El asesinato en toda regla del alcalde socialista de Villanueva del Duque

Miguel Ranchal Plazuelo evitó durante la Guerra Civil la matanza de un centenar de vecinos afines a las tropas golpìstas

Familia de Miguel Ranchal Plazuelo
Familia de Miguel Ranchal Plazuelo

publicado
2018-07-23 18:19:00

A Miguel Ranchal Plazuelo, dirigente sindical, militante socialista y alcalde de Villanueva del Duque, lo fusilaron los vencedores de la Guerra de España en Barcelona en el mes de junio de 1940, después de uno de aquellos consejos de guerra celebrados sin las más mínimas garantías procesales y cuyos tribunales inquisitoriales llevaron a tantísimos miles de republicanos a la muerte, al paso alegre de la paz.

Durante el conflicto, como alcalde de ese municipio cordobés, consta fehacientemente que Ranchal Plazuelo evitó la matanza de un centenar de vecinos afines al bando sublevado, tal como documenta el testimonio de un grupo de vecinos de Villanueva del Duque, "pues siempre se opuso terminantemente a que se cometiesen desmanes y por su intervención y entereza -alguna vez llena de peligros para él- pudimos salvarnos y pasar los más a campo Nacional una vez liberada esta villa". Ese comportamiento no le libró a la postre de ser asesinado en toda regla en Barcelona en el transcurso del segundo año triunfal de la dictadura franquista.

Entre los culpables de su muerte están los juzgados militares de Córdoba, que tenían reclamado a Ranchal y no fueron capaces de traerlo a su jurisdicción pese a las continuas súplicas y gestiones del detenido, con un responsable máximo en la persona del fiscal Demetrio Carvajal Arrieta, uno de los vecinos que no fue asesinado gracias a la mediación de Miguel Ranchal. Fueron además las mentiras vertidas contra el alcalde socialista, acusándolo de crímenes que no cometió, y la tardanza de aquellos convecinos en reconocer su papel salvando muchas vidas, así como su condena sin pruebas en el consejo de guerra, las causas por las que acabó ante el pelotón de fusilamiento.

El hijo de Miguel, Antonio Ranchal Luna, que hubo de soportar con su madre y sus tres hermanos una durísima posguerra llena de penalidades, cuenta que gracias a la gestión de Demetrio Carvajal, que estuvo al frente del Patronato de Auxilio Social de Córdoba, él y otro hermano mayor fueron acogidos en el orfanato de la ciudad a la muerte de su padre, dándose el caso de que cada vez que Carvajal visitaba el centro, ambos hermanos eran sacados de la formación al objeto de que el fiscal que no intercedió por su salvador les diera un beso. Antonio, que llegó a ser mucho tiempo después un importante empresario cordobés, ha aprovechado ahora la publicación de un libro sobre su padre, escrito por Manuel García Parody (Miguel Ranchal, hasta la eternidad), para expresar un solo deseo: "Que un Tribunal repase esa sentencia y si lo cree justo, anule esta Audiencia y se le devuelva el honor arrebatado por las balas y no quede en las páginas de la historia como un proscrito, fusilado y arrojado a la fosa común".

Se cuentan, entre las acciones llevadas a cabo por Ranchal Plazuelo como alcalde, su laboriosa actividad en pro del empleo durante el primer bienio republicano y la adaptación de la localidad cordobesa al laicismo que defendía la segunda República y reconocía su Constitución. Me parece oportuno mencionar en qué consistían estas medidas, con alguno de los conflictos que comportaron:
-La secularización del cementerio, hecha realidad el 3 de enero de 1932 al ser derribado el muro que separaba la parte civil de la religiosa después de una manifestación cívica.
-La prohibición del toque de campana, salvo que se hiciera de día y por espacio máximo de diez minutos cada toque, para evitar las molestias que se producían con los tañidos de ánima o de las misas del alba.
-Limitaciones a las procesiones de Semana Santa, sin especificar en qué consistían.
-El propósito de quedarse el Ayuntamiento con una haza (porción de tierra) de la ermita de la Vírgen de Guía.
-Supresión de las fiestas escolares de la Inmaculada, el Corpus o la Ascensión pero manteniendo las vacaciones de Navidad y Semana Santa, que ahora se llamarían de Primavera.
-Retirada de cruces en la puerta del cementerio y algunas calles, una medida que fue suspendida por el gobernador civil por las protestas de los vecinos, pero que Ranchel mantuvo acusando a los vecinos de provocaciones por dedicarse a adornar las cruces y rezar ante ellas.
-Suspensión del carácter religioso de la feria dedicada a la Virgen de Guía y a San Jacinto.

Ranchal Plazuela fue asiduo colaborador con una serie de artículos en los periódicos obreros y escribió también algunos libros y relatos, entre los que su hijo cita Los profesionales de la muerte, dedicado a los mineros de las cuenca El Soldado-Villanueva; Octubre rojo, sobre los hechos que tuvieron lugar durante la revolución de Asturias en 1934, producto quizá de la amistad que el autor tenía con uno de sus dirigentes, Ramón González Peña; Huellas de dolor, subtitulado estampas sociales de miseria –muy posiblemente inspiradas en los muy populares por entonces Cuadros de miseria de José Nakens-, y La agonía de los humildes, obra dramática en un acto y cinco escenas, acaso para representarla en las funciones de teatro aficionado celebradas en Villanueva del Duque.

El libro de Manuel García Parody que acaba de publicar la editorial Renacimiento utiliza entre su documentación la aportada por Antonio Ranchal Luna en Los hombres olvidados y Los hijos de los vencidos, trabajos en los que cuenta, entre otras circunstancias de la atribulada y mísera posguerra, la última vez que siendo un niño de cinco años vio a su progenitor preso en el campo de concentración de Albatera: "Uno de esos hombres [se refiere a los internos] me tenía en sus brazos, me pinchaba con su larga y fuerte barba. No dejaba de besarme. Lloraba mucho, sus lágrimas me mojaban la cara. Sin embargo, no me quejaba, era tanto el cariño que sentía hacia mí que yo estaba muy a gusto en sus brazos. [...]. Yo no sentía miedo, algo interior en mí me decía que aquellos hombres, a pesar de su aspecto andrajoso y mal olientes, eran buenos, había en ellos una sonrisa triste muy humana. Me enseñó los barracones, yo creía que allí dormía el ganado, como lo veía en mi pueblo. No sé el rato que estuve en sus brazos, desde luego que fue mucho, y en todo ese tiempo no dejó un instante de llorar y besarme".

Son igualmente impactantes las cartas que Ranchal Plazuelo escribió a su mujer e hijos desde los diversos penales en los que estuvo internado, siempre con la esperanza que de su indulto fuera posible y se hiciera efectiva la posibilidad del deseado reencuentro familiar, tal como expresa en esta última misiva dirigida a su hijo Germinal, fechada el 2 de junio de 1940 desde la cárcel Modelo de Barcelona: "Mamá me da muy buenas impresiones. Yo tengo grandes esperanzas: que todo salga bien y que llegue ese feliz día de que nos juntemos, que yo me dedique a la faena, al trabajo, para que vosotros podáis estar atendidos, tengáis un trozo de pan mayor para que crezcáis y os hagáis hombres fuertes e inteligentes para el mañana. Mi mayor orgullo y mi inmenso capital sois vosotros. No siento mayor deseo e ilusión que el unirnos para siempre".

Pocos días después de firmar esa carta, Miguel Ranchel sería fusilado en el llamado Campo de la Bota. En ese lugar fueron ejecutadas hasta 1717 personas conocidas, según García Parody, y tal vez muchas más ignoradas, delante de un muro de piedra o parapeto a modo de rompeolas, que se encontraba en la playa, entre el término municipal de Barcelona y San Adrián de Besós. "Si nos atenemos a lo que era habitual en aquellos fusilamientos -escribe el autor-, los restos mortales de Miguel Ranchal fueron cargados en un camión y llevados a la fosa de la Pradera, en el cementerio de Montjuïc, para arrojarlos en un espacio excavado en el que no se podía poner ninguna referencia de los que allí descansaban para siempre".

Muchos años más tarde, Antonio Ranchal Luna, que buscó sin descanso toda la documentación que generó el procesamiento y muerte de su padre -sin recibir en su día el más mínimo apoyo por parte de las instituciones ni del Defensor del Pueblo Enrique Múgica durante uno de los gobiernos socialistas de Felipe González-, pudo leer lo que hoy está escrito en el Campo de la Pradera: "Miguel Ranchal Plazuelo, fusilado y arrojado en esta fosa el 13 de junio de 1940 por defender la libertad y la justicia social. Descanse en paz".

4 Comentarios
#21137 15:38 28/7/2018

La memoria en España está enterrada y no puede dar fruto.

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#20948 15:33 24/7/2018

En esa zona de Córdoba se cometieron auténticos crímenes. A un tío de mi madre, republicano, se lo llevaron los grises "a dar un paseo". Le llenaron el cuerpo con agua hasta que lo reventaron.

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#20983 8:37 25/7/2018

La represión llevada a cabo por Franco desde el sur hasta Badajoz siguió el consejo del General golpista Mola de sembrar el terror.

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#20938 12:05 24/7/2018

Hubo gente que pagó con su muerte haber sido tolerante y humana con quienes iniciaron el episodio más trágico de la historia de España.

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