Opinión
Lo que nos trae el 26S
Ig: @mag97
Desde que el pasado sábado la manifestación, que congregó a más de 300.000 personas hartas del problema de la vivienda, terminase con una acampada en la Puerta del Sol, que cada día que pasa suma a más y más personas, no han dejado de establecerse paralelismo con el movimiento de los indignados en el 15M de hace ya 15 años.
Sin embargo, el 26S no es ni puede ser otro 15M, por un motivo muy sencillo: porque hemos aprendido que no es posible lograr verdaderos cambios para la clase trabajadora si los movimientos sociales son asimilados por el sistema.
Obvio que gracias al 15M se lograron muchas mejoras para la ciudadanía, pero nuestra situación como clase no ha cambiado apenas respecto a hace 15 años, de hecho, nuestras condiciones materiales y de vida están en un momento de pauperización extrema.
Las movilizaciones masivas de estos días ya nos están dejando una serie de aprendizajes, que esperemos perduren en la memoria colectiva durante mucho tiempo, a saber: es la organización y la tarea militante lo que permite a la clase trabajadora actuar de manera colectiva para hacer frente a los ataques por parte de las elites, la desobediencia civil es una herramienta de presión muy efectiva, y que hay una inmensa parte de la población claramente antifascista y enfrentada al sistema capitalista, cuestión que se ha de saber conducir hacia objetivos más ambiciosos que rascar unos escaños o ganar unas elecciones.
La situación de la vivienda en nuestro país es una cuestión estructural, que responde a las características del sistema capitalistas, por ello, toda solución que se proponga para que sea efectiva ha de apelar a ese carácter sistémico
En este sentido, ha quedado claro que el problema de la vivienda no es una cuestión coyuntural o individual, Maricarmen fue la chispa que prendió esta llama, pero no es la única persona afectada por los desahucios, los precios abusivos, las nefastas condiciones de los inmuebles, la imposibilidad de acceder a alquileres asequibles o compra de vivienda, y, por lo tanto, no podemos perseguir medidas personalistas o que supongan parches cortoplacistas. La situación de la vivienda en nuestro país es una cuestión estructural, que responde a las características del sistema capitalistas, por ello, toda solución que se proponga para que sea efectiva ha de apelar a ese carácter sistémico.
Es positivo que en la acampada de Sol y entre las voces de los manifestantes este mensaje esté cada vez más claro, así como el reconocimiento de que no solo se acampa por la vivienda, sino en protesta y contra un sistema que nos devora, que antepone el beneficio y la rentabilidad de la clase capitalista y rentista a la vida y dignidad de la clase trabajadora.
Estamos siendo capaces de señalar que el problema no es solo la vivienda, que son las condiciones materiales, que es el auge del fascismo, que es la guerra imperialista, que es el racismo campando a sus anchas, que es la desprotección y vulnerabilidad de las disidencias, en resumen, que el verdadero problema es el sistema capitalista, que en su fase terminal se vuelve más peligroso que nunca para proteger los intereses de la clase explotadora.
Lo que ha empezado con el 26S no ha de difuminarse, ni pervertirse para ser digerido por el sistema contra el que protestamos, ha de servir como ariete para traer un discurso que evidencie la necesidad de superar el sistema capitalista y crear uno en el que la clase trabajadora logre su plena emancipación.
Lo que nos trae el 26S es la oportunidad de ser partícipes en el proceso que mejore de forma efectiva la vida de nuestra clase.
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