En pleno núcleo gentrificado de Madrid el centro social ocupado La Rosa celebra su segundo aniversario

El festejo incluye dos jornadas que empezaron este viernes con la presentación de su Radio Libre y un conversatorio con centros sociales de Madrid, París y Nápoles. Este sábado hay charlas políticas, y música, entre otras actividades.
CSO La Rosa - 4
David F. Sabadell Vista desde el edificio que ocupa La Rosa hacia la calle Besteiro en el límite de Lavapiés y Latina.

Con prácticamente todo en contra, turistificación, especulación inmobiliaria, violencia policial, expulsión vecinal, el Centro Social Ocupado La Rosa ha cumplido esta semana su segundo año de vida. Ubicado en la Calle Bastero, 1, en el límite de Lavapiés y Latina, un edificio casi en ruinas volvió a la vida cuando el 10 de marzo de 2024, tras infructuosos intentos por reabrir un nuevo espacio social en pleno centro de la capital madrileña. “El nuevo enclave y su ubicación harán de este edificio un espacio de resistencia en contra de aquellos que quieren expulsar a las vecinas de sus barrios y transforman Madrid en un territorio hecho a medida para quienes no lo habitan”, aseguraban en su primer comunicado.

Poco a poco y con cada vez más colectivos participando, el edificio bulle de actividades prácticamente todas gratuitas y/o solidarias con diversos movimientos sociales, en medio de un Lavapiés que ha sufrido un lavado de cara del barrio castizo que en algún momento le caracterizó. Por fortuna ha encontrado la complicidad de una vecindad que aun resisten en sus pisos de toda la vida y celebra todavía sus fiestas tradicionales en verano.

“La Rosa nace de ahí: del deseo de recomponer lazos y poner en pie un lugar para quienes siguen peleando por habitar Lavapiés y Madrid de otra manera”, explican

En un contexto de expulsión de vecinas, turistificación y ruptura de los vínculos comunitarios, los colectivos que integran este centro social consideran que sigue existiendo una fuerte necesidad de crear espacios donde encontrarse, organizarse y sostener la vida en común. “La Rosa nace de ahí: del deseo de recomponer lazos y poner en pie un lugar para quienes siguen peleando por habitar Lavapiés y Madrid de otra manera”, explican a El Salto. En ese sentido, La Rosa es parte de la plataforma Lavapiés al Límite, donde diversos colectivos vecinales y sociales se organizan para revertir esta situación.

La clave está en que un movimiento se hace con mucha gente haciendo cosas, es decir, La Rosa organiza decenas de actividades a la semana en la que participan activamente muchas vecinas y vecinos en grupos de consumo, los talleres de costura, el cinefórum, charlas, etcétera. Entre todas han logrado que a través de jornadas de infraestructura se haya mejorado el espacio físico -que estaba casi en ruinas- y adaptarlo a las necesidades de las actividades. Así, han creado una biblioteca comunitaria y una Radio, básicamente con el aporte de las vecinas. “Recordamos cómo nos contaban que este edificio llevaba años abandonado y que ahora lo estábamos llenando de vida. Que ese apoyo no haya dejado de crecer nos confirma algo sencillo: cada vez hay más gente harta de una ciudad pensada para el negocio y con ganas de recuperarla para la vida”, aseguran.

Alianzas en el barrio y la ciudad

A pregunta de El Salto de cómo conviven con otras luchas de la ciudad, desde La Rosa responden también de manera colectiva: “La convivencia cotidiana hace posible el cruce, la conversación, el reconocimiento mutuo: ponernos cara, escucharnos y empezar a tejer confianza. A esto se suma que los colectivos participan de nuestra propia organización interna para sostener de forma autogestionada el cuidado y el mantenimiento del centro social”. Hablan de sus asambleas generales abiertas, la gestión de limpieza y las reformas, las formaciones internas o las convocatorias para acudir juntas a movilizaciones “Todo ello facilita que las personas y colectivos que hacen La Rosa se vayan conociendo y puedan ir construyendo redes entre sí”.

“También miramos hacia afuera y tratamos de construir alianzas más amplias: con la nueva red de centros sociales de Madrid, con colectivos del barrio a través de Lavapiés al Límite...”

Pero no solo hablan de articulación interna: “También miramos hacia afuera y tratamos de construir alianzas más amplias: con la nueva red de centros sociales de Madrid, con colectivos del barrio a través de Lavapiés al Límite, o en espacios de intercambio como el que tuvimos recientemente junto a Red InterLavapiés y Adela —el grupo de Autodefensa Laboral de la Asamblea de Carabanchel— para debatir y poner en común saberes y prácticas con las que hacer frente a la precariedad laboral en Lavapiés”.

En definitiva, La Rosa siempre se ha planteado ser un punto de encuentro de personas y colectivos diversos, “un lugar desde el que tejer comunidad, organizarnos y expandir las luchas por toda la ciudad. En el día a día, eso significa compartir y producir conocimiento en espacios formativos, disfrutar juntxs de un ocio no mercantilizado, colaborar con los movimientos sociales, ayudar en movilizaciones o impulsar nuevos proyectos para construir el Madrid que queremos” defienden.

Las celebraciones del segundo aniversario comenzaron este viernes con la presentación de su Radio Libre de la Rosa, “un proyecto en el que hemos puesto mucho mimo”, subrayan, además de un conversatorio con integrantes del CSO La Kunda, de París, y Oficina 99, de Nápoles, en el que han puesto en común experiencias y aprendizajes.

Este sábado las actividades salen a la calle. La Rosa se traslada a la Plaza Vara del Rey (de 12h a 18h) donde habrá talleres, juegos, actividades y charlas políticas. Después vuelven a centro social para la lectura del pregón y continuar celebrando la actuación del coro de canción protesta, y con música. “Será un encuentro para bailar y disfrutar, y para seguir imaginando en común el Madrid que queremos”, concluyen.

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