Memoria histórica
“El Mono Azul”, contra Miguel de Unamuno por su apoyo al golpe militar de 1936

"De la cartera donde guardaba los honorarios de las elucubraciones poéticas sobre el hambre sacó usted cinco mil pesetas para los asesinos de su pueblo", le dice el escritor Ilyá Ehrenburg en una carta abierta publicada en septiembre de 1936.

Waldo Frank, Ehrenburg, Henri Barbusse y Paul Nizan en el   Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura
Waldo Frank, Ehrenburg, Henri Barbusse y Paul Nizan en el Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura

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11 oct 2019 10:14

El primer número de la revista El Mono Azul se publicó el 27 de agosto de 1936, un mes y pico después del inicio de la guerra incivil. Se trataba de una publicación de orientación comunista, auspiciada por una asociación civil creada al inicio del conflicto, la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, cuyo ámbito de difusión y lectura eran los frentes de batalla. Su cabecera obedece a la prenda que vestían los milicianos y en su contenido había tanto páginas de instrucción militar como secciones de literatura y política. Se llegaron a editar 47 números desde esa fecha hasta febrero de 1939, con periodicidad irregular, de los que solo los diez primeros constaban de ocho páginas, que finalmente quedaron reducidas a una sola, impresa y difundida con el diario vepertino La Voz en Madrid.

La revista tuvo entre sus colaboradores a reconocidos escritores y poetas, entre los que cabe mencionar a Arturo Cuadrado, Miguel Hernández, Lorenzo Varela, Antonio Aparicio, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Luis Cernuda, Antonio Machado, Ramón J. Sender, Eduardo Ugarte y María Zambrano. También, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, André Malraux y John Dos Passos, entre los autores extranjeros. Como responsables de la publicación aparecen en el primer número los nombres de María Teresa León, José Bergamín, Rafael Dieste, Lorenzo Varela, Rafael Alberti, Antonio Luna, Arturo Souto y Vicente Salas Viu, aunque son sobre todo Teresa León y Rafael Alberti los que asumen un mayor papel en la coordinación de la revista. El poeta gaditano publicó en El Mono su Romancero General de la Guerra Civil Española, que luego se editará durante su exilio en Buenos Aires en 1944. También tenía Alberti en la revista una sección titulada A Paseo, en la que se criticaba con dureza a aquellos otros escritores e intelectuales que no comulgaban con el gobierno del Frente Popular, al que la Alianza prestó entusiasta adhesión con un manifiesto publicado en el diario El Sol el 26 de julio de 1936.

Podría haber sido esa sección la más idónea para publicar el primero de los artículos que contra Unamuno se imprimió en la revista como consecuencia del apoyo de este a los generales sublevados contra el gobierno constitucional, pero como ese artículo no lo firmó el poeta gaditano sino el escritor Armando Bazán, la breve crítica apareció como artículo de opinión sin sección propia en el primer número de la revista. Don Miguel había sido cesado por el presidente Manuel Azaña un mes antes, el 23 de julio, como rector vitalicio de la Universiad de Salamanca "por haberse sumado de modo público a la facción armada y por falta de lealtad a la República".


Bazán afirma en la primeras líneas de su artículo que Unamuno estaba disparando sus fuegos desde la trinchera enemiga y que "la voz que muchos creían excelsa se ha puesto a tono con la del ebrio Queipo de Llano, con la de Mola y la del patriota Franco, que nos envía cábilas para civilizarnos". El firmante sostiene a continuación que después de haber mantenido en el más completo engaño a todo el mundo del pensamiento, "Unamuno nos ha descubierto la mezquindad de su espíritu. Tenía dotes excepcionales, dotes verdaderamente geniales de gran impostor. Se hacía considerar como un cristiano inmaculado, como un abanderado de la libertad, como un pionero del perefccionamiento humano. Y su juego no fallaba nunca- Este hombre -prosigue-, maculado por el vicio de un orgullo satánico, de un egocentrsimo feroz, paseaba ante el mundo una albeante testa de apostol venerable".

Según el articulista, don Miguel usaba desde hacía tiempo trucos de malabarista y "el marxismo nos enseñaba a gritos que la obra de Unamuno estaba toda ella alimentada de sangre reaccionaria". La voz y el pensamiento del escritor vasco representaban, a juicio de Bazán, "una España decadente y moribunda que en sus espasmos de muerte desgarraría la entraña de la joven España que trae una aurora nueva para el mundo en la frente. No hemos tenidos que esperar mucho tiempo -concluye el artículo- para ver con nuesrtros propios ojos el hundimiento de Unamuno en medio de un mundo de generales, de obispos y terratenientes".

Quien se va a extender más en sus críticas y lo hará de un modo mucho más incisivo en la misma publicación será el escritor nacido en Kiev (actual Ucrania) Ilyá Ehrenburg (1891-1967), que tuvo un papel muy activo en el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura celebrado en París, Barcelona y Valencia en 1937 y que había escrito precisamente con Armando Bazán un libro sobre Unamuno y el marxismo, publicado por la editorial Pueyo. Ehrenburg se había encariñado con España a raíz de su primer viaje en 1931, sobre cuya experiencia escribió España. República de trabajadores. Volvería a nuestro país a finales de septiembre de 1937 como corresponsal del diario Izvestia, un mes más tarde de que se publicara su carta abierta a Miguel de Unamuno en el diario Pravda. El Mono Azul la dio a conocer en su número 4, fechado el 14 de septiembre, sin que se sepa si don Miguel tuvo noticia del artículo -podría haber sido así, aunque fuera de oídas- antes de que, como rector vitalicio repuesto por el general Franco, se enfrentara al general Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre con su bien conocido discurso del "venceréis pero no convenceréis", admirablemente escenificado por Alejandro Amenábar en su film Mientras dure la guerra, actualmente en cartelera*.

Ehrenburg inicia su carta dirigiéndose a Miguel de Unamuno como profesor de Universidad, ex revolucionario y ex poeta, así como colaborador del general Mola, y le plantea su misiva como una charla entre escritor y escritor. A continuación se refiere a su estancia hace cinco años, con motivo de su primer viaje por el país, en un pueblo de la depauperada y atrasada comarca de Sanabria (Zamora), en donde fue testigo de los campesinos "martirizados por el hambre". Allí leyó Ehrenbug, en el libro de firmas de un restaurante turístico que había al lado del lago, un texto de don Miguel glosando la belleza imponente del paisaje, lo que le da motivo para reprochar a don Miguel que no hubiese reparado antes "en los ojos de las mujeres que apretaban contra su pecho a los hijos medios muertos de hambre y en los campesinos que comían algarrobas y cortezas".

A continuación, el escritor ucraniano reprocha al destinatario de su misiva que escribiera artículos profundamente estéticos en los periódicos de gran tirada, citando como ejemplo una investigación filológica de cien renglones sobre la palabra "hambre", las diferencias entre el apetito del hombre del Sur y el del Norte, o cómo el hambre descrita por Hamsum difiere del hambre descrita por Quevedo. "Se lavaba usted las manos: no quería estar ni con los hambrientos ni con los que les alimentaban con el plomo de las balas", afirma Ehrenburg.

Creo que el resto de la carta merece su transcripción literal, sobre todo si se considera que algo de su contenido podría haberle llegado a Unamuno en Salamanca, antes de su histórica alocución en el paraninfo de la Universidad y casi al tiempo que se sucedían en aquella ciudad los asesinatos por parte de los militares sublevados de sus mejores amigos, el pastor protestante Atilano Coco y el alcalde republicano Casto Prieto Carrasco: