Memoria histórica
Pepita Laguarda (1919-1936), la más joven miliciana muerta en combate

Se escapó de su casa y en compañía de su novio, Juan López Carvajal, se alistó en la columna Ascaso para morir en el frente de Huesca el primer día de combate
Pepita Laguarda Batet
Pepita Laguarda Batet

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11 mar 2020 10:36

Basta ver la inteligente y decidida expresión de sus ojos y la firmeza de su fisonomía para suponer que Pepita Laguarda Batet era una mujer con resuelta capacidad de entrega, a la que movía una razón impulsiva y radical, sin dobleces. Cuando un rostro así asoma de entre los miles de rostros que mató una guerra como la de España, no se puede evitar un pensamiento acerca  de los frutos que habría podido dar su vida si su destino hubiera sido vivirla hasta la senectud, que bien podrían haber sido  los días de nuestro tiempo, como ocurrió con su primer novio y camarada, Juan López Carvajal.  

Pero no fue así. A Pepita la mataron durante aquel verano en extremo sangriento de 1936, cuando movidos por las armas de los militares golpistas fueron tantos los odios y venganzas que se desataron a modo de salvaje pesadilla. Por suerte para esta joven aragonesa residente en Barcelona, sobre su cuerpo no se cebó la ira de una violación seguida de asesinato, habitual en los abrevaderos de esos mismos odios desatados, puesto que Pepita Laguarda Batet fue una de las milicianas -quizá la más joven de aquella guerra- que murió en el frente de combate, una mañana de primeros de septiembre de 1936 en las inmediaciones de la ciudad de Huesca.

Pepita residía en el barrio obrero de Santa Eulalia de L'Hospitalet de Llobregat, al suroeste de Barcerlona, y es muy posible que militara en las Juventudes Libertarias. Según el obituario publicado por el periódico Solidaridad Obrera, se alistó en las milicias obreras en contra de la voluntad de su familia. Literalmente, Jaime Ballus -firmante de la necrológica, con información facilitada por el propio Juan López Carvajal- llega a decir que se escapó de su hogar.  Pepita se alistó después de los combates del 20 de julio en Barcelona, y lo puso en conocimiento de su novio -también anarquista, tipógrafo, de 22 años de edad-, que hizo lo propio. Ambos se inscribieron en el cuartel Miguel Bakunin de Pedralbes en el grupo 45, quinta centuria de la columna que llevaba el nombre del malogrado anarquista Francisco Ascaso, que combatía en el frente de Aragón.

El obituario del diario lo encabeza un antetitular (Nuestras heroínas), bajo el que se lee: “La compañera Pepita Laguarda Batet ha caído heroicamente a los pies de la ciudad de Huesca”. En el texto se ensalzan las cualidades humanas y valentía de la miliciana, así como la sencillez de trato y laboriosidad que la caracterizaban. También se alude a su combatividad, destreza y soltura con el fusil, algo que posiblemente formaba parte del formalismo con el que se redactaban esas necrológicas, pues Pepita apenas tuvo tiempo para demostrar sus aptitudes y “arrestos varoniles cara al enemigo”.