Migración y crisis: la gran paradoja de la extrema derecha

Los gobiernos de extrema derecha no han tardado en sentir una de las consecuencias más esperables de su política migratoria: problemas de falta de mano de obra que amenazan una economía ya debilitada por décadas de crisis. La derecha liberal y los partidos socialdemócratas coinciden en su visión utilitarista de la migración.
@MartinCuneo78
@martincuneo.bsky.social
8 feb 2026 05:30

La presidenta regional de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, desarmaba en pocas palabras el discurso de Vox en materia de migración. “Alguien tendrá que limpiar en sus casas, alguien tendrá que recoger sus cosechas y alguien tendrá que poner los ladrillos de las casas donde luego vamos a vivir todos los demás”, decía el pasado 13 de noviembre. 

Ayuso no solo dejaba en evidencia al partido de extrema derecha que había llegado a defender en meses previos la necesidad de expulsar a millones de migrantes. También afeaba las apuestas del PSOE y algunos partidos de izquierda, que bien se podrían ver reflejados en la receta que ofrecía Ayuso: “Lo que hay que hacer es promover una inmigración vinculada al trabajo, ordenada”.

Más allá de Vox, casi todos los análisis coinciden en que la migración es casi lo único que podría poner freno o, al menos retrasar, la larga decadencia de Europa, Estados Unidos y otras potencias mundiales en crisis. Y no se trata solo de perspectivas académicas a largo plazo. Es el día a día de las empresas, que tienen un problema endémico de mano de obra.

La raíz de casi todos los conflictos políticos y sociales, incluido el auge de la nueva extrema derecha, es una crisis enquistada y permanente, una economía que no levanta cabeza desde la década de los 70 y que no se ha recuperado de la crisis de 2008 y de la pandemia, sostiene el historiador económico Aaron Benanav, autor de la Automatización y el futuro del trabajo (Traficantes de Sueños, 2021). 

La ultraderecha ha situado como principal chivo expiatorio de la gran crisis el único factor que podría atenuar o aplazar sus consecuencias

Mucho también se explica, continúa este investigador, por una crisis demográfica generalizada que cuenta, al menos, con tres detonadores. El primero de ellos, una mayor esperanza de vida. En 2024, España superó un nuevo récord y el Instituto Nacional de Estadística (INE) calcula que para 2055 el 30% de la población tendrá más de 65 años

El segundo detonador es la caída en picado de los nacimientos. En 2024 apenas nacieron en España 318.000 bebés, la cifra más baja desde 1941, la mitad que en 1978, según el INE. En 1980 había al menos tres trabajadores por cada pensionista en casi todas las sociedades ricas, apunta el economista estadounidense Lant Pritchett, especializado en desarrollo y en movilidad laboral. Las proyecciones dicen que, en pocas décadas, España tendrá apenas un trabajador por cada persona mayor de 65 años, un panorama en el que el “contrato social vigente” sería insostenible, sostiene este académico. 

El estancamiento y el envejecimiento de la población explican, junto con otros factores —la llamada “Gran Dimisión”, los bajos salarios, condiciones poco atractivas o el brusco repunte de la actividad tras la pandemia—, que falten millones de trabajadores para sectores clave de la economía de los países ricos y que la población migrante ya sea mayoritaria en muchos de ellos. Uno de los principales problemas de estas sociedades, señala Pritchett, es que no hay suficiente población autóctona en ninguna de ellas que pueda reemplazar a los trabajadores que se están jubilando o que lo van a hacer en los próximos años.

En España hacen falta 700.000 obreros de la construcción, según la patronal del sector. Y hay 30.000 vacantes de camioneros, una cifra que se eleva a más 426.000 en toda la UE. Se mire donde se mire, en la agricultura, en los cuidados o en la asistencia sanitaria, en trabajos cualificados o poco cualificados, el descuadre entre oferta y demanda de mano de obra es generalizado.

Y esta falta de mano de obra se ha visto agravada en algunos países por un tercer factor: las políticas migratorias de la extrema derecha. Es el caso de Reino Unido, donde se identificó tras el Brexit un déficit de 460.000 trabajadores. También ha ocurrido en Estados Unidos, donde Pritchett calcula que faltan 660.000 auxiliares de atención domiciliaria para este 2025 y un millón de camioneros para la siguiente década. La propia Reserva Federal advirtió este año que la política migratoria de Trump está provocando “déficit de trabajadores” en la industria, en la construcción y en la agricultura. 

Las políticas migratorias de extrema derecha no solucionan los problemas económicos de origen, dice Benanav a El Salto, más bien los agravan: “Restringir la migración no aumenta las tasas de natalidad ni resuelve la escasez de cuidados. Simplemente deja a las sociedades con menos trabajadores, mayor presión fiscal y servicios públicos más débiles”.

El envejecimiento y la caída de la natalidad no son, al menos de momento, problemas sin solución, defiende el investigador Emmanuel Rodríguez en su reciente libro El fin de nuestro mundo (TDS, 2025). La gran paradoja de nuestro tiempo es que las nuevas derechas han decidido situar como principal chivo expiatorio de la gigantesca crisis que atraviesan muchas de las principales economías del planeta precisamente al “principal factor de corrección” de estos desajustes.

Benanav explica cómo la extrema derecha resuelve esta paradoja: “En lugar de tratar la escasez de mano de obra como un desafío económico o demográfico, la replantea como un problema cultural, una amenaza para la identidad nacional, el orden social y la jerarquía racial”.

Según este “cambio de enfoque” propuesto por la ultraderecha, las sociedades europeas o estadounidenses pueden sobrevivir a la falta de mano de obra, pero no a la “pérdida de identidad”, argumenta. “Este enfoque convierte un problema práctico en una fábula moral: la extrema derecha sostiene que es mejor reforzar las fronteras y aceptar el declive económico que aceptar a los migrantes como miembros iguales de la nación”, continúa.

Para Benanav, la política migratoria de la extrema derecha es “una demostración de su imposibilidad”: los partidos neofascistas obtienen “rédito político al convertir a los migrantes en chivos expiatorios”, pero el programa que ofrecen —homogeneidad cultural mediante la exclusión de los foráneos— “no puede resolver los problemas demográficos y económicos de las sociedades que pretenden gobernar”.

La solución final

La ultraderecha que ha llegado al Gobierno no ha tardado en encontrar una solución a esta gran contradicción. También lo ha ido haciendo la derecha y los partidos de centro que han ido asumiendo los postulados racistas de la extrema derecha para no perder votos. La solución a la gran paradoja la ofrecía Ayuso con palabras sencillas: trabajadores migrantes sin derechos, mano de obra barata y desechable siempre al servicio de las necesidades de otros, al servicio de las necesidades de las empresas y los sectores con mayor poder adquisitivo.

La ONG Freedom United no tiene reparos en llamar “esclavitud moderna” al sistema de visados que “atrapa” a miles de personas en el Reino Unido. Este modelo ha crecido exponencialmente para reemplazar a los cientos de miles de trabajadores comunitarios que dejaron el país tras el Brexit. Los visados temporales, denuncian, dejan al trabajador extranjero a merced de su patrocinador-empleador, de quien depende la permanencia del migrante en el país. Una situación que favorece todo tipo de abusos y malas condiciones laborales, salarios bajos e impagos, nulas posibilidades de cambiar de trabajo o de sindicación y protesta. Para Kate Roberts, directora de políticas de Focus on Labor Exploitation, estos visados dejan a los trabajadores “sin vías para quejarse o abandonar empleos con malas condiciones laborales o prácticas abusivas, lo que los condena a la explotación”. 

El doctor Augustine Enekwechi, según una investigación de la BBC, fue contratado en Nigeria en 2022 para trabajar en hospitales privados británicos en condiciones que los gremios médicos equipararon con la “esclavitud”. Sin acceso a la protección de la legislación británica, Enekwechi se veía obligado a realizar guardias de 24 horas al día durante toda una semana sin permiso para salir del hospital. Según la BBC, no era un caso aislado, sino “la punta del iceberg” con cientos de casos en los hospitales privados del país.

La solución a la gran paradoja: trabajadores migrantes sin derechos, mano de obra barata y desechable siempre al servicio de las necesidades de otros

Muchos trabajadores, incluso, deben pagar a sus patrocinadores para tener la oportunidad de trabajar en el Reino Unido. Una investigación reciente calculaba que la cifra pagada en Indonesia para conseguir uno de estos visados oscilaba entre los 2.300 y los 4.600 euros. Según este estudio, es habitual que los trabajadores lleguen a territorio europeo con deudas con sus patrocinadores, que tardan meses en pagar y limitan aún más su libertad para reclamar o cambiar de trabajo.

La extrema derecha italiana también ha tenido que lidiar con la gran paradoja. En julio, el Gobierno ultra de Georgia Meloni anunciaba el lanzamiento escalonado de 500.000 visas de trabajo en los siguientes dos años para cubrir la demanda de mano de obra en sectores clave de la economía, como el turismo, la agricultura y el trabajo de cuidados. En julio, casi al mismo tiempo que estallaba el odio racista en Torre Pacheco y Vox pedía la expulsión de millones de migrantes, la presidenta italiana reconocía que había que “permitir la entrada de mano de obra indispensable para el sistema económico nacional que de otro modo no sería posible encontrar”. Entre 2023 y 2025, al mismo tiempo que lanzaba el plan para deportar migrantes a Albania, Meloni ya había autorizado la entrada de otros 450.000 migrantes con visados de trabajo. 

Cada año, en el llamado Click Day, los empleadores italianos necesitados de mano de obra lanzan sus solicitudes hasta que se cubre el cupo anual establecido en los Decretos Flussi (flujos, en italiano) de Meloni. El análisis del funcionamiento de estos decretos, según una investigación de diversas ONG italianas, arroja resultados similares a los denunciados en Reino Unido: apenas un 10% consigue regular su situación y el resto de trabajadores se ven obligados a trabajar en “condiciones de total precariedad y sin documentos, en riesgo de explotación”.

La muerte de Satnam Singh en junio de 2024 es un buen ejemplo de estas situaciones de indefensión, impunidad y esclavitud moderna en la Italia de Meloni. Singh tenía 31 años y trabajaba en una finca de hortalizas de la región de Latina. Tras un accidente laboral en el que perdió el brazo y sus piernas quedaron aplastadas, sus jefes le abandonaron en la puerta de su casa. Murió poco después. El caso permitió confirmar la pervivencia del caporalato, un sistema habitual en el campo italiano, consistente en utilizar mano de obra barata migrante a través de capataces que seleccionan a los trabajadores y se quedan con parte del dinero de sus jornales.

En España, se repiten las mismas situaciones de precariedad entre los trabajadores temporales extranjeros, contratados en sus países de origen para tareas agrícolas. El Sindicato Andaluz del Campo (SAT) relata situaciones de migrantes hacinados en containers, infraviviendas sin intimidad, baño, ni agua potable. Los patrones, denuncian, les descuentan del pago la “supuesta manutención”, el alquiler de las “supuestas viviendas” y los gastos de desplazamiento a los lugares de trabajo. Según el colectivo de Jornaleras en Lucha de Huelva, que atiende cientos de casos de vulneraciones de derechos de mujeres marroquíes en la campaña del fruto rojo, la explotación es generalizada y pública, con infraviviendas, jornadas interminables, sueldos de miseria y denuncias de abusos sexuales por parte de los patrones. Sin embargo, dicen desde esta organización, apenas hay sanciones y la impunidad es la regla.

La gran paradoja no parece tan grande cuando se observan los resultados de las ideas de la extrema derecha en la práctica en países tan diversos como Reino Unido, Italia, Estados Unidos o España. Rahul Chawla es responsable de incidencia política en materia de derechos laborales y migración laboral en Picum, organización europea de defensa de los migrantes indocumentados. Según argumenta a El Salto, la política de cierre de fronteras, las redadas y las deportaciones cumplen un papel en los objetivos de la extrema derecha y el centro-derecha liberal: “Estas políticas mantienen a los trabajadores migrantes en una situación de extrema vulnerabilidad, donde no denuncian la explotación, carecen de protección contra accidentes y lesiones, y no buscan justicia por temor a ser detenidos y deportados”.   

Según Rahul Chawla, de Picum, “el verdadero problema en juego” es el interés económico de mantener una fuerza laboral “plenamente consciente de su vulnerabilidad”. La explotación derivada de estas políticas, concluye “es deliberada, no accidental”. 

La izquierda que se perdió por el camino

Los partidos de izquierda, apunta este analista, caen demasiado a menudo en la casilla de la derecha neoliberal al defender la migración centrándose en la necesidad de mano de obra. Esta visión puede ayudar a señalar que “existen espacios y recursos para acoger a los inmigrantes en las sociedades ricas”, matiza, pero “centrarse únicamente en este aspecto eclipsa los derechos humanos de las personas migrantes, pues ignora que son seres humanos, no solo mano de obra a la venta”. 

Según afirma Chawla, las fuerzas progresistas deben priorizar los derechos humanos sobre las necesidades del mercado laboral. “De lo contrario, existe el riesgo de que los migrantes sigan siendo tratados como mano de obra barata y desechable para satisfacer las necesidades de los sectores más ricos de la sociedad”.

Franco delle Donne, autor de Epidemia ultra (Planeta de los Libros, 2025), apunta a otro de los principales errores de la izquierda: “Discutir en el marco que plantea la extrema derecha, si hay que abrir o cerrar las fronteras, como si el problema a solucionar fuera la migración”. Para este analista, el mero hecho de hablar de migración suma votos a la ultraderecha, “aunque estés defendiendo la postura opuesta”. Cambiar el enfoque, hablar de pensiones, de vivienda, de desigualdad es la única forma de combatir la “epidemia ultra”. Delle Donne se muestra crítico con el esfuerzo diario de responder bulos y realizar la labor de fact checking. Estos partidos y movimientos, explica a El Salto, buscan “dominar la agenda”. Responder a sus mentiras y manipulaciones, reflexiona, “solo genera más discusión alrededor de los temas que le interesan a la ultraderecha”.

El analista Emmanuel Rodríguez criticaba en un una entrevista reciente en El Salto la tendencia creciente de partidos y personalidades que vienen de la izquierda o del centro-izquierda de asumir los discursos antiinmigración de la ultraderecha: “Las migraciones son un mecanismo de equilibrio homeostático de las desigualdades sociales que se dan a nivel planetario. Si en un sitio no hay oportunidades de ganarse la vida, hay un desplazamiento hacia otro lugar. Eso es un elemento de redistribución inmediato con el cual cualquiera que se llame a sí mismo progresista, marxista, igualitarista, comunista, socialista, debería estar de acuerdo y no debería primar el criterio nacional”.

En su reciente libro El fin de nuestro mundo se muestra igual de tajante: “Solo los países ricos que acepten un inmigración masiva dentro de su pequeño jardín podrán escapar a su ‘extinción’ demográfica relativa”.

Organización pese a todo
La situación de los migrantes con contratos en origen no podría ser más difícil para la organización sindical y la reclamación de derechos laborales, de hecho todo parece pensado para hacerla imposible. Sin embargo, hasta en los hábitat más inhóspitos surgen las redes de apoyo mutuo. Es el caso de las mujeres marroquíes que participan de la campaña de frutos rojos en Huelva, donde el Colectivo de Jornaleras en Lucha califica de “histórica” la creación de una sección sindical entre las mujeres migrantes en la campaña 2024/2025.
500.000
Son los visados de trabajo para extranjeros que la ultraderechista presidenta de Italia, Giorgia Meloni, ha anunciado para los siguientes dos años.
660.000
Son las vacantes sin cubrir de auxiliares de atención domiciliaria en Estados Unidos, según el economista estadounidense Lant Pritchet.

Pensamiento
Emmanuel Rodríguez
“La nueva derecha usa una suerte de utopismo retro que es el socialismo de los imbéciles”
Este sociólogo madrileño ha publicado el libro 'El fin de nuestro mundo', un ensayo en el que explora las condiciones en las que se está produciendo, sin prisa pero sin pausa, un cambio radical en las perspectivas de futuro de la humanidad.
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