Memoria histórica
Una baraja de cartas para combatir el hambre y el frío
En el año en el que se conmemora el 90 aniversario del inicio de la guerra, un nutrido grupo de personas se ha reunido el pasado sábado 18 de abril, como cada año en torno al día de la República, para homenajear a los represaliados. Convocados por Asociación de Familias de Represaliados de Valdenoceda (Burgos), han recordado a los encarcelados en el penal franquista del valle a pocos metros del lugar, activo entre 1938 y 1943, en el terreno donde al menos 154 de ellos fueron enterrados tras morir de hambre y frío, en un solar que hoy es el cementerio parroquial del pueblo.
Hace casi 20 años, en febrero de 2007, se inició en este lugar la exhumación, a cargo de un equipo de arqueólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y de la Universidad Autónoma de Madrid, de los represaliados en la ‘Prisión Central de Valdenoceda’. De facto, una cárcel de exterminio a la que fueron a parar muchos republicanos o simpatizantes de distintas partes de España. Desde entonces, anualmente se ha celebrado en este recóndito valle un homenaje por el que han pasado miles de personas.
Luis Ríos, antropólogo forense de la Universidad Complutense, ha resumido a su inicio los trabajos realizados desde entonces y la situación actual de las identificaciones, así como el trabajo que todavía queda por hacer. El homenaje ha comenzado después en el propio cementerio, con las palabras de Zoraida Hijosa, directora general de Atención a las Víctimas del Gobierno de España, y ha finalizado con la consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco, María Jesús Carmen San José López. La joven investigadora Pilar Bermúdez, autora de una reconstrucción en realidad virtual del edificio del penal, ha mostrado durante el acto una reproducción de la baraja de naipes que los presos fabricaron a partir de paquetes de papel de fumar Bambu, y que Angel Arce, exalcalde de Valdenoceda, donó a la asociación hace dos años, tras guardarla como un tesoro durante décadas. La baraja había permanecido oculta junto a otros enseres y fue descubierta por unos trabajadores durante unas obras de mantenimiento y entregada a su padre.
Más de 3.000 presos antifascistas soportaron condiciones infrahumanas, sin mantas y en celdas de castigo, en esta antigua fábrica de sedas convertida en cárcel de castigo a instancias del dictador Franco. Muchos de ellos no pudieron resistirlo y fueron enterrados por sus propios compañeros, sin que la mayoría de sus familiares supieran que había sido de ellos.
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