Migración
Solicitantes de asilo en Ceuta denuncian trato humillante y errores de traducción en las entrevistas
Bashar asegura que solo pasó cinco meses en Marruecos antes de llegar a Ceuta el pasado mes de julio. Sin embargo, afirma que, durante su procedimiento de solicitud de protección internacional, le atribuyeron una estancia de varios años en el país vecino. Según relata este ciudadano yemení, no haber pedido asilo previamente en Marruecos fue uno de los argumentos utilizados para cuestionar su petición de protección en España.
Pero su principal preocupación son los errores de interpretación. Como otras compatriotas que han solicitado asilo en Ceuta, el joven yemení denuncia dificultades para hacerse entender durante las entrevistas. Los afectados aseguran que algunos intérpretes utilizan el dariya, la variedad de árabe hablada en Marruecos, mientras ellos se expresan en árabe clásico.
“Han traducido cosas que no son reales. Han cambiado toda la historia”, denuncia Bashar. Ante los errores, los afectados temen que las imprecisiones introducidas durante la interpretación puedan condicionar sus expedientes, especialmente cuando el relato personal forma una de las principales pruebas para acreditar los motivos de persecución. “Todavía no he recibido la respuesta sobre mi asilo, pero seguramente también la hayan rechazado. Cada vez nos ponen excusas nuevas. La última fue que el reclutamiento forzoso es un peligro general, y no personal, o que el paso de algunos de nosotros por la ciudad de Adén, en Yemen, [supuestamente consideraba segura] justifica que tendríamos que haber pedido al asilo allí”, explica el joven.
Estas denuncias se producen en un contexto marcado por la rápida tramitación de solicitudes de protección internacional tras las llegadas masivas a Ceuta de finales de julio. Según los datos ofrecidos por el Gobierno a finales de octubre, se habían formalizado 1.697 expedientes de asilo, de los que 852 ya estaban resueltos. Un total de 704 habían recibido una respuesta desfavorable, aunque la mayoría se encontraban todavía en fase de notificación o recurso.
“Me sentí como si fuera una acusada”
Hasna (nombre ficticio), una joven marroquí que ya ha realizado su entrevista de protección internacional recuerda la experiencia con angustia. “Fue bastante dura. Me hicieron muchas preguntas y, cuando respondía, se reían de mí de una manera que me hizo sentir humillada”, cuenta.
La joven explica que tuvo la sensación de estar siendo juzgada en lugar de escuchada. “Me sentí como si fuera una acusada y tuve que defenderme en todo momento”, añade. Al preguntarle por los comentarios recibidos, aclara que no hubo burlas explícitas, sino un comportamiento que interpretó como una forma de ridiculizar su testimonio. “Se reían entre ellos y hablaban en español para que no entendiera qué estaban diciendo”, añade.
Pese a ello, decidió continuar hasta el final. “Intenté mantener la calma y defender mi situación. Ahora, Hasna, como otras tantas mujeres, espera la resolución de su expediente. En su caso, la joven, de escasos 23 años, huye de una situación de violencia de género en el seno de su hogar: su padre la maltrata física y verbalmente.
El miedo a no tener tiempo suficiente
Para quienes todavía esperan la entrevista, las experiencias de otros solicitantes están generando preocupación. Es el caso de una joven marroquí del colectivo LGTBI, que prefiere mantener su anonimato por cuestiones de seguridad, que teme no disponer del tiempo necesario para explicar las circunstancias que la llevaron a abandonar su país. “Me pasaron muchas cosas, necesito que me escuchen”, cuenta.
Aunque todavía no ha realizado su entrevista principal de asilo, recuerda con incomodidad una conversación anterior a entrar en uno de los recursos de acogida de Ceuta. Allí, explica, una trabajadora cuya función no pudo identificar con precisión le tomó sus datos personales y le preguntó por los problemas que había sufrido. Una pregunta le hizo sentirse especialmente cuestionada: “Me preguntaron si me había vuelto lesbiana solo después de entrar en Ceuta”.
A su vez, la joven escucha las experiencias de otras personas en su misma situación. Según explica, algunos compañeros le han contado que sus entrevistas no duraron más de veinte minutos y que los intérpretes no trasladaron adecuadamente sus declaraciones. “Ellos relataban una historia con muchos detalles y acontecimientos, pero el intérprete solo traducía dos palabras”, afirma, reproduciendo lo que le han transmitido otros solicitantes.
Zaim, otro joven marroquí que permanece en otro de los recursos de acogida en Ceuta comparte ese temor. Tiene prevista su entrevista para enero, aunque asegura que algunas citas pueden adelantarse. “A la mayoría no les dan tiempo ni para hablar y eso es lo que me da miedo”, afirma.
Las garantías europeas y la advertencia de ACNUR
Desde junio de 2026 se aplica el nuevo Reglamento Europeo de Procedimientos de Asilo a las solicitudes formalizadas a partir de esa fecha. La normativa exige garantizar una comunicación adecuada entre el solicitante y quien realiza la entrevista, así como tener en cuenta las circunstancias personales y las posibles necesidades especiales. Su artículo 14 establece que las entrevistas deben grabarse en audio y contempla mecanismos para que los solicitantes pueden aclarar errores de traducción, malentendidos u otras imprecisiones recogidas en sus declaraciones.
Consultado sobre las denuncias de interpretación realizadas por solicitantes yemeníes en Ceuta, ACNUR subraya que “una interpretación adecuada es una de las garantías esenciales para que una persona pueda explicar sus circunstancias y necesidades de protección y para asegurar una evaluación individual efectiva”.
En el caso de los yemeníes, por ejemplo, las preocupaciones van más allá de las entrevistas. ACNUR evita pronunciarse sobre los expedientes individuales, pero insiste en que haber transitado por Marruecos no sustituye el análisis de las necesidades de protección. “El hecho de que una persona haya transitado por Marruecos o haya estado previamente registrada allí es información relevante, pero no sustituye la necesidad de considerar individualmente sus circunstancias y necesidades de protección”, explican.
El organismo mantiene además su llamamiento a no efectuar retornos forzosos a Yemen y recuerda que cualquier decisión debe respetar el principio de no devolución, que impide enviar a una persona a un territorio donde pueda sufrir persecución u otros daños graves, también cuando el retorno se produce indirectamente.
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