Boda de María Teresa Díez-Canedo con Javier Márquez
Boda de María Teresa Díez-Canedo con Javier Márquez. A los lados Aurora Blasco de Márquez y Enrique Díez-Canedo. Atrás Juan Ramón Jiménez y Manuel Azaña. Extraída de Blog de Tere Márquez
24 mar 2026 08:02

En su Memoria de la melancolía, esa hermosa autobiografía que todo o toda adolescente debería leer antes de acabar el bachillerato, María Teresa León hablaba así de su destierro:

“Estoy cansada de no saber dónde morirme. Esa es la mayor tristeza del emigrado. ¿Qué tenemos nosotros que ver con los cementerios de los países donde vivimos? Habría que hacer tantas presentaciones de los otros muertos, que no acabaríamos nunca. Y sin embargo, ¿tenemos derecho a morir sin concluir la historia que empezamos?”.

El pasado lunes último de marzo, un lunes escolar, en un teatro que lleva el mismo nombre de quien escribiera ese magnífico relato sobre tiempos de libertad y literatura, el teatro María Teresa León del IES Enrique Díez-Canedo de Puebla de la Calzada, pudimos asistir, entre campos de amistad revivida, al descubrimiento de un busto con la figura de quien da nombre al centro, Enrique Díez-Canedo, poeta, dramaturgo, crítico, traductor, cronista de viajes y tremendo erudito, justo merecedor de otras tantas dignidades, entre las que cabe mencionar la que le dio Pedro Henríquez Ureña en 1920 como “humanista moderno” de su generación.

El homenaje nos reunió a quienes, de uno u otro modo, en mayor o menor medida, hemos tenido relación con este centro educativo desde que inició su andadura, hace ya treinta años, con especial mención a quienes estuvieron desde el primer momento o a quienes se fueron sumando al paso del tiempo: Antonio Pizarro, Rosa Ramos, Manuela Roque, María Julián, Luis Sáez, Pepa Pinar, Tere Guzmán, Antonio Reveriego, Antonio Parejo, Cati Muñoz, Chema Gómez, Isidro y Cati, Carmeli Mata, Marisa Mejías, Alberto Cordero, Coral…, y tantos otros y otras que deberían figurar en esta larga relación de nombres y a quienes pedimos disculpas por no incluirlos, pero que siempre formarán parte de la historia de este instituto poblanchino que tantos premios ha acaparado en su trayectoria.

Acto Díez-Canedo
Un momento del homenaje. de izquierda a derecha, Pepa Pinar, José Miguel Prado, Antonio Pizarro, Luis Sáez y María Julián

El acto que precedió al descubrimiento del busto no solo fue emotivo, por lo que tuvo de recuerdos y de memoria, de la mano de Antonio Pizarro, siempre afrontando retos y dificultades, sin decaer jamás, sino también ajustado a la máxima horaciana de prodesse et delectare, como no podía ser de otra forma en la voz de José Miguel Prado, erudito como pocos quedan y máximo conocedor tanto de la figura de Díez-Canedo y de su obra como de su contexto social y literario. Para quienes gozamos de la cultura y con las personas cultas, nos dio a conocer en pocos minutos algunos avatares literarios de don Enrique que hasta la fecha desconocíamos. Todo un placer para los sentidos.

Luis Sáez, docto sostén también del centro durante una época en la que dejó su huella, recordó las muchas publicaciones que salieron del instituto, inspiradas en su diseño y presentación por la mano y cabeza de alguien que debiera habernos acompañado y que siempre habitará nuestra memoria, sin lugar para el olvido, Pepe Melara, excelente diseñador. Poca diferencia había entre publicar una reedición de las Fábulas de La Fontaine, traducidas en verso por Díez-Canedo, y publicar un tríptico explicativo sobre el Proyecto Educativo de Centro. Tanto en uno como en otro lugar se podía encontrar siempre el rastro de la mano de nuestra querida amiga Manuela Roque, corazón independiente, romero que cruza siempre por caminos nuevos, a quienes no hacían callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo. Ambos documentos, como ejemplo de tantos otros, destacaban tanto en el fondo como en la forma, ya fuera de la mano de Pepe o de quienes desde el centro apuntalaban un proyecto de educación que, como dijo María Julián, tiene como objetivo la consecución de la felicidad.

A la hora de descubrir el busto de don Enrique Díez-Canedo, esculpido con más que buen acierto y pericia por Jara Roque, quienes asistíamos al acto pudimos observar, in situ, el regreso del poeta a la tierra en la que nació, Extremadura, después de tantos años de exilio. Sentimos que no solo regresaba Enrique Díez-Canedo, desde México, sino que con él volvían, en esta primavera recién llegada,  Antonio Machado, desde Colliure, Pedro Salinas, desde Puerto Rico, Concha Méndez, desde México, Juan Chabás, desde La Habana, José María Quiroga Plá, desde Ginebra, José Moreno Villa y Juan José Domenchina, desde México, Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, desde Puerto Rico, María de Maetzu, desde Argentina, Pascual Plá y Bertrán, desde Caracas, Emilio Prados, desde México, Constancia de la Mora, desde Guatemala, Max Aub, desde México, o Luis Cernuda, desde México también.

Y también, estaba, cómo no, María Teresa León, que falleció en Majadahonda pero que nunca volvió del exilio, porque cuando regresó a España ya estaba aquejada de Alzheimer, sin saber que aquella pregunta suya que hacía en su Memoria de la melancolía, sobre el derecho o no a morir sin concluir la historia que empezamos, tenía respuesta en el teatro que lleva ahora su nombre en el instituto y en la continuidad del grupo teatral que se creó hace ya más de 18 años, Molamanta Teatro.

DiezCanedoBusto
Busto de Enrique Díez-Canedo, realizado por Jara Roque

Fue un acto esencial para la memoria, semilla de futuro. Desde su privilegiado lugar a la entrada del centro, don Enrique saluda desde este lunes escolar de finales de marzo y con su dulce mirada de buen hombre la entrada de cientos de alumnos y alumnas a esa isla de Utopía que seguimos llamando Educación. En su boca, que esboza una tímida sonrisa, siempre estarán los versos que dieron final a su más conocido poema sobre el exilio:

“Nadie podrá desterrarte,

tierra fuiste, tierra fértil,

y serás tierra, y más tierra

cuando te entierren.

No desterrado, enterrado

serás tierra, polvo y germen”.

 

Enrique Díez-Canedo, El desterrado.

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