Cambiarse a lo sostenible no es una moda pasajera

¿Cuánto cambio está dispuesto a asumir el mundo de la moda? El consumo responsable, los criterios éticos y la preocupación por el medioambiente parecen estar llegando por fin al mundo de la moda. Muchas entidades de la Economía Solidaria y los Mercados Sociales trabajan en la comercialización textil desde argumentos de responsabilidad social, trazabilidad de los productos y sostenibilidad ambiental. La palabra definitiva, primera y última, en este tema como en otros, es muy posible que sea responsabilidad y derecho de quienes consumen.

Paloma García Lopez, moda sostenible
Paloma García López, fundadora de The Circular Project y presidenta de la Asociación Moda Sostenible Madrid (MSMAD)
mecambio.net

publicado
2018-02-22 09:34:00

El consumo responsable, los criterios éticos y la preocupación por el medioambiente parecen estar llegando por fin al mundo de la moda. Así lo demostraría que grandes compañías transnacionales hayan ido asumiendo como propios los argumentos de responsabilidad social, trazabilidad de los productos y sostenibilidad ambiental en las propuestas de valor de sus marcas.  Al mismo tiempo, iniciativas en el ámbito político aportan avances legislativos con esta misma tendencia, la que llevaría a terminar con las condiciones de esclavitud en las que se elabora buena parte de la ropa que vestimos y a las que se exponen más de 75 millones de trabajadores en todo el mundo. Sin embargo, estas mejoras necesitan ir acompañadas por la transformación de algunas inercias en el consumo y de una mejor educación antes de elegir las prendas de nuestros armarios.

Según la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS), cada una de nosotras consumimos de 8 a 9 kilos de ropa, lo que genera más de 350.000 toneladas de residuos textiles solamente en nuestro país. El informe Time out for fast fashion de Greenpeace asegura que compramos un 60% más de ropa para una vida útil de las prendas que se ha reducido a la mitad, en un mercado que ha duplicado su producción en 15 años. Con estos datos capaces de hacer llorar a cualquier conciencia ecologista, es difícil plantear una ética y sostenibilidad en el mundo de la moda que no contemple cambios de calado en el consumo personal y los hábitos sociales.