Música
Eliades Ochoa: “El que se asome al son tiene que ir como alumno”

El guitarrista y sonero Eliades Ochoa se reconoce portador del inmenso legado de la música cubana y un embajador de su país al frente del Cuarteto Patria, primero, y del laureado proyecto Buena Vista Social Club, después.

Elíades Ochoa - 3
Eliades Ochoa lleva la tradición de la guitarra cubana a sus espaldas. Elvira Megías
3 abr 2020 06:00
Cuba es territorio controvertido. Objeto de opiniones enfrentadas. Espacio de numerosos contrastes y abundantes contradicciones, si bien en lo que respecta a su tradición musical es un manantial inagotable de instrumentos, recursos sonoros y géneros musicales. Desde el nengón y su posterior deriva al changüí en la región de Guantánamo, hasta la guajira cubana, que conecta con nuestro acervo flamenco a través de compositores de zarzuela como Ruperto Chapí, pasando por el guaguancó o la guaracha, ambos con sede social en La Habana, o el yambú y la columbia, radicados en Matanzas.

El guitarrista y sonero Eliades Ochoa se reconoce portador de tan inmenso legado y un embajador de su país al frente del Cuarteto Patria, primero, y del laureado proyecto Buena Vista Social Club, después.

Te criaste siendo hijo de campesinos y treseros, asistiendo a los guateques campesinos y empapándote de sones montunos, guarachas y de su prolijo anecdotario, e iniciándote en el instrumento con el que interpretabas el cancionero popular en compañía de tus hermanos. ¿Quién te regaló tu primera guitarra?
Mi padre. No me la regaló: me permitía que yo cogiera su guitarra y me pusiera a tocarla cuando él se dio cuenta de que ponía algunas notas en la guitarra. Ya después sí me regaló una guitarra. Él vio que me hacía falta tener mi guitarra, y entonces me regaló una guitarra.

¿Qué fue lo que te sedujo de la guitarra para que te lanzaras a tocarla de forma espontánea?
No sé, yo nací con música en la sangre y la música tenía que ser de la guitarra. Toqué guitarra sin saber que iba a ser un guitarrista.

Tengo entendido que eres autodidacta, ¿es así o tuviste algún tipo de maestro o formación al iniciarte?
Jamás he tenido un maestro o nadie que me diga pon esto aquí o pon esto allá. Yo oía las cosas y trataba de sacarlas, y, a veces, cuando estaba disponible y tenía cinco céntimos pa’ echarlos en el traganique [el tocadiscos], los echaba y me ponía a oír el tema que yo quería hacer en mi guitarra. Así fui aprendiendo y haciendo cosas.

Estamos bastante habituados a oír hablar de la cantera de enormes pianistas cubanos (Rubén González, Bebo, Bola de Nieve) y vocalistas (Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Omara Portuondo), pero no así de los guitarristas que ha generado la isla de Cuba. ¿Cuál crees que es el motivo por el que se habla tan poco de los guitarristas cubanos?
Chico, en Cuba hay muchas personas que hablan del presente, pero parece que olvidan el pasado. Eso pasó con los integrantes de Buena Vista. Tenían olvidado a Compay Segundo, a Rubén González, a Ibrahim Ferrer, a Puntillita, a Pío Leyva… A todo el mundo.

El único que estaba por ahí, saliendo por donde quería y visitando Europa, América y el Caribe, era Eliades Ochoa con el Cuarteto Patria. Todos los viejecitos aquellos estaban guardados en el cajón del olvido. Es señal de que por algo no se habla de los pianistas o los artistas pasados. Así que la culpa la tendrá alguien, pero hay una canción de Buena Fe que dice “la culpa no la tiene nadie”.

Hay músicos buenísimos, que son mejores que artistas que salen cada rato en la televisión, en la radio y donde quieras, y, sin embargo, no los conocen

Tú que has sido bastante coherente en tu trayectoria, defendiendo siempre el son cubano, ¿sigue existiendo una escena del género en tu país?
Sí, claro: el son cubano ha cogido mucha fuerza y hay muchas agrupaciones haciendo son y haciéndolo bien hecho. Te podría hablar de un grupo de mujeres en Santiago de Cuba que responde al nombre de Morena Son, del Septeto Turquino, del Grupo Tivolí… En Santiago hay muchas agrupaciones haciendo buenos sones. Lo que pasa es que hay que ver las cosas. Los artistas que viven en Santiago de Cuba, por muy buenos que sean, se conocen en la provincia de Santiago de Cuba. Se hace en la televisión de Santiago de Cuba porque cada provincia tiene su canal de televisión. ¿Qué pasa? Cuando tocan en la televisión de Santiago de Cuba, en el municipio de Palma Soriano ya está haciendo interferencias Bayamón o Guantánamo y ya no se ve.

El artista que se conoce es aquel que, a través de las cadenas nacionales, lo ve el mundo. Hay músicos buenísimos, que son mejores que artistas que salen cada rato en la televisión, en la radio y donde quieras, y, sin embargo, no los conocen. ¿Por qué no los conocen? Porque no tienen la difusión a nivel nacional, de televisión, de radio, de todo. Nadie se ocupa de eso.

Elíades Ochoa - 1
El músico cubano Eliades Ochoa, en Madrid. Elvira Megías

¿Consideras que el son debe adaptarse a los nuevos tiempos dialogando con otros géneros afines? ¿Qué vías de avance le quedan al son cubano?
Seguir siendo el son. Cuando el son deje de ser como es el son, cuando deje de ser son para inventarse o hacer un dúo con otro tipo de sonido o armonía, dejaría de ser son. Y el son por ser son tiene un nombre en el planeta: el son cubano. Para seguir siendo el son, lo único que tiene que hacer es seguir siendo el son. Es el son que conoce el mundo. Se puede enriquecer cualquier canción, se le pueden hacer algunas cosas bonitas y eso, pero no echar a perder su armonía.

De tu trayectoria no puedo evitar mencionar tu ingreso en el Cuarteto Patria a propuesta de ‘Pancho’ Cobas de la Vieja Trova Santiaguera en 1978, y tu prolongada militancia como líder de la banda. ¿Cómo surge esta propuesta y qué te planteó Pancho para seducirte?
Me planteó si yo quería venir a trabajar al Cuarteto Patria, y yo le dije que sí, pero que haciendo cosas. Porque el Cuarteto Patria se dedicaba a cantar muchas guarachas, criollas y boleros antiguos. Y yo le dije a Pancho que, si yo entraba al Cuarteto Patria, había que hacer de todo: instrumentales, guarachas, sones, boleros, guaguancós… Cualquier cosa. Y me dijo Pancho: “Aquí se va a hacer lo que tú digas, porque a partir de ahora, cuando tú entres, tú vas a ser el director”. Eso no pasó nunca, porque yo vi a Pancho Cobas como el director del Cuarteto Patria siempre. Nunca hice nada sin contar con él, porque él fue el fundador del Cuarteto Patria en 1939. Yo jamás en la vida me vi como jefe de Pancho. Nunca. Entonces me dijo que estaba de acuerdo, y ahí empezamos a hacer cosas con el Cuarteto Patria.

Resulta casi inevitable referirnos al largometraje Buena Vista Social Club y la posterior gira que permitió revalorizar el legado de la música popular, permitiéndoos visitar lugares que de otro modo no hubiera sido sencillo alcanzar. ¿Qué representó toda aquella catarsis que supuso la película de Wim Wenders en tu vida y en la de los músicos que rescató del olvido?
En todos los músicos y en la historia de la música cubana. Esa película de Wim Wenders le ha dado la vuelta al mundo varias veces. Hace poco me enteré de que la estaban exhibiendo en Japón o en algún lugar de esos. Y donde quiera que íbamos nosotros, estaba nuestra imagen presente gracias a la película. Recuerdo una vez que fui a tocar a Francia y en la Torre Eiffel no sé a cuántos metros de altura había un afiche mío anunciando un concierto que yo tenía en París. No sé qué tamaño tendría el afiche aquel. Imagina la atención que llamaba un cartel de ese tipo en la torre: todo el mundo se admiraba y, cuando miraba uno, todo el mundo comenzaba a mirar lo que era. Y estaba ahí mi imagen, mi foto: Eliades Ochoa, concierto hoy en tal sitio.

¿Consideras que el reconocimiento recibido a raíz de la película sirvió para, de algún modo, hacer justicia con vuestras trayectorias personales y musicales?
Yo no diría hacer justicia; las cosas llegan cuando tienen que llegar. Hacer justicia no, porque a nosotros nadie nos ha acusado.

Me refería a poneros en el lugar que merecíais.
No. Eso es reconocer el buen trabajo que se ha venido haciendo. La calidad de la música que hemos venido haciendo. Y toda una serie de cosas que se unen y que son las que le dan fuerza a lo que nosotros hacemos para estar siempre arriba a un nivel altísimo. Es sencillamente eso: es reconocer el buen trabajo que se hace. No hay otra forma de verlo.

¿Crees necesario que músicos foráneos se fijen en el son para que este tenga la categoría que merece o la repercusión internacional?
Todo el que se asome o el que trate de acercarse al son tiene que ir como un alumno. Al lugar del son no se puede llegar como maestro: hay que ir como alumno. Hay quien puede ser que llegue como un alumno aventajado, pero hasta ahí. No va a pasar a ser maestro del son. Alumno del son, eso sí puede ser.

Puede estudiar música, puede ser un famoso estudiante de música, puede conocer el pentagrama desde Baracoa hasta Pinar del Río, pero si no es sonero, no es sonero

Como músico experimentado que eres, ¿no ves necesario dar el relevo a una nueva generación que garantice la pervivencia del género?
Chico, no sé, pero yo me guío o pienso que a mí nunca nadie me ha enseñado a ser un sonero, ni a hacer son con la guitarra, ni a cantar de la forma que canto, que es como cantaba yo. Según hago yo las cosas es como las hacía en las montañas donde yo vivía con mis padres.

Entonces, yo me planteo: en la escuela donde llevan los niños a aprender, ahí les enseñan el do-re-mi-fa-sol-la-si, pero no les enseñan a los niños a hacer un son con fuerza. El sonero nace, eso no se aprende. El ser sonero no se aprende, eso nace con la persona. Puede estudiar música, puede ser un famoso estudiante de música, puede conocer el pentagrama desde Baracoa hasta Pinar del Río, pero si no es sonero, no es sonero.

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