesor de universidad en Estados Unidos. Para mí, la universidad es un espacio interesante, plagado de contradicciones que de algún modo hay que atravesar.

¿Qué ofrece Democrazy?
Ofrece una serie de reflexiones acerca del tiempo que vivimos, envueltas en una banda sonora que se agita a partir de los gustos e inquietudes musicales de los músicos que conformamos la banda. Te podría decir las típicas frases de hoja de promo, pero está todo en el disco.

¿Cuál es el objetivo del grupo?
Lo primero es volver a juntarnos una serie de amigos y tratar de articular algo parecido a un barco, a una banda en el sentido literal del término, para transitar por este presente tan complejo de manera acompañada. Luego también es un artefacto, un artilugio musical con el que intervenir en la realidad, expresando las cosas que nos inquietan y tratando de construir lazos con otras bandas que puedan habitar los mismos espacios ético-artísticos que nosotros y con el público que se quiera ir sumando a la invitación.

¿Qué efecto os gustaría provocar en ese público?
El efecto o no de la música es una conversación larga y manida. Particularmente, a mí me gustaría conectar con los estados de ánimo de la gente y ofrecer toda una serie de ritmos y reflexiones que tuvieran alguna utilidad para la gente en ese sentido. Creo que la música y la actividad artística son hoy en día muy importantes porque se agitan en el ámbito de lo sensible, y la sensibilidad está bastante dañada en nuestro tiempo. Estamos en una sociedad definitivamente atravesada por malestares muy profundos que, cada vez más, imponen una suerte de tristeza cotidiana como piel existencial para cada vez más gente. La música y las bandas como nosotros podemos de algún modo contribuir a modificar eso, o a sacudirlo.

¿Crees que alguna canción de Democrazy puede cambiar algo en la vida de un chaval de 18 años de hoy?
[Se lo piensa] A mí me gusta hablar desde la experiencia. Recuerdo cuando yo era un chaval de 18 años de Moratalaz y recuerdo el impacto que tuvieron en mí el Sandinista de los Clash o los discos de La Polla Records o de Kortatu, o de Baldin Bada, de aquello que se llamó rock radical vasco. Fue un impacto notable, muy grande. Tal vez esas músicas fueron mi primera escuela de ciudadanía. ¿Por qué no pensar que bandas que, tantos años después, se agitan en un ecosistema parecido pueden tener efectos parecidos en los chavales que hoy tienen 18 años?

Hay mucha nostalgia en el disco, especialmente en la canción “Manifiesto”.
[Se lo piensa] ¿En qué sentido nostalgia?

Como recuerdo. En esa canción se cita al Lute o a Camarón, por ejemplo.
Sí, lo que pasa es para nosotros no es un ejercicio de nostalgia sino de vigencia. Es un manifiesto ético en el que tratamos de definir unas coordenadas del mapa en el que nos situamos, desde el punto de vista ético o político. Son referentes que nos han ido construyendo.

¿No habíamos quedado en que la nostalgia es contrarrevolucionaria?
No. En cualquier caso, no hay en nuestra intención ni un ápice de nostalgia, sino simplemente señalar las coordenadas que, de algún modo, nos han hecho: determinados elementos éticos y culturales que nos habitan y que queríamos compartir.

¿Es Democrazy un grupo más necesario para vosotros o para la gente que os pueda escuchar?
No lo sé. En cualquier caso, no es desde la necesidad desde donde nos hemos subido a este barco sino desde el deseo.

¿Hay música necesaria?
La música es necesaria. No puedo imaginar la vida sin la música. La música ha sido siempre un vector fundamental en la cultura popular, en cualquier tipo de cultura popular en el mundo.

Democrazy El Ruso 4
Ángel Luis Lara, en la entrevista con El Salto. David F. Sabadell

En “Manifiesto” canta El Piculabe, un cantaor flamenco. Durante el último año ha habido una fuerte polémica con respecto a la utilización por parte de Rosalía de elementos ‘ajenos’ a ella y se la ha acusado de apropiarse de señas de identidad de una cultura perseguida, como la gitana. ¿Entenderías que se os acusase de algo así, ya que tanto Democrazy como Hechos contra el Decoro picoteáis de muchos sitios?
Un acto de apropiación de algo implica una violencia que en el caso de “Manifiesto” y Enrique Bermúdez, el Piculabe, no se ha dado. Hay una colaboración suya en este tema y de lo que puedo hablar es del sentido que tiene que haya un cantaor gitano en una canción del disco, que tal vez se entiende si juntas las tres colaboraciones con las que contamos.

Por un lado está Enrique Bermúdez, el Piculabe, un cantaor gitano del barrio de Pan Bendito, que por otra parte no es muy distinto de los barrios en los que algunos nos hemos criado, aunque él sea gitano y nosotros payos. Por otro lado está Javier Ruibal, que colabora en “Derrota de la soledad”, que es un amigo muy querido de la banda. Y también está Paloma del Sol, que colabora en “En medio del fuego”. Son, para nosotros, tres coordenadas de una España negada, que nunca nos han enseñado: la cultura gitana, que es esencial para entender este país y que es el fruto de la condensación de todos los perseguidos y expulsados de la cultura oficial durante siglos; por otro lado, un músico como Javier que, de algún modo, bebe de la cultura andalusí y de esa cultura de la convivencia y la cohabitación entre diferentes; y en tercer lugar, uno de los elementos más negados de la formación cultural española, que es una mujer africana.

Si se entienden las tres colaboraciones en esta perspectiva, a mí me cuesta pensar en términos de apropiación cultural el que estén en en nuestra música sino más bien como una propuesta no explícita de entender nuestra cultura en otras coordenadas.

En la canción “Middle class” apeláis directamente a la clase media. ¿Por qué?
Nos parece que es clave a la hora de entender lo que está pasando, tanto desde el punto de vista sociológico como político. Es una clase social que nace casi como una obra de ingeniería, una invención del estructural funcionalismo de la Escuela de Chicago, pero capaz de convertirse en una máquina potentísima de producción de subjetividad y que, a la postre, se ha construido como espacio hegemónico de sentido. Esto entra en quiebra de manera manifiesta a partir de 2008 porque se produce un empobrecimiento generalizado de la población y hace que elementos de esa subjetividad verdaderamente reaccionarios broten de manera abierta y estén determinando la agenda política o el día a día en países como el nuestro. De ahí que le concediéramos tanta importancia y le dedicáramos una canción.

¿De qué es culpable la clase media en España?
No diría tanto en España como en general, pero un elemento fundamental de sentido en la clase media es el egoísmo como principio fundacional de una condición colectiva. Y eso a mí me inquieta notablemente.

En 2015 grabasteis una canción y un vídeo en apoyo a Ahora Madrid. ¿Os arrepentís?
No, no, no, no, arrepentimiento ninguno. Ahora Madrid condensó la energía y el deseo de muchísima gente muy diferente para tratar de abordar una necesidad urgente que había en Madrid, que era arrebatarle a una banda de criminales la gestión del poder local. Y nosotros le pusimos banda sonora a ese intento de manera gustosa.

Cuatro años después, una vez ejercido el poder, ¿cómo calificarías este experimento que ha sido Ahora Madrid?
En la banda hay sensibilidades y posiciones diferentes en relación a un montón de temas, incluido Ahora Madrid. Desde mi punto de vista, creo que se ha producido una distancia entre las expectativas y los elementos que daban sentido a esa experiencia y lo que luego ha sucedido, lo que ha dado de sí. Una distancia que, en mi caso y en el de mucha gente, ha producido alejamiento y tristeza. De lo que Ahora Madrid era cuando compusimos esa canción para la campaña electoral a lo que es hoy hay un mundo que, en mi caso concreto, ha supuesto deshabitar esa experiencia.

¿Qué piensa Nacho Murgui de este disco?
No lo sé, no tengo ni idea, eso se lo tienes que preguntar a Nacho.

¿Pero te importa?
No… no sé cómo contestarte a esto.

Lo pregunto porque él era de Hechos contra el Decoro y hoy es, lleva cuatro años siendo, segundo teniente de alcalde de Madrid.
No lo sé, no he hablado con él, no sé si le ha gustado el disco. Tampoco te puedo decir cómo le va la vida, no sé nada de él.

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