Playas de Madrid, un baño de masas

Organizaciones ecologistas alertan sobre la necesidad de planes de conservación y evacuación de las áreas más explotadas ante la sobrepoblación de las zonas de baño los fines de semana.

Pantano de San Juan
Acceso a una de las zonas de baño del Pantano de San Juan, que ha sido distinguido con una bandera azul. David Fernández

publicado
2018-08-17 06:40:00

Cuando una se aproxima al pantano de San Juan, lo primero que ve son coches. Coches a un lado de la carretera y al otro, subidos por las pistas forestales, desafiando la gravedad en pronunciadas paredes, haciendo equilibrismos para no estrellarse contra otros coches. Nosotras, que hemos decidido venir andando tras aparcar en el pueblo, disfrutamos de un entretenido paseo por el arcén de la carretera sorteando neumáticos y maleteros. A veces, tenemos que pegar nuestro cuerpo sobre la carrocería de alguno de esos vehículos porque cuando pasan otros por la calzada no hay espacio para más.

Cuanto más nos acercamos, vamos admitiendo que nuestro planeado día de relax, sol y agua se desdibuja. Ya asomadas a la loma y divisando la zona de baño, pinchamos definitivamente nuestra burbuja: miles de bañistas, la mayoría en la arena, acompañados de todos los artilugios que caben en los maleteros que antes hemos sorteado, nos hacen añorar la piscina municipal. Eso sí, en el horizonte ondea al viento una presumida bandera azul que contrasta con el panorama.

Este año, la playa Virgen de la Nueva, una de las dos zonas de baño que tiene el pantano, recibía el distintivo otorgado por la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC). El pasado 28 de junio, las autoridades izaban la bandera entre flashes y un taller práctico para prevención de ahogamientos. Madrid contaba ya con su primera “playa” de bandera azul. Mientras, desde el Ayuntamiento de San Martín de Valdeiglesias, al que pertenecen dichas aguas, prometían que, a partir de ahora, la playa contaría con un socorrista de Cruz Roja y que estaban cerrando un servicio de vigilancia. Se comprometían, además, a terminar de adecuar la otra zona de baño, conocida como Los Muros. “Está pendiente de algunas mejoras”, aseguraba la alcaldesa, María Luisa Lastras, meses antes.

Las banderas azules en zonas de baño sirven como distintivo para turistas, pero no responden a criterios de sostenibilidad

“Cuando dicen que el embalse tiene bandera azul, lleva un poco a engaño. Parece que todo el embalse tuviera este distintivo, pero los servicios se prestan en una zona muy restringida, solo son 360 metros de largo por 185 de ancho, limitados por boyas. Hay cuatro trabajadores del Ayuntamiento que informan, limpian las papeleras y atienden los aseos”, relata Ángel Malanda, miembro de Sierra Oeste desarrollo SOStenible, quien denuncia que hay dos aspectos muy importantes que siguen sin ser tenidos en cuenta: los accesos y la capacidad de carga del medio. “En la carretera hay faja auxiliar de pista en los primeros kilómetros, pero en los dos últimos, los más peligrosos, no. Los aparcamientos son escasos y tampoco hay control de accesos, ni aceras, ni presencia policial, pero hay decenas de coches en zonas prohibidas”, describe. Este activista advierte de que, al ser una zona masificada, “la primera medida en tomar sería estimar una capacidad de carga y decidir cuántos vehículos y cuántas personas son soportables”. Las autoridades calculan que alrededor de 3.000 personas pueden llegar a visitar este embalse durante los fines de semana de más afluencia, “aunque no se entiende de dónde sacan ese dato pues no hay ningún tipo de control”, añade Malanda.

Barcas a motor en el pantano de San Juan
El combustible de las embarcaciones a motor y la basura son dos de las aportaciones humanas al pantano de San Juan, en San Martín de Valdeiglesias. David Fernández

Dada esta sobrepoblación durante los fines de semana, el miembro de Sierra Oeste desarrollo SOStenible añade una información importante: “Sería necesario un plan de evacuación de incendios, porque nos encontramos en una zona de riesgo”. Análisis que comparte María Ángeles Nieto, de Ecologistas en Acción, para quien la bandera azul en el pantano de San Juan es un “cachondeo”. “Solo hace falta acercarse un lunes para ver la cantidad de basura que deja el fin de semana”, alerta. “Hay muchos problemas de alta ocupación y de evacuación si esta fuera necesaria. Estamos ante una zona de altísimo riesgo de incendio por el tipo de vegetación, que es pirófita, y por las altas temperaturas que se alcanzan en el sur”, asegura. A todo esto, se añade el riesgo de ahogamientos. Durante el año pasado, dos personas fallecieron en la misma semana, siendo el pantano uno de los puntos negros en la península.

CRITERIOS CUESTIONABLES

Pero ¿qué criterios se siguen para otorgar una bandera azul? Básicamente cuatro: información y educación ambiental —colocación de paneles informativos—, calidad de aguas, gestión ambiental y seguridad y servicios. Para Clara Mejías, responsable del informe Banderas Negras de Ecologistas en Acción, es frecuente que este distintivo se encuentre en playas degradadas y masificadas. “Son unas etiquetas turísticas, un distintivo publicitario. No se centran en aspectos de conservación o de sostenibilidad. No se contemplan aspectos como la capacidad de carga. Hay lugares que incluso prefieren no tener bandera azul para que no se masifique el lugar”, señala esta activista.

En cuanto al líquido que alberga el pantano, según se muestra en la clasificación de aguas de baño de la Comunidad de Madrid, su calidad es “excelente”. Esta calificación se otorga en base a los criterios recogidos en el Real Decreto 1341/2007, y para ello se tiene en cuenta el muestreo de dos bacterias: la escherichia coli y el enterococo. Ambas bacterias están presentes en el tracto intestinal, así que están relacionadas con la aparición de heces y aguas sin depurar. Los expertos consultados coinciden en que estos son análisis de mínimos fijados por la directiva marco de la Unión Europea 2006/7/CE y se deberían tomar en cuenta más parámetros.

Samuel Cirés, investigador del departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, colaboró en el muestreo y análisis de la presencia de cianobacterias en este embalse. Un análisis que viene recogido en el Perfil de las aguas de baño, que se puede consultar a través del Sistema Nacional de Información de las Aguas de Baño, Náyade. Este análisis, que data de 2008 y 2009, es más completo y analiza más parámetros, pero las autoridades no están obligadas a repetirlo si la calidad del agua es “excelente”. “Cuando hicimos los análisis determinamos que en la zona había una alta propensión a la proliferación de cianobacterias. Estas están relacionadas con la eutrofización, que es un enriquecimiento excesivo de nutrientes —nitrógeno y fósforo— que viene de fuentes antrópicas como la agricultura, vertidos de aguas residuales de depuradoras o uso de detergentes. Algunas cianobacterias producen toxinas denominadas cianotoxinas”, explica Cirés, para quien sería deseable que, para clasificar la calidad de aguas de baño, también se tuvieran en cuenta estos parámetros. “Opinamos que el cambio legislativo para que las cianobacterias también se tuvieran en cuenta en la clasificación de la calidad de las aguas de baño debería hacerse a nivel europeo para que su implantación en los países y comunidades autónomas fuera realmente homogénea”, explica.

Pantano de San Juan contra los incendios
Una de las medidas que piden los ecologistas es un plan de evacuación en caso de incendio. Álvaro Minguito

Baño autorizado

Tras divisar el paisaje humano que había en el pantano de San Juan, decidimos deshacer el camino hasta el coche. En Madrid hay otras tres zonas autorizadas para el baño: las Presillas, en Rascafría; la playa del río Alberche, en Aldea del Fresno; y el río Tajo, en Estremera. Decidimos probar suerte en Aldea del Fresno, que, por cercanía, no supone arriesgar mucho. Pero las aglomeraciones ya se intuyen mucho antes de llegar con una larga fila de coches que nos da la bienvenida al pueblo.

“En Madrid somos muchos y no todos podemos bañarnos en los ecosistemas fluviales. Establecer zonas oficiales no es la forma más adecuada de aproximarse de manera sostenible a los ríos, lo único que consigues es masificarlos”, apunta Raúl Urquiaga, portavoz del Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA) y de Jarama Vivo, quien recela mucho de las zonas autorizadas para el baño en Madrid. “Dudamos de que esas cuatro zonas de baño reúnan la calidad suficiente. El Tajo, en Estremera, y el río Alberche, en Aldea del Fresno, seguramente no reúnen las condiciones. Este último es el mejor ejemplo de lo que haces en un río cuando lo declaras zona de baño: convertirlo en un vertedero”, explica. Según la clasificación de aguas de la Comunidad, la calidad en Aldea del Fresno pasa a ser “buena”. Las Presillas comparte esta nota. Mientras, en Estremera, la calidad sigue siendo “excelente”, como en el pantano.

Más allá de estos cuatro puntos, se calcula que los madrileños utilizan una veintena de zonas para refrescarse en el medio natural. Además de ser lugares no autorizados y quienes los usen para estos menesteres podrían enfrentar una multa de hasta 300 euros, no reciben ningún tipo de control y no se realizan muestreos en ellos, por lo que los expertos desaconsejan su uso, por muy idílicos que parezcan. Debido a esta superpoblación de los ríos en verano, las autoridades no tuvieron más remedio que prohibir el baño en la Charca Verde, ubicada en la Pedriza (Manzanares El Real), que hasta hace dos años era otro punto autorizado. “Desde la prohibición del baño vemos que ahora mismo el río ha mejorado. Esa masa de gente que iba a un medio natural muy valioso y muy sensible lo estaba alterando. Los ríos no deben funcionar como lugares de ocio masivo, son ecosistemas muy sensibles”, avisa Urquiaga. El activista apunta también que la protección de este río ha producido un efecto inverso que es la dispersión hacia otros. “La gente se está bañando en las cabeceras del Jarama, del Lozoya o del río Cofio. Reclamamos un control, pues son ríos de montaña que tienen un estiaje muy acusado en verano, no tienen un caudal suficiente y no aguantan tanta gente”, demanda el portavoz de Jarama Vivo.

Así todo, los expertos consideran que la mejor alternativa para que los madrileños combatan el calor estival son las piscinas municipales, presentes en casi todos los municipios “y que suponen un importante gasto que hay que aprovechar”, recalca María Ángeles Nieto. “En Madrid, las zonas de baño naturales no tienen sentido. Las piscinas están vacías en los pueblos y el río está lleno”, señala. “Mientras los ríos te llegan como mucho a la pantorrilla, en las piscinas puedes nadar”, advierte.

Cuando nos topamos con la caravana ya son las 14h. Hemos perdido medio día de zona masificada en zona masificada, hemos sudado mucho más que si nos hubiéramos quedado en la bañera de casa y estamos más estresadas que cuando empezó el día. Así pues, haciendo caso a las expertas, nos dirigimos de vuelta al barrio para disfrutar de un día en la piscina municipal, en donde, al menos, podremos nadar. 

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